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Una divertida imagen nos explica la filosofía a partir de donas

 

 

 

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Una dona también es un toro. Un toro de pan dulce que está frito, la mayoría de las veces, en grasa de cerdo. La palabra “toro” (del latín torus) significa “protuberancia” o “elevación curva” y también se emplea en geometría para nombrar a la superficie de revolución generada por una circunferencia que gira alrededor de una recta exterior, es decir, a la dona.

En estos divertidos ejemplos se emplearon postulados filosóficos muy populares sustituyendo los ejemplos con donas. Si Homero Simpson hubiera leído El libro de los veinticuatro filósofos seguramente hubiera pensado en cambiar la segunda frase del libro por esta: "Dios es una dona infinita cuyo centro se halla en todas partes y su circunferencia en ninguna". 

Aquí la imagen que nos explica la filosofía con donas: 

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Heráclito: "No se puede comer dos veces la misma dona".

Platón: “Todas las donas comparten la idea de donicidad”.

Aristóteles: “Una dona contiene su donicidad”.

San Agustín: “Las donas necesitan gracia divina para ser donas por completo”.

Descartes: “El agujero de la dona demuestra la existencia de la dona”.

Locke: “Las donas tienen buen sabor para mí”.

Hume: “Las donas existen porque yo me imagino las donas”.

Kant: “Una dona = mi experiencia total de las donas”.

Wollstonecraft: “La mujer merece donas también”.

Mill: “Las donas son buenas si hacen feliz a la gente”.

Kierkegaard: “Yo tengo fe en que las donas son deliciosas”.

Marx: “Todo el mundo merece donas”.

Nietzsche: “No te detengas ante nada para conseguir tu dona”.

Saussure: "Begnet, Krapfen, Ciambella, Buñuelo = Dona".

Wittgenstein: "Repostería frita, 0, un giro en el estacionamiento, llanta de repuesto".

Beauvoir: “El patriarcado es responsable de la forma de la dona”.

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Filosofía

Por: pijamasurf - 09/12/2015

Una entrevista de 2002 donde David Bowie resume en un par de minutos los grandes cambios en la filosofía del siglo XIX y XX, pasando por Nietzsche, Einstein y Freud

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David Bowie fue un lector voraz y dedicado, pero no un mero consumidor de ideas. A pesar de que gozó de una fama de enfant terrible como la pesadilla de los entrevistadores, también existen algunas joyas donde podemos ver a Bowie hablando sobre las ideas que lo ayudaron a desarrollar su arte, ya fuera a través de la pintura, la escritura o la música.

En 2002, Bowie fue entrevistado en la televisión francesa por Guillaume Durand con motivo del lanzamiento del disco Heathen. Durante la conversación, Bowie explica la elección del arte que acompaña al disco, así como sus motivaciones para rechazar ciertos tipos de idealizaciones humanistas, siguiendo el rastro del “endiosamiento” de las humanidades después de la Ilustración hasta la bomba atómica y sus terribles consecuencias. 

Con un eco existencialista-sartreano que coloca la libertad en el polo del sujeto, Bowie charla acerca de la terrible y maravillosa posibilidad de que no seamos dioses, y de que un universo sin propósito puede ser el principio de una verdadera acción creativa sobre el mundo. (Transcripción después del salto).

 

El contenido de la mayoría de lo que he escrito tiene que ver con la soledad y la alienación, así que si hay una cosa de la que ha hablado es de los sentimientos y pensamientos ligeramente negativos. Este álbum [Heathen, 2002] es un poco menos pesimista que los anteriores, y esto se debe a mi recién adquirido estatus como padre. 

Las pinturas [incluidas en el booklet del disco] están dañadas en alguna medida, y quería ilustrar en este sentido el ser “heathen” como ser “bárbaro” o “filisteo”, un rechazo a la cultura o alta cultura; quería destruir todo lo que habíamos creado para expresarnos a nosotros mismos. Y los tres nombres de los tres libros que fueron importantes y aparecen en el disco fueron La gaya ciencia, de Nietzsche, donde escribió “Dios está muerto”, lo que fue una culminación de todo el pensamiento del siglo XIX. La gente se sentía demasiado agrandada con su propio sentido de la ciencia después de la Ilustración, y sobre cómo el hombre podía mejorar el mundo. Eso, claro, llevó entre otras cosas a decir a Nietzsche que “Dios estaba muerto”. Y llevó a Einstein a descubrir que el tiempo y el espacio no son lo que pensábamos que eran, y a Freud y al entendimiento de otro tipo de humano dentro del humano. Todas estas cosas culminaron en la idea de que todo lo que sabíamos antes estaba equivocado. ¡Todo! Así que comenzamos el siglo XX haciendo tabula rasa: 'Ahora nosotros somos los dioses'. Y lo más grande que pudimos hacer, en tanto dioses, durante este siglo, fue construir la bomba [atómica]. Para eso fuimos buenos.

Y creo que durante los 50 y 60 tomamos conciencia de las repercusiones de lo que habíamos hecho al defender esta moralidad ideal —creada por y para nosotros únicamente, tan destructora y fija que todavía seguimos viviendo a partir de ese caos el día de hoy. No tenemos nada de vida espiritual, por decirlo así, sólo estás cuasi-religiones nuevas, pero no existe una orientación clara de cuál debería ser nuestro propósito.

Ahora bien, esto podría resultar ser algo bueno ya que puede mostrarnos que, en realidad, no tenemos propósito alguno. ¿Somos suficientemente grandes o maduros para existir bajo estas condiciones? ¿Somos lo suficientemente maduros para aceptar que no existe plan, que no existe a dónde ir, que la inmortalidad no nos espera como un regalo al final de todo esto si logramos evolucionar? ‘Si evolucionamos lo suficiente, puede que no tengamos que morir’. Ese parece ser el legado del pasado. Bueno, pues tal vez sí podemos vivir así; tal vez podemos vivir y existir bajo la noción de que tenemos un solo día a la vez. ¿Podemos hacer eso? Porque si podemos hacerlo, creo que podemos servir para algo realmente increíble.