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Por número de ediciones, traducciones y ventas, estos son los 12 libros más leídos de la historia (PDFs)

Por: pijamasurf - 07/17/2015

"Don Quijote", "Harry Potter" y el Corán tienen más en común de lo que crees, en la medida en que se encuentran entre los libros más leídos de la historia
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Imagen: Emna Mizouni (Wikimedia Commons)

La lectura es un territorio a un tiempo racional y caprichoso: aquello que sucede ―éxitos, fracasos, consagración de ciertos autores, el olvido de otros― puede explicarse desde las circunstancias históricas del gusto literario, la relación entre política y cultura, la disposición de ciertas sociedades para acoger lo nuevo o repelerlo, y más; sin embargo, por ser un ejercicio del arte y la creatividad, el azar también participa en este proceso, ese componente inesperado que hay en lo subjetivo y por lo cual, dicho con cierto romanticismo, una obra literaria puede triunfar sobre esas circunstancias y marcar una época, e incluso prevalecer en el tiempo.

Recientemente, el sitio lovereading.co.uk hizo un estudio para determinar los títulos más leídos de todos los tiempos, tomando en cuenta el número de ediciones realizadas, sus traducciones y, claro, los ejemplares vendidos.

De acuerdo con dicho análisis, los libros de mayor popularidad son los siguientes (los links son a versiones digitalizadas en PDFs de los títulos encontrados):

1. Corán

2. Biblia del Rey James

3. Pequeño Libro Rojo, Mao Tse-Tung

4. Don Quijote, Miguel de Cervantes

5. Harry Potter, J. K. Rowling

6. Historia de dos ciudades, Charles Dickens

7. El Señor de los Anillos, J. R. R. Tolkien

8. El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

9. Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll

9. Sueño en el pabellón rojo, Cao Xueqin

9. Diez negritos (And Then There Were None), Agatha Christie

9. El Hobbit, J. R. R. Tolkien

En cierta forma es previsible que los primeros lugares estén tomados por los libros religiosos (el de Mao Tse-Tung incluido), pues además de su antigüedad, resulta evidente que el trabajo propagandístico al respecto resultó en su divulgación masiva. Por otro lado, el caso de Harry Potter es notable, pues ser el más joven de la lista no impidió que se colocara apenas por debajo de Don Quijote, libro con el cual tiene casi 400 años de diferencia. Otros entrañables como El Principito o Alicia en el país de las maravillas confirman que un golpe de genio puede conquistar a una o varias generaciones.

 

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Finalmente la ciencia confirma que la meditación transforma (para bien) el cerebro humano

Por: pijamasurf - 07/17/2015

Después de una experiencia de 20 años que comenzó como una simple clase de yoga, la neurocientífica Sara Lazar indagó sobre los efectos de la meditación en el cerebro humano, y los resultados son tan contundentes como sorprendentes
[caption id="attachment_97758" align="aligncenter" width="518"]med Imagen: Tevaprapas (Wikimedia Commons)[/caption]

Quienes se han iniciado en la práctica de la meditación y la han incoporado metódicamente como parte de su vida saben que hay aspectos de su pensamiento, de las decisiones que toman y, en suma, de forma en que se sitúan y viven la realidad, que caben en la dicotomía antes/después. La atención, la concentración, la conciencia del presente y otras habilidades cognitivas afines se ejercen de manera distinta antes y después de haber hecho de la meditación un hábito sostenido.

Esto, como decimos, podría corroborarse con el testimonio de las personas que meditan, sin embargo, quizá algunos escépticos considerarían dichas pruebas mero empirismo discursivo y exigirían evidencia más contundente.

Es posible que esa haya sido la postura de Sara Lazar al respecto. Lazar labora actualmente en el Hospital General de Massachusetts y en la Escuela de Medicina de Harvard, en donde ejerce y enseña como neurocientífica. Como otros, la doctora también tenía ciertas reservas hacia los beneficios de la meditación que se pregonan con tanto fervor. Un día, sin embargo, mientras se entrenaba para el maratón de Boston y como consecuencia de una recomendación médica para tratar una lesión propia de corredores, Lazar comenzó a tomar clases de yoga, un poco como parte de la tendencia contemporánea de popularización de dicha disciplina.

