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4 mitos de la ideología estadounidense desmentidos brillantemente por Bill Hicks (VIDEOS)

Por: pijamasurf - 08/17/2015

El comediante Bill Hicks demostró en diversas ocasiones que el humor es uno de los mejores vehículos para decir la verdad
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Imagen: Walt Cisco (Wikimedia Commons)

El humor ha sido, casi desde siempre, uno de los vehículos más efectivos para expresar la verdad. Desde los bufones en las cortes shakesperianas, el chiste en su relación con el inconsciente o la sátira hecha a los personajes de poder, reír ha sido una forma de colar aquello que a veces no puede decirse francamente, de disimular en una broma algo que dicho seriamente podría ser motivo de furia o escándalo. La risa, en ese sentido, es un recurso liberador, una forma de minar la seriedad, de erosionar lo solemne, de volver ligero aquello sobre lo cual se ha impuesto un peso innecesario.

Entre los comediantes contemporáneos, el estadounidense Bill Hicks fue un representante digno de esa tradición satírica, un hombre que no sólo tenía un sentido refinado e inteligente de la comedia, sino que además entendió pronto que esta lo colocaba fácil y cómodamente en un punto en que sería escuchado e incluso tal vez comprendido ―y que no podía desaprovechar esa oportunidad. Su versión de una “buena noticia” sobre drogas en los noticieros televisivos es una de las mejores lecturas sobre la percepción social de las sustancias psicoactivas, una revisión sucinta de las múltiples aristas en torno a esta situación:

 

Asimismo, su certeza de que la vida es “un paseo en un parque de diversiones”, un viaje que o no debe tomarse demasiado en serio o, en otro sentido, está hecho esencialmente para que nos divirtamos mientras nos encontramos aquí:

 

Ambos videos resumen, en cierta forma, tanto la actitud de Bill Hicks como su arco de intereses con respecto a la comedia y los temas de donde tomaba elementos para hacerla. De la metafísica a los problemas de todos los días, Hicks decía lo que muchos pensaban y opinaban pero con gracia y talento. Y esa fue, para él, su diferencia, y para su público el punto de identificación. Un hombre que, además, no se sustrajo de los temas políticamente incorrectos de su tiempo, a los cuales también dedicó no pocos chistes.

En esta ocasión retomamos un compilado de videos publicado en el sitio truthteory.com a propósito de cuatro grandes mitos de la narrativa ideológica estadounidense que, en distintos momentos, Hicks examinó a la luz del escepticismo y la incredulidad, no de manera gratuita sino crítica, sospechando de las versiones oficiales que, casi siempre, están hechas desde el poder para proteger al poder mismo.

El asesinato de John F. Kennedy

 

 

El asedio de Waco

 

 

La guerra contra las drogas

 

 

La guerra contra el terrorismo

 

 

También en Pijama Surf: Si trabajas en marketing o publicidad, Bill Hicks tiene algo que decirte: Suicídate

Profesor universitario se mimetizará por un año con David Bowie para escribir su biografía

Por: pijamasurf - 08/17/2015

Will Brooker decidió adoptar la identidad de David Bowie durante un año, en casi todos sus ángulos conocidos, desde su indumentaria y sus hábitos alimenticios hasta sus rasgos más excéntricos

 

¿Hasta dónde puede llegar la admiración por un personaje público? Como en ciertas fantasías literarias, es posible que el límite sea la suplantación, el reemplazo absoluto del personaje sobre la persona, como si esta nunca hubiera existido pero también, como si el personaje sustituto fuera el original.

En cierta forma, esa es la empresa que un respetado académico inglés está a punto de acometer. Will Brooker, profesor de cine y estudios culturales en la Kingston University de Londres, decidió que la mejor forma de comprender a David Bowie es ser David Bowie, un argumento casi borgeano que durante 365 días lo hará transitar por los muchos avatares de Bowie, repetir sus hábitos alimenticios, leer sus libros preferidos, ver sus películas favoritas, viajar a los sitios de Inglaterra y otras parte de Europa en donde el compositor ha estado e incluso duplicar las excentricidades del artista: la privación del sueño, seguir una dieta de pimientos rojos y leche, leer a Aleister Crowley, etcétera.

“La idea es habitar la cabeza de Bowie en puntos de su vida y su carrera para entender su trabajo y su ángulo original, reteniendo al mismo tiempo una perspectiva crítica y objetiva –una especie de escisión de personalidad, tal vez”, declaró al respecto Brooker, quien realiza este ejercicio porque recibió la encomienda de escribir Forever Stardust, una monografía a propósito del cantante y compositor.

 

En cuanto al consumo de drogas que también caracteriza a Bowie, parece ser que es el único aspecto ante el cual el profesor tiene ciertas reservas, pues considera que “los niveles de cocaína que Bowie consumía no son sólo ilegales […], sino demasiado costosos”. Con todo, a manera de sucedáneo hay fines de semana en que Brooker se sobreestimula con bebidas energizantes, con las que busca simular dicho efecto.

“Nadie puede ser Bowie de nuevo, y pienso que nadie quisiera pasar por todo lo que él vivió. No realmente. Pero yo quiero una probada de eso”, dice el profesor.

Como decíamos, el experimento de Brooker oscila entre la realidad y la ficción, y fácilmente podría convertirse en el motivo de una fábula literaria o cinematográfica. También es material de análisis psicológico e incluso filosófico: ¿Qué nos hace ser lo que somos? ¿Cierta esencia inalterable y acaso imposible? ¿O los "accidentes" –en el sentido aristotélico del término– resultantes de nuestra vida en el mundo? ¿David Bowie es quien es por su alimentación, o por sus composiciones? ¿Cómo se resuelve el enigma de la personalidad?

Siguiendo el hilo de la especulación, cabría preguntarse por el momento hipotético en que Brooker llegue a la conclusión, totalmente coherente dentro de su lógica personal, de que él es Bowie, que a él se le deben tributar los aplausos y los homenajes, que suyo es el pasado de álbumes y conciertos. Y entonces quizá el Bowie auténtico dude y se diga, en un momento de ambigüedad, que es al otro a quien le ocurren las cosas.