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Un par de ejemplos de cómo la música puede manipular nuestro comportamiento

Por: Alejandro Albarrán - 09/07/2015

Dos estudios recientes revelan que obtener dinero es más placentero si estamos escuchando una canción que nos gusta, lo que nos hace más propensos a tomar riesgos para saciar ese deseo
Louis Ducis - "Orphée et Eurydice"

"Orphée et Eurydice", de Louis Ducis

Cuando hablamos del poder de la música, casi siempre nos referimos a sus cualidades positivas: su capacidad de estimular, motivar o calmar nuestras almas. Empero, el poder de la música es mucho mayor.   

Una de las primeras historias que retratan el carácter “mágico” de la música (o el poder que ejerce en el escucha) se encuentra en el mito de Orfeo, quien con su lira y sus cantos ejercía poderes mágicos en las personas, animales e incluso las plantas. Gracias a su música hizo detenerse los tormentos del inframundo (por primera y única vez), y, llegado el momento, ablandó los corazones de Hades y Perséfone, quienes permitieron a Eurídice volver con él al mundo de los vivos.

Poco tiempo después de iniciado el siglo XVIII comenzó a estudiarse una teoría sobre los efectos de la música en las emociones humanas.

La “teoría de los afectos” (Affektenlehre) fue un concepto estético de la música barroca, derivado de las doctrinas griegas y latinas de la retórica y la oratoria, que se proponía describir cómo codificar las emociones y cómo estos códigos inducen emociones en el escucha.

La teoría surgió a partir de la filosofía y la psicología del siglo XVII. El pensamiento del filósofo francés René Descartes en su texto Las pasiones del alma ejerció una gran influencia sobre esta teoría y sobre el pensamiento de los músicos barrocos.

Y es justamente esta manera retórica del empleo de la música la que ha logrado establecer ciertos parámetros al momento de escuchar una tonada.

El figuralismo es una técnica que comenzó a usar estos elementos retóricos dentro de la música; la técnica se remonta a la época del canto gregoriano, en el que se encuentran estos elementos melódicos que expresan ideas emotivas y significados teológicos.

Por ejemplo, en el patrón fa-mi-sol-la, las notas fa y mi son (como lo hemos aprendido culturalmente) más oscuras que el resto y supuestamente expresan el sufrimiento, la humillación y la muerte de Cristo (mediante un movimiento descendente), mientras que sol es una nota más luminosa y representa la resurrección de Cristo. La nota la, aún más alta que las anteriores, indica la ascensión de Cristo a los cielos. Aunque este no es el único ejemplo del efectismo con el que la música también se construye. La mayoría de las canciones tristes que escuchamos están en tonos menores con progresiones descendentes. Por el contrario, las melodías felices casi siempre penden de una estructura mayor con progresiones ascendentes.

Igual que un discurso (oral o escrito), la música también puede ser una herramienta eficaz para manipular a la gente para comprar ciertos productos, o incluso votar por ciertos candidatos políticos.

Estos efectos suelen trabajar fuera de nuestra percepción consciente. Dos estudios recientemente publicados proporcionan ejemplos de la capacidad de la música para influir en nosotros de maneras potencialmente problemáticas.

Empezaremos en Finlandia, donde Marja-Liisa Halko y Markku Kaustia de la Universidad Aalto, en Helsinki, realizaron un estudio con 23 adolescentes de entre 12 y 17 años de edad. Los adolescentes fueron elegidos por dos razones: Ellos eran buenos para "identificar explícitamente su gusto musical específico" y era "más fácil crear incentivos monetarios eficaces" debido a sus bajos ingresos.

Antes del experimento principal, cada participante identificó cuatro de sus canciones favoritas y cuatro canciones que le desagradaban particularmente. Los gustos variaron considerablemente: personajes como 50 Cent, Eminem, Rihanna aparecieron en las "listas" como favoritos para unos y como desagradables para otros.

1 semana después, cada niño regresó al laboratorio para jugar un juego en el que fueron instruidos "para aceptar o rechazar apuestas que ofrecían una probabilidad de 50-50 de ganar o perder dinero". Por ejemplo, aceptar una apuesta marcada ("más 1.50, menos 1.20") significaba que tenían una probabilidad del 50% de ganar 1.5 euros, así como una probabilidad del 50% de perder 1.2 euros. Los participantes tuvieron un total de 5 segundos para elegir si aceptar o no cada apuesta.

La música preferida de los adolescentes se puso de fondo durante 64 de las apuestas. Por el contrario, la música que no les gustaba se tocó durante otras 64 apuestas, mientras que 128 se realizaron en silencio.

Los investigadores en la revista en línea PLOS One dicen que, comparado con el silencio, el sonido de sus canciones favoritas aumentó la toma de riesgos, mientras que la música que les disgustaba disminuyó la toma de riesgos. Específicamente, escriben: "los que escucharon su música favorita tuvieron 54.1% de aceptación de juego, los que escucharon de fondo la música que les desagradaba tuvieron el 47.4% de aceptación y toma de riesgos, mientras que jugaron en silencio tuvieron un 51.4%. de aceptación".

Los investigadores señalan que ni la teoría económica estándar, ni "teorías psicológicas importantes en el estado de ánimo y la toma de riesgos", explican estos resultados. Su explicación tentativa es que la música preferida aumenta la "utilidad marginal", término económico que generalmente se define como "la satisfacción adicional a las ganancias de los consumidores de consumir una unidad más de un bien o servicio".

