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Depredador vs los caballeros templarios: la era de la oscuridad

Arte

Por: Adán de Abajo - 07/30/2015

La finalidad de la llegada de los predators es fundamentalmente exponer a sus jóvenes guerreros y cazadores a experiencias de iniciación, enfrentándolos con rivales dignos, sean estos humanos o aliens

Alien predator (1)

Él despertó, se encaró con el viento y dijo al mar: “¡Cálmate, cállate…!”. Después les dijo a sus discípulos: “¿Por qué son ustedes tan miedosos…?”. “¿Todavía no tienen fe…?”.

Evangelio de Marcos

 

Entrevemos aquí que la muerte es mucho más que la muerte. Ya que no sólo es desorganizadora, destructora, sino también nutritiva, regeneradora y, en fin, reguladora.

Edgar Morin, El Método II: La vida de la vida

1. The Dark Ages

Un grupo de mercenarios se desplaza por oscuros bosques de roble y tejo, a caballo, como una bandada de aves cazadoras. Paulatinamente deducimos que es en la Inglaterra del Medioevo.

Se trata de cinco jinetes, aguerridos y enlodados, pero bien armados y con imponente actitud. En tres de ellos apreciamos la insignia templaria roja en el pecho. Sus armaduras están incompletas, sólo uno de ellos lleva casco y otro porta una maltrecha cota de malla, perforada y aporreada, señal inconfundible de tratarse de sobrevivientes de duras batallas.

Uno de ellos parece ir a la cabeza de la avanzada: rostro endurecido por las pruebas de vida y barba oscura. A su derecha cabalga la que desde lejos aparenta ser una hermosa guerrera. Es una arquera de origen celtíbero. Con su cabello rubio ondulante y su carcaj de flechas en la espalda. Cuando la cámara enfoca su rostro, apreciamos unos rasgos delicados y hermosos, a la par de una mirada decidida y astuta. Por la actitud con la que la afrodita monta junto al hidalgo, entendemos que es la segunda al mando.

Los siguen dos mercenarios con sus inconfundibles cruces templarias sobre el pecho, uno de ellos asoma bajo el casco una larguísima melena entrecana y una barba igualmente prolongada y grisácea. A la espalda porta una mortífera ballesta lanzadardos, la cual debe ser su arma predilecta.

A continuación tenemos al caballero con la cota de malla, bien provisto con una poderosa espada y al final, en la retaguardia, un gigante calvo, de quien adivinamos un origen, por sus rasgos y corpulencia, quizá galo, tal vez germánico.

Se aproximan a un campamento. Un anciano los espera en la entrada, luce como una autoridad de la Iglesia. Se identifica ante los jinetes como el padre Joseph.

El líder de los mercenarios menciona su nombre: Thomas. A su vez presenta a la arquera celtíbera: Freya. Nombre que nos recuerda de inmediato a la deidad femenina vikinga.

“¡Este no es  lugar para mujeres…..!”.

Sentencia el obispo Joseph.

Pero por la manera en que le responde Sir Thomas, al parecer Freya es una de las mejores rastreadoras y cazadoras de Europa, capaz de cuidarse por sí sola mejor que muchos hombres.

Se les habla de un demonio que circunda aquellos bosques desde hace tiempo, el cual ha cobrado ya la vida de varios caballeros. Por la manera en que los asesina y arranca sus cráneos y columnas vertebrales, colgando sus restos de las cumbres más altas de los árboles, sospechan enfrentarse con una fuerza sobrehumana e infernal, capaz de destazar sus cuerpos y cobrar sus órganos como si fuesen trofeos de cacería.

Sir Thomas ostenta tener con su grupo uno de los mayores backgrounds como cazadores de dragones y monstruos de la región. El obispo no se sorprende demasiado, sugiriendo que en este caso, se enfrentarían con una fuerza demoníaca y desconocida, por lo que recomienda llevar con ellos a Zaid, un sabio moro, experto en las Sagradas Escrituras y en todas las especies posibles de demonios y manifestaciones del Maligno.

Los prejuicios religiosos y raciales de los templarios les harán negarse en un inicio a cabalgar y colaborar con un moro; empero, ante la obstinación del padre Joseph, quien contrató y recompensará sus servicios como cazadores de monstruos, no les queda más remedio que llevar con ellos al frágil y ladino Zaid.

 

2. Alien vs Predator y los rituales ancestrales de iniciación de guerreros y cazadores

Al fin y al cabo, en las sociedades burocratizadas, es adulto quien se conforma con vivir menos para no tener que morir tanto. Empero, el secreto de la juventud es este: vida quiere decir, arriesgarse a la muerte; y furia de vivir quiere decir vivir la dificultad.

