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¿El expresionismo abstracto era un programa de propaganda de la CIA contra Moscú?

Por: pijamasurf - 08/25/2015

Una de las corrientes artísticas más importantes del siglo XX recibió financiamiento de la CIA durante años, un hecho que ni siquiera el congreso de Estados Unidos conocía sino hasta hace poco tiempo
Number 31, de Jackson Pollock (via Flickr)

Jackson Pollock, "One: Number 31"
(vía Flickr)

Durante años se ha rumorado una conexión entre la CIA y el auge del expresionismo abstracto, una de las corrientes pictóricas dominantes --si no es que una de las más reconocibles-- del siglo XX: sin embargo, ¿qué podían tener Pollock, De Kooning, Motherwell o Rothko que la CIA pudiese utilizar en su favor durante los años 50, en plena cacería de comunistas promovida por Joseph McCarthy? ¿El arte moderno de Estados Unidos, con su énfasis en el color y la textura, dejando de lado la figuración, podía ser un arma de reeducación ideológica a nivel mundial y propaganda encubierta de la libertad de expresión promovida en Occidente? A menudo desestimada como "otra" teoría de conspiración, la conexión ha sido admitida por uno de sus promotores, el hoy retirado agente de la agencia Donald Jameson.

"Con respecto al expresionismo abstracto, ¡me encantaría decir que la CIA lo inventó sólo para ver qué pasaba en Nueva York y en el SoHo al día siguiente!", bromea el ex agente. "Pero pienso que lo que hicimos realmente fue reconocer la diferencia. Se reconoció que el expresionismo abstracto era el tipo de arte que hacía parecer al realismo socialista mucho más estilizado y rígido y confinado de lo que era".

Pero los agentes de la CIA no podían simplemente entrar en los talleres de los artistas y pedirles que pintaran para promover fuera de su país el sueño americano: se necesitaba sutileza, y eso es algo que en ocasiones hasta la CIA es capaz de lograr. Jameson sabía tan bien como el presidente que los artistas, al menos en su mayoría, "son gente que tenía muy poco respeto por el gobierno en particular, y ciertamente ninguno por la CIA. Si debíamos usar a la gente que se consideraba más cercana a Moscú que a Washington, pues bueno, tanto mejor", pues de esta forma se evitaban sospechas.

Este programa fue conocido oficialmente como el Congreso de la Libertad Cultural, curando y financiando importantes exposiciones como The New American Painting entre 1958 y 59, Modern Art in the United States de 1955 y Masterpieces of the 20th Century de 1952, pero extraoficialmente sus agentes lo llamaron "la correa larga" ("the long leash"), e involucró a algunos de los más importantes museos del mundo, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o la galería Tate de Londres, y a millonarios de la estirpe de los Rockefeller. La conexión cuenta con evidencia clara, que además demuestra la sutileza de la operación: William Paley, presidente de la CBS y uno de los fundadores de la CIA fue miembro de la mesa directiva del programa internacional del MoMA, liderado por John Hay Whitney, quien sirvió en la OSS, el antecesor histórico de la CIA, además de Thomas Braden, primer jefe de la División de Organizaciones Internacionales de la CIA que fue secretario ejecutivo del museo desde 1949.

Robert Motherwell, Elegy to the Spanish Republic 108 (via Flickr)

Robert Motherwell, "Elegy to the Spanish Republic 108"
(vía Flickr)

Braden explicó en una entrevista reciente que el objetivo era:

unir a toda la gente que fueran escritores, que fueran músicos, que fueran artistas, para demostrar que Occidente y Estados Unidos estaban comprometidos con la libertad de expresión y el logro intelectual, sin ninguna barrera rígida de sobre qué se debía escribir, y lo que se debe decir, y lo que se debe hacer, y lo que se debe pintar, que es lo que ocurría en la Unión Soviética. Creo que fue la división más importante de la agencia, y creo que tuvo un papel enorme en la Guerra Fría.

¿Y por qué hacerlo en secreto? Según Braden, esto se debe a la hostilidad del público en general respecto al arte de vanguardia:

Era muy difícil hacer que el Congreso aceptara algunas de las cosas que queríamos hacer: enviar exposiciones de arte al extranjero, sinfonías al extranjero (sic), publicar revistas en el extranjero. Esa es una de las razones por las que debía realizarse en secreto. Debía ser un secreto. Para fomentar la apertura debíamos ser secretos.

