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Las primeras versiones de cuentos como “Caperucita Roja”, “La Cenicienta” o “La Bella Durmiente” son muy distintas de como se conocen ahora
Imagen: http://artpaintingartist.org/cinderella-grimms-fairy-tale-by-frederick-hall/

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Qué tanto de lo que conocemos como “historia” es “verdad” es algo que supongo nunca sabremos. La verdad también es, de algún modo, un acto de fe. La historia está hecha de decisiones y omisiones, de elección. Al final, el giro historiográfico nos dice justo eso: no debemos dejar de cuestionar que la historia escrita está escrita también por seres humanos, bajo una percepción que no puede pretenderse una visión total de los hechos de un tiempo específico ni de sus involucrados. Es decir, leemos sólo observaciones sobre observaciones. La historia es, de alguna manera, la invención de sí misma y con el paso del tiempo sufre modificaciones.

Lo mismo sucede con la tradición oral, que dice justamente mucho de la historia del lugar y el momento en el que se escribió. En esos relatos también existe información que nos puede hacer entender cómo pensaban personas específicas en lugares particulares. Sin embargo, tampoco la tradición oral es pura, y con el paso del tiempo sufre múltiples modificaciones, como en el caso de la mayoría de los cuentos que leímos o nos leyeron (o contaron) de niños. En este teléfono descompuesto de la historia también la ficción ha sido alterada con más ficción. Al trasladar un cuento de una tradición a otra sucede lo mismo que señala el historiador Peter Burke: “De manera más general, se ha sugerido que todos somos traductores culturales cuando adaptamos una palabra, una idea, un artefacto o práctica a nuestro propio uso”. Las primeras versiones de cuentos como “Caperucita Roja”, “La Cenicienta” o “La Bella Durmiente” son muy distintas de como se conocen ahora.

Por medio del folclor de un lugar, se puede intentar comprender o buscar las herramientas para comprender el pensamiento de una época. Pero las cosas se mueven y cambian, y en esos cambios también la tradición tiene que sufrir modificaciones que se adapten a la nueva manera de pensar de determinado lugar.

En el ensayo “Los campesinos cuentan cuentos: El significado de Mamá Oca”,[1] el historiador estadounidense Robert Darnton relata cómo sucedieron estas modificaciones en los cuentos transmitidos de manera oral por los campesinos franceses de los siglos XVII y XVIII para ayudarnos, de algún modo, a entender o acercarnos un poco al mundo mental de esa época.  

La versión más conocida y difundida del cuento “Caperucita roja” es aquella donde la dulce niñita con su capa roja es rescatada del lobo, esta versión es la escrita en 1812 por los hermanos Grimm, y es una versión mucho más light que las primeras versiones. Sin embargo los hermanos la modificaron para adaptarla a su cultura. Aunque el relato que conocieron los hermanos tampoco es el más apegado al relato oral de los campesinos. La versión que los Grimm conocieron del cuento de Caperucita roja también estaba modificada. En este teléfono descompuesto, la historia de Caperucita viajó por distintos lugares, de boca en boca, de reescritura en reescritura, adaptando el relato a las necesidades específicas, conservando ciertos rasgos esenciales y añadiendo otros, como el caso de la caperuza roja, que no existe en las primeras versiones.

Darnton muestra cómo sucede ese teléfono descompuesto en el cuento de Caperucita pues los hermanos Grimm tomaron la versión del relato, junto con otros relatos, de su vecina y amiga Jannette Hassenflug. Ella los había escuchado por primera vez de los labios de su madre:

...quien provenía de una familia hugonota francesa. Los hugonotes habían traído su repertorio de cuentos a Alemania donde habían huido de la persecución de Luis XIV. Pero no los habían tomado directamente de la tradición oral popular. Los habían leído en los libros escritor por Charles Perrault, Marie Cathérine d’Aulnoy y otros escritores, cuando estuvieron de moda los cuentos de hadas en los círculos parisinos elegantes a fines del siglo XVII. Perrault, el maestro de su género, desde luego, había tomado su material de la tradición oral de la gente común (su fuente principal probablemente fue la niñera de su hijo). Pero los retocó para que se adaptaran al gusto de los refinados, précieuses y cortesanos de los salones a los que dedicó su primera versión de Mamá Oca: sus Contes de ma mère l'Oye de 1697.

