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La complejidad es uno de los grandes ausentes de la manifestación actual de la escuela

 

Sandro Botticelli, "El nacimiento de Venus" (1484) (Imagen: http://www.lanubeartistica.es/dibujo_artistico_1/Unidad3/DA1_U3_T3_Contenidos_v02/3_el_secreto_de_la_belleza_el_nmero_de_oro.html)

Sandro Botticelli, "El nacimiento de Venus" (1484) (Imagen: http://www.lanubeartistica.es/dibujo_artistico_1/Unidad3/DA1_U3_T3_Contenidos_v02/3_el_secreto_de_la_belleza_el_nmero_de_oro.html)

Objetivo: que mis alumnos aprendan proporciones. ¿Qué debería hacer si eso fuera lo que me propusiera?

Lo primero que debería hacer es valorar el objetivo. ¿Es un buen objetivo? ¿Merece la pena? ¿Presenta una enunciación eficiente?... Porque muchas veces nos encontramos ante pésimos objetivos y también ante falsos objetivos.

Este objetivo me parece bueno porque es claro y amplio a la vez; porque no se define a partir de la gramática disciplinar ni de cualquiera de las otras que suelen regir el mundo escolar; porque es esencial y define una de las áreas estructurales de la inteligencia; porque es difícil y valioso. Es un buen objetivo, entonces; merece la pena.

Su enunciación me parece –además-- eficiente porque nos conduce a un núcleo constitutivo y no a temas curriculares o a páginas de libros o a profesores de área. Tengo el riesgo de que se me encaje en matemáticas, pero no tiene esa determinación letal que tienen, por ejemplo, las fracciones o los polígonos regulares o los tiempos verbales. El problema de las proporciones no conduce directamente a las matemáticas mientras se lo enuncie de esta manera abierta. A eso le estamos llamando “enunciación eficiente”.

Estamos, pues, ante un objetivo que vale la pena porque proviene de un desafío/problema que vale la pena. Las personas que tienen sentido de la proporción son mejores –hagan lo que hagan y vivan donde vivan-- que las que no lo tienen. No es fácil encontrar “saberes” que quepan tan naturalmente en esa afirmación.

Además, se trata de una inteligencia (por llamarla así) que no se agota en las categorías clásicas de una técnica, un don, una metodología o una sensibilidad, porque es un poco todas esas cosas, sobre todo si ellas están debidamente articuladas. Tener –o no tener-- sentido de la proporción depende de una formación bastante integral de la persona, además –tal vez-- de algún talento algo especial. Y a su vez, esa capacidad (o competencia o como queramos llamarla mientras no la llamemos información) se manifiesta en diferentes ámbitos, de la mano de muy diferentes tipos de desafíos y se expresa de maneras muy variadas. Ora se evidencia en una obra de arte, ora en un examen de geometría, ora en el trabajo de un líder, en una obra arquitectónica, en la política, en las ciencias o en la gestión escolar (donde suele escasear).

Luego de haber valorado el objetivo, seguimos con la definición de una estrategia de enseñanza: ¿cómo se enseña a tener sentido de la proporción? O si no queremos ponerlo en términos de enseñanza, sino de desarrollo o aprendizaje, entonces: ¿cómo se adquiere ese sentido?

Ante todo, para poder lograr algo que se nos presenta a priori como difícil y sobre todo complejo, debemos tener respeto por el desafío; muchas veces eso quiere decir construir el respeto por ese desafío. No subestimarlo –quiero decir--, ni buscar quitarle su complejidad, porque entonces al mismo también le estaremos quitando su valor. Asumir que estamos ante un proceso sofisticado y ambicioso. Seremos mejores si así lo ponderamos.

No importa cuánto tiempo nos lleve, ni cuántas horas debamos asignarle, ni qué materiales usaremos; ninguna de esas decisiones nos llevarán en sí mismas al objetivo. Por el contrario, debemos saber que será un camino grueso, cargado de experiencias abiertas, sujeto a alternativas irreductibles a la planificación y completamente subordinado al ritmo y el tono de esos alumnos, en sus circunstancias; incluso los niveles que alcancemos son impredecibles. Algo muy parecido a lo que enfrentaríamos si el objetivo fuera lograr desarrollar en nuestros alumnos la capacidad amplia y profunda de escribir o de hablar.

Las proporciones no son un saber cerrado, que quepa en un conjunto de informaciones interligadas. Hay en las proporciones –es verdad-- una serie de formulas que las estructuran, pero no creo que nuestro camino deba ceñirse a informarse de ellas; al contrario. El sentido de la proporción adviene en aquellos que entran en el campo (en el plano, en el nivel) en el que las proporciones se notan, se sienten y se necesitan. Si no somos capaces de desarrollar la sensibilidad estética y la conciencia ética de que la proporción es un valor, no habrá manera de desarrollar sentido de la proporción en nuestros alumnos. La valorización de la proporción ya es un saber sobre la proporción.