La doctora solo acudió porque su médico le aconsejó ganar flexibilidad muscular, pero aun así tuvo que escuchar el entusiasta discurso de su instructor, quien le aseguró que el yoga la volvería más compasiva y le haría abrir su corazón. Y ella, que al principio era incrédula, poco a poco notó que, en efecto, estaba más calmada, podía enfrentar situaciones complejas con cierta facilidad y, por último, se había cumplido lo dicho por el instructor: notaba mayor compasión en su vida diaria, además de cierta inclinación por dar cabida a puntos de vista distintos al suyo.

Su curiosidad de científica le llevó a investigar estos efectos del yoga con el rigor de su formación y los recursos al alcance. Además de encontrarse con abundante literatura al respecto ―estudios que, por ejemplo, indagan sobre el uso terapéutico de la meditación en casos de estrés, depresión, insomnio, angustia y otros padecimientos mentales y psicosomáticos-- Lazar emprendió sus propios experimentos de laboratorio, también como parte de su investigación posdoctoral, inicialmente en biología molecular pero que viró hacia la neurociencia por su experiencia con el yoga.

[caption id="attachment_97757" align="alignright" width="253"]4548016109_f6c5e19601_z Imagen: Pink Sherbet Photography (flickr)[/caption]

En principio, la doctora examinó la materia gris de dos grupos de personas: uno integrado por hombres y mujeres que han meditado buena parte de su vida y, por otro lado, un grupo de control con personas que no practicaban la meditación ni algún otro ejercicio afín. Entre otros resultados, Lazar y su equipo encontraron que dicho componente era mayor en el primer grupo, particularmente en el córtex frontal (asociado con la memoria y la toma de decisiones) pero, en especial, en el córtex sensorial, la ínsula y regiones relacionadas con la audición. “Lo cual tiene sentido”, explica la doctora, “cuando estás más consciente pones atención a tu respiración, a los sonidos, a la experiencia del momento presente, y apagas la cognición: es lógico que los sentidos mejoren”. En el caso del córtex prefrontal y su vínculo con la memoria, Lazar también encontró que la materia gris presente ahí en personas de 50 años que meditaban era equivalente al de una persona sana de 25 años.

En este punto, para no creer que la meditación era una panacea, la investigadora se preguntó si quizá las personas del grupo de meditadores no tenían ya más materia gris antes de practicar la meditación. Para responder, armó otro experimento en el que un grupo de control sería comparado con otro de personas que nunca antes habían meditado y que durante 8 semanas, por 40 minutos al día, participarían en un programa de atención plena (mindfulness) orientado a reducir el estrés.

Para sorpresa de ella misma, incluso en un período tan breve, el cerebro de las personas en ese segundo grupo tuvo cambios significativos en cuatro regiones:

La corteza cingulada posterior, asociada con la divagación y la importancia de sí.

El lado derecho del hipocampo, asociado con el aprendizaje, la cognición, la memoria y la regulación de las emociones.

La juntura temporoparietal, en donde se procesan la toma de perspectiva, la empatía y la compasión.

El puente troncoencefálico, en donde se produce una buena cantidad de los neurotransmisores con los que funciona nuestro cerebro.

La amígdala, que algunos consideran fuera del cerebro, también se redujo como consecuencia de la meditación, lo cual se ha relacionado con la disminución de emociones como la angustia, el miedo y la tensión.

La curiosidad de Lazar la llevó a encontrar por sí misma el soporte científico de un conocimiento que se tiene sobre todo por experiencia personal. Y como ella misma dice, no es que la meditación sea una panacea que nos sirve para remediar todos los males que pudiera desarrollar nuestro cuerpo sino más bien que, como toda disciplina saludable, como el ejercicio físico e incluso el examen metódico del yo, aporta sus propios beneficios en esa consolidación del equilibrio a veces precario que necesitamos para vivir con mente sana en cuerpo sano.

Más sobre el trabajo de Sara Lazar al respecto de la meditación, en este enlace.