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Autorizan eutanasia para mujer sana pero con recurrentes pensamientos suicidas

Por: pijamasurf - 07/16/2015

El sufrimiento no puede medirse en una escala confiable, por lo que la legislación internacional debería tomar en cuenta la opinión de los pacientes sobre su propio estado de salud (es decir, sobre sus propias vidas)

Medicina estética

Una mujer de 24 años nacida en Bélgica, que goza de buena salud general pero sufre de depresión crónica, podrá ejercer su derecho legal a la eutanasia en los próximos días. "Laura" ha sido autorizada para recibir una inyección letal luego de pasar toda su infancia y vida adulta sufriendo de pensamientos suicidas que no han cedido bajo ningún otro tipo de terapia.

Laura ha sido paciente psiquiátrica desde los 21 años, pero ha tratado de terminar con su vida en numerosas ocasiones. En entrevistas con medios locales, la joven ha dicho que para ella "la muerte no se siente como una elección. Si tuviera elección, escogería llevar una vida llevadera, pero he hecho todo y no ha sido posible".

La eutanasia es legal en Bélgica desde 2002, y se estipula que los médicos pueden "ayudar a los pacientes" a terminar con sus vidas si estos expresan libremente su deseo de hacerlo a causa de enfermedades incurables o dolores intolerables. Asociaciones médicas como Right to Die Association hacen campañas a favor de la eutanasia, favoreciendo la actitud de los pacientes respecto a sus padecimientos, en lugar de acatar la prescripción médica de vivir a toda costa. 

Los críticos de la medida, como Carine Brochier del Instituto Europeo de Bioética, creen que "la eutanasia no es la respuesta para todo el sufrimiento humano", y esperan que la medicina y la terapéutica actuales puedan "desarrollar mejores cuidados paliativos para la gente", algo que no ve en el caso de Bélgica. En el caso de las enfermedades mentales, Brochier considera que "no existe absolutamente ninguna manera de medir el sufrimiento mental de otra persona si deciden que deben recibir eutanasia".

Pero, ¿no es precisamente porque el sufrimiento no puede medirse que debemos respetar el dolor del otro? Probablemente alguien que nunca ha sufrido depresión a niveles crónicos no puede conocer el estado subjetivo de sufrimiento en que se halla alguien que la ha padecido toda su vida. 

Bélgica es el único país del mundo que ha legalizado la eutanasia sin límite de edad y, hasta junio 2015, el procedimiento de terminación planeada de la vida solo es legal ahí y en Holanda, Colombia y Luxemburgo.

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Finalmente la ciencia confirma que la meditación transforma (para bien) el cerebro humano

Por: pijamasurf - 07/16/2015

Después de una experiencia de 20 años que comenzó como una simple clase de yoga, la neurocientífica Sara Lazar indagó sobre los efectos de la meditación en el cerebro humano, y los resultados son tan contundentes como sorprendentes
[caption id="attachment_97758" align="aligncenter" width="518"]med Imagen: Tevaprapas (Wikimedia Commons)[/caption]

Quienes se han iniciado en la práctica de la meditación y la han incoporado metódicamente como parte de su vida saben que hay aspectos de su pensamiento, de las decisiones que toman y, en suma, de forma en que se sitúan y viven la realidad, que caben en la dicotomía antes/después. La atención, la concentración, la conciencia del presente y otras habilidades cognitivas afines se ejercen de manera distinta antes y después de haber hecho de la meditación un hábito sostenido.

Esto, como decimos, podría corroborarse con el testimonio de las personas que meditan, sin embargo, quizá algunos escépticos considerarían dichas pruebas mero empirismo discursivo y exigirían evidencia más contundente.

Es posible que esa haya sido la postura de Sara Lazar al respecto. Lazar labora actualmente en el Hospital General de Massachusetts y en la Escuela de Medicina de Harvard, en donde ejerce y enseña como neurocientífica. Como otros, la doctora también tenía ciertas reservas hacia los beneficios de la meditación que se pregonan con tanto fervor. Un día, sin embargo, mientras se entrenaba para el maratón de Boston y como consecuencia de una recomendación médica para tratar una lesión propia de corredores, Lazar comenzó a tomar clases de yoga, un poco como parte de la tendencia contemporánea de popularización de dicha disciplina.

