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Un recorrido por la vida y obra del psicólogo, esoterista y escritor ruso

P._D._Ouspensky_(1878-1947)

Generalmente la barbarie evoluciona con mayor rapidez que la civilización y en ocasiones impide su desarrollo, incluso busca su aniquilación. El salvaje mató a su enemigo con una macana, el hombre culto tiene a su disposición toda clase de facilidades técnicas.

Piotr Ouspensky, Un nuevo modelo del universo

1. Un psicólogo hecho por sí mismo

A finales del siglo XIX, todavía en los albores del siglo XX, las facultades y escuelas de psicología eran fenómenos bastante raros de encontrar, incluso en la Europa más “culta” y desarrollada de entreguerras. Los primeros psicólogos de aquellos tiempos se formaron a sí mismos, llegando a la psicología por caminos indirectos e inusitados: la filosofía, la física, la medicina y la neurología, incluso la ginecología y la pediatría. Casos como el de Sigmund Freud, William James, Wilhelm Wundt, Jean Piaget, Lev Vygotsky, etc., constituyen personajes muy representativos de las primeras etapas de la historia moderna de la psicología, dado que provenían de profesiones  de lo más diversas, muy lejanas aparentemente de la ciencia psicológica: filosofía, física, neurología, biología, matemáticas e incluso derecho.

Quien quería convertirse en psicólogo, tenía que ingresar primero en alguna facultad médica o de humanidades e inscribirse posteriormente a las asignaturas psicológicas desperdigadas en su plan académico. Quizá luchar por ser admitido en algún laboratorio de psicología experimental con Wundt en Alemania, asistir a los seminarios privados que impartía William James en su casa de los Estados Unidos. Solicitar ser admitido como voluntario en el Instituto de Piaget en Suiza. O seguir a Lev Semiónovich Vygotsky en su exilio hasta alguna escuela para niños ciegos y sordos de la Rusia Oriental, vigilado por la KGB, con tal de aprender de él.

Pero si no se poseía una educación universitaria, incluso si alguien tomaba la opción del autodidactismo, es decir, de educarse y formarse a sí mismo, esta decisión lo alejaba por completo de la posibilidad de acercarse a la psicología. Sobre todo si se escuchaba con demasiada atención la advertencia de Sigmund Freud y Jacques Lacan, de que nadie que no fuese médico en sus orígenes podría dedicarse a la psicología ni al psicoanálisis.

Piotr Ouspensky hizo caso omiso de este tipo de sabios universitarios. Incluso los detestaba. Se preparó primero como físico, químico y matemático por su propia cuenta, en su etapa más juvenil, abrevando de las bibliotecas públicas del pequeño poblado rural en Bielorrusia donde nació. Pidiendo libros prestados  a sus compañeros de grados avanzados o tomándolos sin permiso. Sus profesores de la escuela, tal como narra en su libro Un nuevo modelo del universo, se burlaban de su desinterés por el programa académico oficial, canalizando en su lugar todas las energías infantiles y adolescentes hacia la búsqueda de conocimiento. Luchando por hacerse con la historia de la física, los experimentos con matemáticas avanzadas y los estudios con química teórica y biología. Su profesor de gramática, un inglés insípido de piernas largas a quien los muchachos del Liceo apodaban “Zancos”, solía reprenderlo y quitarle sus libros de física y anatomía cuando lo encontraba leyendo aquellos extraños volúmenes en su clase. En aquel entonces soñaba con llegar a ser un científico duro, instalado en algún laboratorio por la eternidad.

Más tarde descubrió la filosofía,  y junto con ella la literatura esotérica, ya en la etapa del bachillerato, y comenzó a abrir su panorama.

La presión de sus profesores fue en aumento, hasta el punto de hacerlo optar por abandonar la escuela para siempre, a pesar de ser uno de los estudiantes más capaces y tener asegurado su pase automático a la Facultad de Ciencias de San Petersburgo.

Las guerras mundiales lo sorprenden trabajando en el campo con su padre, en la sencilla granja de conejos y palomas de la familia  y en el cultivo de papa y cebada, junto con sus hermanos, donde no deja de devorar libros durante sus ratos libres. Aquí logra sistematizar bastante sus conocimientos de medicina, física, química y biología.

