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Una mirada a la vida en un pabellón psiquiátrico a través de autorretratos (FOTOS)

Arte

Por: Alejandro Albarrán - 09/09/2015

Una fotógrafa toma una serie de autorretratos de su estancia en un hospital psiquiátrico

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De los registros fotográficos que existen de personas dentro de psiquiátricos probablemente ninguno tenga una intención o visión estética, sin embargo, uno de los más impresionantes es el realizado por el neurólogo francés y profesor de anatomía patológica Jean-Martin Charcot a las histéricas de la Salpêtrière.

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"La histeria fue, a lo largo de toda su historia, un dolor que se vio forzado a ser inventado como espectáculo y como imagen; que llegó a inventarse a sí misma […]"; de esta manera, el historiador Georges Didi-Huberman habla de las imágenes, por demás inquietantes, de la iconografía fotográfica de la Salpêtrière. Lo que Charcot redescubriría como la histeria, como una città dolorosa con 4 mil mujeres, incurables o locas, Huberman lo considera un capítulo más de la historia del arte.

 

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Este año, la fotógrafa Laura Hospes, estudiante de la Photoacademy de Ámsterdam, fue internada en un hospital psiquiátrico después de un fallido intento de suicidio. El interés de Hospes por el autorretrato la llevó a producir una serie titulada UCP-UMGC, que consiste en un registro fotográfico que documenta la experiencia de estar en el hospital.  

A diferencia de las fotografías realizadas a las internas del hospital de la Salpêtriè, estos retratos fueron tomados por la propia paciente, volviendo su encierro un motivo estético para desarrollar una serie que muestra los distintos estados de ánimo que suceden dentro de un hospital psiquiátrico.

Su herramienta de trabajo: una Canon 5D Mark II equipada con un lente de 50mm f/1.4. Hospes tomó los autorretratos entre el 2 de abril y el 4 de julio de 2015: "Siempre tomo mis fotos en blanco y negro para crear algo de distancia entre el momento extremadamente personal que tengo frente a mi cámara y el espectador", dice acerca de las composiciones.

Los autorretratos de Hospes ofrecen una visión palpable de emociones complejas: una mezcla de miedo, tristeza, soledad, enfado, inquietud y a veces desesperación, aunque con una estética mucho menos agresiva que la del registro relizado por Charcot.  

Para trabajar a través del caos emocional Hospes compartió sus retratos con amigos y familiares, para estar cerca de las personas que ama. "Realmente me ayudó a sentirme menos sola", afirma. "Me dio mucho alivio ser yo misma, incluso en esta desagradable situación". Hospes comenzó originalmente el proyecto por sí misma como una manera de expresar sus emociones, pero consideró que traer a otras personas a su mundo era una parte importante del proceso de curación.

"Después de compartirlos descubrí también que me siento un poco rebelde sobre el hecho de que muchas personas muestran sólo las cosas perfectas en su vida en Facebook u otras redes sociales", dice la artista.

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¿El éxito de la literatura de Stephen King radica en su conciencia de que la escritura es una forma de telepatía?

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La telepatía, por supuesto. Es divertido cuando te detienes a pensar en ella. Por años las personas han discutido sobre si tal cosa existe o no, tipos como J. B. Rhine se han exprimido el cerebro tratando de crear un proceso válido para aislarla y todo el tiempo ha estado ahí, al descubierto como "La Carta Robada" de Edgar Allan Poe. Todas las artes dependen de la telepatía hasta cierto punto, pero creo que la escritura ofrece la destilación más pura.

Stephen King, “What Writing Is”

 

Hoy es el cumpleaños 68 de Stephen King, uno de los escritores más leídos en todo el mundo. Sin entrar aquí a discutir la calidad literaria de King, es indudable que pocos escritores tienen el poder de transferir tan vívidamente a la mente del lector lo que piensan o ven en su imaginación como Stephen King. Una escritura que podríamos describir como embrujada, o mejor dicho telepática.

