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Accede a la inmortalidad digital programando tu propio bot de inteligencia artificial

Por: pijamasurf - 08/26/2015

ETER9 simula tus interacciones en línea utilizando inteligencia artificial que aprende conforme la utilices

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Las redes sociales pueden darnos la apariencia de ubicuidad, pero seguimos siendo tan mortales como en la era previa al Internet. ¿O no?

Como salido de la serie distópica Black MirrorETER9 asegura la inmortalidad digital: tu "ser en línea" podrá seguir interactuando con tus amigos, comentando y actualizando estados aun cuando tú ya no estés. 

La idea es del desarrollador portugués Henrique Jorge y se encuentra actualmente en la fase Beta. Sin embargo, actualmente más de 5 mil personas se han registrado. La magia proviene de la inteligencia artificial enfocada a la vida social en línea. La aplicación crea una "counterpart", un ser virtual que aprende de tus interacciones reales y las aplicará cuando ya no existas en este plano de realidad.

La idea inicial es que los usuarios de ETER9 formen una comunidad entre "conexiones" --contactos por invitación sujetos a aprobación de los administradores-- que poco a poco irán ganando autonomía cuando el usuario esté off line. La interacción será más efectiva con el tiempo, o al menos eso prometen sus creadores, a medida que la inteligencia artificial vaya aprendiendo de sus usuarios. 

La inmortalidad es una fantasía cercana a la tecnología desde el principio del tiempo --o al menos desde que el primer ingeniero/chamán construyó la rueda y el altar; aunque no hay transferencia de conciencia, el simulacro que ofrece ETER9 puede mitigar la angustia de muerte de los más neuróticos, y tal vez le vaya mejor que a su predecesor, Virtual Eternity.

Escucha la radio natural que transmite la Tierra: ondas de muy baja frecuencia (VLF)

Por: pijamasurf - 08/26/2015

La sinfonía secreta de la Tierra: el mundo sonoro de la energía electromagnética (VLF)

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Los sonidos que escucharás aquí son, de alguna forma, parte de la programación de la estación Gaia, lo que el ingeniero Buckminster Fuller llamaba "la nave espacial Tierra". 

Desde los inicios de la radio, aficionados y oficiales militares han sentido cierta mistificación por una serie de sonidos que en su momento parecían inexplicables --y eso fue suficiente para que se conjuraran numerosas teorías de conspiración que siguen en pie. Soldados en la Primera Guerra Mundial empezaron a detectar sonidos en sus teléfonos de campo los cuales, con cierta lógica paranoica, confundieron con granadas cercanas o ataques invisibles (la presencia fantasma del enemigo).

Como bien explica la revista Nautilus, hoy se sabe que estos sonidos son producidos por ondas de muy baja frecuencia (conocidas como VLF por sus siglas en inglés). Esto es, ondas  de radio de una longitud de onda de 10 a 100km o de 3 a 30kHz. Estas frecuencias son poco usadas en la actualidad, salvo por ciertos sistemas de comunicación militar, especialmente ligadas a submarinos, ya que estas frecuencias penetran hasta a 40m de profundidad marina. Por cierto, la DARPA ha usado sus vilipendiadas antenas en Alaska para emplear la ionosfera --que alimenta las auroras boreales-- para rebotar ondas de radio y comunicarse con submarinos nucleares del otro lado del mundo. Estas son las arpas secretas del ejército.

Los sonidos que cazan algunos aficionados y que han maravillado a más de uno son producidos por fenómenos naturales como tormentas eléctricas, volcanes, tornados y otros fenómenos que interfieren con la atmósfera y emiten ondas electromagnéticas. Alex Tesar, en Nautilus, los llama "la sinfonía secreta de la Tierra", pues resulta que hay cierta música en este ruido, en estos sonidos que rasgan el velo del planeta con rayos sutiles.

 

A muchas personas les produce placer escuchar estas tormentas casi etéreas, estos rasguños áuricos, estática natural, drones de viento, los sendos aplausos del relámpago... Existe ya una subcultura de cazadores de estas frecuencias que viajan grandes distancias para captar las mejores VLFs (los mejores lugares son espacios aislados como la tundra canadiense o el desierto Alvord en Oregon). Más allá de esta delectación sonora, las ondas de muy baja frecuencia sirven para estudiar el comportamiento electromagnético de las diferentes capas de la Tierra. Hay un silbido distintivo, identificado en uno de los audios, que es el sonido de la energía viajando por la magnetósfera: la radiación producida por un rayo viaja a lo largo de líneas en el campo magnético, siguiendo una trayectoria curva y luego se dispersa; las frecuencias más altas regresan a la atmósfera primero y las más bajas dejan una cadencia al descender después.

Así tenemos una muestra de la radio natural de nuestro planeta, sonidos más informativos que armónicos, pero con cierto sentido poético en el que, acaso por su frecuencia subrosa, no podemos dejar de pensar en la música de las esferas que Pitágoras decía escuchar. ¿Una música que es, a fin de cuentas, el sonido de la energía moviéndose en el cosmos? El oído más fino, como el ojo más fino, es aquel que percibe la energía sutil y no sólo la densidad material.