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Somos al fin y al cabo solo la suma de nuestros actos
Imagen de: http://www.msxlabs.org/forum/genel-galeri/2306-fraktal-resimler-39.html

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Hay que cultivar nuestro jardín

Voltaire

 

Condicionada desde temprana edad a percibir la vida como tragicomedia, solo apreciaba las manifestaciones burdas como trascendentales. Así vivo en la espera de catarsis (si no llega la provoco), y suelo dejar pasar la impecable sutileza que (se y me) siembra en silencio.

 

Reaccionar es fácil.

Quedarse quieto, observar y luego ser, en nuestro día a día, no tanto.

Sin embargo, ahí, en ese exquisito y discreto silencio, sucede la magia.

 

Lentamente, serenamente, nuestros paradigmas arden. El cambio, esa constante de la vida, está siendo. No hay apocalipsis majestuoso, solo cotidianidad, esa que sutilmente va tejiendo nuevas narrativas. La “realidad”, como todo sistema, depende y requiere de todos sus elementos para desdoblarse. Se moldea y (se) transmuta según cada una de las entidades que la conforman lo hacen. Somos su trazo, y al sucedernos vamos mutando nuestro entorno, segundo a segundo. Es, simplemente, la totalidad de nuestros actos. Ellos nos moldean a nivel individual y así nos ramificamos como sociedad.

 

Mientras aprendo a distinguir el territorio del mapa, me es más evidente nuestra unicidad. Entre más yo me asumo, mis fronteras se me revelan cada vez más tenues. Somos uno, pero no lo mismo. Impecables e infinitas manifestaciones de un mismo vacío. Entre más me observo y me hago responsable de todos mis yo’s y la pluralidad de sus manifestaciones, más impecablemente e íntegramente puedo ser yo.

 

Yo soy otro tú, y no quiero ser tú. Solo así tú puedes ser otro yo.

 

Ahí, se reinventa la noción de común-unidad desde su núcleo más intimo. Al observar lo que es, puedo ser lo que soy, y permitir que todo siga fluyendo tal cual es, la suma de todas sus partes. Se trata de hacer no de buscar, actuar no reaccionar, compartir no vender, sumar no competir, y sobre todo de ser, no de pretender.

 

Está(mos) sucediendo(nos) ahora.

Somos al fin y al cabo solo la suma de nuestros actos.

Solo el acto se vuelve trazo.

 

Twitter de la autora: @ellemiroir

 

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Aparecen súbitamente por las calles con novedosos atuendos y hábitos; su inesperada presencia causa, al menos en un inicio, una especie de intriga y escepticismo.

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De acuerdo al sociólogo francés Michel Maffesoli, creador del término "tribus urbanas", antes de la posmodernidad (fechada desde la segunda mitad del siglo XX) la humanidad vivía un parteaguas ideológico cada 350 años. 

Con la celeridad y accesibilidad de la información, estos rompimientos cíclicos de creencias o de hábitos ocurren cada vez más rápido. Es decir, se sienten mucho menos que el Renacimiento, pero ocurren con mayor frecuencia. Como resultado de ello emergen las tribus urbanas. 

Maffesoli propone que estas tribus son un regreso tribal a un sentido de pertenencia en una época individualista, pero este sentido de identidad ocurre sin que sus miembros se hayan conocido previamente. ¿Cómo es que de repente uno comienza a ver en la calle a barbudos con lentes de pasta o,  en su momento, punketos, que recorren la ciudad como séquito uniformado?

Las tribus urbanas son un grupo de personas que experimentan una afinidad ideológica; casi siempre nacen en países desarrollados y su ideología (o anti-ideología) permea el estilo de vida, los gustos y los hábitos. 

Para Maffesoli, este fenómeno comenzó a darse luego de los movimientos estudiantiles de 1968. Pero lo cierto es que más profundamente emergen de la cultura subalterna que suele nacer del legado de intelectuales, escritores o inventores que alguna vez fueron marginales y cuyas ideas comienzan a ser aceptadas, y adoptadas, décadas o años después, por jóvenes que adecuan esos puntos de vista a una época individualista.

Una curiosidad de las tribus urbanas es que retoman elementos del pasado, acaso el sentido algo cercano a la tribu, pero con una búsqueda distinta al individualismo rapaz; parecido a un "algo" más trascendental (una especie de espiritualidad que todavía no acaba de ser aceptada quizá), de ahí el éxito del New Age, explica Maffesoli en una interesante entrevista para Businesinsider. 

Los yuccies, hipsters, hippies, yuppies, preppies, yindies, punks, kids, swaggers, tweens; algunas de estas tribus urbanas no sobreviven por mucho tiempo, mientras otras quedan para la posteridad, como el caso de los punks o los darks. 

Quizá lo que nos perturba de las tribus urbanas es que tal vez muchas personas las usen para construirse una identidad plagiada, carente de autenticidad; pero probablemente mucho más el hecho de intuir que esas personas llevan un entendimiento de la vida al menos aparentemente distinto e indescifrable por su simple atuendo. 

Es muy interesante encontrar que detrás de algunos movimientos que parecieran fashionistas, también existe la apropiación de ideas en círculos de tiempo mucho más rápidos, como lo explica Maffesoli; el tiempo ya no es el mismo, la información lo ha contraído, y ello, al menos, pinta emocionante.

Twitter de la autora: @anapauladelatd