En otras palabras, encontramos la idea de obtener dinero más placentera si estamos escuchando una canción que nos gusta, lo que nos hace más propensos a tomar un riesgo para saciar ese deseo.

Ese efecto es espeluznante, sin embargo, un estudio realizado por el investigador israelí Naomi Ziv publicado recientemente en la revista Psychology of Music describe un experimento realizado con 120 estudiantes universitarios, a quienes se les pidió subrayar en 90 segundos todas las vocales en una "página fotocopiada poco clara". Una cuarta parte lo hizo en silencio, mientras que los demás escuchaban una de las cuatro canciones alegres, optimistas, incluyendo a James Brown con "I Feel Good".

Después, con la música aún sonando de fondo, el asistente de investigación que administraba el experimento les dijo: “Hay otra estudiante que viene a la universidad hoy para participar en el estudio, ella tiene que hacerlo porque necesita el crédito para completar sus requisitos del curso. La cosa es que yo no tengo ganas de verla. ¿Les importaría si la llaman de mi parte y le dicen que he decidido que ella no pueda participar?".

65.6% de los que oían la música alegre estuvo de acuerdo con esta propuesta poco ética, mientras que sólo 40% de los que trabajaban en silencio lo hizo.

En un segundo experimento similar, el asistente de investigación pidió a cada participante que llamara a una estudiante que había estado gravemente enferma para decirle que, contrariamente a las promesas anteriores, ella no iba a obtener sus materiales del curso. Usando como única excusa: "Yo no me siento bien de dárselos a ella".

Más del 80% de los que escuchaban música accedió a hacerlo, a pesar del serio daño que representaba para su compañera. En contraste, sólo el 33% de los que trabajan en silencio dijo que sí.

Al igual que los investigadores finlandeses, Ziv no está del todo seguro de lo que está detrás de este efecto. Pero sus hallazgos sugieren que la música es lo suficientemente potente para desbalancear nuestras brújulas morales. Eso es digno de reflexión.

Así que ya sabes, si un día te encuentras caminando en un centro comercial o en algún casino y escuchas tu canción favorita, lo mejor que puedes hacer es volver a casa.

 

Twitter del autor: @tplimitrofe

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Graham Hancock afirma tener pruebas de civilización de hace 22 mil años destruida por cometa

Por: pijamasurf - 09/07/2015

La teoría de Hancock está construida a partir de la correlación entre eventos culturales y geológicos entre sitios tan distantes como Indonesia, Turquía, Egipto y la India
[caption id="attachment_100005" align="aligncenter" width="574"] Ruinas de Göbekli Tepe, Turquía[/caption]

El alterinvestigador Graham Hancock está en la víspera de sacar al mercado su nuevo y esperado libro, Magicians of the Gods, donde presentará evidencia muy sólida acerca de su teoría de cómo un un objeto celeste habría destruido a una civilización humana tan antigua que precede por mucho a los asentamientos más antiguos conocidos.

La teoría de Hancock está construida a partir de la correlación entre eventos culturales y geológicos entre sitios tan distantes como Indonesia, Turquía, Egipto y la India. Para ello ha colaborado con investigadores y ha visto de cerca sitios tan misteriosos como el sitio sagrado de Gunung Padang en Indonesia, donde se han hallado los restos de basalto columnar que, según Hancock, habrían pertenecido a una pirámide que data del año 22,000 antes de nuestra era, o incluso antes. 

Las pirámides actuales de la zona serían solamente la punta del iceberg de una pirámide de inmensas proporciones, así como de una civilización que logró sobrevivir la era de los Dryas Recientes (de 1300 ± 70 años de duración), alrededor del año 10,900 de nuestra era. Una época donde la tierra salía de la Era del Hielo y la temperatura favorecía a los mamíferos, durante la cual un evento aún no determinado hizo que nuestro planeta regresara dramáticamente a condiciones heladas. Para Hancock, esta reemergencia súbita del frío fue resultado de un cometa que habría impactado las capas polares, desencadenando mareas colosales y cubriendo la atmósfera de polvo durante más de 1 milenio.

[caption id="" align="aligncenter" width="770"] Younger Dryas Boundary Field, o el campo donde se han encontrado fragmentos del cometa[/caption]

Otro asentamiento colosal en Göbelki Tepe, Turquía, que data de hace unos 9 mil 600 años, da cuenta de los devastadores efectos de dicho cataclismo; según Hancock, la zona habría servido porque los sobrevivientes al impacto del cometa preservaron:

al menos algo del conocimiento de la civilización que fue destruida, con la intención de transmitirlo a futuras generaciones, por lo que no es un accidente que los primeros rastros de la re-emergencia de la civilización, en la forma de la más antigua arquitectura megalítica conocida y la repromulgación de las habilidades agrícolas, ocurrieran en Göbekli Tepe, en Turquía, hace 11 mil 500 años --una fecha que coincide perfectamente con los Dryas Recientes y el regreso de un ambiente global más agradable.

Por último, el autor aportaría evidencia de que fragmentos del cometa llegaron también al antiguo Egipto, donde un antiguo culto en la Heliópolis habría desarrollado una manera de preservar el conocimiento histórico para beneficio del futuro en forma de esquemas astronómicos y arquitectura monumental. De probarse, esta sería una fascinante conexión para reelaborar por completo la historia de los orígenes de nuestra civilización, o al menos para unir los puntos en un acertijo de proporciones prehistóricas.