Decide marchar como voluntario al frente siberiano, donde los rusos se debaten contra los japoneses. Era la segunda vez en su vida que intentaba fallidamente enlistarse. Por decisión propia, como él mismo señalara en sus libros años después, jamás volverá a pisar un aula escolar. En delante proseguirá una poderosa carrera como psicólogo y escritor autodidacta.

Es asignado  a una unidad de artillería en lo más intenso de la lucha, cuando es evidente que los rusos perderán frente a Japón. Aprovechando sus vastos conocimientos en muy diversos campos, se le pone más tarde al frente de una unidad avanzada de enfermería y primeros auxilios. Mientras trabaja salvando la vida de sus compatriotas, cae herido por un perdigón y es capturado por los nipones, quedando recluido en un campo de trabajos forzados durante 6 meses. Amenazado de muerte por sus enemigos, condenado al fusilamiento con otros tantos prisioneros, amedrentado junto con sus compañeros y amigos, contando apenas con 25 años de edad, sufrirá una poderosa e impactante experiencia espiritual, muy cercana a la muerte.

En el momento en que es liberado, será una persona por completo distinta. Sus intereses se reorientarán  hacia la psicología teórica, las experiencias místicas y transpersonales y el estudio de la conciencia. Abandona el ejército, convirtiéndose en periodista, escritor y psicólogo independiente, decepcionado profundamente de cualesquiera instituciones educativas y militares.

 

2. En busca de lo milagroso

Cuando vemos que una religión se encuentra siglos, incluso miles de años atrás que la ciencia, se infiere que no es religión, sino solamente seudo-religión, el cadáver marchito de lo que alguna vez fue o pudo haber sido religión.

Piotr Ouspensky, Un nuevo modelo del universo

Ya como periodista y escritor, algunos años después, Ouspensky aprovecha para emprender viajes hacia Oriente Medio y Lejano. Recorre Persia, Afganistán, Tailandia, la India, siempre con la corazonada de encontrarse siguiendo el rastro a un conocimiento imperceptible y antiguo, el cual es albergado por ancestrales escuelas o fraternidades, celosas y con demasiadas restricciones para compartirlo con los no iniciados. Habla y se entrevista con cientos de personajes: yoguis, faquires, sufís, maestros y  buscadores de todo tipo. Se dice que incluso se entrevistó en la India con Madame Blavatsky, la papisa y presidenta de la Sociedad Teosófica, quien le abriría las puertas de su escuela. Quedándose en cada ocasión con un agudo sentimiento de vacío y decepción. Al mismo tiempo, se da la oportunidad de consultar y devorar las bibliotecas de todos los lugares que visita, tomando inacabables páginas de apuntes y notas que siempre lleva consigo de regreso a su casa en Rusia.

Contrae nupcias con una muchacha a quien conoce en uno de los periódicos donde trabaja en San Petersburgo: Anya, quien ya no se le separará  a lo largo de sus posteriores búsquedas, viajes y migraciones que culminarán en Londres, varias décadas más tarde, durante sus últimos años de vida.

Prepara su primer libro: Tertium Organum, donde esboza un modelo del universo cuatridimensional: de cuatro dimensiones, en donde los animales, las plantas y los seres humanos vivimos atrapados en un limitado  y estrecho espacio de tan solo una a tres dimensiones. Especula sobre una posible cuarta dimensión: la espiritual, inaccesible para la mayoría, buscando datos, evidencias y ejemplos, contrastando información de campos inimaginablemente conciliables: la física cuántica, la psicología, las matemáticas, el espiritismo, la biología, la religión, el esoterismo, el misticismo, etc. Sin quererlo, tal vez al inicio desde un camino por completo teórico, racional y existencial, tratando de superar sus propias crisis personales y sus preguntas intelectuales, cuando cree experimentar la desilusión absoluta de no lograr encontrar aquello que anhela, poco antes de publicar su primera obra, ocurre un “milagro”.

Alguien lo pone en contacto con un enigmático profesor de danzas sagradas y vendedor de alfombras.

