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Una adaptación teatral de Macbeth hecha por Orson Welles en 1936

Por: Alejandro Albarrán - 09/23/2015

"Voodoo Macbeth" fue una adaptación de 1936 realizada por Orson Welles para una compañía de actores negros

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Son varias las historias clásicas que han sido adaptadas al contexto de la raza negra. Tal es el caso de Orfeo negro, la adaptación del mito griego de Orfeo, llevado a las favelas brasileñas y al carnaval. Otro caso es el del poema épico "Omeros", del poeta caribeño Derek Walcott, donde retoma la Ilíada y a sus personajes y los sitúa en la isla de santa Lucía. Aunque estas no son ni las únicas ni las más viejas adaptaciones de historias clásicas a la cultura negra.

Omeros

En 1935, a los 19 años de edad, Orson Welles colaboró con una compañía de teatro negro adaptando una obra de Shakespeare.

Contratado por John Houseman, entonces director de la Unidad de Teatro Negro de Nueva York, Welles se lanzó al proyecto, incluso invirtiendo sus propios ingresos a partir de su trabajo en la radio para acelerar producciones y hacerlas más profesionales.

En su primera obra, Welles adaptó Macbeth de Shakespeare, situándolo en la isla de Haití bajo el mandato del autoproclamado rey Henri Christophe.

En lugar de la brujería escocesa del original, la producción de Welles ofreció rituales vudú haitianos, y de este modo adquirió el nombre de Voodoo Macbeth.

Se pueden ver 4 minutos de la producción. A pesar del cambio de escenario, un locutor de voz en off nos dice: "el espíritu de Macbeth y cada línea de la obra se ha mantenido intacto".

La obra se estrenó en 1936 en el Lafayette Theater de Harlem y se realizó para las audiencias segregadas. Fue tan popular que se excedió en su ejecución inicial, y luego recorrió el país, tras pasar 2 semanas en Dallas en la Exposición del Centenario de Texas (ver el programa de mano abajo).

Welles, a los 20 años de edad, fue aclamado como un prodigio. La adaptación, escribe la Biblioteca Pública Digital de América: "trajo el realismo mágico y aspectos de la cultura haitiana a la producción".

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El juego incluye tambores que tocaban y cantaban cantos de las ceremonias de vudú. Welles vuelve a imaginar las brujas del Macbeth original como sacerdotisas vudú. Los disfraces reflejan la moda del período colonial del siglo XIX de Haití. Igual que lo hiciera el director francés Marcel Camus en Orfeo negro, un filme basado en la obra teatral de 1954 Orfeu da Conceição del poeta y músico brasileño Vinicius de Moraes. En esta historia en lugar de bajar al inframundo, Orfeo llega a un lugar donde hay un ritual de santería.  

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Orfeo y Eurídice

Igual que con muchos de los experimentos teatrales Welles, la opinión crítica se dividió bruscamente. Mientras unos, incluyendo a los comunistas de Harlem, vieron en la obra una comedia racista, otros tantos "sintieron que la fundición de Welles con toda una compañía de actores afroamericanos permitió a estos actores mostrar su talento y tenacidad durante las actuaciones frente a audiencias segregadas".

La obra planteaba problemas sociales contemporáneos. Esfuerzos que, por supuesto, tienen su propio significado histórico.

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Twitter del autor: @tplimitrofe

Utilizan robot para demostrar que los bebés sonríen para manipular a sus padres

Por: Alejandro Albarrán - 09/23/2015

Investigadores de la Universidad de California en San Diego desarrollaron un bebé robot llamado Diego San, que sonríe con la misma frecuencia con que lo hacen los bebés de verdad
[caption id="attachment_100813" align="aligncenter" width="737"]maxresdefault (1) Imagen: youtube.com[/caption]

 

Androide. 19. m. (Mecán.) autómata con figura humana & que, por medio de ciertos resortes & cuerdas bien dispuestas, actúa & realiza otras funciones en apariencia similares a las del hombre.

Denis Diderot, Enciclopedia

 

El término androide fue creado por el sacerdote, obispo, filósofo, científico, “alquimista”, místico (y demás) Alberto Magno (1193-1280), a quien se le adjudica la creación del primer robot antropoide.  

Según la historia, Alberto Magno construyó el primer androide, en el siglo XIII, de hierro, cristal y cuero. Su invento, según el mito, era capaz de andar y hacer las veces de un mayordomo, e incluso realizar diversas tareas domésticas.

El viejo alquimista construyó el segundo de sus androides, “la cabeza parlante”, según su propio relato, utilizando a los ángeles del inframundo y los misterios de la piedra filosofal para crear los metales y el desconocido material que le insuflaba vida, eligiéndolos según los planetas y las estrellas. Se dice que esta cabeza además de hablar podía tener razonamientos lógicos. Hay quienes dicen que incluso poseía un alma.

La imagen de los robots antropomorfos (desde Alberto Magno hasta Terminator) es una imagen que ya no causa tanto escalofrío, sobre todo cuando se trata de un androide --el término se utiliza para designar que es una figura masculina. Sin embargo, pensar un robot antropoide con la figura de un niño o un recién nacido da un profundo miedo. Tal vez sea porque hay en la infancia cierta humanidad que se pierde con los años, sin necesidad de ser un "robot". 

Un antecedente escalofriante de la figura desalmada de un niño robótico es "el escribiente", un autómata que escribía frases al azar; sin embargo, el bebé robótico Diego San, creado por científicos californianos, es aún más escabroso.

Los científicos crearon este robot antropoide para probar su teoría de que los niños astutos sonríen a sus madres para manipularlas.

Investigadores de la Universidad de California, en San Diego, desarrollaron a este robot llamado Diego San para poner a prueba la hipótesis de que los bebés pueden engañar a sus madres con ciertos "comandos" de sonrisas.

El equipo de investigadores estudió la interacción entre 13 parejas (madre e hijo) y analizó sus reacciones en cuatro categorías diferentes: con qué frecuencia sonrió el niño, cuánto sonrió sólo la madre, la frecuencia con la que ésta sonrió y no sonrió.

El estudio inicial demostró que la mayoría de las veces las madres trataban de maximizar el tiempo en el que ellas y sus hijos sonreían. Sin embargo, según el informe, los bebés sonreían con frecuencia sólo para obtener que sus madres hicieran lo mismo.

Posteriormente, el equipo tomó estos datos y programó al bebé robot para sonreír igual que los bebés reales lo hacían, y estudió a 32 sujetos de prueba para medir sus reacciones.

El estudio reveló que "los niños exhiben conductas de sincronización sofisticadas para lograr sus objetivos", lo que significa que los niños utilizan su astucia para engañar a sus padres para que hagan lo que quieren.

Este video nos demuestra no sólo los avances tecnológicos sino también lo inigualable que es la (manipuladora y llena de vida) sonrisa de un bebé de verdad. 

 

 

Twitter del autor: @tplimitrofe