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¿Estamos en la era dorada de la sinestesia?

Por: pijamasurf - 09/26/2015

La sinestesia es la alteración sensoperceptiva en la que la estimulación de un sentido produce la percepción de uno distinto ("ver" sonidos, por ejemplo)

SINESTESIA I

Los estudios sobre la percepción son en general sumamente complejos, sobre todo porque hay que partir de sensaciones subjetivas y sólo recientemente los avances en neurociencias han servido para descifrar sus misterios.

En el caso de la sinestesia, las mediciones objetivas han demostrado que alrededor de 4% de la población la posee en alguno de sus tipos. Esto según los estudios de David Eagleman, neurocientifico que ha trabajado para intentar responder cómo es que cada cerebro percibe realidades diferentes.

El estudio de la sinestesia ha estado históricamente marcado por una serie de malentendidos, en buena medida porque distintos grupos artísticos (como los románticos en el siglo XIX o los surrealistas a principios del siglo XX) se sintieron intrigados por el fenómeno y lo pusieron en boga. Sin embargo, con la llegada del conductivismo los casos sinestésicos fueron categorizados como estudios acerca de personas sumamente sensibles a asociaciones típicas de la memoria.

El número de publicaciones sobre el tema bajó drásticamente de 135 en 1920 a cinco en 1960.

Antes de la llegada de los escáneres neurológicos, la gente era muy renuente a hacerse cualquier tipo de análisis, según menciona, al igual que otros autores, Siri Hustvedt, autora de The Shaking Woman or A History of My Nerves (La mujer temblorosa), una novela sobre la llamada “enfermedad de los nervios”.

sinestesia

Por su parte Eagleman y su equipo son los responsables del primer laboratorio encargado de estudiar la sinestesia, el cual publica sus resultados en línea a través del sitio synesthete.org. A partir de dichas pesquisas Eagleman pretende dilucidar si la experiencia sinestésica es el resultado de lo comúnmente conocido bajo la expresión “cables cruzados”, o si es genéticamente derivada del exceso de conexiones neuronales en el cerebro (lo cual posiblemente también la haga hereditaria).

Para estos investigadores el reciente interés por la sinestesia es algo positivo, por ser una buena incursión respecto a la comprensión de cómo el cerebro de diferentes personas puede percibir la realidad de formas tan distintas: aun cuando todos nos encontremos sentados observando la misma cosa, la percepción nos permite ver el mundo de manera muy diferente a los demás.

Resulta fascinante que los sinestésicos pasen su vida entera sin sospechar que pueden percibir la realidad de manera completamente distinta a otras personas, pero lo cierto es que, de alguna manera, casi siempre aceptamos la realidad presentada ante nosotros sin ni siquiera cuestionarla. 

Si deseas averiguar si ver un arcoíris de manera involuntaria cada vez que suena tu canción favorita es algo común o no, haz el test del sitio de Eagleman.

En su libro “Why I am not Enligthened”, Eliezer Sobel explora la ilusión fundamental de querer iluminarse

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La proliferación de las enseñanzas espirituales y de todo tipo de disciplinas, literatura y demás parafernalia que abunda hoy en día, hace que sea muy fácil que las personas crean que se encuentran en el “camino a la iluminación”. El abuso de la terminología propia de lo “espiritual”, ha llevado a Eliezer Sobel a escribir un libro cuya máxima virtud es la honestidad, Why I am not Enligthened, en el que examina, desde su propia experiencia de 30 años buscando “la iluminación”, los requerimientos de una práctica espiritual sincera. La conclusión a la que llega es desgarradora: en realidad no quería iluminarse. No lo quería él ni la mayoría de todas las personas que sueñan o ansían este mítico despertar. Iluminarse requiere de un compromiso y una decisión total, sin medias tintas, que simplemente muy pocas personas tienen. Pero saber esto, que en realidad cuando nos iniciamos en el camino espiritual no queremos iluminarnos, es en sí mismo un conocimiento que enriquece la existencia. Además de algo que nos puede ahorrar decenas de años y problemas.

Sobel relata una serie de historias y parábolas que ilustran poderosamente por qué la iluminación está más lejos de lo que parece.

Un hombre se acerca a un maestro zen y le pide que le muestre el sendero a la iluminación. El maestro responde, “Bien, sígueme”, se levanta y  lleva al hombre a un río cercano y hacia adentro del agua. Sin previo aviso, el maestro obliga la cabeza del hombre debajo del agua y la sostiene ahí mientras lucha violentamente por su vida, hasta que hasta a punto de morir. Finalmente el maestro saca la cabeza del hombre, buscando el aliento, y dice, “Cuando quieras iluminarte tanto como querías respirar justo ahora, entonces regresa a verme".

La pregunta aquí es evidente, ¿realmente quieres iluminarte tanto como querrías respirar en una situación de vida o muerte? Y es que un logro extraordinario requiere constantemente un deseo extraordinario. Dentro del budismo zen se encuentran muchas historias similares: 

En  la Antigua China se dice que Hui-ka una vez fue a la cueva de Bodhidharma y esperó a que el monje lo aceptara como estudiante. Después de  aguardar ahí por muchos días sin señal del maestro, empezó a nevar. Cuando la nieve llegaba a la cintura de Hui, Bodhidharma finalmente salió y le preguntó, "¿qué es lo que quieres?".

"Mi mente no está tranquila", replicó Hui.

"El Camino es largo y difícil", dijo el monje, despachándolo.

Hui tomó su espada y se cortó el brazo izquierdo y se lo dio al maestro, así fue aceptado. 

O la de un monje que fue amenazado por un samurai con la punta de su espada:

"¿No sabes quién soy? Soy alguien que te puede cortar la cabeza sin pensarlo dos veces o parpadear”.

A lo que el temerario maestro respondió, sin perder la compostura “Yo soy alguien que podría ofrecerte mi cabeza para que la cortes sin pensarlo dos veces o parpadear".

El mensaje de Sobel es muy claro, la iluminación, escapar de la rueda de la vida y la muerte, no es algo casual que puede ocurrirle a cualquier turista espiritual, sólo porque toma sustancias psicodélicas, hace yoga, canta mantras o tiene pensamientos positivos. Es algo que quizás podría ocurrir, pero sólo para aquellos que están dispuestos a sacrificarlo todo, incluyendo la vida misma.

Si bien esto explica por qué no te has iluminado, también abre la posibilidad de relajarse y disfrutar la vida, el aire, la familia. Sin esa falsa presión de pretender ser o querer ser un iluminado.

 

Twitter del autor: @alepholo