George Gurdjieff es un ruso del Cáucaso, poderoso mago, instructor de danzas, curandero, hipnotista y psicólogo intuitivo, poseedor de extraños conocimientos y poderes mentales. Ouspensky toma su familia, sus libros y su perro pastor, dejando su trabajo en diversos diarios en Moscú, para seguir al maestro hacia Europa Oriental y Asia.

Coincide todo ello con el estallido de la Revolución de Octubre en Rusia, que arrastrará el país hacia el asesinato, el canibalismo y la mentira. De ningún modo Ouspensky y Gurdjieff simpatizan con los bolcheviques, menos con su presunto progreso y socialismo. Piotr Demiánovich sabe que todo lo que hasta entonces amó y considero seguro y estable en su vida en Rusia, está a punto de cambiar y convulsionarse para siempre, sin dejar rastro alguno, devorado por la barbarie disfrazada de cambio y democracia. En su patria ya no queda nada para su familia, ni para él y algunos valerosos buscadores espirituales, quienes también seguirán al mago hasta el fin del mundo, si es necesario. Entre los otros alumnos de Gurdjieff hay científicos, obreros, personas sencillas, pero también gente de la nobleza rusa y artistas, como el compositor Thomas de Hartmann, quienes desean aprender los conocimientos de su maestro y  desconfían de todo cambio político, social e ideológico anunciado por los supuestos revolucionarios rusos.

Proyectan llegar hasta Egipto y Turquía, pero las guerras que estallan simultáneamente en varios poblados y territorios los hacen desviarse hacia Alemania, Inglaterra y finalmente Francia, donde terminarán inaugurando el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre.

Con Gurdjieff, Ouspensky accede a un conocimiento completamente diferente de lo que hasta ahora conoció. Se le advierte que existe un Círculo Interior de la Humanidad, desconocido para las grandes mayorías, quienes apenas sueñan con lo que saben y son capaces de hacer los sabios del Círculo Interno. Ellos escribieron y crearon en un momento dado los Evangelios, La Ilíada, La Odisea, La Divina Comedia, el Bághavad Guita, concibieron y diseñaron el Tarot, la Cábala, etc. Propiciaron muchos de los cambios sutiles que indirectamente dictaminan el rumbo del resto de los hombres.

Para acceder a nuevas percepciones y dimensiones de conocimiento, acercándose gradualmente, tras mucho trabajo y preparación, al nivel del Círculo Interno de la Humanidad, los alumnos deberán vivir un sistemático entrenamiento y un proceso de muerte psicológica paulatina. Retirando poco a poco las máscaras emocionales con las que se disfraza, camufla y autoprotege su falsa personalidad. Nutriendo de a poco también a su esencia, descubriendo lentamente quiénes son cada uno en verdad. Muriendo en sus patrones antiguos de reacción, pereciendo en sus partes viejas para renacer.

Conforme la esencia de cada gente crece, y por otro lado, se debilita la personalidad artificial, el mundo entero comienza a adquirir un significado por completo distinto para el alumno. Esto es a lo que Gurdjieff llama comprensión, que consiste en penetrar en una verdad de manera paulatina, apropiándose de ella desde dentro, a diferencia del aprendizaje, que no es más que la acumulación mecánica de conceptos y nociones, los cuales la gente recita y repite a diestra y siniestra sin ser sus verdaderos autores o poseedores. Una verdad real es aquella que cada quién ha ido descubriendo y elaborando trabajosamente en su interior.

 

3. El Círculo Interno de la psicología y del cristianismo

Todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado al fuego…

Evangelio de Marcos 3, 10, 12

Según Ouspensky, reflexionando ya en sus últimos días como un anciano sabio en Londres, muchos años después de haber decidido separarse de Gurdjieff para emprender su propia escuela y sus propias enseñanzas, los Evangelios en realidad, más que contar solo la vida de un líder espiritual y la fundación de una religión, fueron escritos para transmitir enseñanzas muy profundas y secretas, dirigidas a aquellos que las supieran descifrar.

En su libro escrito originalmente en inglés, Un nuevo modelo del universo, Jesús o Cristo no sería un líder carismático o un reformador social fundador de religión, iglesia o secta alguna como la mayoría quiere creer, sino un iniciado, perteneciente al Círculo Interior de la Humanidad.

