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11 imágenes que capturan la inmensidad del espacio exterior (FOTOS)

Por: pijamasurf - 09/08/2015

11 imágenes que muestran lo pequeños que somos y lo grande que es el espacio que nos rodea
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Imagen: https://cdn3.vox-cdn.com/thumbor/HSGt1BKuHdcshIbIeNsPxt05Yf4=/800x0/filters:no_upscale()/cdn0.vox-cdn.com/uploads/chorus_asset/file/3614962/Sun-compared-to-Earth.0.0.jpg

Conocemos poco o casi nada sobre lo que pasa por encima de nuestra cabeza. Aún más desconocido es lo que hay en las estrellas. Afortunadamente, la tecnología que nos permite descubrir el espacio exterior ha avanzado y ahora podemos saber un poco mejor, por medio de distintas herramientas, qué sucede allá afuera.

En el primer capítulo de Cosmos Carl Sagan dice estas memorables líneas, que se ajustan a las imágenes que siguen a continuación:

Estamos por iniciar un viaje a través del cosmos. Hallaremos galaxias, soles y planetas; vida y conciencia naciendo, evolucionando y pereciendo. Mundos de hielo, y estrellas de diamante. Átomos macizos como soles y universos más pequeños que un átomo. Es la historia de nuestro planeta, de sus plantas y animales. Es una historia sobre nosotros: cómo llegamos al actual conocimiento, cómo el cosmos moldeó nuestra evolución y un posible destino. Deseamos perseguir la verdad, sea cual sea. Para hallarla, necesitamos imaginación y escepticismo. No tememos conjeturar. Pero distinguiremos conjeturas de hechos. El cosmos está colmado de verdades elegantes, de interrelaciones exquisitas de una máquina asombrosa: la naturaleza.

 

1) Un sol inconmensurablemente enorme

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Pero esta imagen es parte de una gran serie sobre el tamaño de los objetos astronómicos realizada por John Brady; en la imagen se resalta la vasta dimensión del Sol y nuestra pequeñísima humanidad. Pensamos en la Tierra como un lugar muy grande: volar alrededor del ecuador en un 747 a la máxima velocidad tomaría aproximadamente 42 horas. Volar alrededor del Sol a la misma velocidad, por el contrario, tomaría unos 6 meses.

 

2) La lejanía de la Luna

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En comparación con la inmensidad global del espacio, la Luna está muy cerca de nosotros: está tan sólo a 238 mil 900 (o más) millas de distancia. En la brecha entre nosotros y la Luna podrían deslizarse de forma ordenada siete de los otros planetas (con un poco de espacio de sobra). Eso incluye a Saturno y Júpiter, que son cerca de nueve y 11 veces más grandes que la Tierra, respectivamente.

 

3) Desde Marte, la Tierra se ve como un minúsculo destello

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Si tuviéramos la posibilidad de viajar a Marte, podríamos observar que nuestro planeta se convierte en un pequeño destello en el cielo. Esta foto, capturada por el Curiosity Rover de la NASA, fue tomada en realidad cuando los dos planetas estuvieron relativamente próximos entre sí, a unos 99 millones de millas de distancia (en otras ocasiones, las órbitas de los planetas pueden estar cinco veces más lejos).

 

4) Cómo se vería América del Norte en Júpiter

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Júpiter es famoso por ser grande, pero esta imagen, otra de las grandes comparaciones de tamaño astronómico de John Brady, es abrumadora. En Júpiter, un ciclón que fue visto por primera vez en 1655 se está reduciendo ahora, pero es todavía muchas veces más ancho que América del Norte. Júpiter y los otros gigantes gaseosos son tan grandes porque sus temperatura frías les permiten aferrarse a gases más ligeros como el hidrógeno y el helio, que flotan lejos de los planetas más calientes y rocosos.

 

5) Si se sustituye la Luna con Saturno

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Otra manera de entender lo grande que es Saturno es haciendo el ejercicio de sustituir la Luna con él. El ilustrador Ron Miller hizo esto con una foto de una luna llena sobre el Valle de la Muerte, situando cada vez un planeta distinto en su lugar.

 

6) Un solo cometa es extremadamente grande

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Este es el cometa 67P/CG en el que aterrizará la sonda Philae en noviembre de 2014, superpuesto a Los Ángeles. En términos de espacio, el cometa es absolutamente pequeño: sólo 3.5 millas de ancho. Pero una vez más, esta imagen muestra cómo la mayoría de las cosas en el espacio son mucho más grandes de lo que se cree.

