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Como es arriba, es abajo: imágenes de Google Maps tejidas en tapetes persas (FOTOS)

Por: pijamasurf - 08/10/2015

La serie Anthropocene incluye un conjunto de alfombras inspiradas en selectas imágenes satelitales

 

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Desde paisajes seminaturales hasta mega centros urbanos como Las Vegas, la serie Anthropocene, del artista dublinés David Thomas Smith, presenta una secuencia de alfombras elaboradas a base de puntos de tejido milimétrico e inspiradas en imágenes satelitales de Google Maps.

Contempladas a distancia algunas de las piezas remiten a figuras abstractas y simétricas, sin embargo conforme el espectador se acerca al objeto, las imágenes adquieren una gran nitidez –incluso pueden apreciarse aviones despegando en algunos aeropuertos del mundo. Literalmente se trata de micromundos hilados a tus pies, sueños, acciones y fenómenos condensados en una estampa que, de pronto, está ahí. 

Anthropocene es un término científico utilizado en el estudio de la era geológica para referirse al efecto de la actividad humana en esa época. El objetivo del proyecto es inducir al espectador a una reflexión en torno al impacto humano en el paisaje terrestre. Las alfombras fueron elaboradas con un trabajo artesanal significativo, ya que los puntos del tejido son pequeñísimos, lo cual se traduce en exquisita nitidez.

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El arte persa de tejer tapetes coqueteaba con preceptos casi mágicos, rituales, en los que la geometría y la narrativa jugaban un rol fundamental. En este sentido, el hecho de que imágenes satelitales sean cristalizadas en un cúmulo de ritmos y patrones de algún modo corresponde a esa búsqueda de hedonismo metafísico que llevó a los persas a crear algunas de las más refinadas artesanías de la historia. 

La comunidad científica documenta cotidianamente impresionantes y hermosas imágenes sobre los fenómenos físicos y químicos. El mundo ofrece espectáculos continuos captados por el estudio de la ciencia y la investigación, los cuales a su vez son una vía de inspiración en el arte. El filósofo y alemán Gotthold Ephraim Lessing decía: “El fin supremo de la ciencia es la verdad; el fin del arte es el placer". La obra de Thomas Smith demuestra que ambos pueden, y deben, conjugarse.

David Thomas Smith

David Thomas Smith

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David Thomas Smith

David Thomas Smith

David Thomas Smith

 

¿Realmente necesitamos un cerebro?

Por: pijamasurf - 08/10/2015

Un hombre que nació “virtualmente sin cerebro” se graduó de la Universidad con mención honorífica en Matemáticas. ¿Qué dice esto del cerebro?

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Como suelen suceder estos extraños hallazgos, todo fue por accidente. Un alumno de la Universidad de Sheffield acudió al doctor del campus con un malestar cualquiera, y el doctor notó que su cabeza era un poco más grande de lo común. Lo refirió con el profesor Lobber para que le realizara estudios más extensos.

El estudiante en cuestión era académicamente brillante, tenía un IQ reportado de 126 y estaba en vías de graduarse en Matemáticas. Cuando Lobber lo sometió a un scan cerebral, descubrió que su cerebro era virtualmente inexistente. Es decir, tenía un caso crónico de hidrocefalia ––la condición en que el fluido cerebroespinal, en lugar de circular por el cerebro y llegar a la sangre, se atasca allí–– que había casi borrado la materia cerebral.

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En lugar de dos hemisferios llenando la cavidad craneal, que es de unos 4.5cm de profundidad, el estudiante tenía menos de 1mm de tejido cerebral cubriendo la cima de su columna vertebral.

De alguna manera, el estudiante había vivido una vida completamente normal y destacado en matemáticas. De estos casos ha habido varios, pero nadie sabe cómo es que alguien sin un cerebro detectable puede lograr funcionar en los niveles más básicos, sin mencionar que pueda graduarse con honores de matemáticas, aunque hay un par de teorías.  

La primera es que en el cerebro hay un alto nivel de redundancia en las funciones, y lo poco que queda de este puede aprender a representar a los hemisferios faltantes.

La segunda, bastante similar, es que sólo usamos 10% del cerebro. Sin embargo, estudios recientes han refutado categóricamente esta teoría, que nació en la década de 1930. Las funciones del cerebro han sido mapeadas comprensivamente, y aunque sí se ha encontrado alguna redundancia, también se ha hallado un alto grado de especialización (por ejemplo, el área motriz y el córtex visual son altamente específicos). Las áreas que antes se pensaban “silenciosas” del cerebro, hoy se ha descubierto que tienen funciones importantes como el habla y el pensamiento abstracto.

Lo verdaderamente fascinante de este hallazgo de Lobber es que nos recuerda el misterio de la memoria, como apunta Mitch Doolittle en un interesante artículo. La memoria es aquello gracias a lo cual podemos clasificar y analizar experiencias, y que nos permite vivir nuestra vida. Pero si este estudiante “sin cerebro” pudo graduarse en matemáticas y vivir una vida normal, entonces tiene memoria.

Alguna vez se pensó que la memoria tenía una forma física, como la memoria de una computadora, pero investigaciones exhaustivas han demostrado que no está localizada en ningún área o sustrato. “La memoria está simultáneamente en todas partes del cerebro y en ninguna", dice la neurociencia de hoy. Si un hombre puede llevar todo esto a cabo sin cerebro, ¿dónde, entonces, está la inteligencia humana?

Quizás el biólogo Rupert Sheldrake tenía razón cuando dijo que el cerebro no es un archivero de memorias, sino que es como un radio que sintoniza hacia el pasado. La memoria es un viaje que la mente hace hacia el pasado vía el proceso de resonancia mórfica. Todas las teorías, a fin de cuentas, son igual de fantásticas.