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En la cueva del lobo (sobre "Wolfpack: Lobos de Manhattan" 2015)

Arte

Por: Rafael Toriz - 08/17/2015

“si no tuviéramos películas, la vida sería muy aburrida y no tendría ningún sentido resistir”
Imagen de: http://www.mommyish.com/2015/01/27/angulo-family-wolfpack-movie/

Imagen de: http://www.mommyish.com/2015/01/27/angulo-family-wolfpack-movie/

Con la sagacidad alevosa que caracterizó la parte más incisiva de su obra, Jean-Paul Sartre sostuvo, para desmedro de la vida en sociedad, que el infierno son los otros: su contacto, sus vicios y todo aquello que deriva de las implicaciones de su existencia.

Por ello no es casual que algunos trastornados, en soberanos momentos de lucidez, hayan soñado con espacios cerrados para edificar una morada. Los muros de las ciudades han sido construidos con esperanza pero sobre todo con angustia. Y miedo. Todos los utopistas, inspirados por los más nobles propósitos, desearon construir fortalezas en el aire para escapar del dolor o de la muerte, en aras de una búsqueda de perfección que ha derivado más pronto o más tarde en pesadilla (y ya se sabe, como señaló Juan Rodolfo Wilcock, que los utopistas no reparan en medios: “con tal de hacer feliz al hombre están dispuestos a matarle, torturarle, incinerarle, exiliarle, esterilizarle, descuartizarle, lobotomizarle”).

Sensaciones encontradas y hasta convulsas es lo que produce ver Wolfpack: Lobos de Manhattan (The Wolfpack) de Crystal Moselle, que cuenta la historia de seis hermanos que han pasado 14 años en cautiverio en el corazón de Manhattan. La historia es siniestra, desde luego, pero son de sobra conocidos los casos de gente que ha permanecido secuestrada por décadas. Lo curioso del caso de los hermanos Angulo, cuyos nombres –Narayana, Mukunda, Govinda, Bhagavan, Jagadisa y Krisna– dan una idea del extravío en el que se perdió la psique juvenil de sus progenitores, es que pasaron la mayor parte del tiempo en un departamento de interés social (housing projects) ubicado en el  Lower East Side, viendo cantidad insalubre de películas, lo que los volvió cinéfilos expertos y actores amateurs en quienes resulta imposible calibrar hasta dónde la ficción es una posibilidad de sanación o directamente constituye una forma extrema del enajenamiento; por ello la pregunta que dispara el documental es cuasi filosófica: ¿es posible y saludable vivir en la fantasía? La respuesta tiene por fuerza que ser positiva, sobre todo cuando no se cuenta con otra herramienta para sobrevivir a la locura.

Tras observar pequeños instantes de su vida es imposible no conmoverse ante la humanidad que irradian estos muchachos al conocer el mar o asistir por primera vez al cine. Uno piensa de inmediato en Mogli, Kaspar Hauser y todos aquellos arquetipos infantiles de la vida en soledad. Porque eso sostiene la película: aun obnubilados por un mundo infinito de personajes, escenarios y circunstancias, la soledad del ser humano es una impronta de la especie. Por fortuna, a diferencia de tantos otros desdichados, los cautivos tuvieron la ventaja de compartir el tamaño de su mazmorra.

Educados en su casa por la madre y al tener el mínimo contacto con el exterior, uno sólo atina a preguntarse por la mente del enfermo autor de semejante engendro, y toda duda queda saldada al comprobar que se trata de los delirios del padre, un peruano seguidor de Hare Krishna que soñaba con liderar una tribu de 10 hijos –todos con el pelo largo– para escapar de las miserias y pecados de la vida mundanal (la vida está poblada de una variopinta gama de criminales). Una historia similar a la que contaría Luis Spota en La carcajada del gato y que Arturo Ripstein explotaría en una de sus mejores películas (con guión de José Emilio Pacheco): El castillo de la pureza.

El documental es entrañable y conmovedor. Sin exponer jamás a sus protagonistas, permite atisbar la personalidad de los muchachos, sin apelar al sentimentalismo ni prostituir su intimidad (el filme fue galardonado con el U.S. Documentary Grand Prize  en la edición de este año del Sundance Film Festival). Además, permite comprender un hecho curioso en el que no suele repararse debido a la naturalidad con que acontece: enfrentarse al mundo a campo abierto es siempre una experiencia fundamental, destete necesario para el desarrollo cabal de los mamíferos.

Los chicos, por lo que puede colegirse en la película y cotejarse en esta página de Facebook, no se notan alterados, sin embargo considero que es pronto para emitir un diagnóstico: hay venenos tan corrosivos que sólo maduran con los años.

Al contemplar la película, al margen de pensar constantemente en una manada de lobos –los chicos derrochan estilo y sobre todo personalidad– pensaba en los párrafos finales de Las ciudades invisibles, donde Calvino describe con sutileza algo más que una esperanza: “el infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos”, lo que nos lleva asumir nuestra condena: el ser humano es un ser social, y cualquier tentativa por ensayar un experimento distinto está condenada al fracaso. “Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio”.