Evidentemente los Grimm tuvieron que adaptar los cuentos tomados de la tradición francesa a su tradición alemana. Estas variaciones no sólo suceden en los traslados de los relatos a otros países, también dentro de las distintas regiones de Francia hay varias versiones distintas del mismo cuento. Lo que prevalece siempre son los rasgos esenciales, la anécdota quizá, aunque en el caso de Caperucita fue bruscamente modificado su significado. Pues la historia que conocemos tiene un final feliz inesperado, y las versiones anteriores tenían un final trágico que advertía, tal vez, de la maldad de ciertos hombres violadores de mujeres y niñas entre la comunidad campesina francesa de los siglos XVII y XVIII.  

Aquí abajo aparece una de las primeras versiones del cuento de Caperucita, tomado de la recopilación realizada por Paul Delarue y Marie-Louise Tenèze en Le Conte populaire français (París, 1976), en la que ordenan todas las versiones registradas de cada cuento con información de cómo fueron reunidos de la fuente oral. Además están catalogados para poder comparar las distintas versiones del mismo cuento en otras tradiciones orales:

Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.

– A la casa de mi abuela, le contestó.

– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?

– El camino de las agujas.

El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.

– Entra, hijita.

– ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.

– Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.

La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:

– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!

Después el lobo le dijo:

– Desvístete y métete en la cama conmigo.

– ¿Dónde pongo mi delantal?

– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.

Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:

– Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.

Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:

– Abuela, ¿por qué estás tan peluda?

– Para calentarme mejor, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?

– Para poder cargar mejor la leña, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?

– Para rascarme mejor, hijita.

– Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?

– Para comerte mejor, hijita.

Y el lobo se la comió.

Muchos de los cuentos que conocemos ya sea por los hermanos Grimm, Perrault o Disney (el peor de todos) han sido apropiaciones y adaptaciones de cuentos que provenían de la tradición oral y que a su vez habían sido transformados de tradición a tradición. En un estudio realizado del cuento de Caperucita roja, Paul Delarue comparó 35 versiones registradas en la zona al norte de Francia donde se hablaban las lenguas de oíl. Le Conte populaire français está ordenado de acuerdo al esquema de clasificación Aarne-Thompson, que abarca todas las variedades de cuentos indoeuropeos.

Del cuento “La Cenicienta” (registrado como propiedad de Disney en su versión para cine) se han encontrado 105 versiones catalogadas en la recopilación anteriormente citada. En una versión anterior a la que conocemos de Cenicienta, la muchacha se convierte en sirvienta para evitar casarse con su padre. En otra versión la madrastra trata de empujarla dentro de un horno pero se confunde y lanza a una de las hermanastras. En otra, las hermanastras se cortan los dedos del pie para que la zapatilla entre. Sin embargo, versiones de la Cenicienta existen en distintas partes del mundo, sería interesante saber cómo fue viajando esa historia por el globo y cuáles han sido todas sus modificaciones.

Aparentemente la Cenicienta nació en Egipto, y la versión narraba la historia de la joven Rhodôpis que un día, mientras se bañaba en las aguas del Nilo, un águila se robó su zapatilla, y luego la dejó caer cerca del faraón que, al verla, quedó asombrado por su belleza, así que decidió buscar por todo Egipto a su dueña. Por ejemplo, se cree que el pie pequeño de Cenicienta procede de su versión China Yeh-Hsien, que se fuga para no ser reconocida y pierde una sandalia, que es encontrada por un mercader quien la vende al soberano de un reino vecino, quien a su vez queda maravillado por el tamaño del calzado y decide buscar desesperadamente a su dueña.