Edgar Morin, El Método II: La vida de la vida

Por lo menos a nosotros nos quedaría claro, sólo hasta la saga número 1 de Alien vs Predator (2004), el motivo por el cual los depredadores arribarían al planeta Tierra para cazar seres humanos y a su vez enfrentarse a unos rivales sólo dignos de ellos: los alien, de carácter insectil y altamente mortíferos.

Nunca nos atrajeron excesivamente las primeras dos entregas de los años 80 de Depredador por sí solo, con Schwarzenegger y Danny Glover, aunque resultasen relativamente entretenidas y sobre todo taquilleras, particularmente la primera parte.

Y si nos quedáramos exclusivamente con ellas, por lo menos en un inicio nos costaría algo de esfuerzo de la imaginación y hasta cierta especulación sin muchas bases conocer las razones del interés de los depredadores por los terrícolas. Observamos que les agrada coleccionar nuestros cráneos, sobre todo si estos poseen ciertas características morfológicas o pertenecieron al cuerpo de un valeroso guerrero humano, quien presentó cruenta batalla antes de ser despojado de su cabeza. Al parecer, luego estas osamentas serían conservadas como trofeos de guerra y llevadas de regreso a su planeta en las naves de los monstruos, pero no existe en ambas películas ningún indicio que nos haga saber a ciencia cierta la razón de ello. Probablemente los autores de las mismas cintas tampoco se lo preguntaron demasiado en su momento.

Con la aparición del primer enfrentamiento en 2004 entre Depredador y Alien, al interior de una isla en la Antártida, sentimos que algo tocaba una honda fibra en nuestro corazón y captaba nuestro interés de manera especial. Y con justificados motivos: la historia, redactada por el inquieto escritor Paul Anderson, guionista de Resident Evil, mostraba interesantes influencias que no dejaron de seducirnos sobremanera, principalmente las teorías del investigador suizo Erich von Däniken, autor del célebre volumen El oro de los dioses, implícitas en la trama de Anderson y uno de sus autores de cabecera, cuya principal tesis sostiene que en tiempos prehistóricos, la Tierra habría sido visitada por una cultura extraterrestre que venía huyendo de una gran guerra interestelar, de la cual resultarían vencidos. Según Däniken, incluso en la Biblia existen pistas y memorias de dicha batalla intergaláctica, con la caída de Lucifer, por ejemplo. Por tal razón, al llegar a la Tierra, presuntamente habrían construido diversos túneles, cavernas y pirámides subterráneas, con la finalidad de mantenerse a salvo de sus perseguidores y alejarlos. Al pasar el tiempo, los visitantes se encontrarían con los primeros habitantes homínidos de la Tierra, a quienes transmitieron sus conocimientos y avanzadas tecnologías, al mismo tiempo que entremezclaron sus genes, apareándose con sus mujeres y forjando nuevas razas hibridas de humanos mucho más inteligentes y habilidosos:

Las partes rivales disponían de los mismos conocimientos matemáticos, habían recogido las enseñanzas de una experiencia común y tenían en su haber los mismos conocimientos técnicos. Los vencidos debieron escapar en una nave espacial rumbo a un planeta similar al suyo, desembarcar allí y desarrollar una civilización. Los fugitivos tenían conciencia del peligro que corrían de ser ubicados desde el cosmos y que se los buscaría con el auxilio de todos los medios técnicos a disposición de los vencedores. Así comenzó un juego de escondite del cual dependía la supervivencia. Los astronautas se refugiaron bajo tierra, construyeron túneles a gran profundidad para servir de comunicación entre puntos muy alejados; instalaron bases hondamente excavadas desde las cuales podrían explotar algunos sectores de su nueva patria, haciéndolos formar parte integrante del sistema de infraestructura.

Se ha objetado que los constructores de túneles habrían tenido que traicionarse a causa de la enorme cantidad de material excavado a que habría dado lugar una empresa de esta naturaleza, pero hay que considerar que, disponiendo de una técnica superior como supongo, podrían perfectamente haber empleado un taladro térmico. (Erich von Däniken, El oro de los dioses, Ed. Nueva Fontana, Barcelona, 1974, pp. 73y 74) 

De tal manera que en Alien vs Predator 1 es encontrada por unos arqueólogos una pirámide con motivos mayas, egipcios y aztecas combinados, en el fondo de una fosa en la Antártida, siguiendo un poco las ideas  y sugerencias de las investigaciones de Däniken.

Esta película nos enseñaría que la finalidad de la llegada de los predators es fundamentalmente exponer a sus jóvenes guerreros y cazadores a experiencias de iniciación, enfrentándolos con rivales dignos, sean estos humanos o aliens. A pesar del peligro enfrentado, las batallas experimentadas con humanos y monstruos les servirían para probarse a sí mismos y a su pueblo que son dignos guerreros y cazadores. Por cada alien o guerrero humano derrotado en combate, los depredadores marcarían sus cascos con una línea o cobrarían los cráneos de sus adversarios caídos, lo cual sería símbolo de estatus social y psicológico frente a los suyos.