Por aquí y por allá buscaré que mis alumnos entren en contacto con la proporción. Le sacaré su máximo partido a la mística que nos genera la mera noticia de que existe una “proporción áurea”. No me apuraré a reducirla a su formulación. Haré mil y un ejercicios de sensibilidad proporcional; en el campo estético, espacial, simbólico, retórico, corporal y político. Trataremos de ponernos de acuerdo en los casos más flagrantes sobre todo de fracaso, es decir, de ausencia de proporción. Buscaré ir construyendo el saber desde abajo, desde su falta. Provocaré acaloradas discusiones en las que no me importará nada quién tenga razón sino qué calidad de argumentaciones se pongan en juego. Les haré saber que las proporciones se acaban intuyendo, después de mucho estudiarlas. (Sí, sabré que con esa enunciación estaré alterando una de las premisas más clásicas del sentido común, que reza que la intuición es una instancia psíquica previa y menos valiosa que el conocimiento. Lo sabré y lo gozaré).

Al que se mueva cómodo en el campo algebraico de las proporciones le pediré argumentos estéticos para dar soporte a su saber; y viceversa con el que tenga un gran poder intuitivo geométrico. Les haré saber que la equidad también es una manifestación de la proporción, para que se vea hasta dónde podemos llegar con aquello.

Nos reiremos. Buscaremos la proporción de los poemas. Y por supuesto, estudiaremos sus bases matemáticas más complejas. Nos daremos tiempo.

Y al final vendrá el problema de la evaluación. ¿Quién aprueba y quién no? ¿Por qué? Y de nuevo, ni lo uno ni lo otro por la ausencia o presencia de alguna información sobre las proporciones. Si las hubiera, sólo se justificarán si el alumno es capaz de ponerlas al servicio de su sentido de la proporción. Y más aún, si lograra desarrollarlo sin ninguna información en la memoria, también me valdrá. Mi objetivo será buscar evidencias de la presencia del sentido de la proporción en cada uno de ellos, sea cual sea el ámbito en el que esas evidencias se expresen. Valoraré –¡cómo no!-- la capacidad crítica de la proporción como un primer nivel de realización en mis alumnos. Pero encima de ese primer nivel valoraré la proposición de la proporción; el riesgo de construir la propia, y otra vez, sea cual sea el ámbito en el que esas construcciones se expresen. Y por encima de éste --por fin-- valoraré si además aparece una capacidad orgánica de argumentación de ese sentido y una sustentación teórica del mismo.

No parece difícil; parece simplemente complejo, que no es lo mismo. Pero resulta sencillamente imposible si lo pensamos en una escuela, aunque difícil no sea. Lo imposible de realizarlo en la escuela no tiene que ver con su dificultad, sino con la gramática básica de esa institución y su relación imposible con este tipo de desafíos pedagógicos. La complejidad es uno de los grandes ausentes de la manifestación actual de la escuela.

 

Twitter del autor: @dobertipablo

A 1 año de la desaparición forzada de los 43 estudiantes, 11 escritores latinoamericanos comparten una reflexión
Dónde están 2
 
El dolor reclama justicia. El dolor reclama la verdad. Para los antiguos griegos el antónimo de olvido no era memoria, era verdad. 
 
Juan Gelman
 
Todas las bocas gritan
Y gritan y gritan
Y a todos los papás
Y a todas las mamás
Que son días y espinas,
Agua y sangre
Y boca,
Sólo boca:
“¿Dónde estáaaaaaaaaaaaaaaan?"
 
María Baranda, Diente de león
 
 
A 1 año de la desaparición forzada de los 43 estudiantes, 11 escritores latinoamericanos compartieron una reflexión. Ellos, que han vivido de cerca esa compleja y violenta realidad y que han escrito novelas, cuentos o ensayos que ofrecen una manera de abordarlo, de hablarlo. ¿Qué puede enseñar la experiencia chilena, argentina, colombiana, uruguaya a los mexicanos? En estos momentos en que se ha denunciado que ni siquiera a los sobrevivientes ni a las familias de las víctimas se les ofrece una atención digna. Coinciden los testimonios: hay que seguir buscando, exigiendo verdad, preguntando en sociedad: ¿dónde están? o ¿a dónde se los llevaron? 
 

Argentina

PAULA BOMBARA

Como familiar directa de un desaparecido, puedo entender la desesperada incertidumbre de las familias de los chicos de Ayotzinapa. Cada día sin saber duele. Te diría que el tiempo cambia su transcurrir, directamente. Sabemos que cada minuto que pasa, nuestro ser querido está en alguna parte (vivo o muerto, esa duda es la gran perversidad de la palabra “desaparecido”). 


