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Una divertida imagen nos explica la filosofía a partir de donas

 

 

 

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Una dona también es un toro. Un toro de pan dulce que está frito, la mayoría de las veces, en grasa de cerdo. La palabra “toro” (del latín torus) significa “protuberancia” o “elevación curva” y también se emplea en geometría para nombrar a la superficie de revolución generada por una circunferencia que gira alrededor de una recta exterior, es decir, a la dona.

En estos divertidos ejemplos se emplearon postulados filosóficos muy populares sustituyendo los ejemplos con donas. Si Homero Simpson hubiera leído El libro de los veinticuatro filósofos seguramente hubiera pensado en cambiar la segunda frase del libro por esta: "Dios es una dona infinita cuyo centro se halla en todas partes y su circunferencia en ninguna". 

Aquí la imagen que nos explica la filosofía con donas: 

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Heráclito: "No se puede comer dos veces la misma dona".

Platón: “Todas las donas comparten la idea de donicidad”.

Aristóteles: “Una dona contiene su donicidad”.

San Agustín: “Las donas necesitan gracia divina para ser donas por completo”.

Descartes: “El agujero de la dona demuestra la existencia de la dona”.

Locke: “Las donas tienen buen sabor para mí”.

Hume: “Las donas existen porque yo me imagino las donas”.

Kant: “Una dona = mi experiencia total de las donas”.

Wollstonecraft: “La mujer merece donas también”.

Mill: “Las donas son buenas si hacen feliz a la gente”.

Kierkegaard: “Yo tengo fe en que las donas son deliciosas”.

Marx: “Todo el mundo merece donas”.

Nietzsche: “No te detengas ante nada para conseguir tu dona”.

Saussure: "Begnet, Krapfen, Ciambella, Buñuelo = Dona".

Wittgenstein: "Repostería frita, 0, un giro en el estacionamiento, llanta de repuesto".

Beauvoir: “El patriarcado es responsable de la forma de la dona”.

Actúa, no pienses: Zizek sobre la importancia de la filosofía en nuestra época (VIDEO)

Filosofía

Por: pijamasurf - 09/12/2015

En un sistema que privilegia la producción y el utilitarismo la filosofía puede parecer una tarea desdeñable, pero Slavoj Zizek nos muestra por qué es importante ejercerla

Con cierta frecuencia, la filosofía se nos presenta bajo la apariencia de lo inútil o lo superfluo. En un mundo que poco a poco, al menos a partir de los últimos 500 años, comenzó a privilegiar la técnica, la producción y la plusvalía, tareas como la filosofía o el arte perdieron valor simbólico por aparentemente no generar nada de eso, por verse a la distancia como un trabajo absurdo, una práctica que no resulta en ningún beneficio cuantificable y mucho menos capitalizable.

Este enfoque, sin embargo, ya sea por el solo hecho de ir a contracorriente del pensamiento hegemónico, debería parecernos sospechoso y más bien despertar nuestra simpatía por el quehacer filosófico. En el sistema en que nos encontramos, a veces vale la pena detenerse a ponderar aquello que ha sido empujado a las márgenes, aquello que incomoda y en general preferimos no ver, ignorar, apartar de nuestro horizonte. ¿Qué hay en la filosofía que podría incomodar a la ideología imperante?

De acuerdo con Slavoj Zizek, un pensador conocido por su inclinación a la teoría crítica, el marxismo y el psicoanálisis lacaniano, la filosofía nos ayuda a mirar de cerca las prenociones e ideas preconcebidas que casi siempre pasamos por alto pero que, en última instancia, determinan la manera en que aprehendemos y comprendemos el mundo y la forma en que actuamos en él.

Ahora, y gracias a disciplinas como la neurociencia, estamos familiarizados con la noción de que la realidad es esencialmente nuestra percepción. En filosofía, esto se sabía hace tiempo. Hegel fue uno de los primeros en enunciarlo con contundencia y después, cada uno a su manera, Karl Marx y Ludwig Wittgenstein elaboraron al respecto. Los tres, sin embargo, pronto se dieron cuenta de que esta percepción no se da en el vacío, que no surge virgen ni se forma autónoma sobre el suelo de la subjetividad, sino que se da en un contexto dado, preexistente, lleno de significados y significantes moldeados históricamente y sobre los cuales vaciaremos nuestra propia experiencia.

¿Por qué es importante la filosofía? Según Zizek, porque nos enseña las cosas que conocemos sin saber que las conocemos. El planteamiento puede sonar tramposo o intrincado, pero es sencillo. La filosofía nos da las herramientas para reconocer o identificar esas prenociones que, sin ser totalmente nuestras, sin que hayan sido resultado de la elaboración de conocimiento empírico o de un aprendizaje consciente, ya están ahí, “precargadas”, como si se tratara del software mínimo que necesitamos para vivir en el mundo. ¿Qué es la verdad? Enunciada así, la pregunta es profundamente filosófica, pero si por un momento nos detenemos a pensar en algo que creemos indudablemente verdadero (la existencia en el mundo, un discurso del presidente, la naturaleza del color rojo), si nos preguntamos dónde reside dicha verdad, por qué la calificamos como algo “verdadero”, quizá comencemos a notar que después de todo su condición de verdad no es tan indudable, que la verdad es un estado inestable que difícilmente se mantiene sobre una misma situación por mucho tiempo porque depende de muchas circunstancias.

Dice Zizek que en esta época se nos insta sobre todo a actuar. El motto de Nike, por ejemplo, el célebre “Just Do It”, es un claro ejemplo de ello. O la instigación contemporánea por “vivir experiencias” y atreverse a hacer cualquier cosa porque sólo se vive una vez. En el fondo, sin embargo, parece haber un sacrificio del pensamiento en aras del acto, como si éste tuviera que ejecutarse ciega y sordamente, sólo porque sí, porque pensar es inútil.

Y quizá, tanto para la vida subjetiva como para la vida social, pocas cosas tan peligrosas como eso. Porque si no piensas por ti mismo, ten la seguridad de que alguien más lo hará por ti. Y ya lo está haciendo, siempre.