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TOP: 7 películas que te hacen sentir como en un sueño lúcido

Por: pijamasurf - 06/02/2015

El cine, como máquina creadora de sueños, a veces logra llevar la manera de contar historias de modo tal que la fantasía y el sueño chocan contra la realidad como un tren desbocado. He aquí algunos ejemplos

Hace mucho, mucho tiempo, Hollywood era llamada "la gran fábrica de sueños": las imágenes moviéndose en la pantalla de plata y el rito de sumergirse en una caverna oscura a observar las historias de la luz apela a nuestros miedos y deseos infantiles y, en más de un sentido, nuestros sueños nos sumergen en una especie de cine particular cuando nos vamos a dormir por las noches.

Esta lista no es exhaustiva, ni pretende incluir películas que hablen exclusivamente sobre sueños o sueño lúcido (los interesados pueden documentarse con referencias clásicas como Waking Life de Richard Linklater (2001)).

 1. The Taste of Tea (2004)

The Taste of Tea (2004)

Katsuhito Ishii es un animador veterano que comparte apellido con O-Ren Ishii, cuyas animaciones creó para Kill Bill vol. 1. En The Taste of Tea, Ishii lleva la imbricación entre lo real y lo fantástico a un plano de mutua correspondencia, como una película de acción real con alma de animación. Se trata del relato de una niña acosada por su familia y por sus fantasías, por lo que el punto de vista permite hacer contemplaciones acerca de la materia de la realidad desde un punto de vista infantil, pero no ingenuo. Se trata también de una invitación a no perder el asombro por lo real, constituido por la misma materia de los sueños.

2. Inland Empire (2006)

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Como con muchas películas de David Lynch, las interpretaciones de Inland Empire abundan, pues uno tiene que hacerse algunas preguntas después de pasar 3 horas entrando y saliendo de distintas convenciones de la realidad: la vida de una actriz de Hollywood, el remake de una mítica película polaca y la indeterminación acerca del punto de vista narrativo, que puede ser un dolor de cabeza si estás acostumbrado a las telenovelas. Ese misterio pop de Lynch caza muy bien con el tipo de historia que trata de contar: una donde ni el espectador ni el personaje saben muy bien de qué se trata, donde el personaje se vuelve espectador de su drama y el espectador se convierte en personaje de Lynch.

3. Finisterrae (2010)

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Finisterrae es una película fuera de serie en más de un sentido. Se deja ver como una road movie mística lo mismo que como un ambicioso ejercicio de montaje y realización. El director, Sergio Caballero, se propuso primero rodar y capturar las imágenes para después darles sentido y añadir diálogos. Podemos pensar que, aquí, la postproducción y los efectos especiales son en realidad la inclusión de los diálogos que tienen los dos fantasmas que realizan la peregrinación del Camino de Santiago. Una lúdica reflexión sobre la vida a partir de su reverso: no la muerte sino la vida ausente dentro de la vida, la existencia parasitaria en el universo del otro.

4. Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004)

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

La mancuerna de Charlie Kaufman en el guión y Michel Gondry en la dirección creo una película que solo superficialmente puede verse como una historia de amor del siglo XXI: las escenas más poderosas tienen lugar con los protagonistas (Joel y su novia Clementine, Jim Carrey y Kate Winslet, respectivamente) lidiando con la eliminación de su propia memoria, en paisajes que reviven diferentes aspectos de su vida como si se tratara del legendario Bardo tibetano, el "lugar intermedio" a donde va el alma de los muertos mientras regresa a la Tierra. Ver la propia vida como un recuerdo ajeno y la incapacidad de controlar los propios afectos hacen de esta no solo un pequeño tratado sobre el trauma y la memoria, sino un recurso útil para los onironautas: aceptar la relación con nuestros imaginarios, miedos y prejuicios inconscientes nos pone un paso más cerca de verlos en su verdadera dimensión, en lugar de ser controlados por ellos.

5. Little Otik (2000)

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Little Otik es una gran película, pero para los fines de nuestro recuento probablemente sirva igualmente bien cualquier película del genial animador checo Jan Švankmajer. Aquí como en otras relecturas de la tradición literaria (como la incomparable Insanity hizo respecto del Marqués de Sade), el relato parece escapar de los formatos racionales y tradicionales para desplegar su caótica potencia sobre los incautos protagonistas. Se trata de una pareja que quiere tener hijos, así que adoptan un tronco y lo crían como si fuera un bebé. El problema es que el tronco se convierte en un ser que devora todo a su paso. Una metáfora de la paternidad y una increíble relectura de algunos cuentos del folclor tradicional se dan cita en esta obra maestra. 

6. My Winnipeg (2007)

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Guy Maddin habla de su película My Winnipeg como "documental de fantasía": se trata de un film montado sobre las convenciones del documental que parece haber dejado del lado el ingrediente periodístico para enfocarse en las verdades míticas de sus protagonistas. Una dramatización de Winnipeg como personaje que, vista a través de los ojos de Maddin, cuenta la historia personal de la ciudad a través de la imaginación. "En algún momento, cuando extrañas mucho un lugar, el fondo de las fotos se vuelve más importante que la gente en ellos". Los sueños son como ese trasfondo que está detrás de todos nuestros "hechos" y que cuenta, si no la historia verdadera, al menos la historia íntima de nuestro yo.

 

7. La rosa púrpura del Cairo (1985)

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Muchas películas de Woody Allen crean una narrativa surrealista a través de procedimientos parecidos a los sueños. Joyas como la no-tan-afamada Celebrity (1998) o la reciente Midnight in Paris (2011) echan mano de la yuxtaposición de realidades que no son incompatibles en sí mismas, creando efectos alucinatorios tratados con humor. En La rosa púrpura del Cairo vemos la metáfora literalizada del deseo: el "hombre de tus sueños" (o la mujer, para el caso) no está dentro de las imágenes que te haces de él (o ella), pero tampoco (y aquí reside el mayor logro del guión) fuera de ellas. 

¿Qué otras películas tienen conexiones y correspondencias con el sueño lúcido? ¿Qué te parecen estas? Cuéntanos en los comentarios.

Tres pasos en el camino de descubrir el propio lado oscuro

Por: pijamasurf - 06/02/2015

Asumirnos tal como somos no es tarea sencilla y la búsqueda de propósito puede abordarse de las más diversas maneras, pero siempre buscando aprender incluso del miedo, la ira y el sufrimiento
[caption id="attachment_95557" align="aligncenter" width="540"]The-Dark-Side imagen via: heathofee.com[/caption]

Cada uno de nosotros es una pequeña multitud ambulante de aspectos irreconciliables entre sí: una pequeña humanidad hecha de nuestras filias y fobias, de nuestra memoria y de nuestros deseos, además de las expectativas propias y ajenas con las que hemos pactado. A través de nuestras vidas no hacemos sino desarrollar diferentes papeles en nuestro trato con el mundo. Si el mundo fuera una obra de teatro, ¿cuál sería nuestro “auténtico” papel? ¿Cuáles son las consecuencias de no tener un lugar propio o, aún peor, de sentir que usurpamos el de alguien más?

Las respuestas e hipótesis al respecto son numerosas y se pierden en la proverbial noche de los tiempos. Pero en sentido psicológico, el proceso tiene que ver con un autorreconocimiento, y en sentido místico, con un descenso a las profundidades del ser.

Este periplo (porque recuérdese que sumergirse en la oscuridad es sólo el primer paso: luego es necesario salir para no quedarse atascado) ha sido representado narrativamente a través de las mitologías de todos los pueblos, pues los demonios del viejo mundo se han convertido en las enfermedades y padecimientos psicológicos de nuestros días.

Existen muchos puntos de encuentro entre el esoterismo, la filosofía y muchos métodos de sanación. Sin embargo es preciso aclarar que uno no puede llamarse un verdadero iniciado sólo por ir a yoga un par de veces por semana y subir a Instagram fotos de su altar y su “vida espiritual”. El único testigo de nosotros somos nosotros mismos, y aunque convenga contar siempre con aliados en cualquier plano, la práctica espiritual no debe confundirse de ninguna forma con la identidad. Nuestro propio yo es la materia modelable que, de duro plomo, deberá transformarse en el oro de los alquimistas.

Lo que nos lleva al primer punto:

1. Mantener una actitud abierta al cambio

No importa si te interesas por el Tarot, la astrología, el pensamiento crítico o la física cuántica: ningún campo de conocimiento puede desarrollarse sin la posibilidad de cambiar de opinión, es decir, de aprender de los propios errores. Muchas tradiciones místicas y no tanto incorporan alegorías sobre el descenso a los propios pasadizos secretos del inconsciente, cuya comunicación emprendemos a través de mitos, relatos, creencias y rituales. El primer paso suele ser el más difícil: el salto de fe que requiere el héroe para comenzar su odisea consiste en aceptar una forma simbolizada de muerte; una muerte que no implica su destrucción física sino la destrucción de una forma de vida que ya nada tiene que ver con nosotros.

La vocación será puesta a prueba, y los obstáculos serán numerosos; pero en toda odisea existen también aliados, talismanes y vuelcos inesperados del destino que cada uno debe aprender a leer según sus propias posibilidades. Gautama escapando del palacio paterno o Jesús meditando en el desierto son momentos de gran tensión, pero que también indican la posibilidad de un viaje más allá de las fronteras actuales del propio ser: se trata de un camino de expansión y aprendizaje interminable para convertirse en uno mismo. La idea no es convertirse en un héroe mítico, sino simplemente encarnar la versión más auténtica de nosotros mismos.

[caption id="attachment_95560" align="aligncenter" width="614"]star-wars-vader-helmet via: tráiler de "Star Wars: Episode VII"[/caption]

2. Cuidado: la oscuridad puede consumirte

En Star Wars, Anakin Skywalker se transforma en Darth Vader a causa de una excesiva identificación con su sombra, con el famoso "lado oscuro” de la Fuerza, aquella en la que el adepto entrega su alma, sus posesiones o su cuerpo físico para someterse al poder que lo ha dominado, y al que cree dominar. Tender al caos de manera constructiva es fuente incesante de asombro y creatividad; pero permanecer en un estado caótico lleva al agotamiento físico, a la ansiedad y la depresión.

Una forma de sondear la propia oscuridad consiste en verla de manera compasiva: no somos “depresivos”, “neuróticos” o “histéricos”, simplemente hay aspectos negativos de nuestra personalidad que constituyen llamadas de atención sobre nosotros mismos. ¿Qué hay detrás del personaje del eterno depresivo, que siempre lleva una nube negra sobre la cabeza? ¿No se trata también de una forma de condescendencia que implica la servidumbre voluntaria a una máscara, es decir, a una imagen fija de nosotros mismos? Es por eso que la actitud de permanente apertura y cambio es vital para no sobreidentificarnos con nuestras supuestas conquistas espirituales: esto no se hace para recibir el aplauso o la aprobación de los demás, sino por un genuino deseo de desarrollo de las propias capacidades.

El ego, alimentado por la fuerza oscura que yace junto con nuestra propia luz, da como resultado la ilusión de haber dominado el propio caos, sin entender realmente que el caos es tal precisamente porque no puede ser dominado. De otro modo no estaremos promoviendo nuestro desarrollo espiritual, sino simplemente agrandando la de por sí espectacular imagen de nuestro propio ego. Lo que nos lleva al último punto:

3. Debemos tratar las herramientas como herramientas, no como parte de nuestra identidad

Encontrar tu voz, tu misión o tu propósito en la vida es tarea tuya: no puede delegarse, aunque puede posponerse indefinidamente y llevar a una vida de obediencia y servidumbre. No es suficiente concurrir a santuarios de meditación, comprar parafernalia esotérica o visitar pirámides antiguas. Lo que hacemos con eso es únicamente enmascarar nuestra oscuridad y parodiar nuestra luz. Constituye, sobre todo, una distracción para el verdadero conocimiento de uno mismo.

Observar la oscuridad propia no quiere decir “identificarse” con ella, sino simplemente reconocerla como parte integral de nuestra personalidad, con una historia que se remonta a los principios de nuestra conciencia sobre el mundo, pero que no está determinada por el pasado, sino abierta al futuro.

Una buena metáfora de esto es el arquitecto que utiliza distintas herramientas y materiales para construir una casa: el “producto terminado” no se parece en nada a los martillos, taladros y escaleras, y es mucho más que la suma de paredes, piso y techo. Nuestra personalidad (incluso podríamos hablar de nuestra alma) se construye poco a poco con los materiales más heterogéneos, pero es responsabilidad de cada uno confeccionarse a sí mismo a la medida auténtica del propio ser: no menor, no mayor, sino lo justo para vivir con nosotros mismos y tener una vida digna de llamarse vida.