Hacerse pobre, o volverse como niño, para entrar al Reino de los Cielos, ser capaz de hacer cruzar un camello por el ojo de una aguja, según las escrituras, psicológicamente, de acuerdo con Piotr Ouspensky, en realidad significa despojarse de los propios esquemas emocionales y mentales. Es el proceso para encontrar lo que algunos sabios llaman el Cuarto Camino, la Cuarta Dimensión. Purificarse espiritualmente para ingresar en una escuela del Círculo Interno.

 

4. El paraíso es la escuela de los magos

Ouspensky llama pseudoreligiones a las que actualmente se conocen como detentadoras y dueñas de la palabra de Dios, las cuales no son en realidad religiones en el sentido antiguo, sino su cadáver o su fantasma fosilizado. De hecho, el propio Jesús arrojó bastantes críticas a las instituciones religiosas y sus sacerdotes, resultando incomprensible cómo las iglesias contemporáneas se apoderaron de su nombre para construir aquello que el propio maestro tanto detestó, combatió y criticó sin tregua.

Dice Ouspensky que si el propio Jesús hubiera reencarnado en otra época que no fuera la suya, habría sido quemado por la Inquisición, o estaría preso en algún campo de trabajos forzados en Rusia, Siberia o los Estados Unidos.

Cuando durante la Última Cena, previa a su muerte, Jesús compartió su sangre con sus seguidores, no fue vino lo que ofreció, en el sentido literal, sino su sangre metafórica o su poder espiritual. Según Gurdjieff y Ouspensky, lo que el Nazareno hizo en realidad fue un rito de magia con su propio plasma corporal. Los ritos de sangre, para la antigua magia, significaban establecer un contacto profundísimo que uniría a los participantes del rito, más allá de la muerte. Se trata de uno de los fundamentos psicológicos de la brujería, que consiste en establecer un vínculo invisible e indestructible a lo largo del tiempo, del espacio y de grandes distancias, con una persona que se conoció pero ya está muerta, o que habita en una inaccesible dimensión del universo.

En un momento dado, tras 10 años de trabajo en colaboración, Gurdjieff y Ouspensky se separarían definitivamente. Los libros que Piotr Demiánovich escribiría, le ayudarían bastante a Gurdjieff a difundir su pensamiento y las enseñanzas del Cuarto Camino. El lazo entre ambos psicólogos quedaría igualmente indisoluble a través del tiempo.

Ouspensky confesaría solo a algunos de sus más cercanos que ya no se identificaba en lo absoluto con el trabajo de Gurdjieff, particularmente con la parte de las danzas y los movimientos sagrados a los que tanto puso énfasis Gurdjieff, junto con su música, en las últimas etapas de su vida.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

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George I. Gurdjieff fue un gran benefactor de los hombres, maestro espiritual y creador (o resucitador) de la perenne escuela psicológica conocida como el Cuarto Camino

 

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Esfuérzate siempre y en todo, por obtener a la vez lo útil para los demás y lo agradable para ti mismo.

Mulaj Nasrudin citado por George Gurdjieff, Encuentros con hombres notables

 

Por ser un hombre honrado en sumo grado, mi padre nunca hubiera edificado conscientemente su bienestar sobre la desdicha del prójimo.

George Gurdjieff, Encuentros con hombres notables

1.  Infancia en Georgia

Es curioso cómo dos personajes tan destacados y a la vez opuestos de la primera mitad del siglo XX en Europa Oriental provendrían de Georgia, un bello pero diminuto y olvidado país del Cáucaso. El primero de ellos: Joseph Stalin, conocido dictador, enemigo de la humanidad, sobresaliente exterminador de almas, fratricida y genocida. Uno de los mayores asesinos masivos que legó la historia del siglo pasado.

El segundo, en contraste, casi antagonista de Stalin: George I. Gurdjieff, gran benefactor de los hombres, maestro espiritual, creador (o resucitador) de la perenne escuela psicológica conocida como el Cuarto Camino. Dejó libros, manuscritos, partituras musicales también de su autoría, enseñanzas, charlas e innumerables alumnos, amigos y lectores que continuaron su trabajo a lo largo de décadas.      