Pero no es necesario ser víctima directa para entender lo que está sucediendo, sino sentir y asimilarte como una víctima indirecta de estos genocidios. Tu vida quizás no cambie de modo tan drástico, pero si te tomás el tiempo para pensar en esos chicos, en que nadie sabe dónde están, en lo injusto que es eso, en lo que sufrieron, en lo que sufren, en que podrías haber sido vos, en que los que buscan podrían ser tus seres queridos, es imposible mantenerse indiferente.


El acompañamiento de toda la sociedad resulta vital para exigir justicia y castigo a los culpables. En mi país los organismos de derechos humanos tuvieron que pasar muchos años de solitaria perseverancia, pensando y concretando muchas acciones para que la necesidad de justicia siempre estuviera presente. Los juicios de lesa humanidad llegaron casi 30 años después de cometidos los crímenes.
 Me gusta pensar que la sociedad mexicana podrá ver que si acompaña a los familiares de los desaparecidos en su exigencia de justicia, no pasará tanto tiempo como aquí para lograrla.

 Paula Bombara Foto Juan Manuel Mannarino

 

GRACIELA BIALET

A 1 año de Ayotzinapa, más allá de ejemplificadoras experiencias, por lo que hay que insistir --sin tregua-- es por la vida de los jóvenes normalistas. Vivos los llevaron, vivos los queremos (esa consigna la cantábamos en los 80 acá también).

Los sapos de la memoria, editado por Conaculta en 2013 en México, pueden croar una mirada acerca de la búsqueda de memoria, verdad y justicia, que desde la literatura, movilice reflexiones y otras expresiones artísticas que den opciones de promover nuevas miradas acerca del tema que hoy atormenta a los mexicanos. La literatura está hecha de palabras y las palabras tienen el poder desbordante de hacer visible otras realidades, otras opciones, otros gritos. Todo es cuando la palabra lo nombra. Las palabras son poderosas como puñales, como luces en medio del mar, diamantes de mil signos. Ellas nos liberan condenándonos a componer una y otra vez su sinfonía de verdades.

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MARÍA TERESA ANDRUETTO

La experiencia argentina es particularmente rica en la lucha por la justicia y por el trabajo de los organismos de derechos humanos (especialmente esos garantes éticos que son para nosotros las Abuelas y las Madres) y luego el trabajo desde el Estado en la búsqueda de verdad y de justicia, en los muchos crímenes de lesa humanidad que aquí se cometieron.

Es una lucha muy larga, el 18 de septiembre se cumplieron 30 años de la condena en el juicio a la Junta que fue el comienzo legal de todo este camino que con sus avances y retrocesos logra, en este último proyecto político, la reapertura de los juicios, la condena a todo implicado y sobre todo la lenta percepción social de que los militares no actuaron solos, que la dictadura militar sucedió con la complicidad y con muchas veces la participación directa de sectores civiles, empresariales, de la justicia, de la iglesia... y también con la mirada indiferente cuando no colaborativa de tantos y tantos ciudadanos de a pie.

María Teresa Andruetto 

FLORENCIA ORDOÑEZ

Me parece que, como sucedió en los 70 en la Argentina y como sucede hoy en Córdoba con la política represiva de De la Sota, lo que sucedió en Ayotzinapa no puede atribuirse  a errores o excesos del gobierno sino a un plan sistemático que utiliza la violencia del Estado para servir a determinados intereses políticos y económicos. Es terrorismo de Estado, porque disciplina a la sociedad a través del miedo. Es terrible lo que está sucediendo y a veces el miedo paraliza y lleva a no querer ver, pero hay que evitar eso a toda costa, visibilizar y denunciar lo más que se pueda.

 Florencia Ordóñez

 

IGNACIO L. SCERBO

Primero pienso en los normalistas. Pienso en ellos y no puedo olvidarme de los desaparecidos en Argentina. Los recuerdo fervientemente como aquellos que nos faltan y sólo eso es doloroso. En Argentina, con los juicios hechos a los victimarios, los dolores comienzan a cicatrizar. A su vez, hemos podido recuperar sus identidades políticas, su visión del mundo, que si no, no hay una memoria verdadera. Hoy cuando nombramos a los normalistas mexicanos, no podemos olvidar su militancia política. “Ayotzinapa, cuna de la conciencia social”, reza una de las paredes donde estudiaban.

Segundo, pienso en sus familias. En Argentina, Abuelas, Madres e Hijos han sido y son los protagonistas del descubrimiento de la verdad, el pedido de justicia y la construcción de la memoria. En México, las familias son en este momento el motor que tracciona el descubrimiento de la verdad de los hechos y el pedido de justicia. Ayotzinapa no es memoria, Ayotzinapa es ahora.