 

7) Toda la historia de Estados Unidos se ha producido dentro de una sola órbita de Plutón

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No es sólo el tamaño de los objetos en el espacio lo que perturba la mente, también es la inmensidad de los plazos en los que se producen los acontecimientos. Plutón tarda 248 años de la Tierra en completar su órbita alrededor del Sol. Para decirlo de otra manera, durante una órbita de Plutón se ha producido la totalidad de la historia de Estados Unidos. Cuando Plutón era el último de su ubicación actual no habíamos inventado la aviación, y mucho menos el vuelo espacial. Este mapa fue lanzado por la sonda New Horizons de la NASA.

 

8) Plutón no es ni siquiera el borde del Sistema Solar

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Muchos de nosotros imaginamos que el frío de Plutón se debe a que se encuentra en el borde exterior del Sistema Solar, pero eso está lejos de la verdad. La órbita de Plutón encaja dentro de la caja azul pequeña en el centro de este mapa.

 

9) Otras estrellas también son gigantescas

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Una vez que se sale del Sistema Solar, se encuentran otros objetos --otras estrellas-- que empequeñecen a nuestro sol de la misma manera que el Sol eclipsa a la Tierra. Y las estrellas aún más grandes (como Antares y Betelgeuse, en el panel 5) eclipsan a esas estrellas de la misma manera. Una y otra vez, como hemos visto, lo que hemos encontrado en el universo existe en una escala que, básicamente, no tiene sentido para el cerebro humano.

 

10) Cada estrella que se puede ver está en el círculo amarillo

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Las estrellas son enormes pero la Vía Láctea es, una vez más, alucinantemente más grande. Esta representación, que muestra a la galaxia en su totalidad, es una forma de ver eso. El círculo amarillo  abarca probablemente a todas las estrellas individuales que se hayan visto en el cielo sin la ayuda de un telescopio.

 

11) Nuestra galaxia es una de 100 mil más

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A pesar de su inmensidad, la Vía Láctea es sólo una de miles de millones de galaxias en el universo. Recientemente, los científicos concluyeron que hay 100 mil o más galaxias cercanas a la Vía Láctea y encontraron que ella es parte de un supercúmulo más amplio llamado Laniakea.

Un par de ejemplos de cómo la música puede manipular nuestro comportamiento

Por: Alejandro Albarrán - 09/08/2015

Dos estudios recientes revelan que obtener dinero es más placentero si estamos escuchando una canción que nos gusta, lo que nos hace más propensos a tomar riesgos para saciar ese deseo
[caption id="attachment_99966" align="aligncenter" width="700"]Louis Ducis - "Orphée et Eurydice" "Orphée et Eurydice", de Louis Ducis[/caption]

Cuando hablamos del poder de la música, casi siempre nos referimos a sus cualidades positivas: su capacidad de estimular, motivar o calmar nuestras almas. Empero, el poder de la música es mucho mayor.   

Una de las primeras historias que retratan el carácter “mágico” de la música (o el poder que ejerce en el escucha) se encuentra en el mito de Orfeo, quien con su lira y sus cantos ejercía poderes mágicos en las personas, animales e incluso las plantas. Gracias a su música hizo detenerse los tormentos del inframundo (por primera y única vez), y, llegado el momento, ablandó los corazones de Hades y Perséfone, quienes permitieron a Eurídice volver con él al mundo de los vivos.

Poco tiempo después de iniciado el siglo XVIII comenzó a estudiarse una teoría sobre los efectos de la música en las emociones humanas.

La “teoría de los afectos” (Affektenlehre) fue un concepto estético de la música barroca, derivado de las doctrinas griegas y latinas de la retórica y la oratoria, que se proponía describir cómo codificar las emociones y cómo estos códigos inducen emociones en el escucha.

La teoría surgió a partir de la filosofía y la psicología del siglo XVII. El pensamiento del filósofo francés René Descartes en su texto Las pasiones del alma ejerció una gran influencia sobre esta teoría y sobre el pensamiento de los músicos barrocos.

Y es justamente esta manera retórica del empleo de la música la que ha logrado establecer ciertos parámetros al momento de escuchar una tonada.

El figuralismo es una técnica que comenzó a usar estos elementos retóricos dentro de la música; la técnica se remonta a la época del canto gregoriano, en el que se encuentran estos elementos melódicos que expresan ideas emotivas y significados teológicos.

Por ejemplo, en el patrón fa-mi-sol-la, las notas fa y mi son (como lo hemos aprendido culturalmente) más oscuras que el resto y supuestamente expresan el sufrimiento, la humillación y la muerte de Cristo (mediante un movimiento descendente), mientras que sol es una nota más luminosa y representa la resurrección de Cristo. La nota la, aún más alta que las anteriores, indica la ascensión de Cristo a los cielos. Aunque este no es el único ejemplo del efectismo con el que la música también se construye. La mayoría de las canciones tristes que escuchamos están en tonos menores con progresiones descendentes. Por el contrario, las melodías felices casi siempre penden de una estructura mayor con progresiones ascendentes.