Entonces entendemos el trasfondo y significado universal de las pruebas rituales de paso e iniciación desarrolladas en la trama de Alien vs Predator, brindándole un interesante contexto místico y antropológico a la cinta.

Los ritos de paso o de iniciación a la vida adulta, según el antropólogo francés Edgar Morin, conllevan algunas características específicas, las cuales pueden considerarse hasta cierto punto universales y comunes en diferentes pueblos de distintas épocas:

  1. Conllevan un nivel considerable de dolor que puede resultar bastante elevado, hasta el grado de poner en riesgo la salud e incluso la vida de los jóvenes iniciados.
  2. Implican también fuertes experiencias de aislamiento y soledad, que ponen en juego la capacidad emocional del iniciado, obligándolo a separarse temporalmente de su familia y comunidad. En ocasiones por grandes lapsos de tiempo que pueden llevar incluso años.
  3. Obliga el enfrentamiento a experiencias y pruebas completamente nuevas e inesperadas para las que, por más que se haya preparado a los participantes, estos no esperarían de ningún modo enfrentar (Edgar Morin, El Método II: La vida de la vida, Ed. Cátedra, Barcelona, 2002).

Tenemos tres componentes característicos de los ritos de paso hacia la vida adulta, comunes en las tradiciones de diversas culturas de todo el planeta y en muy diferentes períodos históricos: dolor y peligro que pueden llegar a poner en riesgo la vida, aislamiento y soledad, y por último, absoluta sorpresa y novedad para el joven iniciado.

Los depredadores estarían enfrentándose en un planeta para ellos ajeno, como lo es la Tierra, a experiencias absolutamente riesgosas, desconocidas y mortales, con seres alienígenas y humanos, bien armados y equipados, sea tecnológica o genéticamente, para presentarles batalla.

El estudio y la revalorización de los ritos de paso por parte de científicos y artistas, como el caso del guionista Paul Anderson en la entrega Alien vs Predator (2014), nos permitiría reconectarnos a los lectores y espectadores con procesos culturales y espirituales perdidos en la historia o cuando menos, llegar a apreciarlos y tenerlos en cuenta.

Según Morin, la finalidad de tales ritos era la posibilidad de establecer un puente profundo entre los jóvenes iniciados y el pasado de su pueblo, con sus ancestros, y también con el Universo. Una vez dentro de un peligroso y fuerte rito de iniciación, las posibilidades eran mínimas: morir, enloquecer, perderse para siempre, ser destruido o emerger triunfal, convertido en un hombre nuevo, un verdadero guerrero. A menudo, quienes sobrevivían y superaban tales ritos retornaban a sus comunidades transformados en hombres diferentes, recibían nuevos nombres, tenían acceso al lenguaje oculto de su cultura, reservado para los iniciados y brujos. Habían ganado el derecho de acoplarse sexualmente con las mujeres de su pueblo, o ganaban la posibilidad de aspirar algún día a convertirse en chamanes y guías espirituales de su gente.

Tras el establecimiento de las civilizaciones industriales y ahora informáticas el contacto con las experiencias iniciáticas y de paso se habría perdido completamente, por lo que la inmensa mayoría de los hombres modernos, desde el punto de vista de nuestros antepasados, sin haber experimentado jamás pruebas de vida y del espíritu verdaderas, carecerían del derecho de llamarse ‘hombres’ desde el punto de vista espiritual antiguo. Nos encontraríamos, en las sociedades contemporáneas, con pueblos enteros de niños grandes, de adultos infantilizados y despojados de valores espirituales con los cuales orientar su vida.

Una vez al interior de la pirámide en la Antártida, un grupo de ingenuos científicos humanos liberaría, sin darse cuenta, a una horda de sangrientos aliens. Con su aparición sería activada también la señal para la llegada de los jóvenes guerreros predators, desde su lejana galaxia.

Repentinamente, los seres humanos se verían por completo atrapados en medio de una guerra intergaláctica entre monstruos llegados desde lejanos mundos a la Tierra.

Los aliens constituirían rivales altamente mortíferos y sangrientos para los Depredadores. El saldo entre ambos bandos extraterrestres sería de uno a uno hasta exterminar a todos los aliens, predators y humanos participantes en la contienda, quedando únicamente un joven predator en pie, sobreviviente, y una valerosa y bella geóloga humana.

 

3. La cruenta batalla en un oscuro bosque del Medioevo

El grupo de jinetes, en compañía del astuto moro, se internan en un bosque de penumbra y arbustos. Pronto descubrirán que su infernal enemigo utiliza un campo de energía para camuflarse entre los árboles y pasar desapercibido. También tiene a su servicio toda clase de artilugios técnicos, como rayos láser, pistolas y rifles.

Por su parte, lo único con que cuentan los caballeros templarios, además de sus rudimentarias armas, es su valor y una fortaleza que no se quiebra con nada.

El primero en caer a manos del predator es el gigante germánico, ensartado por la retaguardia con las poderosas y afiladísimas cuchillas que la criatura extraterrestre expulsa hábilmente de su muñeca.

La bella arquera vikinga se confrontará sola contra el monstruo, pero pierde su cabeza en combate, en medio de alaridos. Los dardos y flechas de los guerreros no logran hacer el menor rasguño al monstruo, uno a uno son eliminados los templarios, hasta quedarse solos Sir Thomas y el ladino Zaid.

¿Ante tales ventajas tecnológicas por parte de los predators, qué es lo que los haría arribar al planeta Tierra, en una época donde el armamento de los seres humanos no ha evolucionado en lo absoluto para constituirlos en rivales dignos para los extraterrestres? Si la finalidad de su llegada a la Tierra es justamente enfrentarse a experiencias de aprendizaje y desarrollo de sus jóvenes guerreros, ¿qué es entonces lo que estos monstruos tendrían que venir a aprender de los hombres medievales…?

En este caso estamos hablando del cortometraje Predator: Dark Ages, realizado apenas en este 2015, el cual puede descargarse gratuitamente de diversos sitios de la Internet, incluido YouTube, dirigido por un pequeño grupo de jóvenes artistas ingleses, fanáticos de la ciencia ficción y los filmes de horror. A la cabeza del equipo se encuentra el director James Bushe, quien pese a ser un novel cineasta autodidacta de origen obrero ha participado cuando menos en 10 diferentes festivales de cortos y cines de horror, ganando ya algunos de ellos.

Al iniciar su cinta, de apenas 30 minutos, nos aparece una advertencia relativa a los derechos de autor y del nombre Depredador. Se nos advierte que la obra fue creada absolutamente con fines recreativos y de diversión por un grupo de fans de las sagas, quienes en ningún momento han pretendido hacer negocio con el concepto de Predator, perteneciente a los estudios Fox, proponiéndose antes que nada divertirse, disfrutar con la realización de la obra, pero sobre todo realizar un homenaje a uno de sus personajes del cine predilectos.

Las caracterizaciones de los personajes capturan nuestra atención al instante, haciéndonos sentir que nos encontramos ante una producción que pese a su brevedad, es sumamente profesional. Todo, las luces oscuras, acordes con la Edad Media y la trama de horror, los ambientes, las actuaciones, nos transportan precisamente a esas Edades Oscuras de Europa del año 1000, por lo que recomendamos altamente no dejar de perderse este corto.

En el caso de la orden de los caballeros templarios, conocemos que poseían variados ritos de iniciación inspirados en diversas culturas con las cuales entraron en contacto en sus viajes a oriente y en las guerras Cruzadas. Particularmente, se conoce que tenían bastante influencia de los rituales egipcios y judíos esenios.

A mediados del Siglo XX, cuando en Jerusalén fuera desenterrado el monasterio esenio de Qumrán, los arqueólogos se encontrarían desconcertados ante la presencia de variadas piscinas y baños termales en diversas habitaciones del complejo judío. En un inicio los científicos de corte occidental afirmarían que estos lugares obedecían a las costumbres higiénicas de sus habitantes. Empero, actualmente conocemos también que los mismos esenios absorbieron bastantes ritos y conceptos de la cultura egipcia y griega más antiguas, en las que el propio rey Salomón, Jesucristo y Juan el Bautista se prepararon. Por lo que puede afirmarse hasta cierto punto que tales piscinas y baños eran sobre todo lugares para realizar baños y ritos iniciáticos, muchos de los cuales estaban inspirados en los procedimientos egipcios, de los cuales los templarios aprendieron bastante.

La finalidad de los rituales antiguos también era redescubrir valores universales poderosos por parte de los iniciados como la justicia, la valentía, la sinceridad, la humildad, los cuales, desde el punto de vista antiguo, poco tienen que ver con los conceptos que actualmente tenemos de ellos los hombres contemporáneos, aunque nos guste hablar sobremanera de ellos.

Entonces los predators tendrían muchísimo que aprender de los hombres medievales al entrar en contacto e incluso luchar con ellos, pese a sus deficiencias armamentísticas y tecnológicas, tal vez más que de su confrontación con los humanos modernos, quienes contarían con armamento mucho más sofisticado.

El hombre medieval se consideraba de facto unido a Dios desde su nacimiento, destinado a realizar un destino que éste le habría designado. Desde el más humilde artesano o campesino hasta el más cruel emperador, la unión entre el hombre medieval y el Universo era absoluta e indisoluble. Completamente entregado a la voluntad de su Dios y del Cosmos, de una manera que a nosotros nos resultaría en la actualidad por completo incomprensible. Autónomos e independientes como nos sentimos, ingenuamente poseedores de un libre albedrío que de ningún modo hemos ganado y de una libertad ficticia e ilusoria, la cual más bien es nuestra cárcel.

Sir Thomas y el habilidoso Zaid deberán unir sus fuerzas para sobrevivir en medio del bosque, frente a los ataques inesperados de la criatura que se hace invisible.

Sir Thomas retará a duelo cuerpo a cuerpo al traicionero predator, quien lo aceptará, sorprendido, extrayendo sus peligrosas cuchillas y confrontándose con el templario espada con espada.

El inglés no tendrá la menor oportunidad ante la fuerza descomunal y habilidades sobrehumanas del monstruo, pero conseguirá herirlo y no le hará demasiado sencilla su derrota.

Al punto de morir ejecutado por el depredador, entrará en escena el moro: Zaid, quien se encarará con el monstruo, rogándole que perdone la vida de Sir Thomas, ofreciéndole a cambio humildemente la suya.

El extraterrestre entrará entonces en un fuerte dilema, paralizado por la disyuntiva moral de tener que asesinar a dos valerosos humanos que no tienen, para presentarle batalla, más que sus corazones y su alma.

Aceptando su derrota, en este caso, moral, el monstruo perdonará la vida de los dos hombres, cobrando tan sólo el casco guerrero de Sir Thomas, como recuerdo de la experiencia.

Retornará a su nave espacial con uno de los más importantes aprendizajes de su alienígena existencia: el valor y la lealtad, partiendo luego hacia su planeta.

Tanto Zaid como Sir Thomas, sobrevivientes, se preguntarán si en el caso del predator se enfrentarían con alguna manifestación del Maligno, o con un monstruo por completo desconocido para ellos. 

 

Twitter del autor: @adandeabajo

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Por: Adán de Abajo - 07/30/2015

Antonioni nos recuerda a Mercurio, el planeta y el Dios, quien brinda a sus protegidos un espíritu eternamente joven, capaz de renovarse sin cesar y quien atrae irresistiblemente a los jóvenes

zabriskie

Todos se asoman para ver el agua, esperando de un momento a otro, ver llegar al tiburón; el agua está limpia, se ve claramente oscilar las plantas del fondo, como a cámara lenta, se ven otros peces nadando en pequeños grupos. Todo un mundo misterioso que fascina, pero que al mismo tiempo inspira miedo…

Michelangelo Antonioni, guión de La aventura

 

1. Zabriskie Point

La primera escena casi parece del género documental, más que un largometraje de ficción: un grupo de jóvenes subversivos de diversos orígenes raciales discuten sobre los objetivos revolucionarios de su movimiento, a finales de los años 60. Están planeando una manifestación.

Observamos patillas nutridas, melenas en capas, alaciadas, también peinados de micrófono, barbas prolongadas, lentes de armazón grueso y formas cuadriculadas, pantalones acampanados, sandalias de meter el pie y chalecos de gamuza. El escenario es una universidad de corte liberal en Estados Unidos.

Las mujeres y los hombres dialogan de manera horizontal: no parece haber diferencias de género y en apariencia nadie lleva la batuta. Su discurso es típicamente sesentero y marxista; fuera de ciertos contextos radicales y obsoletos, podríamos decir que en la actualidad sus frases y enunciados casi están en peligro de extinción.

De pronto la discusión se centra en un joven afroamericano, idealista y aguerrido, quien habla de la posibilidad de incluso dar su vida por el movimiento.

Entre todos los participantes, la cámara por fin destaca a Mark con un acercamiento de la lente, sugiriéndonos que en adelante, él será el protagonista: de mirada encendida y soñadora, contagiado por la emoción de las palabras del interlocutor afro. Aunque no habla demasiado, por la transparencia de su rostro podemos deducir que está de acuerdo prácticamente en todo lo que el primero dice e incluso se identifica sobremanera con él.

La trama nos causará posteriormente un profundo contraste, llevándonos hacia una reunión de empresarios en Los Ángeles, quienes proyectan la construcción de una unidad habitacional y comercial bastante grande y millonaria en el bello desierto de California.

Mark no tardará en chocar contra estos agudos contrastes sociales; cayendo en crisis, irá a parar a prisión, tratando de rescatar a su mejor amigo, quien participaba en una violenta manifestación antes de ser apresado. Ahí dentro desconcertará a los custodios, firmando como Karl Marx en lugar de K. Mark, enfureciéndose porque los policías no saben deletrear ni escribir bien el nombre del filósofo y economista alemán. Probablemente jamás escucharon hablar de él, de quien Mark asumió la identidad.

Los ánimos revolucionarios de Mark pronto le harán robarse una avioneta y volar en ella hacia el Valle de la Muerte, en California. Todo en el ambiente produce un penetrante y nostálgico aroma a los años 60, a sueños y utopías perdidos, robados o degenerados por desquiciados, asesinos y oportunistas líderes, junto con sus pararreligiosos seguidores, haciéndonos pensar en los instantes en que todos odiamos alguna vez al sistema o quisimos hacer explotar las estructuras dominantes y subvertir el orden establecido de una buena vez.

Pero sobre todo su música nos arrastrará sin remedio hacia décadas perdidas, enterradas y casi olvidadas en el pasado.

Las notas limpias y los solos del mítico Jerry García, guitarro de Grateful Dead, se volverán protagonistas del filme, destacando la inevitable y alucinada pieza “Dark Star”, la cual recomendamos no dejar de apreciar por ningún motivo, o “Unknown Song”, de la época más psicodélica de Pink Floyd, de la que los músicos ingleses grabaron más de 10 obsesivas y delirantes versiones, instrumentales y cantadas, con las voces bellas y aún juveniles de Roger Waters, Nick Mason y David Gilmour. Es obvio que esas versiones no cupieron todas en el soundtrack de la película, no quedándoles más remedio que producir un álbum completo e independiente, dedicado a la cinta de Antonioni: The Complete Zabriskie Point Sessions. Rome, Italy, el cual, aunque repetitivo y alucinante, resulta delicioso e ineludible.

¿Pero cómo es que un director como Michelangelo Antonioni, ya veterano en aquel entonces, nacido en 1912, logró congregar y hacer identificarse a tantos jóvenes artistas de diversas disciplinas con su proyecto? A Sam Shepard como guionista, a Grateful Dead, a Pink Floyd para la música y a un centenar de colaboradores, muchos de los cuales no eran siquiera actores profesionales, pero sí amigos suyos, pertenecientes a los Black Panters y a diferentes comités juveniles revolucionarios de algunas universidades en los 60, quienes lo asesoraron y participaron como actores secundarios para realizar Zabriskie Point,un filme cuyo tópico principal era la vida de los hippies a finales de esa década.

Antonioni nos recuerda a Mercurio, el planeta y el Dios, quien brinda a sus protegidos un espíritu eternamente joven, capaz de renovarse sin cesar y quien atrae irresistiblemente a los jóvenes, a pesar de su vejez. También nos recuerda a Diógenes de Alejandría y al viejo Sócrates, dos ancianos maestros que seducían y corrompían a las juventudes, a la par que los iluminaban.

En el Valle de la Muerte, Mark casi aterrizará sobre el auto de la bella Daria, adicta a la mariguana y amante de uno de los empresarios que construirán en el desierto, dando como resultado una de las más impactantes escenas eróticas al aire libre en la historia del cine, teniendo como telón de fondo los solos de guitarra de Jerry García, con su “Love Scene”.

Tras su estreno en 1970, los críticos de cine no tendrían piedad de la película, señalando, categóricos y coreando, que Zabriskie Point fue uno de los mayores fracasos de Hollywood. Esto afectaría en su momento profundamente el espíritu de Antonioni, quien dejaría de hacer cine durante varios años, retornando a su casa en Roma para dedicarse a la pintura y a cuidar de su esposa y sus jardines. Paradójicamente, la historia recompensaría al cineasta italiano, convirtiendo a su obra, con el paso de los años, en una inolvidable película de culto, a la cual no dejarían de redescubrir y admirar una generación nueva tras otra de jóvenes cinéfilos.

 

2. Blow Up

La mayoría de los protagonistas de las películas de Michelangelo Antonioni son jóvenes, tanto sus temáticas, sus personajes, como sus colaboradores, si no es que todos.

En su momento también él fue un joven aprendiz que se insubordinó de sus padres: escapando de una carrera de economía con la cual no se identificaba, huyó de su natal Ferrara, en el norte de Italia, hacia Roma, para dedicarse al arte. Su familia de  comerciantes de clase media lo presionaba en su época de estudiante para que se dedicara a las finanzas y los negocios, tal vez por ello siempre entendió la rebelión y la inconformidad de las nuevas generaciones.

Sus acercamientos al cine fueron en un inicio como crítico y reportero, colaborando para diversos periódicos y revistas. No es común que los críticos del séptimo arte terminen siendo directores. Se dice que los críticos cinematográficos y literarios son autores frustrados, que se dedican a atacar a los creadores.

A la par que leía muchísimo y asistía en Roma al cine todos los días, escribía cuentos y pintaba sus primeros cuadros; dio el paso sustancial a escribir sus primeros guiones.

Comenzó como ayudante de grandes directores italianos, abrevando del legado de los más importantes cineastas de su país y de toda una tradición inmensa: Rossellini, De Santis, Fellini. Prestaba sus servicios como guionista, principalmente para Rossellini, hasta que grabó su primer corto por su cuenta, ayudado por unos amigos actores de teatro: Gente del po, a comienzos de los años 50.

En su película Blow Up (1966), una de sus primeras obras, filmada en inglés en Londres, se mezclan perfectamente sus intereses por el séptimo arte, los jóvenes y las disciplinas plásticas.

El protagonista es el Fotógrafo, así será conocido simplemente en todo el filme: un artista joven, bien parecido y exitoso, al mismo tiempo altivo y algo cínico, quien se dedica a capturar momentos inesperados de la cotidianidad con su cámara, principalmente de bellas chicas, no siempre con su consentimiento y a quienes en ocasiones también lleva a la cama.

En una de las escenas de inicio, el protagonista prácticamente hará el amor con su cámara a una de sus modelos desnudas, fotografiándola:

(El disco es de música de jazz, más bien sensual. La modelo desnuda, de pie contra el telón, comienza a adoptar posiciones diversas. El Fotógrafo dispara una, dos, tres fotos…)

FOTÓGRAFO: ¡Sí, así, así; quieta!

(Nuevas posiciones, nuevos disparos. El ayudante cambia el carrete. El Fotógrafo, siempre mirando fijamente a la modelo, bebe un sorbo de vino. Luego se desliza de rodillas, más próximo. Nuevos disparos…)

(La modelo está sentada en el suelo; el Fotógrafo salta en torno a ella cada vez más excitado.)

FOTÓGRAFO: Espléndido. Va bien así. Más, más.
Ánimo. Vamos. Échate hacia atrás el pelo. El pelo…

(Le murmura algo al oído. La modelo sonríe.)

(Michelangelo Antonioni, Guión de Blow Up, Ed. Alianza, Barcelona, 1981)

El Fotógrafo con su cámara y la bella modela inglesa, desnuda, alcanzarán un orgasmo estético que se volvería parte del legado universal del cine gracias a esa escena.

Empero, el joven protagonista no tardará en recibir una sopa de su propio chocolate, como dicen, al atreverse a retratar un cadáver recién asesinado en el centro de una vía pública en Londres. La escena es de lo más desconcertante: una chica desconocida corriendo por un parque arbolado, otro desconocido, también joven, quien la persigue. El Fotógrafo se atreve a retratarla sin haberla visto jamás, en plena discusión con su pareja, y ella se lanza sobre él, vuelta una fiera, tras descubrir que la fotografiaba sin su consentimiento.

De pronto se establece una conexión emocional poderosa entre ambos, la cual trascenderá el resto de la trama. El Fotógrafo y ella se marchan juntos, ella lo persigue hasta su estudio, donde se hacen amantes. Luego aparecerá un cadáver, el cual no se sabe si es del hombre que la perseguía inicialmente, aparentemente sí. Tampoco se conoce al asesino. Cuando el Fotógrafo regrese a la arboleda y comience a sacar imágenes con su cámara del cuerpo sangrante, al revelarlas y apreciar al cuerpo y a ella, desesperada, descubrirá la mano asesina y el arma platinada ocultas entre los matorrales.

Las escenas son pausadas, lentas, sus personajes se pierden muy poco a poco dentro de los paisajes y los ambientes perfectamente bien fotografiados y planificados de Antonioni. Por algo era también pintor y concedía demasiada importancia a los ambientes, los lugares, la luz y los contextos. Debido a ello, los críticos se ensañaban acusándolo de hacer un cine excesivamente lento y bastante psicológico.

A pesar de todo, sus filmes irían engrosando las filas de seguidores, principalmente entre las generaciones de jóvenes cineastas y cinéfilos que iban llegando y parecían comprenderlo más que los viejos críticos.

Hoy en día no resultaría cosa nada sencilla para la mayoría de los espectadores lograr apreciar una de sus películas y verla hasta el final, acostumbrados como estamos a escenas en exceso rápidas que apenas duran unos cuantos segundos y cambian en violentos giros, con sonidos obnubilantes y estruendosos efectos especiales de avanzada tecnología, con tramas simplistas que actualmente casi no representan ningún reto para la capacidad mental del espectador sino todo lo contrario: las películas recientes parecen contribuir más bien al adormilamiento cerebral y alienación del espectador.

El cine de Antonioni es de una época en la que no se tenía demasiada prisa por filmar una película, tampoco por acabar de verla, mucho menos por abandonar la butaca para caminar rápidamente hacia el estacionamiento del multicinema y conducir estrepitosos hacia lo que sigue; consumiendo y devorando cine, Internet y televisión, con la misma voracidad monstruosa con la que se ingiere comida chatarra y se escapa la vida en un parpadeo.

Darse el tiempo de asistir al cine, permitirse descansar en la butaca el tiempo que durase el filme, sumergirse en las escenas lentas y los paisajes atrapantes de una película de autor, más bien ser tragado por la penumbra absoluta de la sala, como en la etapa final de un rito milenario. Escuchar la música y las voces, los diálogos inteligentes, apreciar los matices de la luz, el aroma de las palomitas de maíz, comerlas, acompañadas de pastel de chocolate casero, rodear por la cintura a la bella acompañante y besarse en la oscuridad, constituía un ritual casi mágico ahora transformado, modificado y perdido.

Sobre todo, esperar con tranquilidad hasta que se terminaran cada uno de los créditos finales, el proyector sea apagado y se enciendan las luces de la sala de nueva cuenta.

El cine debería consistir en una experiencia altamente espiritual, estéticamente elevada y vivificante.

 

3. El Grito

El grito (Il grido, 1957), otra de sus obras de culto, grabada a orillas del Po, en italiano y aún en blanco y negro, tiene como personaje principal a Aldo, de origen obrero: otro joven incomprensible e incomprendido, quien habita prolongados y sinuosos laberintos psicológicos. Ha vivido durante casi 10 años en concubinato con Irma, una guapa campesina bastante mayor que él, por cierto casada, cuyo marido se parte el alma en Australia todos los días para enviarle dinero. Con Irma, Aldo tuvo una hermosa hija, a la cual ama muchísimo, a pesar de ser sumamente estricto con ella.

En el momento que se sepa de la muerte del marido de Irma, su relación con Aldo colisionará, abandonándolo contra su pesar.

Con el conocimiento de todos los personajes, incluso de su hija, al mismo tiempo que Aldo está con Irma, también es amante de otras dos bellas hermanas, dos costureras, quienes viven a orillas del Po, a quienes visita eventualmente, sobre todo cuando tiene problemas con Irma. Pero al convulsionarse la relación entre ella y el protagonista, Aldo perderá a todas sus amantes casi al mismo tiempo, quedándose tan sólo con su hija, emprendiendo un viaje de búsqueda y recuperación emocional en compañía de su pequeña, a lo largo de bellos paisajes rurales de Italia.

Un final triste pero aún más fatídico vivirá también el rebelde Mark, luego de hacer el amor con Daria hasta la cumbre e incendiar con su deseo todo el desierto de California, en medio del paisaje lunar de Zabriskie Point.

Mark la invitará a regresar con él a Los Ángeles para devolver la avioneta y evitar ser encarcelado de nueva cuenta por hurto. Pero la hermosa diva se niega, sintiéndose aún comprometida con el empresario constructor, con quien tiene una relación de amasiato.

Al regresar a la ciudad, el joven Mark será recibido a tiros por la policía de Los Ángeles, falleciendo de un perdigonazo en la cabeza.

Se dice que Antonioni leyó en los diarios una historia análoga a inicios de los 60, sintiéndose conmovido por el trágico fin del chico, quien se llamaba también Mark. Proponiéndose que filmaría un homenaje para el rebelde joven, escribió y anotó innumerables borradores de guiones a lo largo de meses, pero no se convencía. Ya tenía 70 años y ni su pulso, ni su paciencia, ni sus ánimos, eran los mismos con los que se confrontara con los críticos en los años 50, desatando fuertes polémicas a causa de sus cintas.

Contrató entonces a Sam Shepard, joven actor, escritor y guionista autodidacta, no tan conocido en ese entonces, encargándole escribir la trama y prepararla como guión. Empero, pasarían un par de años más antes de decidirse a llevar el proyecto a la pantalla.

Tras varios años sin filmar, dedicado por entero a la pintura, sería su segunda mujer, Enrica, quien convenciera a Michelangelo Antonioni de proseguir en el mundo del cine.

A pesar del rechazo previo de Hollywood debido a Zabriskie Point, hordas de nuevos autores jóvenes se acercaban a él para que los aconsejara, los asesorara y para invitarlo a colaborar con ellos: Wim Wenders, Wong Kar-wai, Steven Soderbergh, Krzysztof Kieślowski, Roman Polanski. Mucha gente, sobre todo joven, que conocía sus películas, principalmente las primeras, anhelaba que Antonioni retornara al cine.

A mediados de los años 90, precisamente con 94 años de edad, sería homenajeado en Hollywood, el lugar donde se le rechazara por su psicodélico filme de 1970, poco más de 20 años atrás. Subiría al estrado lentamente, en medio de centenares de aplausos, a pesar de ser un longevo, aparentando tener mucho menos edad.

Finalmente Antonioni, el protegido de Mercurio, de Hermes Trimegisto, el eternamente joven, sonreiría ante el público, en el lugar que muchos años atrás lo proscribiera y rechazara. 

 

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