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La utópica aldea donde los hombres están vetados

Por: pijamasurf - 08/20/2015

Sólo las mujeres son permitidas en Umoja, una aldea en Kenia que comenzó como un refugio para sobrevivientes de abuso sexual y ahora es un pequeño paraíso femenino en medio de una sociedad absolutamente patriarcal
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Crédito: Georgina Goodwin para The Observer

Sólo las mujeres son permitidas en Umoja, una aldea en Kenia que comenzó como un refugio para sobrevivientes de abuso sexual y ahora es un pequeño paraíso femenino en medio de una sociedad absolutamente patriarcal. La periodista Julie Bindel relata su viaje a este oasis y cuenta la historia de por qué se fundó y cómo ha ido creciendo con el tiempo.

La mayoría de las mujeres en Umoja fueron violadas por soldados británicos, varios a la vez, o por hombres de aldeas contiguas. Otras fueron vendidas muy jóvenes, por un puñado de vacas, a hombres viejos o violentos, y huyeron en cuanto se enteraron de que existía esta comunidad de refugio.  

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“Llegué en el momento más caluroso del día”, dice Bindel, “cuando los niños estaban dormidos. Las cabras y las gallinas pululaban alrededor, evitando los tapetes de bambú donde las mujeres se sentaban a hacer joyas para vender a turistas, sus dedos trabajaban rápidamente mientras platicaban y reían entre ellas”.

La aldea fue fundada en 1990 por un grupo de 15 mujeres sobrevivientes de violación por parte de soldados británicos. La población de Umoja hoy se ha expandido para incluir a mujeres que escapan del matrimonio muy jóvenes (desde los 11 años), de la mutilación genital y de violencia doméstica, todo lo cual es norma cultural entre los Samburu.

Las mujeres Samburu se visten con los colores más vivos y se adornan con decenas de collares de cuentas que contrastan con el territorio árido y gris donde habitan. En esta aldea, cuando una nueva mujer llega, la comunidad le regala una cabra y una cabaña, y las más viejas le enseñan a hacer cosas que sólo los hombres tienen permitido hacer fuera de allí. A ganar su propio dinero, por ejemplo. Venden sus hermosos collares a los turistas que visitan el pueblo, incrédulos y fascinados.

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Crédito: Georgina Goodwin para The Observer

La fundadora y matriarca de Umoja es Rebecca Lolosoli, quien desde luego enfrenta numerosas amenazas y ataques de hombres locales desde que inauguró la aldea. “Pero es inamovible”, dice la reportera. Judia, una mujer de 19 años que llegó a Umoja a los 13 después de escapar de un matrimonio forzado, señala: “Todos los días me despierto y me sonrío a mí misma porque estoy rodeada de ayuda y apoyo. Las mujeres en Umoja tienen libertad”.  

Hoy hay 47 mujeres y 200 niños. Sí, 200 niños porque aunque estén viviendo allí, les siguen gustando los hombres, “y una mujer sin hijos no cumple su propósito”, apunta una de las Samburu.

“Muchas de las mujeres me dicen que no se imaginan vivir con un hombre después de haber vivido en Umoja”, dice Bindel. “Hacia el final de mi visita conozco a Mary, de 34, quien me cuenta que fue vendida a un hombre de 80 años por un rebaño de vacas cuando tenía 16 años. ‘Nunca quiero dejar esta comunidad de apoyo entre mujeres’”, dice.

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¿La NSA ignoró información que pudo haber evitado los ataques del 9/11?

Por: pijamasurf - 08/20/2015

Filtraciones de la era Snowden permiten establecer que la NSA vigilaba a los perpetradores de los ataques del 9/11 y aunque tuvieron información suficiente para realizar una investigación de cerca, prefirieron no hacerlo

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La lógica de los eventos históricos escapa a la simple lógica cotidiana: es precisamente una brecha que se abre entre las certezas sobre las que basamos la vida social y una determinación que escapa a nuestra percepción de todos los días --sin embargo, su presencia es constante y, aun a pesar suyo, a veces deja rastros.

Según un artículo del periodista James Bamford publicado en Foreign Policy, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) habría tenido enfrente todos los elementos para investigar a los pilotos responsables de los ataques del 9/11,  pero por ineptitud no lograron armar el rompecabezas. La alternativa a la teoría del (conveniente) error humano --y aquí entramos al terreno de la conspiración-- es que la NSA pudo haber impedido los ataques, pero decidieron no hacerlo.

James Bamford investigó la información aportada por los informantes y ex NSA Thomas Drake y Kirk Wiebe, donde se determina que la NSA tenía conocimiento de la localización de un número telefónico ubicado en Yemen, una base de operaciones clandestinas de Osama bin Laden, durante marzo de 2000, a la que los pilotos llamaban asiduamente.

UncleSamListensInEl ex director de la Agencia, Michael Hayden, ha dicho en numerosas entrevistas que "dificutades técnicas" les impidieron dar con la localización exacta, lo que ha sido desmentido por Wiebe, quien fungía como analista de información  de la NSA.

El argumento de Wiebe es que la NSA podría haber sabido la localización geográfica de la base en Yemen puesto que conocían el número telefónico, y las compañías telefónicas siempre conservan metadatos como este con fines de cobro. Ni siquiera se trata de un argumento político, sino meramente técnico: algo que se puede hacer pidiendo una orden a la Corte para entrar a la base de datos de la compañía y vigilar el domicilio que corresponde al número de teléfono.

Pero en lugar de esto, la NSA ignoró las llamadas que Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar hacían desde San Diego a Yemen.

Si la información se perdió en la intricada burocracia de la NSA, como cuestiona Bamford, no es solamente muestra de una disfunción e incompetencia total en una de las más poderosas agencias de inteligencia del mundo, sino que lleva a la suposición de que hubiera sido deliberadamente ignorada.

Lo cierto es que la negligencia bienintencionada o la negligencia de teoría de conspiración arrojan un escenario para nuestro presente al estilo de Minority Report. Desde los días del 9/11, la NSA y el proyecto PRISM han sido descritos por otras filtraciones de documentación secreta, lo que nos hace vivir con la suposición bien fundada de que todas nuestras interacciones vía Internet (e incluso fuera de la Red) dejan rastros sobre nosotros; la adjudicación de crímenes futuros sería, paradójicamente, una violación más a los derechos humanos, a pesar de que las agencias de inteligencia tienen todos los rastros de nuestra cotidianidad digital a su alcance.