El expresionismo abstracto falló en llegar al "gran público", pero eso no necesariamente fue culpa de los artistas. Muchos, como Rothko, se negaron a decorar los hoteles de 5 estrellas y las sedes corporativas de las grandes empresas, a pesar de que eran los miembros de las mesas directivas de estas empresas los que fungían de prestanombres para las fundaciones que financiaban sus exposiciones. Pero incluso el punto de vista de gente como Braden, a pesar de ser un poco cínico, no deja de recordarnos las raíces del arte occidental y del arte moderno:

Se necesita de un Papa o de alguien con mucho dinero para reconocer y apoyar el arte. Y luego de muchos siglos la gente dirá "¡Oh, mira la Capilla Sixtina, la creación más hermosa de la Tierra!". Es un problema que la civilización ha enfrentado desde el primer artista y el primer millonario o Papa que lo apoyó. Y aún así, si no hubiera sido por los multi millonarios y los Papas, no habríamos tenido arte.

 

Más información en The Independent

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Neurodoom: nuestro cerebro no puede procesar amenazas como el calentamiento global

Por: pijamasurf - 08/25/2015

A nuestra programación deficiente para responder globalmente a un problema, se suma nuestra deficiente organización social y neurológica.

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Una imagen muy difundida para explicar la urgencia de tomar cartas a respecto del calentamiento global es la de la langosta que descansa plácidamente al fondo de una olla de agua en ebullición: cuando esta hierve ya es demasiado tarde para escapar. Esta imagen (además de una forma pésima de preparar langosta) sirve para ilustrar una incapacidad biológica, sostenida con fuentes neurológicas, para reaccionar a los eventos geológicos que atentan contra la supervivencia humana.

Al igual que ocurre con la lenta devaluación del peso mexicano, el calentamiento global produce apatía en el público general, más que un llamado a la acción. Esta apatía a menudo se sostiene en el presupuesto de que los demás no hacen "su parte", lo que nos exime de hacer la nuestra; también se sostiene en que muy probablemente no haya mucho que hacer frente a los eventos geológicos de esta magnitud: después de todo el planeta es un ser vivo que ha cambiado y seguirá cambiando, antes y después de la aparición de los humanos.

Daniel Gilbert, profesor de psicología en Harvard, ha dicho que "nuestro cerebro es esencialmente una máquina de respuesta inmediata. Es por eso que podemos esquivar una pelota de baseball en milisegundos", pero no tomamos en serio una amenaza que no nos concierne directamente, como la desertización de los bosques o la acidificación de los mares, puesto que son nuestros nietos o bisnietos quienes tendrán que enfrentar el problema.

 El también profesor de psicología y administración de Columbia, Elke Weber, opina que "en cierto sentido, es injusto esperar que la gente, homo sapiens, realice este tipo de monitoreo, este tipo de tomas de decisión, porque no estamos programados para realizarlas." Es la misma lógica por la que muchos de nosotros elegiríamos un placer pequeño pero inmediato en lugar de uno grande pero postergado.

Aunque el ser humano tiene apenas unos 10,000 años de historia como especie (y algunos más antes de la historia), incluso la amenaza del calentamiento global es muy reciente: no tenemos ni 20 años de haber sido advertidos de manera urgente y espectacular por el documental de Al Gore, Una verdad incómoda acerca de los efectos del uso de hidrocarburos en el medio ambiente. Aunque nuestro ADN tenga la misma base, los humanos alrededor del mundo nos auto-clasificamos como negros, blancos, japoneses, mexicanos, de derecha o de izquierda --es decir, somos todo menos una "especie" homogénea, cuidando los mejores intereses para nosotros mismos.

En otras palabras, a nuestra programación deficiente para responder globalmente a un problema, se suma nuestra deficiente organización social, lo que históricamente pudo haber ayudado al deterioro de sociedades desde el Imperio Romano hasta los mayas. No es talento ni inteligencia lo que nos falta, sino aceptar el hecho de que cada uno, como individuo, debe aceptar voluntariamente una cuota de responsabilidad por su propio derecho a la vida. La revista Nature lo explica de este modo:

"La evolución [según Gore] nos ha entrenado para responder rápida y visceralmente a las amenazas. Pero cuando los humanos somos confrontados con 'una amenaza a la existencia de la civilización que sólo puede ser percibida en lo abstracto', no lo hacemos tan bien. Citando estudios de resonancia magnética, él dijo que la conexión entre la amigdala, la cual describe como el centro de manejor de urgencias del cerebro, con el neocortex, es una calle de un sólo sentido: las emergencias emocionales pueden desencadenar el razonamiento, pero no al revés."

Según Weber, "el auto-control es un enorme problema para la gente, ya se trate de lo que comemos o del ahorro para el retiro", lo cual es un ejemplo muy concreto de cómo somos incapaces de pensar nuestra supervivencia, incluso la individual, en términos más allá de lo inmediato. Tal vez un camino para encontrar soluciones al calentamiento global sea enseñarnos a nosotros mismos a prepararnos para el futuro --no el "mañana", sino el pasado mañana, el día después de mañana, ese que escapa a la lógica inmediata de la previsión. Sólo así podremos utilizar los recursos de la empatía para entender que nuestras acciones en el mundo tienen consecuencias para los que todavía no llegan.