Una de las primeras adaptaciones cinematográficas de Cenicienta, antes de que la compañía del ratón capitalista la registrara como suya, fue en 1936, realizada por Henry Jamison Handy, quien usó y adaptó la historia en un video publicitario animado, A coach for Cinderella, patrocinado por Chevrolet y Technicolor (no menos capitalistas que el ratón):

 

En una versión anterior de “La Bella Durmiente”, otro gran robo de Disney, contada por los campesinos franceses y relatada por Darnton en su ensayo:

el Príncipe Encantador, que ya está casado, viola a la princesa, y ella tiene varios hijos con él sin despertar. Sus hijos finalmente rompen el encantamiento cuando la muerden mientras les da de amamantar. El cuento después desarrolla otro tema: los intentos de la suegra del príncipe, una ogresa, por comerse a sus descendientes bastardos.

Muchas de las narraciones contadas por los campesinos franceses de principios de los siglos XVII y XVIII, así como las narraciones orales antiguas que se repiten en distintos lugares del mundo, plasman temas de contenido sexual, cruel y violento, que con el tiempo ha sido modificado para efectos prácticos, ¿de qué? De lo que convenga a una “tradición” particular. Estos cuentos servían mucho de moralejas para los adultos, y en especial para las mujeres, quienes eran las más vulneradas en muchos de los cuentos de la tradición oral. Un cuento como un “cuídate porque te puede pasar”. O en palabras de Darnton:

A medida que los viejos cuentos se extendieron a través de las fronteras sociales y de los siglos, desarrollaron enorme poder de permanencia. Cambiaron sin perder su sabor. Aun después de quedar inmersos en las principales corrientes de la cultura moderna, testificaron la tenacidad del antiguo punto de vista del mundo.

El cuento popular es también un “documento” histórico que muestra otras maneras de concebir la “historia”, y nos permite observar las diversas transformaciones que han sufrido las historias en diferentes sociedades y épocas, y así en cierto modo podemos “entender” o acercarnos al mundo mental que se vivía en el pasado.

 

Fuentes

Darnton, R. La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia francesa, Robert Darnton (Fondo de Cultura Económica, 2009).

Rodríguez Marroquín, A. M. “Érase una vez muchas cenicientas: cómo leer el modelo femenino del siglo XX desde las películas norteamericanas de la Cenicienta”.

 

Twitter del autor: @tplimitrofe 

 




[1] Este ensayo se encuentra en el libro La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia francesa (Robert Darnton, Fondo de Cultura Económica, 2009). 

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“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio” (Albert Camus)
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No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de que se le viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.

Albert Camus, El mito de Sísifo

 

Entre los comentarios de la nota “Frases memorables para antes de morir” hubieron dos que reflexionaba acerca del suicidio, por un lado HAVS98 dice en una parte de su comentario: “me parece que el suicidio es una de las formas más enigmáticas (por supuesto, también más definitivas) de hacerse uno mismo una obra. Suicidio es una palabra que me causa fascinación. ¿Qué será sentirse tan miserable como para cometerlo?”. Y por otro lado, Miguel Flores escribe que: “El suicidio, producto de nuestra propia libertad, dejar de vivir una vida que es indeseable. Más terrible sería estar obligado a vivir para siempre”. Estos comentarios me motivaron a hacer una breve recopilación de seis historias de de escritores suicidas, si bien no con el fin de encontrar una respuesta a si la vida vale o no la pena de que se le viva, tal vez sí con el fin de generar, por medio de las historias de cada escritor, más preguntas y más reflexiones al respecto. 

Qué será sentirse tan miserable como para cometer suicidio seguramente no llegaremos a comprenderlo del todo si no nos encontramos en esa circunstancia, sin embargo, tal vez hay algunos detalles que se repiten, pequeñas pistas que nos pueden ayudar a interpretar qué es lo que llevaría a alguien a terminar con su vida.

