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El “detective de lo oculto” es un género híbrido, la oscura intersección entre las clásicas historias de detectives y el horror sobrenatural
Imagen de: http://aleskot.tumblr.com/post/117010860711/wolf-1-comes-july-22-the-solicitation-text-is

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El “detective de lo oculto” es un género híbrido, la oscura intersección entre las clásicas historias de detectives y el horror sobrenatural; una mezcla de Arthur Conan Doyle con Howard P. Lovecraft, o Edgar Allan Poe con Edgar Allan Poe. En él confluyen atmósferas policíacas de mundos bajos, intrigas y mafiosos con el terror de lo paranormal: fantasmas, demonios y seres de otros mundos. Está claro que si bien no es necesario para escribir una buena historia de miedo, ayuda saber sobre lo que se está hablando y tener una licencia oficial autorizada por el departamento gubernamental apropiado para bucear en las partes más oscuras del inconsciente. De otro modo terminamos con hadas esquizofrénicas y aburridos pactos demoníacos tomados del Fausto (un manual de paranoia escrito en medio de las quemas de brujas y herejes durante la Edad Media y el Renacimiento) o con guías ficticias, igual de aburridas, de la flora y fauna de inverosímiles planos astrales. El género nació a mediados del siglo XIX, momento en que lo sobrenatural era un éxito en Europa y América de la mano del espiritismo y el “renacimiento ocultista”; muchos de sus primeros exponentes, entonces, poseían un conocimiento aproximado del tema en una época de romanticismo gótico en que florecía también una incipiente psicología y el lado oscuro era moneda de cambio válida.

Uno de los más grandes detectives de lo oculto es John Silence, creado por Algernon Blackwood. No sorprende que Blackwood haya sido una de las mayores influencias de Lovecraft (uno de los cuentos protagonizados por Silence, llamado “Una víctima del espacio superior”, remite inequívocamente a la obra del escritor de Providence) ni que fuera miembro de la Orden Hermética de la Aurora Dorada (la Golden Dawn, epicentro de las actividades oculistas de principios del siglo XX). Otro de los detectives más famosos es el infame John Constantine, creado por Alan Moore para su versión de Swamp Thing. El impacto de sus apariciones esporádicas lo llevó a tener su propia y emblemática serie de la mano de Jamie Delano, quien durante algo más de 40 números demuestra un enorme conocimiento de las tendencias más modernas de ocultismo de vanguardia; distintos escritores se hicieron cargo del personaje tras él, algunos de ellos excelentes, otros no tanto. Pero a lo largo de los 300 números de Hellblazer (y unos tantos más de Constantine), el personaje se volvió una triste caricatura de sí mismo y poco quedó al final de sus enfrentamientos iniciales con otros mundos. Solo ahora, con el relanzamiento de su serie bajo el nombre ridículo de Constantine The Hellblazer, con Ming Doyle y James Tyrion como escritores, podemos sospechar que John Constantine, con su cigarrillo a medio fumar y su sobretodo (ahora más corto), es un detective de lo oculto.

Curiosamente, un par de años después de escribir al personaje, Alan Moore decidió emprender el camino del ocultismo y la magia (le cambió la vida una línea de ficción que él mismo escribió en From Hell, historia sobre la francmasonería y Jack el Destripador: “el único sitio en el que es indiscutible que los dioses existen es en nuestras mentes, donde son indudablemente reales con toda su grandeza y monstruosidad”). El mundo del cómic, sucesor natural de los relatos pulp, ha tenido más de un detective encargado de lidiar con asesinos sin lugar a dudas inimputables de acuerdo a todos los tratados internacionales, pero todos vivieron siempre a la sombra del ocultista punk con acento escocés. Ales Kot es el responsable de Secret Avengers (uno de los mejores cómics de los últimos años junto al Hawkeye de Matt Fraction y el Animal Man de Jeff Lemire), una historia sobre la importancia de la imaginación en la que una inteligencia artificial imprevista se une narrativamente a Nick Fury y a Jorge Luis Borges. Dos de las principales influencias de Kot son obvias: Grant Morrison y William S. Burroughs, quien termina siendo un personaje central en Zero, otra de sus más recientes obras: Kot tiene una particularidad, comenzó su carrera hace sólo un par de años y viene escribiendo como loco.

La obra de Kot es surrealista y experimental, no le escapa nunca a lo oscuro ni a lo bizarro: utiliza la mitología popular del siglo XXI para sondear agujeros de seguridad en la realidad. Siguiendo algunos términos que se reputen y cierta simbología recurrente en sus ficciones, es evidente que mantiene viva una tradición contracultural en los cómics y no es extraño ni a la magia ni a los mal llamados estados no ordinarios de conciencia. Un detective de lo oculto creado por él no es cosa menor: por eso es interesante la aparición del primer número de Wolf, una nueva historieta de Image Comics escrita por el propio Kot. Wolf transcurre en Los Ángeles, ciudad de enorme poder en los corazones de todo el mundo, la misma Los Ángeles de Mulholland Drive y de la segunda temporada de True Detective. Una ciudad mítica en la que cohabitan estrellas de cine, magnates racistas y vampiros, de esos que dan miedo y tienen orejas puntiagudas, como Spock. Antoine Wolfe, apodado Wolf, es un detective inmortal que desea morir, hace negocios con la gente equivocada, puede contactar a los muertos y tiene un amigo con tentáculos de la misma raza que Cthulhu. Wolf se parece al primer Constantine, un personaje oscuro que se equivoca una y otra vez pero que también tiene corazón, un personaje complejo que quizás, cómo no, se vea obligado a intentar salvar el mundo. El extenso primer número (de más de 60 páginas) es el inicio de una lúgubre, misteriosa y atrapante amistad.

 

Twitter del autor: @ferostabio

Los vínculos de la atracción: sobre la cinta “Está detrás de ti” (David Robert Mitchell, 2014)

Arte

Por: Psicanzuelo - 07/26/2015

“Una película de terror que nos invita a reflexionar la manera en que nos planteamos una pareja sexual”

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La encantadora joven rubia Jay Height (Maika Monroe) sueña con su príncipe azul, como muchas otras, y acepta salir a una cita romántica con un chico popular que le lleva algunos años (un chico muy guapo y rubio también), una práctica común en esta parte del mundo. Hasta ahí todo resulta familiar, temas comunes de las high school movies, coqueteando con líneas un poco más dramáticas, pudiendo Jay resultar embarazada o contraer una enfermedad venérea. Y es que el giro argumental de Está detrás de ti (David Robert Mitchell, 2014) tiene que ver con las dos posibilidades. Imaginemos que nos podemos embarazar de una maldición, de esas que pululaban en el cine japonés de los 90, por medio de teléfonos celulares o cassettes VHS, o cualquier otro aparto tecnológico. Aunque en realidad tendría más que ver con un trastorno mental transmitido de forma sexual, una especie de macabro juego de “las trais”, el germen psicológico se pasa de uno a otro con el contacto íntimo. Se contagia cierta percepción que hace que lo familiar resulte amenazante o lo que más aterra al contagiado suceda frente a él de la forma más grotesca.

La puesta en escena es muy agraciada, con elementos estéticos similares a las cintas del giallo italiano, los crímenes resultan completamente estéticos, revolviéndonos el estómago con una sensación agradablemente asquerosa. De forma pop, juega con el principio de Pasolini en su obra póstuma Saló (1975), los actos más aberrantes bajo el más sofisticado rigor estético --claro, de forma más ligera.

Consolidada con colores, formas y movimientos de cámara, la secuencia de gancho inicial nos posiciona en una peculiar persecución que impone un tono tétrico al mismo tiempo que inocente a toda la cinta. El clímax secuencial está dado en una elipsis al amanecer, en una playa donde de forma escultural vemos el resultado de la persecución. La chica adolescente que estaba siendo asediada, ahora más que un montón de huesos, semeja una obra de arte contemporáneo, conservando sus tacones de fiesta nocturnos, al alba, acostada en la playa, como si estuviera esperando los primeros rayos de sol. 

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La fotografía de Mike Gioulakis le brinda un sentido agudo a la cinta. Por un lado la manipulación de los colores con la luz nos posiciona en un lugar casi infantil, una casa hecha de caramelo, que cada vez que es irrumpida por el horror de lo desconocido, resulta cada vez más estremecedor para el espectador, se rompe el mundo recién formado, se quiebra el vientre materno con cesárea. 

itfollows4 itfollows5_2 itfollows6El tratamiento de la luz nocturna es peculiar, usando mucha luz muy bien colocada hay una profundidad que nos permite mirar distintas cosas sucediéndose en pantalla, en distintas profundidades, aunado ello a tajantes cambios de foco con óptica sofisticada (combinación de Fujinon, Angenieux y Alura), se logra con potencia la ilusión de estar ahí, alterándonos en una primera instancia en contra de planos largos que seducen nuestro voyeurismo. Nuestra concentración es manipulada, forzándonos a  acceder a un sueño que se vuelve pesadilla, para transformarse nuevamente en sueño apacible y así poder volverse a alterar nuevamente.     

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Esas luces cenitales colocadas en el trayecto de los personajes, en su descubrir el sueño, su alucinación de realidad, recuerda escenas parecidas en Pesadilla en la calle del infierno (Wes Craven, 1984), cuando era Freddy Krueger quien cruelmente irrumpía en la realidad de los personajes, porque finalmente no era más que un sueño lo que estaban viviendo dormidos; después despertaban para percatarse de que la vida es sueño.   

La cámara viva flota amenazadoramente observando todo, acechando y esperando para atacar. Una presencia que es tan real como la magnífica operación de cámara que de verdad es una amenaza simplemente por la manera en la que suavemente se acerca o aleja de la acción.  

Está detrás de ti cuenta con bellas metáforas como cualquier obra seria cinematográfica  de terror. Por ejemplo, esa anciana que persigue a Jay en los pasillos y jardines de la preparatoria, representando su ansiedad por graduarse, por madurar, por envejecer y volverse inservible socialmente, ansiedad por perder su buen aspecto y nunca más volver a ser atractiva para un hombre, para acceder a la lógica de que a causa de estos modelos de pensamiento (condicionamiento biológico) es que empezaron todos sus problemas en el primer acto de la película. 

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La música está compuesta por Disasterpeace (Rich Vreeland) y es un elemento importante para terminar de definir el estilo de Está detrás de ti, música de sintetizador retro que nos coloca en el pasado sin estarlo, y que también nos trae a la mente maneras de percibir la noche, el silencio y el espacio. Curiosamente, en una de las secuencias finales, en el interior de una alberca, los emplazamientos de cámara casi hacen física la música, constituyendo un espectáculo  alucinante.  

Positivo el mensaje que nos trasmite David Robert Mitchell en cuanto a la sexualidad, la promiscuidad y el amor, de forma inconsciente me parece que afecta al espectador con realidades metafísicas, que impactan de manera física en nuestras vidas. La sexualidad, además de servir para reproducirnos como especie, con todas sus variantes genéticas y biológicas, es quizás el más potente vínculo espiritual entre dos seres humanos, eso es sabido por múltiples escuelas esotéricas; por ejemplo, el tantra se basa en ello, con prácticas fomentando la evolución espiritual por estas vías. La cinta de Robert Mitchell nos deja pensando en la forma en que nos relacionamos sexualmente: ¿con qué nos estamos conectando?, ¿a quién le estamos abriendo la puerta de nuestra existencia? Estas preguntas no están planteadas desde una perspectiva moral, sino desde una física. Se dice que cuando tenemos relaciones sexuales con alguien las estamos teniendo, en algún sentido, también con varios otros, aquellos con los que esta persona las ha sostenido, pudiendo ello afectarnos de varias maneras. Cuidar nuestra energía sexual al parecer resulta vital, por lo menos tanto como cuidamos nuestro dinero en el banco, es así de importante. Otra cinta que exploraba estas dinámicas a las que los medios de publicidad nos someten es Belleza americana (Sam Mendes, 1999), en la conducta de Lester (Kevin Spacey), quien era un muerto viviente, sin ánimo por nada en su vida en el primer acto de este filme galardonado con cinco Óscares de la Academia. En su narración en voz en off, nos cuenta que lo mejor que solía sucederle era masturbarse en la regadera por la mañana y que de ahí todo iba de bajada. En el arco del personaje, lo primero que hace para cambiar totalmente y para que su vida dé un giro de 360 grados es dejar de masturbarse, es así como nuevos horizontes se abren en su vida.

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Twitter del autor: @psicanzuelo