Gurdjieff acogía a niños huérfanos y animales abandonados. Salvó la vida a centenares de rusos blancos del holocausto estalinista así como a otros cientos de cristianos armenios tras el éxodo producto del conflicto entre Turquía y Armenia, brindando comida y techo a miles de refugiados.

En esto último, Gurdjieff se asemejaría mucho más a su casi coterráneo, el griego Nikos Kazantzakis, autor de Zorba el griego, El pobre de Asís y Cristo de nuevo resucitado, a quien se le negó un entierro cristiano por parte de la Iglesia Ortodoxa, debido a su obra La última tentación. Del mismo modo que George I. G., Kazantzakis dedicó su vida no solo al estudio del pensamiento antiguo y de los grandes iniciados como Jesús y Buda, sino a la búsqueda del bien de la humanidad. Igualmente protegió la vida de miles de armenios perseguidos y exiliados por medio de sus contactos en Europa, ayudando a movilizar comunidades enteras de cristianos armenios antes de que los turcos los masacraran.

En la Georgia del siglo XIX, ocupada desde siglos atrás simultáneamente por romanos, unos, mongoles,  turcos, soviéticos; en un contexto, como describen sus biógrafos, casi bíblico, se desarrolla la infancia de Gurdjieff. En una región donde culturas muy diferentes y lenguas abismalmente distintas conviven todos los días unas con otras: persas, rusos, cosacos, islamistas, sufís, árabes, turcos, cristianos ortodoxos, griegos, armenios, kurdos, mongoles, tibetanos, afganos, etc. Es en esta región del mundo donde se encuentran, no sin frecuentes conflictos, Europa, Oriente Medio y Asia, el lugar que los especialistas en lingüística y antropología consideran como el nicho donde nació la cultura humana.

De niño, Gurdjieff contempla un fenómeno que lo deja atónito: varios jóvenes traviesos encierran en un círculo trazado en la tierra a un kurdo, quien entre lágrimas y súplicas pide que le dejen salir, pues él no puede liberarse de tal maleficio y abandonar la circunferencia en el suelo por sí solo. Finalmente George decide borrar unos centímetros de la figura y el chico logra huir corriendo hasta su casa.

Gurdjieff pasará horas reflexionando sobre el evento, entrevistando a científicos, sacerdotes, militares, médicos, especialistas de todas las áreas con quienes cuenta, bombardeándolos con miles de preguntas, que de ningún modo le complacen con sus respuestas. Se sentirá decepcionado al no encontrar ni en el lado religioso ni en el científico, una explicación profunda y convincente para su experiencia. Será su propio padre quien sin proponérselo, al brindarle una inusual explicación del alma y de los fenómenos espirituales, facilitará los primeros acercamientos a la hipnosis, el espiritismo y la meditación por parte de George.       

El padre de Gurdjieff pertenecía a la estirpe de  unos antiquísimos pastores, ovejeros, camelleros y caminantes del desierto provenientes de las tierras de Persia y Afganistán, herederos de una milenaria tradición oral, quienes llegaron desde Oriente hacia el Cáucaso en busca de fortuna desde los últimos 100 años, llevando en sus migraciones hacia Europa su música, poesía, canciones, comidas y lengua.

El viejo era recitador y trovador de ancestrales versos. Gurdjieff cuenta que en dos ocasiones lo acompañó a unos inusuales torneos de poesía y canto en pleno desierto en donde los participantes debían recitar durante toda la noche, improvisando y evocando viejas estrofas y estribillos que se venían entonando desde hace muchos siglos. Su padre era muy reconocido como trovador en variadas regiones del Cáucaso y Medio Oriente.

De su padre, George aprendió no solo poesía y música sino a desempeñar los más variados oficios, mismos que en el futuro le serían bastante útiles para sobrevivir: carpintería, mecánica, comercio, sastrería, pajarero, vendedor y restaurador de alfombras, cocinero. Gurdjieff relata que cuando los soviéticos llegaron a Georgia para expropiar las tierras de los armenios y los cristianos griegos el anciano intentó defender su propiedad junto con otros viejos pastores, muriendo bajo el fuego de los bolcheviques, quienes entonces se creían ya dueños del mundo.

