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La religión y las selfies, satirizadas juntas en estas ilustraciones

Por: pijamasurf - 07/11/2015

La religión y la imagen propia en la era de la selfie: una corrosiva serie gráfica de Gunduz Agayev

¿Qué podía resultar de la combinación de estos elementos?

1) Cámara fotográfica

2) Acceso a Internet

3) Redes sociales

Según parece por la respuesta de nuestra época, nada más que una obsesión por las selfies, esa forma contemporánea del autorretrato que se aparece a cada momento, en cualquier circunstancia, para dejar un breve y fugaz testimonio de cierto hecho: una fiesta, un nuevo corte de cabello, el encuentro con un amigo, etcétera.

El recurso, sin embargo, ha dejado ver que tanto el narcisismo como la necesidad de exhibirse parecen no tener límite en esta nueva versión de lo que Guy Debord llamó "la sociedad del espectáculo”, tal y como lo muestra el pintor Gunduz Agayev, quien realizó esta serie en la que la religión se mezcla con la selfie en una extraña suma satírica.

Las imágenes no tendrían que tomarse como un insulto hacia las distintas religiones que se utilizan, sino quizá más bien como una crítica hacia el exceso y la hipocresía, quizá incluso como un señalamiento de cómo aquello que alguna vez se consideró sacro y reservado, ahora también puede convertirse en una mercancía de consumo instantáneo.

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El dominio de la electricidad también benefició al sexo: un dildo de 1894

Por: pijamasurf - 07/11/2015

Para remediar ciertos males que se creía que solo afectaban a las mujeres se inventó este protovibrador, que aprovechaba el reciente dominio sobre la energía eléctrica

1894

El dominio de la electricidad podría considerarse más o menos reciente. Aunque en su forma natural se conoce desde tiempos remotos fue solo hasta el siglo XIX cuando, gracias a la experimentación de personajes como Benjamin Franklin (quien, dicho sea de paso, tiene una serie de consejos amatorios sumamente provocadores), Alessandro Volta, Michael Faraday y algunos otros, por fin esta fuerza pudo someterse a los designios y necesidades humanas, convirtiéndose desde entonces en uno de los imprescindibles de nuestra vida cotidiana y, específicamente, de eso que a grandes rasgos podríamos denominar la “vida activa”.

Sin embargo, dichas invenciones fueron tan decisivas que impactaron incluso en los ámbitos menos esperados, por ejemplo, el sexual. Imprevisible menos por una razón moral que por una histórica: si una época intentó poner límites claros y férreos a la sexualidad esa fue el siglo XIX, especialmente en Occidente.

Quizá por eso resulta un tanto sorprendente este dispositivo que, para fines prácticos, califica como un vibrador avant la lettre, esto a pesar de que su desarrollador, Julian Petit, lo vendiera como un aparato con fines médicos para aliviar “malestares ginecológicos”.

Cuando se sitúa en el útero de la paciente será sujeto de la acción química de la mucosa, lo cual derivará en una reacción eléctrica y, al mismo tiempo, estimulará los órganos generativos, promoviendo así la cura de varias enfermedades propias del sexo femenino.

Y si eso no es suficientemente claro en cuanto al propósito del aparato, Petit añadió esto a su descripción:

[al insertar el dispositivo] ella sentirá una deliciosa corriente fresca por todo su ser.