*

X
La música tiene una formidable tradición de hacernos escapar y transportarnos a otros espacios. Es una libertad de la mente

 

tumblr_lyg138jwun1qc8qke

La música sensible es engendrada por una música anterior a lo sensible.

Plotino, Enéadas

En el libro El odio a la música, el escritor y músico francés Pascal Quignard dice que: “Es posible que escuchar música consista menos en desviar la mente del sufrimiento sonoro que en esforzarse por refundar la alerta animal. La característica de la armonía es resucitar la curiosidad sonora, extinta desde que el lenguaje articulado y semántico se propaga en nosotros”. Música para sacarnos de la estructura del lenguaje e insertarnos en otra estructura más primitiva, más primaria y por tanto animal, vital.

Hay otras estructuras rígidas que enmarcan nuestro cotidiano, como la del trabajo. ¿Cómo salirse con la música del trabajo? O mejor aún: ¿Cómo volver el trabajo música?

En una oficina de servicio postal en Ghana el encargado de poner los sellos hace con las herramientas de su trabajo (y con la labor que debe cumplir) distintas bases rítmicas, haciendo de las cartas y del sello sus instrumentos y agregando melodías con su voz:

 

“Varios caminos llevan a Dios yo he escogido el de la danza y la música” dice el poeta sufí Rumi, y tal vez es que en el ritmo, en su repetición (como la mayoría de los rezos) se encuentra una claridad interna que no existe igual en otros rituales. La música también es rito.

Hay otra música que nace a partir de las herramientas y la labor que se tiene que realizar con ellas, sin embargo, en este caso, la estructura de la que depende este trabajo es mucho peor: la cárcel.

Mientras trabajan en los campos de caña,  los presos de la granja penal Parchman en Mississippi hacen música haciendo el sonido de percusiones con el azadón mientras cantan, ya sea para llegar a Dios o para ser libres durante el tiempo que dure la música.

Esta canción, "Berta", simboliza las mujeres que dejaron atrás. Los hombres se imaginan ver a Berta caminar hacia ellos:

O Berta

Well, Lord gal.

Lord, Berta

Well Lord gal, well.

 

Ain’t that Berta comin, down that road, well.

She walk like Berta but she, want you so, well.

She want you so baby, she want you so, well.

She walk like Berta but, she want you so, well.

Estos dos ejemplos nos demuestran que no sólo los audífonos son un buen método para abstraerse y salirse de las estructuras cotidianas, sino que dentro de éstas podemos encontrar otras que nos conduzcan a otro ritmo, uno fuera incluso de nosotros mismos.

 

Twitter del autor: @tplimitrofe

La música de compositores como Schubert, Wagner o Brahms se tocó dentro de los campos de exterminio nazi

photo-53

 

Hay que oír esto temblando: los cuerpos desnudos ingresaban en las cámaras de gas inmersos en música.

Pascal Quignard

 

En el Lager la música arrastraba hacia el fondo.

Primo Levi  

 

 

Así como la música ha servido a algunos para salirse de su realidad, para modificarla, también ha servido para torturar a otros, para trastocarlos.  

En los campos de exterminio alemanes la música tuvo un papel fundamental y horripilante, todos los campos debían contar con una pequeña orquesta o capella que tocara a la partida de los prisioneros (Kommando) rumbo a los trabajos forzados y a su regreso, si es que había regreso.

jonowska orchestra  

Pascal Quignard dice al respecto que “los soldados alemanes no organizaron la música en los campos de la muerte para apaciguar el dolor ni para conciliar a las víctimas”, al contrario, la música se utilizó para generar mayor obediencia y un supuesto placer estético y sádico.

El músico polaco Simon Laks, quien realizara sus estudios en el Conservatorio de Varsovia, fue detenido en París en 1941 e internado en Beaune, Drancy, Auschwitz, Kaufering y Dachau.

Simon_Laks

Es sabido lo “privilegiados” que algunos músicos podían llegar a ser en los campos nazis: ningún detenido ordinario asignado a un Kommando ordinario podía sobrevivir, como describe el químico y escritor italiano Primo Levi, quien al igual que Laks estuvo preso en Auschwitz:

Sólo quedaban médicos, sastres, zapateros, músicos, cocineros, homosexuales todavía jóvenes y atrayentes, amigos o compatriotas de ciertas autoridades del campo, y algunos individuos particularmente despiadados, vigorosos e inhumanos, bien instalados por la comandancia SS en las funciones de Kapo, Blockaltesler u otras.

En Auschwitz, Laks fue primero violinista, después copista permanente de música y al final el director de orquesta del campo.

En el ensayo “El odio a la música”, Pascal Quignard relata que: “La primera vez que Primo Levi oyó la fanfarria interpretando Rosamunda a la entrada del campo, reprimió con dificultad la risa nerviosa que lo invadía”. Después vio regresar a los presos, sin fuerza, levantando las piernas como si fueran robots, al ritmo que imponía la música del campo dirigida por Laks.

Tanto Schubert como Wagner y Brahms fueron compositores que se tocaron dentro de los campos de exterminio, aunque hubo también diversos compositores y composiciones dentro de dichos campos.  

Viktor Ullmann fue un compositor que murió en Auschwitz poco tiempo después de su ingreso, la última pieza que compuso ahí se titula "Séptima sonata":

La dedicó a sus hijos Max, Jean y Felice y la concluyó escribiendo un pie de página algo sarcástico: "Los derechos de ejecución quedan reservados por el compositor hasta su muerte".

Imaginar la sensación de estar dentro de uno de los campos de concentración escuchando la música tocada por la pequeña orquesta es difícil, sin embargo, Quignard recopila algunas de estas narraciones de los que estuvieron dentro de los campos, como en el caso de Romana Duraczowa:

Volvemos del trabajo. El campo ya está cerca. La orquesta del campo de Birkenau interpreta foxtrots de moda. La orquesta hace hervir nuestra sangre. ¡Cómo odiamos esa música! ¡Cuánto odiamos a esas intérpretes! Son muñecas sentadas, vestidas de azul marino, con un garguero blanco. ¡No sólo están sentadas, pero tienen derecho a las sillas! Se supone que la música nos anime. Nos moviliza igual que el grito de la trompeta en plena batalla. Estimula incluso a los jamelgos reventados, que ajustan sus pezuñas al ritmo de la danza que ellas ejecutan.

Child_survivors_of_Auschwitz

La mezzosoprano Hedda Grab-Kernmayr fue llevada el 17 de diciembre de 1941 al campo Theresienstadt, ahí interpretó un repertorio variado que abarcaba tanto recitales de compositores clásicos como canciones populares. Interpretó los Cantos bíblicos de Dvorak, la “Canción de cuna del ghetto” de Carlo Taube, participó en el estreno de “La Novia Perdida”, “El Beso” y tuvo el papel protagónico en Carmen de Bizet, bajo la batuta de Franz Eugen Klein en 1942. Al salir del campo, no cantó más.

Primo Levi describe, de manera macabra, cómo la música producía un efecto inverso, desmoralizador y que precipitaba el fin de los prisioneros, la música era, en sus palabras, una:

hipnosis del ritmo continuo que aniquila el pensamiento y adormece el dolor. Había que oírla sin obedecerle, sin padecerla, para entender qué representaba, por qué motivos premeditados los alemanes habían implantado aquel ritmo monstruoso y por qué todavía hoy se nos hiela la sangre en las venas cuando una de aquellas inocentes canzonetas nos reingresa en la memoria.

 

Fuentes  

Quignard, P. El odio a la música, Diez pequeños tratados. Editorial Andrés Bello.

 

Twitter del autor: @tplimitrofe