En la década de los 50, viviendo en Francia y mucho tiempo después de la muerte de su padre, George encontraría en una revista de arqueología un reportaje sobre unas tablillas asirias recién encontradas por unos científicos. Eran en conjunto la obra La epopeya de Gilgamesh, apenas descubierta por Occidente. El encuentro le resultó curioso pues desde bastante tiempo atrás, cuando era niño, George conocía de memoria las hazañas del héroe mesopotámico por medio de la tradición oral y las historias que escuchaba de su padre y de los pastores del desierto. Los ancianos sufís y camelleros tenían conocimiento de Gilgamesh mucho antes que los científicos occidentales.

Durante su adolescencia, Gurdjieff sería acogido como discípulo del padre Borsch, obispo de la Iglesia Griega. De él tomaría la parte teórica de su formación: teología, filosofía, literatura, medicina, anatomía. La visión del padre Borsch pretendía que sus sacerdotes estuvieran muy bien preparados no solo para atender la salud espiritual de sus parroquianos sino también la física, de modo que formaba a los jóvenes seminaristas tanto desde un punto de vista filosófico como también médico.

Al acercarse el fin de su formación como sacerdote George abandona el seminario, dedicándose a investigaciones independientes, ahora desde el punto de vista esotérico, francamente decepcionado de las ciencias y las religiones conocidas por la mayoría de los hombres. Hasta entonces recibió una sólida formación como artesano, mecánico, comerciante y pastor con su padre, así como filósofo y médico al lado del obispo.

 

2. Viajes a Persia, Afganistán, Egipto y el Tíbet

YO SOY TÚ

ERES YO.

ÉL ES NUESTRO,

LOS DOS SOMOS DE ÉL,

QUE TODO SEA PARA

NUESTRO PRÓJIMO.

George Gurdjieff, Encuentros con hombres notables 

En Armenia, cerca del Monte Athos, emprende en compañía de otros jóvenes inquietos unas excavaciones arqueológicas en las ruinas de una antigua ciudad sepultada por lava. En los túneles de  lo que fuera la celda de un monje, descubren unos pergaminos escritos en arameo. Comienzan su traducción y entran en conocimiento de una hermandad dedicada a unificar todas las religiones y sabidurías del mundo: una Hermandad Blanca, cuya sede se encontraría presuntamente en un monasterio llamado Sarmug, oculto en el sur de Afganistán.

Reúnen todos los recursos a su alcance e inician un viaje a pie desde Armenia hasta Persia y luego Egipto. El objetivo es entrar en contacto con la Hermandad. Sin quererlo, en estos primeros viajes a Oriente asimilará una de las ideas  primordiales del Cuarto Camino: tener un objetivo espiritual y perseguirlo por encima  de cualquier cosa. Esta es la cosa que más debe importar en la vida.

En Egipto, Gurdjieff se encontrará de nuevo solo, sin mucho dinero, viéndose obligado a desempeñarse como traductor y guía de turistas, dados sus profundos conocimientos de las ciudades antiguas, los monumentos históricos y las rutas sagradas. Ejerciendo también el oficio de pajarero y comerciante de flores de papel, cazando gorriones con unas redes improvisadas, pintándolos de colores y vendiéndoselos luego a los viajeros por raras aves exóticas. En ningún momento pierde su objetivo prioritario: encontrar a la Hermandad Blanca y solicitar su admisión a ella.

De esa manera conoce al príncipe Pogocian, un filántropo pariente de los zares. No tardarán en hacerse más que amigos: hermanos, al encontrar variados puntos e intereses místicos en común. Mientras son asistidos en un antiguo monasterio cristiano, logran hacer furtivamente la copia de un milenario mapa de Egipto antes de las arenas y antes del Diluvio Universal. Gurdjieff aprende que cuando los primeros habitantes de las orillas del Nilo llegaron, gran cantidad de sus pirámides, incluyendo la Esfinge, ya se encontraban en el sitio donde hoy pueden admirarse, probablemente dejadas por otros hombres, aún más antiguos y desconocidos que los egipcios (algunos señalarían que eran gigantes). A partir de entonces Gurdjieff se convertirá en un experto en dólmenes, menhires, pirámides y monumentos paleolíticos y prehistóricos, mucho más que bastantes arqueólogos y antropólogos occidentales.

