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¿Y si el universo hubiera existido desde siempre? Nueva teoría física sugiere un cosmos infinito

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 08/24/2015

Una fascinante teoría física sugiere que el universo existe desde siempre y el Big Bang es sólo una fase de condensación de la materia

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Generalmente cuando pensamos en el Big Bang nuestra mente imagina una gran explosión que originó el universo. Es el punto inicial que nuestra mente conjura como explicación lógica del mundo material en el que habitamos. Sin embargo, una nueva teoría sugiere que el Big Bang no es el principio del universo, sino solamente un estado hiperdenso de alta temperatura en el que colapsó el universo, el cual existe de manera insondable sin un principio y posiblemente sin un final.

Un artículo científico titulado "Cosmology from Quantum Potential", publicado por los físicos Ahmed Farag y Saurya Das, explica de manera elegante las inconsistencias entre la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, respondiendo también al origen de la materia oscura sin tener que recurrir a una singularidad, como popularmente se entiende el Big Bang.

Los físicos utilizaron una variación a la ecuación de Raychaudhuri que describe cómo cambia un volumen de materia en el tiempo, aplicando las llamada variables ocultas de David Bohm a este modelo. Esta modificación elimina la necesidad de una singularidad inicial en el Big Bang, incorporando la idea de Einstein de una constante cosmológica para explicar la elusiva energía oscura. El físico Brian Koberlein escribe:

Su modelo es muy básico, pero los primeros resultados muestran que podría funcionar. Lo esencial es que al eliminar la singularidad, el modelo predice que el universo no tuvo inicio. Existió desde siempre como una especie de potencial cuántico antes de colapsar a un estado caliente y denso que llamamos Big Bang. Desafortunadamente se confunde mucho "no singularidad" con "no Big Bang". 

Koberlein explica que la teoría del Big Bang es sumamente sólida y es la mejor que tenemos para explicar la radiación cósmica de fondo, la expansión del universo y la abundancia de los elementos. Pero habría que desaprender, por así decirlo, a asociarla con un punto singular que originó el universo. El Big Bang que empezó aparentemente hace 13.7 mil millones de años sería solamente la fase creativa de un proceso eterno e infinito, una fase más de un universo sin edad. Es por esto que se habla de un infinito potencial cuántico preexistente al Big Bang, el cual no debe de tener origen sino que simplemente existe. Esta teoría tiene una mayor consistencia con principios filosóficos como los que podemos encontrar en el hinduismo, en el budismo, en la cábala o en la filosofía neoplatónica. El Big Bang, al entenderse como el origen del universo, tiene el enorme problema de tener que explicar cómo algo surgió de la nada, una creación ex nihilo. Esta nueva teoría, al igual que la cosmología antigua, simplemente entiende que el universo existe sin principio ni final, simplemente es, algo que también tiene su dificultad de aprehensión para nuestra mente finita que difícilmente puede concebir esta existencia inconmensurable, pero que, me parece, al menos presenta una solución al más grande enigma que podemos imaginar.  

Nunca hubo un tiempo en el que tú, yo, o alguno de estos reyes no existiéramos, ni en el futuro dejaremos de existir.

Bhagavad-gita

Screen shot 2015-08-24 at 1.34.26 PMResulta estimulante, como un ejercicio de analogía imaginativa, comparar esta descripción de la física de un universo con algunos mitos de creación. Por ejemplo, en el hinduismo se habla de una serie infinita de ciclos de manifestación. Siguiendo la filosofía expuesta por el Bhagavad-gita, el universo poéticamente se concibe como el sueño de Brahma, la deidad identificada con la totalidad del universo. Un día de Brahma es el período de manifestación en el que el universo emerge de lo no manifiesto (lo que podemos llamar el potencial cuántico); una noche de Brahma es la reabsorción del cosmos entero en el Ser Infinito o en la existencia absoluta en su estado no manifiesto. Este estado es  conocido como Avyakta o Prakriti, el estado sutil de la materia que es una especie de vacío seminal --en términos modernos podríamos hablar del punto cero o de la espuma cuántica; en términos platónicos podemos cotejar al espacio, khora, la nodriza del devenir. Se dice que este indefinible Ser Supremo no se ve afectado por toda esta procesión de mundos emanados, existe como el motor inmóvil del cosmos: sin cambio, la fuente de todo cambio; sin causa, la fuente toda causa. A veces se confunde esta cosmovisión con la idea de un dios personalizado, o una trinidad: Brahma (sattva, el principio creativo), Vishnu (rajas, el principio preservador) y Shiva (tamas, el principio de disolución); pero estos tres aspectos no son más que extensiones de una única realidad, útiles para nuestro entendimiento como un lenguaje funcional necesario para la comprensión racional (pero más allá de esto está el silencio y lo místico). Quizás por eso en el esoterismo esta divinidad absoluta --el Uno que reúne y sustenta el Todo-- es concebida como insondable e irrepresentable (definirla es profanarla), lo mejor que se puede hacer es concebirla como el espacio en su eterno silencio o como el vacío en su infinita potencialidad. Así los chinos hablan del Tao; Pitágoras se refiere a Hipócrates, el dios del silencio, como la imagen del Absoluto y en la cábala luriana se habla del Ein Sof, el dios antes de Dios que se retrae para abrir la cancha, por así decirlo, para que se eche andar la maquinaria de la creación, la separación y su posterior reintegración. En términos de la física, para no tener que invocar a una deidad, se puede hablar de la ley, del arquetipo mismo, que existe antes de la manifestación del universo, como el plano de un arquitecto (algo que coincide con la idea de los físicos de que las matemáticas existen independientemente de la mente humana que las descubre).