Y es que Stephen King parecer ser completamente consciente de esta capacidad que tiene la escritura de transferir contenidos mentales --que primero aparecen en la mente del autor. No es sólo una riqueza descriptiva o un dominio de los recursos narrativos, sino una capacidad de imprimir instantes con toda su qualia emotiva. La escritura  se vuelve una forma de telepatía, literalmente de hacer sentir, a la distancia y a lo largo del tiempo, lo que el autor sintió: un pathos cifrado en las páginas que se convierte en una memoria descargable, transpersonal. En palabras de Steven Pinker, escribir es “una forma en la que una mente puede causar que ciertas ideas sucedan en otra mente”. En el caso de ciertos escritores como Stephen King, lo que se transmite tal vez no sólo sean ideas o imágenes sino el phantasmata de las mismas. Describiendo los videos de Bill Viola, Giorgio Agamben señala que las imágenes no se inscriben en el tiempo, "sino el tiempo en las imágenes". "La memoria no es posible, en efecto, sin una imagen (phantasma), la cual es una afección, un pathos de la sensación o del pensamiento. En este sentido, la imagen mnémica está siempre cargada de una energía capaz  de mover y turbar el cuerpo".

Hace un par de años una serie de ensayos escritos por Jasun Horsley me alertaron sobre el enorme parecido que existe entre leer un libro y una comunicación telepática. Esto puede parecer una obviedad, pero en su simpleza tiene algo de sorprendente y encantador.

Lo siguiente es de On Writing, de Stephen King:

Mi nombre es  Stephen King. Estoy escribiendo el primer borrador de este capítulo en mi escritorio (el que está bajo el cobertizo) en una mañana nevada de diciembre de 1997. Hay algunas cosas en mi mente (ojeras, las compras navideñas aún no iniciadas, mi esposa enferma con un virus), algunas son buenas (nuestro hijo menor hizo una visita sorpresa a casa desde la universidad, pude tocar "Brand New Cadillac" de Vince Taylor con The Wallflowers en un concierto), pero ahora todo esto está por encima. Yo estoy en otro lugar, un sótano donde yacen muchas luces brillantes e imágenes cristalinas. Este es un lugar que he construido para mí mismo por varios años. Es un lugar de visión remota… tú estas en algún lugar río abajo en la línea de tiempo lejos de mí… pero probablemente estés en tu propio lugar de visión remota, al que vas para recibir mensajes telepáticos… Y aquí vamos —verdadera telepatía en acción. Te darás cuenta de que no tengo nada bajo las mangas y que mis labios nunca se mueven. Tampoco, es probable, los tuyos. Mira —aquí está una mesa cubierta por una tela roja. Sobre ella está una jaula del tamaño de un pequeño acuario de peces. En la jaula está un conejo blanco con una nariz rosa y ojos con bordes rosas. Enfrente de él está una zanahoria, la cual mastica con satisfacción. En su espalda tiene, claramente marcado con tinta azul, el número 8. ¿Vemos lo mismo? Tendríamos que juntarnos y comparar notas para estar absolutamente seguros, pero yo creo que sí lo hacemos.

Esto es lo que estamos viendo, y todos lo vemos. Yo no te dije. Tú no me preguntaste. Yo nunca abrí mi boca y tú nunca abriste la tuya. Ni siquiera estamos en el mismo año, mucho menos la misma habitación… excepto que estamos juntos. Estamos cerca. Estamos teniendo una reunión de mentes.

Hay una licencia poética en este "género de telepatía". Creer que realmente contemplamos los mismos paisajes y los mismos objetos en un mundus imaginalis compartido. Creer que yo puedo hacer que tú veas lo que yo veo. Quizás nos da cierto soporte filosófico invocar la teoría de las Formas platónicas. Quizás sólo es suficiente un poco de wishful thinking, pero al menos en el fuero interno, en el santuario de tu mente no hay nadie que pueda comprobar que nuestras imágenes no son las mismas e incluso que lo que sentimos no sea el mismo sentimiento y el momento que revivimos no sea también ese mismo momento. Escribir sería estéril si no aspirara a ser una forma de telepatía, puesto que el deseo fundamental de un escritor no es comunicar una apariencia sino una esencia. 

 

Twitter del autor: @alepholo