Igual que un discurso (oral o escrito), la música también puede ser una herramienta eficaz para manipular a la gente para comprar ciertos productos, o incluso votar por ciertos candidatos políticos.

Estos efectos suelen trabajar fuera de nuestra percepción consciente. Dos estudios recientemente publicados proporcionan ejemplos de la capacidad de la música para influir en nosotros de maneras potencialmente problemáticas.

Empezaremos en Finlandia, donde Marja-Liisa Halko y Markku Kaustia de la Universidad Aalto, en Helsinki, realizaron un estudio con 23 adolescentes de entre 12 y 17 años de edad. Los adolescentes fueron elegidos por dos razones: Ellos eran buenos para "identificar explícitamente su gusto musical específico" y era "más fácil crear incentivos monetarios eficaces" debido a sus bajos ingresos.

Antes del experimento principal, cada participante identificó cuatro de sus canciones favoritas y cuatro canciones que le desagradaban particularmente. Los gustos variaron considerablemente: personajes como 50 Cent, Eminem, Rihanna aparecieron en las "listas" como favoritos para unos y como desagradables para otros.

1 semana después, cada niño regresó al laboratorio para jugar un juego en el que fueron instruidos "para aceptar o rechazar apuestas que ofrecían una probabilidad de 50-50 de ganar o perder dinero". Por ejemplo, aceptar una apuesta marcada ("más 1.50, menos 1.20") significaba que tenían una probabilidad del 50% de ganar 1.5 euros, así como una probabilidad del 50% de perder 1.2 euros. Los participantes tuvieron un total de 5 segundos para elegir si aceptar o no cada apuesta.

La música preferida de los adolescentes se puso de fondo durante 64 de las apuestas. Por el contrario, la música que no les gustaba se tocó durante otras 64 apuestas, mientras que 128 se realizaron en silencio.

Los investigadores en la revista en línea PLOS One dicen que, comparado con el silencio, el sonido de sus canciones favoritas aumentó la toma de riesgos, mientras que la música que les disgustaba disminuyó la toma de riesgos. Específicamente, escriben: "los que escucharon su música favorita tuvieron 54.1% de aceptación de juego, los que escucharon de fondo la música que les desagradaba tuvieron el 47.4% de aceptación y toma de riesgos, mientras que jugaron en silencio tuvieron un 51.4%. de aceptación".

Los investigadores señalan que ni la teoría económica estándar, ni "teorías psicológicas importantes en el estado de ánimo y la toma de riesgos", explican estos resultados. Su explicación tentativa es que la música preferida aumenta la "utilidad marginal", término económico que generalmente se define como "la satisfacción adicional a las ganancias de los consumidores de consumir una unidad más de un bien o servicio".

En otras palabras, encontramos la idea de obtener dinero más placentera si estamos escuchando una canción que nos gusta, lo que nos hace más propensos a tomar un riesgo para saciar ese deseo.

Ese efecto es espeluznante, sin embargo, un estudio realizado por el investigador israelí Naomi Ziv publicado recientemente en la revista Psychology of Music describe un experimento realizado con 120 estudiantes universitarios, a quienes se les pidió subrayar en 90 segundos todas las vocales en una "página fotocopiada poco clara". Una cuarta parte lo hizo en silencio, mientras que los demás escuchaban una de las cuatro canciones alegres, optimistas, incluyendo a James Brown con "I Feel Good".

Después, con la música aún sonando de fondo, el asistente de investigación que administraba el experimento les dijo: “Hay otra estudiante que viene a la universidad hoy para participar en el estudio, ella tiene que hacerlo porque necesita el crédito para completar sus requisitos del curso. La cosa es que yo no tengo ganas de verla. ¿Les importaría si la llaman de mi parte y le dicen que he decidido que ella no pueda participar?".

65.6% de los que oían la música alegre estuvo de acuerdo con esta propuesta poco ética, mientras que sólo 40% de los que trabajaban en silencio lo hizo.

En un segundo experimento similar, el asistente de investigación pidió a cada participante que llamara a una estudiante que había estado gravemente enferma para decirle que, contrariamente a las promesas anteriores, ella no iba a obtener sus materiales del curso. Usando como única excusa: "Yo no me siento bien de dárselos a ella".

Más del 80% de los que escuchaban música accedió a hacerlo, a pesar del serio daño que representaba para su compañera. En contraste, sólo el 33% de los que trabajan en silencio dijo que sí.

Al igual que los investigadores finlandeses, Ziv no está del todo seguro de lo que está detrás de este efecto. Pero sus hallazgos sugieren que la música es lo suficientemente potente para desbalancear nuestras brújulas morales. Eso es digno de reflexión.

Así que ya sabes, si un día te encuentras caminando en un centro comercial o en algún casino y escuchas tu canción favorita, lo mejor que puedes hacer es volver a casa.

 

Twitter del autor: @tplimitrofe