 

Virginia Woolf

Desde niña, la escritora británica Virginia Woolf, uno de los grandes referentes de la literatura universal, sufrió de un trastorno bipolar que se vio empeorado por distintas circunstancias. En 1895, cuando tenía apenas 13 años, muere su madre y 2 años después su media hermana quien había suplido a la madre tras su muerte, lo que provocó lo que se cree el primer episodio depresivo de Woolf.

En 1905 muere su padre, lo que provoca que Woolf tenga una crisis nerviosa que la lleva a ser internada en un psiquiátrico por un breve período. Los episodios depresivos de Woolf también estuvieron influidos, como sugiere su sobrino Quentin Bell, por los abusos que sufrieron Virginia y su hermana Vanessa por parte de sus medios hermanos Gerald y George Duckworth.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la destrucción de su casa en Londres durante el bombardeo nazi al Reino Unido conocido como The Blitz probablemente fueron factores decisivos para que el estado mental de Virginia Woolf empeorara hasta el punto del suicidio.

En su última carta, antes de su suicidio, comienza:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. 

El 28 de marzo de 1941, Woolf se puso su abrigo, llenó de piedras sus bolsillos, salió de su casa, caminó unas cuadras y se lanzó al río Ouse, donde terminó con su vida. Su cuerpo fue encontrado 20 días después, el 18 de abril.

 

Sylvia Plath

La vida de Sylvia Plath constantemente estuvo dividida entre su ansia de vivir libremente y el papel que como mujer debía ocupar en la sociedad. Buscaba en sus reflexiones cómo conciliar su papel destinado como esposa y la fuerza interior que la hacía buscar una existencia más acorde a sus inquietudes artísticas.

En 1956 Sylvia contrae matrimonio con el poeta Ted Hughes, en él creía haber encontrado a una pareja muy parecida a ella y su carácter. Tuvo dos hijos con él, cuando ella se vuelve madre se exacerba el conflicto entre su deber maternal y su vocación de artista.

Tras divorciarse de Hughes, el 11 de diciembre de 1963 Sylvia Plath despertó, preparó el desayuno para sus hijos, lo llevó a su cuarto y regresó a la cocina para matarse metiendo la cabeza en el horno. Alguna vez había escrito en su poema “Lady Lazarus”:

Morir

es un arte, como todo.

Yo lo hago excepcionalmente bien.

Tan bien, que parece un infierno.

Tan bien, que parece de veras.

Supongo que cabría hablar de vocación.

 

Alejandra Pizarnik

El 25 de septiembre de 1972, cuando tenía 36 años, la poeta argentina Alejandra Pizarnik ingirió 50 pastillas de Seconal sódico, era la segunda vez que intentaba matarse con pastillas, la primera ocasión tomó barbitúricos pero a tiempo se le realizó un lavado estomacal.

Toda su vida sufrió depresión a causa de su apariencia física, era asmática y tartamuda, además se consideraba fea, debido a sus problemas de acné, peso y estatura, e inadaptada socialmente. Su poesía es en muchas ocasiones breve y con claras raíces surrealistas.

En sus diarios en muchas ocasiones puede encontrarse su visión lúgubre de la existencia. Inclusive cuentan que Julio Cortázar alguna vez le dijo: “No te quiero así, yo te quiero viva, burra”.

 

Paul Celan

El poeta rumano Paul Ancel, quien cambiara su apellido a Celan (un anagrama del otro), fue considerado uno de los poetas más importantes de la segunda posguerra, con poemas fundamentales como “Fuga de muerte” que habla sobre Hitler y el nazismo. Los padres de Celan fueron enviados a los campos de concentración y él a un campo de trabajo donde estuvo de 1941 a 1944, cuando fue liberado.  

