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Heteroflexibilidad masculina: ¿experimentación sin culpa, moda o estadística?

Por: pijamasurf - 08/20/2015

El deseo sexual no es fijo ni inmutable, ¿pero de qué depende que un hombre experimente o no con su sexualidad?

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A menudo escuchamos decir que las mujeres tienen mayor flexibilidad para experimentar con otras chicas sin por ello asumirse como lesbianas. Sin embargo, un número creciente de estudios y testimonios demuestra que los hombres también han buscado históricamente formas de expresar deseo hacia otros hombres sin asumir una identidad plenamente homosexual. Óscar David López ha escrito al respecto en un artículo de título "Macho calado", donde habla acerca de esos machos tan machos que se atreven a transgredir el esquema puramente heterosexual, lo que irónicamente reforzaría su posición de macho. En esta acepción, el macho es "tan hombre" que puede penetrar o dejarse penetrar por otro hombre, y asume el logro de "calado" cuando vuelve para contar su experiencia y decir que simplemente no es lo suyo.

Y es que parece que la masculinidad necesita ser evaluada periódicamente --al menos desde el imaginario popular-- para verificar que no se tambalee: un hombre soltero no sólo enfrenta la presión de tener relaciones con tantas mujeres como pueda, sino que debe reportarlas a su grupo de amigos dejando de lado todo relato sentimental. ¿Esta misma práctica del relato entre machos no tiene un componente homosexual, a saber, el de "excitar" la imaginación de los amigos con la historia de las proezas sexuales del hombre?

La investigadora Jane Ward, de la Universidad de California en Riverside, es autora de Not Gay: Sex Between Straight White Men, donde explora los comportamientos esporádicamente homosexuales de los hombres heterosexuales. "Pienso que el deseo homosexual y el contacto homosexual son parte de la experiencia humana, pero también están sujetos a increíbles cargas culturales".

En su investigación concluye que los hombres heterosexuales, especialmente blancos, tienen sexo con otros hombres justamente para afirmar su heterosexualidad, como en la hipótesis del "macho calado". Pero además encuentra que los hombres blancos y heterosexuales (la demografía privilegiada culturalmente por excelencia) son también los que se topan con menos consecuencias sociales al incurrir en estos comportamientos. Sin embargo, la mera mención de "privilegio" ya es suficientemente problemática para ellos y pasa sin cuestionamiento, no digamos la experimentación homosexual. Ward comenta:

Muchas veces la gente blanca y los hombres en particular, se enfurecen con el concepto de 'privilegio'. Pero en el contexto de mi libro, reconocer el privilegio no es tratar de negar lo que es propio de individuos blancos y heterosexuales; es tratar de reconocer que los hombres blancos y heterosexuales poseen recursos culturales únicos a los que pueden recurrir para explicar y justificar sus prácticas sexuales aparentemente discordantes.

En otras palabras, los hombres blancos y heterosexuales gozarían de una suerte de salvoconducto cultural para experimentar con su sexualidad como parte de la reproducción del esquema heteronormativo. Es por eso que en el imaginario popular, los miembros de las instituciones puramente masculinas (como el ejército, ciertos deportes, las fraternidades universitarias) pueden justificar en el machismo una práctica homosexual, pues no están expresando "sentimientos" entre ellos, sino estableciendo jerarquías al interior del grupo. 

En su famoso estudio sobre la sexualidad humana, Alfred Kinsey entrevistó a miles de hombres y mujeres estadounidenses durante los años 40, llegando a declaraciones que cimbraron la moral de su tiempo, como el hecho de que, según él, hasta 10% de la población es homosexual. Kinsey no sólo fue pionero de la investigación de las prácticas sexuales, sino que también se atrevió a proponer una escala que no asume simplemente que una persona tiene una identidad sexual fija e inmutable; en ella, los individuos son evaluados en una medida de cero (exclusivamente heterosexual) a 6 o exclusivamente homosexual. 

 En su estudio, Kinsey revela también estas estadísticas:

  • Al menos 37% de la población masculina tiene alguna experiencia homosexual entre el comienzo de la adolescencia y la vejez, que va desde el contacto físico hasta el orgasmo.
  • 13% de los varones son únicamente homosexuales durante 3 años entre los 16 y los 55 (hasta 4 en la escala),
  • 4% de los varones son exclusivamente homosexuales toda su vida (6 en la escala).

Kinsey también escribió que es normal que la gente se mueva en diferentes puntos de la escala durante toda su vida. En el caso de las mujeres, estimó que 20% tiene alguna experiencia homosexual a lo largo de su vida, 13% de ellas hasta el punto del orgasmo. 

La orientación y la identidad sexual, aunque fundamentales, son más útiles para las instituciones políticas y los mercadólogos, que pueden vigilar y controlar las interacciones económicas a partir de las tendencias sociales presentes a cada momento. No se trata solamente de repetir que ser hetero o gay no determina esencialmente lo que somos, sino que comprender cómo se asumen esas identificaciones (y también cómo cambian, se niegan o son problematizadas a lo largo de una vida humana y de la historia de la civilización) nos ayuda a entender por qué hemos sido programados para comportarnos según ciertas expectativas. Sin importar nuestra orientación, lo importante es comprender y aceptar la alteridad y la diferencia como parte del cuestionamiento radical de los mecanismos de privilegio que originan formas de desigualdad social basadas en factores raciales y de género.

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Por: Samuel Zarazua - 08/20/2015

En plena era digital, estas son las majestuosas edificaciones de madera usadas para resguardar montones de piel y celulosa

 Demasiados-libros

La escritura, la imprenta y los libros nos han acompañado en la incansable labor de descifrar el mundo y la naturaleza. Tomar un libro en la mano es contener un objeto sensorial y tangible, algo que no ocurre cuando escroleamos la pantalla.

La biblioteca fue y sigue siendo, desde la era predigital —e incluso mucho antes de la era moderna, un centro de empoderamiento donde se hallan los libros que se han impreso desde hace siglos a la fecha y que guardan memoria de las grandes mentes de la humanidad y de los pensamientos que han superado el paso del tiempo.

“En el principio fue el Verbo, la palabra, y la palabra está con Dios. El Verbo es Dios…” (San Juan dixit). El libro, las ‘sagradas escrituras’, la documentación de la historia, el avance científico y en las artes y la comunicación en la civilización occidental se dan gracias a los libros.

Según Jonathan Glancey, las bibliotecas se han erigido para guardar los preciados manuscritos y montones de celulosa encuadernada en lomos de piel. Después hubo que cuidarlos de la intemperie y los insectos. Aquí presentamos las mejores edificaciones bibliotecarias según la BBC de Londres.

La Tripitaka Koreana, vasta colección de escrituras budistas, siglo XIII. Fotos: Will Pryce/Thames & Hudson

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Library at the Glasgow School of Art

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Algunos creían que la era digital exterminaría las bibliotecas. No obstante, aún podemos ver colecciones como la de El Escorial en España o la de Trinity College en Dublín.

The Library: A World History de James W. P. Campbell, con fotografías de Will Pryce, es un libro que documenta 82 bibliotecas en 20 países. Para unos, las bibliotecas son reflector de la producción contemporánea de volúmenes, y escaparate del conocimiento. Para otros son la segunda casa, lugares ‘románticos’ para conocer al ‘amor de la vida’, templos de investigación o sets de películas de detectives y asesinos seriales, todo ello envuelto en el imaginario colectivo en torno a la arquitectura de papel y tinta, sobre las magníficas edificaciones que la resguardan, como la Biblioteca George Peabody en Baltimore o la Biblioteca Nacional de China.