Tercero, pienso en la palabra como vehículo de transformación. La palabra como encuentro, testimonio y articulación para la denuncia y el reclamo. La palabra que hoy alivia el dolor porque sabe quien la dice que no está solo y que todos necesitamos que sea justicia.

 Ignacio Scerbo

 

Colombia

JAIRO BUITRAGO

México está en mi interior de una manera particular, por eso escribí Two White Rabbits (que se publicará en español a finales de año por Ediciones Castillo). La tragedia de los 43 es desde ya símbolo mundial, nos reconocemos en el dolor de los hermanos, como en un espejo.

 Jairo Buitrago

 

IRENE VASCO

Este caso que, por fortuna ha sido tan divulgado, es apenas uno de los tantos horrores que vivimos, no sólo en Latinoamérica sino en el mundo entero, a lo largo de la historia humana. Para no ir muy atrás, me remito al holocausto judío. Libros como el Diario de Ana Frank han pasado de mano en mano ya por algunas generaciones, recordándonos que lo innombranble no debería repetirse. Sin embargo se repite disfrazado de mil maneras. 

 Irene Vasco Ayotzinapa

 

Uruguay

FEDERICO IVANIER

Es difícil decir algo de ese tema. Acá tuvo repercusión más en los diarios que en la gente, creo, porque el mundo parece tan plagado de una violencia extrema y absurda que todo el mundo termina anestesiado. De todos modos, lo que queda es el repudio y el horror y sobre todo una sensación de impunidad que, en los lugares más altos de poder, transmite México. Junto con eso, lo que me queda a mí es una gran sensación de impotencia.

Federico Ivanier 

SEBASTIÁN SANTANA CAMARGO (PANTANA)

El caso de estos estudiantes mexicanos en particular me pegó muy fuerte, ver carteles de desaparecidos con caras jóvenes y saber que son jóvenes de hoy, no los jóvenes que seguimos buscando desde hace más de 40 años es algo muy triste, muy doloroso. 

En medio de la desgracia, lo que me pareció muy importante es que a través del drama de estos gurises (niños) se hiciera una campaña mundial que creo, hasta el momento, no se había podido lograr, acerca de los miles de muertos y desaparecidos contemporáneos de México, las víctimas de la complicidad del gobierno, las víctimas del narcotráfico, de toda esa mezcla terrible de violencia que padecen. Y eso, que estos gurises se hayan transformado en un icono de ese dolor es algo importante, en medio de todo lo malo que significa, porque hace visible el dolor, la situación, y es más fácil exigir una forma de respuestas. En la medida en que esa violencia adquiere una forma concreta, se hace más fácil visibilizar el tema y desde ahí reclamar. Es algo paradójico, claro, porque como humanos deberíamos ser capaces de entender a través de la idea abstracta del dolor, pero vivimos en este momento donde una forma gráfica da una claridad que pareciera que una idea, por sí sola (“es insostenible que exista terrorismo de Estado”), no logra.

Pantana 

Chile

MARIANA OSORIO GUMÁ

¿Qué puede mostrar la experiencia chilena a México? Algo fundamental: que México y sus habitantes saben ser puro corazón. Que México es capaz de ser un espacio de acogida, de resguardo. Sabe ser casa. Sabe ser recinto. Sabe ser cobijo. Que México sabe ser generoso. 

Pero a pesar del enorme y amoroso espíritu de los mexicanos nuestro país está siendo carcomido y dirigido por grupos sin escrúpulos, que se guían por intereses lucrativos que buscan sostener poderes infames. Ellos propagan el cáncer de la violencia y la impunidad. Está en nosotros resistirnos a ello. No es fácil. Lamentablemente nada de lo que ahora ocurre aquí está alejado de lo que ocurrió con las dictaduras del sur. Acá lo complejo es que hay un disfraz infausto, una siniestra perversión de democracia que ya no se sostiene con nada. O es, al menos, lo que desearía. Porque lo peor de todo es eso: que se sigue sosteniendo. Y siguen los desaparecidos. Y las masacres. Y los migrantes. Y sigue la impunidad. Y sigue la violencia.

 Mariana Osorio
 

MARÍA JOSÉ FERRADA

La experiencia chilena, a la luz de lo que sucedió en Ayotzinapa, nos muestra que debemos seguir trabajando, por hacer de los niños seres empáticos, que no permitan que estas cosas vuelvan a suceder, creo que la literatura, la poesía, puede ayudarnos en eso, a conocernos, comprendernos y ser capaces de ponernos en el lugar del otro.

María José Ferrada 
 
Blog de Adolfo Córdova: www.linternasybosques.com