Puede ser que esté leyendo demasiado en este artículo científico y haciendo una proyección antropomórfica o antropocósmica a una teoría matemática abstracta que no tiene estas implicaciones de origen. Sin embargo, la física se ha convertido en la rama más avanzada de la cosmología y no puede ser completamente disociada de la filosofía (la cosmología y la misma física, recordemos, son desdoblamientos de la filosofía). La idea de encontrar una unidad entre todas las cosas, una analogía que nos permita entender y darle sentido a nuestra existencia (y pertenencia) en un inmenso universo, a la vez que maravillarnos de los enigmas y de la belleza de los grandes procesos cósmicos en los que estamos incrustados, es demasiado seductora para no contemplarla seriamente. Sin embargo, reconozco que no es suficiente sólo sugerir similitudes, se debe seguir indagando desde la especialización y desde lo integral paralelamente. Es posible que lleguemos a un punto en el que la ciencia, la filosofía y la religión puedan reconciliarse bajo una teoría del todo o, como el mismo Trimurti hinduista, sean reconocidas como aspectos de una unidad esencial --del universo que se hace inteligible en la multiplicidad, del absoluto impersonal que toma conciencia a través de la creación, así en el futuro como fue en el principio.

 

Twitter del autor: @alepholo

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Profesor universitario se mimetizará por un año con David Bowie para escribir su biografía

Por: pijamasurf - 08/24/2015

Will Brooker decidió adoptar la identidad de David Bowie durante un año, en casi todos sus ángulos conocidos, desde su indumentaria y sus hábitos alimenticios hasta sus rasgos más excéntricos

 

¿Hasta dónde puede llegar la admiración por un personaje público? Como en ciertas fantasías literarias, es posible que el límite sea la suplantación, el reemplazo absoluto del personaje sobre la persona, como si esta nunca hubiera existido pero también, como si el personaje sustituto fuera el original.

En cierta forma, esa es la empresa que un respetado académico inglés está a punto de acometer. Will Brooker, profesor de cine y estudios culturales en la Kingston University de Londres, decidió que la mejor forma de comprender a David Bowie es ser David Bowie, un argumento casi borgeano que durante 365 días lo hará transitar por los muchos avatares de Bowie, repetir sus hábitos alimenticios, leer sus libros preferidos, ver sus películas favoritas, viajar a los sitios de Inglaterra y otras parte de Europa en donde el compositor ha estado e incluso duplicar las excentricidades del artista: la privación del sueño, seguir una dieta de pimientos rojos y leche, leer a Aleister Crowley, etcétera.

“La idea es habitar la cabeza de Bowie en puntos de su vida y su carrera para entender su trabajo y su ángulo original, reteniendo al mismo tiempo una perspectiva crítica y objetiva –una especie de escisión de personalidad, tal vez”, declaró al respecto Brooker, quien realiza este ejercicio porque recibió la encomienda de escribir Forever Stardust, una monografía a propósito del cantante y compositor.

 

En cuanto al consumo de drogas que también caracteriza a Bowie, parece ser que es el único aspecto ante el cual el profesor tiene ciertas reservas, pues considera que “los niveles de cocaína que Bowie consumía no son sólo ilegales […], sino demasiado costosos”. Con todo, a manera de sucedáneo hay fines de semana en que Brooker se sobreestimula con bebidas energizantes, con las que busca simular dicho efecto.

“Nadie puede ser Bowie de nuevo, y pienso que nadie quisiera pasar por todo lo que él vivió. No realmente. Pero yo quiero una probada de eso”, dice el profesor.

Como decíamos, el experimento de Brooker oscila entre la realidad y la ficción, y fácilmente podría convertirse en el motivo de una fábula literaria o cinematográfica. También es material de análisis psicológico e incluso filosófico: ¿Qué nos hace ser lo que somos? ¿Cierta esencia inalterable y acaso imposible? ¿O los "accidentes" –en el sentido aristotélico del término– resultantes de nuestra vida en el mundo? ¿David Bowie es quien es por su alimentación, o por sus composiciones? ¿Cómo se resuelve el enigma de la personalidad?

Siguiendo el hilo de la especulación, cabría preguntarse por el momento hipotético en que Brooker llegue a la conclusión, totalmente coherente dentro de su lógica personal, de que él es Bowie, que a él se le deben tributar los aplausos y los homenajes, que suyo es el pasado de álbumes y conciertos. Y entonces quizá el Bowie auténtico dude y se diga, en un momento de ambigüedad, que es al otro a quien le ocurren las cosas.