La doctora solo acudió porque su médico le aconsejó ganar flexibilidad muscular, pero aun así tuvo que escuchar el entusiasta discurso de su instructor, quien le aseguró que el yoga la volvería más compasiva y le haría abrir su corazón. Y ella, que al principio era incrédula, poco a poco notó que, en efecto, estaba más calmada, podía enfrentar situaciones complejas con cierta facilidad y, por último, se había cumplido lo dicho por el instructor: notaba mayor compasión en su vida diaria, además de cierta inclinación por dar cabida a puntos de vista distintos al suyo.

Su curiosidad de científica le llevó a investigar estos efectos del yoga con el rigor de su formación y los recursos al alcance. Además de encontrarse con abundante literatura al respecto ―estudios que, por ejemplo, indagan sobre el uso terapéutico de la meditación en casos de estrés, depresión, insomnio, angustia y otros padecimientos mentales y psicosomáticos-- Lazar emprendió sus propios experimentos de laboratorio, también como parte de su investigación posdoctoral, inicialmente en biología molecular pero que viró hacia la neurociencia por su experiencia con el yoga.

[caption id="attachment_97757" align="alignright" width="253"]4548016109_f6c5e19601_z Imagen: Pink Sherbet Photography (flickr)[/caption]

En principio, la doctora examinó la materia gris de dos grupos de personas: uno integrado por hombres y mujeres que han meditado buena parte de su vida y, por otro lado, un grupo de control con personas que no practicaban la meditación ni algún otro ejercicio afín. Entre otros resultados, Lazar y su equipo encontraron que dicho componente era mayor en el primer grupo, particularmente en el córtex frontal (asociado con la memoria y la toma de decisiones) pero, en especial, en el córtex sensorial, la ínsula y regiones relacionadas con la audición. “Lo cual tiene sentido”, explica la doctora, “cuando estás más consciente pones atención a tu respiración, a los sonidos, a la experiencia del momento presente, y apagas la cognición: es lógico que los sentidos mejoren”. En el caso del córtex prefrontal y su vínculo con la memoria, Lazar también encontró que la materia gris presente ahí en personas de 50 años que meditaban era equivalente al de una persona sana de 25 años.

En este punto, para no creer que la meditación era una panacea, la investigadora se preguntó si quizá las personas del grupo de meditadores no tenían ya más materia gris antes de practicar la meditación. Para responder, armó otro experimento en el que un grupo de control sería comparado con otro de personas que nunca antes habían meditado y que durante 8 semanas, por 40 minutos al día, participarían en un programa de atención plena (mindfulness) orientado a reducir el estrés.

Para sorpresa de ella misma, incluso en un período tan breve, el cerebro de las personas en ese segundo grupo tuvo cambios significativos en cuatro regiones:

La corteza cingulada posterior, asociada con la divagación y la importancia de sí.

El lado derecho del hipocampo, asociado con el aprendizaje, la cognición, la memoria y la regulación de las emociones.

La juntura temporoparietal, en donde se procesan la toma de perspectiva, la empatía y la compasión.

El puente troncoencefálico, en donde se produce una buena cantidad de los neurotransmisores con los que funciona nuestro cerebro.

La amígdala, que algunos consideran fuera del cerebro, también se redujo como consecuencia de la meditación, lo cual se ha relacionado con la disminución de emociones como la angustia, el miedo y la tensión.

La curiosidad de Lazar la llevó a encontrar por sí misma el soporte científico de un conocimiento que se tiene sobre todo por experiencia personal. Y como ella misma dice, no es que la meditación sea una panacea que nos sirve para remediar todos los males que pudiera desarrollar nuestro cuerpo sino más bien que, como toda disciplina saludable, como el ejercicio físico e incluso el examen metódico del yo, aporta sus propios beneficios en esa consolidación del equilibrio a veces precario que necesitamos para vivir con mente sana en cuerpo sano.

Más sobre el trabajo de Sara Lazar al respecto de la meditación, en este enlace.