En 1948 Celan se casa con la pintora Gisèle Celan-Lestrange, con la que tuvo dos hijos, uno de ellos, el primogénito (François) fallecido a los pocos años y a quien el poeta le escribiera el poema “Epitafio para François”.

Desde 1962 Celan comienza a sufrir severas depresiones que en ocasiones terminarán en alucinaciones, hasta el grado de intentar matar a su esposa en una ocasión. La muerte de sus padres y su hijo, aunado a la acusación de plagio realizada por viuda del poeta Yvan Goll, hizo que el estado psiquiátrico de Paul se agravara hasta el punto de aceptar hacerse internar en clínicas privadas.

En la noche del 19 de abril de 1970 Paul Celan dejó una biografía del poeta alemán Hölderlin abierta en una página con unos versos subrayados: "a veces el genio se oscurece y se hunde en lo más amargo de su corazón”, después se lanzó al río Sena desde el puente Mirabeau. 10 días después, el 1º de mayo, el cuerpo del poeta rumano fue encontrado río abajo por un pescador.    

 

Stefan Zweig

Las obras del escritor y activista austríaco Stefan Zweig estuvieron entre las primeras que protestaron contra la intervención alemana en la Segunda Guerra Mundial, volviéndose una de las figuras fundamentales de la primera mitad del siglo XX.

En 1936 sus libros fueron prohibidos en Alemania por el régimen nazi. Después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Zweig se trasladó a París. Poco después, viajó a Inglaterra, en donde obtuvo la ciudadanía.

Durante la Primera Guerra Mundial, Zweig sirvió al ejército austríaco como empleado de la Oficina de Guerra por algún tiempo, pues había sido declarado como no apto para combatir.

En 1939 se casa con la que sería su segunda esposa, Charlotte Elisabeth Altmann, con quien se va a vivir a Brasil, exiliados por los ataques nazis alemanes.

El 22 de febrero de 1942, en Petrópolis, Zweig y su esposa deciden suicidarse con veneno. La última nota escrita por Zweig comienza:

Cada día he aprendido a amar más este país y quisiera no haber tenido que reconstruir mi vida en otro lugar después de que el mundo de mi propia lengua se hundió y se perdió para mí, y mi patria espiritual, Europa, se destruyó a sí misma.

  

Hunter Stockton Thompson

Hunter S. Thompson  fue un periodista y escritor estadounidense que se destacó por su carácter fuera de control y el estilo único que caracterizó el inicio del periodismo gonzo.

En 1970, Thompson escribe The Kentucky Derby is Decadent and Depraved, el primer artículo en el que Thompson utiliza las técnicas de lo que posteriormente se conocería como “periodismo gonzo”. El tono subjetivo en primera persona, lleno de descripciones que Thompson emplea en este artículo, es el supuesto resultado de la desesperación generada por la fecha límite para terminar dicho artículo.

Thompson se suicidó en su casa de Colorado en el año 2005, disparándose con un revolver .45 mm. Hunter tenía 67 años y arrastraba varias enfermedades. Días antes de dispararse había escrito un texto al que se toma como su nota de suicidio:

No más juegos. No más bombas. No más paseos. No más diversión. No más natación. 67. Son 17 años más pasando los 50. 17 años más de lo que necesitaba o quería. Aburrido. Siempre soy grosero. No más diversión para nadie. 67. Ya es demasiado. Compórtate de acuerdo a tu edad. Relájate, no va a doler.

 

Finalmente comentar que en recientes días apareció el ensayo largo sobre el suicidio La caída del búfalo sin nombre, del escritor mexicano Alejandro Tarrab, quien dice que:

El suicidio es un movimiento extremo que se pronuncia desde la ira, desde la savia y la aflicción. A esta voz profunda corresponde un contramovimiento, una respuesta desde la oposición: el balbuceo oscurantista de los dolientes, enfermos, convalecientes. Aunque, también, la fuerza de admiración, la repetición del acto insensato de disponer de la vida.

 

Twitter del autor: @tplimitrofe