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Asombrosos collages de ciencia ficción (FOTOS)

Por: pijamasurf - 10/31/2015

Mediante collages, el artista Trash Riot crea asombrosas escenas imposibles en esta realidad

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Afuera, brillaba el inmenso cielo azul de Marte, caluroso y tranquilo como las aguas cálidas y profundas de un océano. El desierto marciano se tostaba como una prehistórica vasija de barro. El calor crecía en temblorosas oleadas. Un cohete pequeño yacía en la cima de una colina próxima y las huellas de unas pisadas unían la puerta del cohete con la casa de piedra.

Ray Bradbury, Crónicas marcianas

 

La ciencia ficción nos permite pensar, inventar y ver sociedades muy distintas a las que hay en el presente o a las que hubo en el pasado. No se trata sólo del futuro, es decir, hay ciencia ficción que describe un presente, pero muy distinto al que conocemos. Tal vez la tecnología avanzada y las nuevas razas o seres con los que convivimos sean uno de los rasgos comunes en la ciencia ficción. Muchos de los grandes autores de este género han sido parteaguas para avances tecnológicos. Incluso, la ciencia ficción ha pensado antes que la robótica en leyes morales sobre las máquinas creadas por el humano, como en el caso de las tres leyes de la robótica creadas por Asimov.  

Es envidiable la visión que pueden tener algunos artistas acerca de mundos posibles (muy diferentes al nuestro) o de futuros o lugares totalmente inesperados. Esto sucede con las imágenes creadas por el artista del collage Trash Riot, un hacedor de imágenes prolífico que imprime un sello particular retrofuturista.

Sobre la ciencia ficción, Philip Dick dice que:

Tenemos un mundo ficticio; este es el primer paso... Es nuestro mundo desfigurado por el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo transformado en otro que no existe o que aún no existe. Este mundo debe diferenciarse del real al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta desfiguración; quiero decir, que la desfiguración ha de ser conceptual, no trivial o extravagante... Esta es la esencia de la ciencia ficción, la desfiguración conceptual que, desde el interior de la sociedad, origina una nueva sociedad imaginada en la mente del autor, plasmada en letra impresa y capaz de actuar como un mazazo en la frente del lector, lo que llamamos el shock del no reconocimiento. Él sabe que la lectura no se refiere a su mundo real.

Aquí podemos disfrutar de estos mundos ficticios y posibles gracias a la gran capacidad técnica e imaginación de Trash Riot:

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Si deseas tener plasmada alguna de sus imágenes en playeras, pantalones, etc., puedes ir aquí.

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¿Quieres ver el futuro? Haz tu propia bola de cristal con este manual de 1920

Por: pijamasurf - 10/31/2015

La práctica del DIY no es nueva y tampoco excluye lo paranormal, como demuestra este ejemplo de principios del siglo XX en que una revista nos dice cómo construir nuestro propio canal de comunicación con el futuro

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En años recientes la práctica del “Hágalo usted mismo” revivió bajo la forma del DIY (Do It Yourself), ese acrónimo en inglés que tanto se ve en contenidos de Internet y que lo mismo se aplica a la fabricación de un mueble casero que a una conserva de alimentos o un tutorial de maquillaje.

Con todo, esta especie de autodidactismo práctico es bastante viejo y podría decirse que ha sido uno de los compañeros constantes de los medios de comunicación masiva, especialmente impresos, por los cuales se han difundido los más diversos manuales para hacer con recursos propios aquello que de otro modo tendríamos que comprar o pagar a manera de un servicio.

Y aunque pudiera pensarse que el DIY toca sólo a objetos cotidianos o usuales, en realidad también aquí hay lugar para la extravagancia. Prueba de ello son estas indicaciones para construir nuestra propia “bola de cristal” y tener así el artilugio que, según reconocemos por cierta iconografía de lo mágico y lo paranormal, sirve para prever el futuro.

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El esquema proviene de una revista llamada The Experimenter, en específico del número de noviembre de 1925, pero más allá de ser un instructivo detallado para montar un negocio propio de profecías y clarividencia, en realidad el propósito era mostrar que al final dicha parafernalia “mágica” se reduce a una serie de partes y mecanismos que, bien combinados, son capaces de generar la ilusión de la fantasía.

Entre otros componentes, para elaborar este canal de comunicación con el más allá son necesarios algunos frascos, bombillas como las de las series de Navidad, un par de válvulas, papeles dorados y plateados y un poco de cloruro de amonio para producir el humo.