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El cerebro es el órgano sexual más poderoso

Por: pijamasurf - 09/04/2015

Las palabras pueden estimular el cerebro más que otras zonas erógenas y otros órganos
Susurro Imagen: http://i.ytimg.com/vi/o_2YvrJ7nx4/maxresdefault.jpg

"Como actriz porno, además, no puedo decir que no disfrutara de esas cosas, pero tienes que abrirte para la cámara y estar pendiente de que se vea todo, entonces estás más tensa, e incluso si en casa hacía lo mismo, al no haber una cámara no tenía que usar tanta energía, incluso si duraba lo mismo. Escribiendo... la fantasía puede ser mejor que la realidad", dice Sasha Gray, la ex actriz porno conversa ahora a la escritura. Y tiene razón, pues las palabras pueden estimular el cerebro más que otras zonas erógenas y otros órganos. 

El cerebro es considerado un órgano sexual incluso más poderoso que los genitales porque es de donde deriva el deseo sexual, es por eso que decir cosas "sucias" (también llamado dirty talk) con tu pareja es tan excitante. Cuando las parejas se hablan "suciamente", se están acariciando los órganos adecuados. 

Una investigación publicada por Medical Daily establece el papel fundamental que el cerebro tiene en la actividad sexual. El deseo sexual, por ejemplo, se origina en el hipotálamo, que es responsable de la producción de testosterona en los testículos. La amígdala, por otro lado, es un centro de temor del cerebro. Ambas regiones son afectadas fuertemente cuando decimos "cosas sucias".

El hipotálamo, de mayor tamaño en los hombres, significa más testosterona circulando para estimular el deseo sexual. Por el contrario, el hipotálamo más pequeño de las mujeres y el nivel bajo de testosterona implican que su deseo sexual es menos fuerte que el del hombre.

Daryl Cioffi, especializada en parejas, sexo y neuropsicología y propietaria de Polaris Counseling & Consulting, dice que decir obscenidades con tu pareja genera una experiencia de la mente y del cuerpo entero.

"Muchas personas disfrutan diciendo 'cosas sucias', ya que ello activa todas las regiones del cerebro, mientras que el cuerpo también se está estimulando", asegura la investigadora en un artículo de Medical Daily. "Áreas similares del cerebro se activan durante una plática obscena, como cuando maldecimos. Así que, muy a menudo, como su cerebro lo ve es: mientras más sucio mejor".

Por ejemplo, muchas mujeres de carácter fuerte en la vida cotidiana y el trabajo disfrutan siendo más sumisas en la cama, dice Cioffi, ya que ello estimula la amígdala. Esta región del cerebro es nuestro centro de miedo y está muy involucrada con la emoción y el placer durante el acto sexual. Los susurros, gemidos y gritos acompañados de palabras obscenas están procesados ​​por el centro auditivo del cerebro, incluyendo el lóbulo temporal, el lóbulo frontal y el lóbulo occipital.

La mente es una zona erógena y las palabras la mano que la estimula. Cómo se organiza nuestras zonas erógenas es una prueba más de la importancia que tiene nuestro cerebro para determinar el deseo y el placer sexual. Como bien dice el dicho, "Verbo mata carita", entre otras cosas.

 

 

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[Imagen: http://i281.photobucket.com/albums/kk202/jenjam09/pic101.gif]

"El comedor de hachís": alucinante novela autobiográfica del siglo XIX (Biblioteca PijamaSurf)

Por: pijamasurf - 09/04/2015

Un fascinante recuento en primera persona de los estados alterados provocados por el hachís y sus efectos en la percepción del tiempo, el espacio y el cuerpo
[caption id="attachment_99943" align="alignright" width="216"]Fitz Hugh Ludlow Fitz Hugh Ludlow[/caption]

La literatura cannábica tiene un importante antecedente en The Hasheesh Eater: being passages from the life of a Pythagorean, del novelista y periodista estadunidense Fitz Hugh Ludlow, publicado en 1857. Más cercano en el tiempo y en el ímpetu a las Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas de Quincey, el libro de Ludlow también conversa con el fantástico Sobre el hachís de Walter Benjamin, combinando impresiones en primera persona sobre los efectos del extracto de cannabis y reflexiones filosóficas acerca de los estados alterados de conciencia.

Terence McKenna aseguraba que Ludlow había comenzado:

una tradición de literatura farmaco-picaresca que encontraría exponentes posteriores en William Burroughs y Hunter S. Thompson... Parte genio y parte loco, Ludlow está a medio camino entre el Capitán Ahab y P.fT. Barnum [un famoso cirquero del siglo XIX, famoso por su frase "Nace un tonto cada minuto"], una especie de Mark Twain en hachís. Hay un enorme encanto en esta apertura pseudocientífica, de espíritu libre, a medida que avanza en las oscilantes dunas del mundo del hachís.

Más que un tratado sobre la droga, el interés de Ludlow reside en pensar las formas en las que la percepción se organiza en la mente y la manera en que esta organización se ve modificada (incluso a nivel político y filosófico) a través de los estados alterados de conciencia: "Existen razones para temer que los hombres prefieren investigar cómo se hace la muselina, los rastrillos y, sobre todo y alrededor de todo, el dinero, en lugar de cómo están construidas sus mentes".

Aquí puede leerse en inglés, vía The Internet Archive: