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¿Cuántos segundos nos separan de experimentar a pleno la realidad aumentada?

Por: pijamasurf - 07/29/2015

Unos cuantos milisegundos nos separan de realmente vivir la experiencia de la realidad virtual; Michael Abrash nos explica cuántos son

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La realidad virtual, como el juego Kinect de Xbox, puede ser la más revolucionaria de las relaciones humano-máquina. Esta permite a los usuarios interactuar con la consola sin necesidad de un controlador o un contacto físico –como si fuéramos nosotros y nuestro avatar viéndonos en un espejo. Pero la experiencia, no obstante el realismo, deja bastante que desear. Siempre estás consciente de tu cuerpo. No sólo cómo tu cuerpo sino como controlador de lo que pasa en pantalla (en lugar de ser lo que pasa en pantalla, que es la idea).

Esto puede tener que ver con las gráficas o con la interfaz de usuario, es verdad, pero lo más importante en la relación con la máquina es la velocidad. El programador de juegos Michael Abrash explica cómo es que la latencia (tiempo que transcurre entre un estímulo y la respuesta que produce) es el verdadero obstáculo para el realismo en la IU.

“Mover el mouse y verlo en pantalla”, explica Abrash, “toma 50 milisegundos de retraso”. Y aunque pensaríamos que ese es el perfecto retraso para manejar una máquina, nos explica que la percepción humana tiene diferentes estándares para aplicaciones de realidad virtual y aumentada.

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“Puedo decirles por experiencia personal que más de 20 milisegundos es demasiado para RA y RV, pero la investigación indica que 15 milisegundos podría ser la clave, o incluso 7 milisegundos”, escribe Abrash en su blog.

El problema con este número mágico (7) es que las pantallas LCD pueden tardarse lo mismo en refrescar una imagen al nivel de pixeles. Si este número es la clave perfecta de la percepción humana, la tecnología está aún lejos de alcanzarlo.

Todos somos expertos en saber lo que siente ser humanos, es por eso que la información de IU se queda corta al tratar de emular la experiencia. Abrash estima que 36 milisegundos es lo máximo que se puede alcanzar ahora en la mejor de las condiciones y que estamos a años luz de lograr 7 milisegundos para la realidad simulada. Tenemos para nosotros que podemos vernos al espejo –desfasado por milisegundos-- con nuestro avatar, por lo pronto.

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Todo Bach, todo Mozart y todo Beethoven en estas tres playlists

Por: pijamasurf - 07/29/2015

Las obras de los tres compositores más notables de la música clásica reunidas cronológicamente en estas listas digitales
[caption id="attachment_98114" align="alignright" width="242"]Beethoven Imagen: Joseph Karl Stieler, 1820[/caption]

La música que conocemos como “clásica” tiene tres grandes pilares que todos, de alguna u otra forma, conocemos: Bach, Mozart y Beethoven. Basta mencionar su nombre para sentir la contundencia del genio indiscutible. En su tiempo y a su manera, cada uno edificó paulatina y sostenidamente una obra admirable, sea por su profusión increíble (como en el caso de Bach y Mozart) o por su decidido afán vanguardista (como en Beethoven).

En este sentido, la música de estos compositores se filtró hacia nuestra vida de maneras un tanto azarosas, hasta el punto de volverlas identificables en casi cualquier circunstancia. Las Variaciones Golberg son del gusto del caníbal ficticio Hannibal Lecter, y escuchamos su aria en la adaptación fílmica de la historia. El andante del Concierto para piano y orquesta No. 21 de Mozart nos suena conocido desde el inicio, aunque no atinemos a decir muy bien por qué. Y claro, la “llamada del destino” con que comienza la Quinta Sinfonía de Beethoven la hemos escuchado hasta en dibujos animados.

Este acercamiento, sin embargo, es superficial y por lo mismo injusto. La obra de estos tres grandes es suficientemente diversa y sorpresiva como para que valga la pena invertir tiempo y dedicación en descubrir más. Incluso podría decirse que cada uno de los tres es por sí mismo un territorio, un universo al cual, como si fuésemos exploradores, podríamos adentrarnos, atisbar, llegar con ánimo abierto, dispuestos a encontrarnos con especies exóticas que nunca hubiéramos imaginado.

Porque eso, muchas veces, es una fuga de Bach, una broma irreverente e ingeniosa de Mozart, o la inesperada introspección de Beethoven: criaturas que saltan a nuestro encuentro para mostrarnos que el mundo siempre es más amplio de lo que nuestro intelecto y nuestra sensibilidad suponen.

Bach

 

Mozart

 

Beethoven

 

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