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In memoriam: Oliver Sacks (1933-2015), el científico que sintió e hizo sentir

Por: Javier Barros Del Villar - 08/30/2015

Oliver Sacks, el neurólogo británico, murió a los 82 años en Nueva York; le sobrevive su generosa obra y el eco de su integridad

Oliver Sacks

Una prosa gentil y una empatía contagiosa son dos de las cualidades que más recordaremos de este neurólogo británico. Ambas, su combinación, hicieron de Oliver Sacks uno de los más destacados divulgadores científicos de las últimas décadas y le permitieron, demás, labrar un cariñoso nicho en la memoria de miles de personas. 

Fue autor de libros que conquistaron a lectores alrededor del mundo, entre ellos Awakenings (1973), sobre un grupo de pacientes que padecían una extraña forma de encefalitis, An Anthropologist on Mars (1995), donde nos sumerge en las ricas particularidades de personas con condiciones autoexiliantes como el autismo, y Oaxaca Journal (2012), en donde narra una inolvidable expedición con la American Fern Society en busca de helechos a la sierra de Oaxaca.

La candidez de su obra le erigió como uno de los hombres de ciencia más queridos y populares. Sacks recibía anualmente miles de cartas de lectores cautivados: "Invariablemente respondo las de personas de menos de 10 años, más de 90 o que se encuentran en prisión". A lo largo de su carrera el llamado "poeta laureado de la medicina" celebró la disidencia fisiológica y comprobó que, más allá de la severidad de los juicios culturales, generalmente infundados, las pequeñas rarezas que viven en nosotros, en nuestros cuerpos y mentes, son jardines preciosos que guardan algunas de las más hermosas y útiles lecciones. 

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En febrero de este año el mundo se cimbró con la noticia de que Sacks padecía un cáncer terminal. En realidad, más que el lamentable anuncio lo que caló hondo fue su manera de abordar, y compartir, su nuevo escenario. A través de su columna en el New York Times, en un artículo titulado "My Own Life", Sacks nos hundió en reflexiones catárticas en torno a la muerte pero, sobre todo, a la vida:  

En los últimos días, he podido ver mi vida como desde una gran altitud, una especie de paisaje, y con un creciente sentido de la conexión de cada una de sus partes. Esto no significa que haya terminado con la vida.

Me encuentro intensamente vivo y quiero y espero que el tiempo que me quede por vivir me permita profundizar mis amistades, despedirme de aquellos a los que quiero, escribir más, viajar si tengo la fuerza suficiente, alcanzar nuevos niveles de conocimiento y comprensión.

Esto incluirá audacia, claridad y hablar con franqueza; trataré de ajustar mis cuentas con el mundo. Pero también tendré tiempo para divertirme (incluso para hacer alguna estupidez).

No puedo decir que no tenga miedo. Pero mi sentimiento predominante es el de la gratitud. He amado y he sido amado; he dado mucho y me han dado bastantes cosas; he leído, viajado y escrito.

A partir de ese momento en las incursiones de Sacks dentro del diario neoyorquino, que con el tiempo perderían regularidad sugiriendo que su batalla con la enfermedad recrudecía por momentos, se intensificaron aquellas bondades que históricamente le habían caracterizado. Sus artículos se tornaron aún más conmovedores, más trascendentales y genuinos. Y entre estos vale la pena destacar "My Periodic Table", publicado el 24 de julio, una nueva reflexión alrededor de la vida, de su trayecto y fin, que quedará impresa en muchos de nosotros (y que por fortuna está ahí, abierta para quien quiera darle unos minutos). 

Hace algunas semanas, en el campo, lejos de las luces de la ciudad, vi el cielo completo “espolvoreado de estrellas” (en palabras de Milton). […] Fue este esplendor celestial lo que de pronto me hizo darme cuenta cuán poco tiempo, cuán poca vida, me quedaba. Mi sentido de la belleza del cielo, de la eternidad, estuvo inseparablemente mezclado con un sentido de trascendencia, y muerte.

Hoy 30 de agosto Oliver Sacks murió a los 82 años. Con él se va un hombre íntegro, que promovió la empatía y el asombro no como la mayoría lo hacemos, de forma retórica y pretenciosa, sino desde sus actos, desde su amor activo por la vida y por sus respectivos resquicios. Con él se queda uno de los legados más sensibles que se hayan originado en la ciencia contemporánea, se queda el ejemplo de la sencillez como credo indisoluble y se queda el recordatorio de que vivir de forma plena, franca y tolerante, podría ser el deber más hermoso, y quizá el único legítimo, que sobre nosotros pende.   

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Santuario medieval en España busca ermitaño residente

Por: pijamasurf - 08/30/2015

Buscan un ermitaño para habitar un antiguo santuario en el noroeste de Cataluña

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La convocatoria que ha hecho una asociación catalana para que un ermitaño habite una antigua eremita debe de sumarse a los mejores trabajos de este año, junto con esta otra oferta  para convertirse en el guardián de una isla habitada por 20 mil fantasmas druidas. Y ciertamente no son para cualquiera, se debe amar o al menos no tener pánico de la soledad y los espacios llenos de memoria.

En este caso se ofrece un estipendio de mil euros y por supuesto alojamiento por todo 1 año por encargarse de la eremita de la Virgen de la Roca erigida sobre el pueblo de Mont-roig del Camp en el noroeste de Cataluña. Ahora bien, por más atractivo que este trabajo pueda parecer, especialmente si uno tiene la inclinación sagrada al silencio, es necesario cumplir con ciertos requisitos como salvaguarda del puesto. Entre ellos hablar catalán, conocer las costumbres y tradiciones de la zona, tener un carácter religioso y "realizar las funciones propias de un ermitaño". Así que al parecer no es un trabajo para amateurs o hipsters ermitaños.

Aquí se puede consultar la convocatoria para la "plaça d'eremità" del Santuari Mare de Déu de la Roca. El santuario tiene gran historia y se conocen menciones del mismo desde por lo menos 1299, así que el ermitaño residente estaría viviendo en un lugar con casi mil años de historia a sus espaldas.