El documental sobre esta historia abre la posibilidad de volver ese castigo un poco menos nocivo, a la manera de una terapia que reconstituya la memoria, o para decirlo con las palabras de sus protagonistas, “si no tuviéramos películas, la vida sería muy aburrida y no tendría ningún sentido resistir”.

Lo distribuye Artegios y se exhibe a partir del 27 de agosto en salas comerciales del Distrito Federal.

 

Twitter del autor: @Ninyagaiden

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El extraño universo de Anatoly Fomenko, un matemático ruso con una imaginación embrujada por el control cósmico de la simetría

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Anatoly Fomenko es un personaje extraño. Es miembro de la Academia Rusa de Ciencias, es profesor emérito de matemáticas de una universidad rusa, ha recibido un premio estatal por su trabajo y es autor de numerosos papers de geometría topológica. Paralelamente ha publicado una serie de textos de revisionismo histórico, los cuales agrupa bajo el término "Nueva Cronología". Su tesis es, ni más ni menos, que la historia es una fabricación creada por una élite que incluye al imperio británico y a los jesuitas. En realidad Jesucristo vivió en el siglo 12 a.C., la guerra de Troya y las Cruzadas son el mismo evento alucinatoria y taimadamente confundido o, entre otras cosas del estilo, Gengis Khan era ruso. Para esto Fomenko se basa en una compleja y muy discutible combinación de correlaciones estadísticas, eventos astrológicos (compilados por Ptolomeo) y un análisis de matemáticas complejas.

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Más allá de esta paranoia fantástica de la historia --que parece vender muchos libros-- y, en lo que parece considerar solamente como una ocupación menor, Fomenko se da el tiempo para plasmar su visión álter-histórica en una continua pesadilla matemática que es una meditación sobre la naturaleza del espacio. Un espacio que, como la historia que imagina Fomenko, contiene mundos y realidades desconocidas, dimensiones paralelas de control metafísico. Los dibujos de Fomenko, que sólo podrían haberse creado por la conjunción plutoniana de las matemáticas y la ciencia ficción más negra, evocan vistas de escritores como Lovecraft, Lem o Philip K. Dick. Éste último creía, como Fomenko, que la historia era una alucinación colectiva y que en realidad vivíamos todavía en tiempo de los romanos: se había construido una "prisión de hierro negra" en la mente del ser humano para mantenernos encerrados fuera de la verdad.  

 

 

El arte de Fomenko nos introduce a los mundos abstractos donde conviven las formas geométricas y los dioses o demonios que parecen controlar al ser humano y diseñar esos mundos --que son como infiernos velados por nuestra inconsciencia. Estamos en una especie de pitagorismo y platonismo interdimensional, en Niburu o en una especie de Atlántida hiperespacial infinitamente condenada a la repetición. Por momentos los dibujos --angustiantemente extendiéndose hacia el abismo-- muestran reflejos escherianos de autorreferencia, paisajes imposibles, recurrencias que fingen el infinito y quebrantan la lógica del cerebro (una jaqueca metafísica embarga). Fomenko nos muestra que siempre hay algo invisible, que la sombra siempre es una puerta, que dentro de cada forma se pueden ocultar infinitas formas, mundos enteros con sus arquitecturas y sus terrores. ¿Cuántas ninfas habitan al interior de una gota de agua, cuantas salamandras y cuantos demonios en una flama? ¿Cómo saber que dentro de nuestras células no hay planetas y estrellas y agujeros negros, ciudades con sus pirámides y sus cataclismos, dioses que castigan y crean en la insondabilidad de una molécula?

Una "estética escheriana" que sin embargo parece incluir una oscuridad psicodélica como la que se puede encontrar en los mundos alienígenas del DMT (dimetiltriptamina), poblados por insectos inteligentes y guardianes de misteriosos umbrales dimensionales. Posesiones arcónticas, epifanías ctonianas y vigilantes inexorables asedian al hombre, que se encuentra absurdamente embebido en un espacio hostil, metamórfico, animado por un extraño patrón matemático que se cierne sobre él como sombra inmensa, como algo que asifixia y cautiva y que nunca podrá conocer. 

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "Between two maxima there is always a saddle point" (1968)[/caption]

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "Topological Zoo"[/caption]

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "The star diagram of Hertzsprung and Russell" (1967)[/caption]

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "Cellular spaces" (1970)[/caption]

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "The method of killing spaces in homotopic topology" (1968)[/caption]

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "Simplicial complexes" (1973)[/caption]

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "A retraction of space onto a subspace of it" (1974)[/caption]

 

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "Deformations of the Reimann surface of an algebraic function" (1983)[/caption]

 

[caption id="" align="aligncenter" width="553"] "Homotopy and a viscous liquid" (1987)[/caption]

Más imágenes: http://imgur.com/a/vJX89

 

Twiter del autor: @alepholo