Remontando el cauce del Nilo, apenas con unos cuantos camellos y cabras, Gurdjieff y el príncipe Pogocian se sumergen en lo más profundo de Oriente, encontrando por pura casualidad a un camellero del desierto, un judío mitad francés y mitad sirio, quien por buena fortuna suya pertenece a la Hermandad Blanca, a la cual venían buscando desde mucho tiempo atrás. Para entonces contarán con las habilidades extraordinarias de Gurdjieff para orientarse a partir de los astros, las montañas y los monumentos históricos de los antiguos sabios, dejados exclusivamente para ser leídos por aquellos que saben interpretarlos.

Les hacen jurar absoluto secreto acerca de la ubicación del monasterio. Con los ojos cerrados son guiados a través del desierto hasta el ansiado Sarmug. Tardarán 2 días en llegar hasta su destino. Lo que los miembros de la Hermandad ignoran es que a pesar de ir con el rostro cubierto, Gurdjieff es capaz de orientarse incluso con los ojos cerrados, a partir de las vueltas y la ubicación de ciertas señales prehistóricas que sólo él, por sus conocimientos, puede identificar.

Al inicio sienten no encajar en el monasterio pues no logran encontrar más que a algunos pocos niños y mujeres, quienes se encargan de llevarles la deliciosa comida que les es servida e intercambiar con ellos unas pocas palabras.

Finalmente son recibidos por el maestre del lugar, un anciano de más de 150 años de edad, quien perteneció a una secta de derviches antes de formar parte de la Hermandad. Pronto son iniciados, ejercitándose en diferentes disciplinas: meditación, danza, música, disertación. Gurdjieff también aprovechará para convertirse en experto bailarín y maestro de danzas sagradas. Las danzas de los derviches que les son reveladas están destinadas a emular directamente el movimiento de los astros y los procesos del universo. Quienes participan y gozan la fortuna de haber sido iniciados en ellas, tienen la posibilidad de contactar con energía universal a través de movimientos muy bien cuidados.

En el mismo monasterio Gurdjieff entra en contacto con la música sagrada, interpretada por sabios desde tiempos remotos, probablemente desde la época de Orfeo y Hermes Trimegisto. George ya poseía variados conocimientos musicales: sabía interpretar la guitarra y su padre le transmitió el dominio del canto, el armonio y la flauta. Empero, Gurdjieff descubrirá que la antigua música de Oriente posee facultades terapéuticas y espirituales, haciendo entrar en contacto a sus intérpretes y escuchas con singulares trances y estados de conciencia. Una de sus conclusiones más importantes acerca del arte sacro consistirá en el hecho de que antiguamente las disciplinas artísticas, incluyendo la música, la escritura y la arquitectura, tenían la finalidad de acercar a los iniciados a preciosos valores universales y transmitirles conocimientos muy difíciles de encasillar en el lenguaje ordinario. La música de Oriente, según George, consistía principalmente en el alargamiento de una o dos notas solamente, llevándolas hasta alcanzar estados fuertemente extáticos y espirituales.

Toda esta serie de disciplinas sagradas le ayudará a formular lo que más tarde será la psicología del Cuarto Camino, la cual dedicará el resto de su vida a practicar, enseñar y difundir, convirtiéndose más tarde él mismo en uno de los más grandes maestros espirituales.

Transcurren 2 años viviendo, estudiando y trabajando en Sarmug. En un momento dado, Gurdjieff decide que su momento de abandonar el monasterio está cerca. Por su parte, el príncipe Pogocian sufrió fuertes experiencias espirituales en aquel sitio. El anciano padre provincial le revelaría que no le quedaba mucho tiempo de vida, por lo que Pogocian decide pasar sus últimos días tranquilo, en retiro, dentro del monasterio.

Con un par de camellos Gurdjieff abandonará para siempre el que fuera su hogar y su escuela, dejando a su mejor amigo y hermano en aquel lugar.

 

3. El preceptor del Dalái Lama

Las informaciones existentes sobre la siguiente etapa de su vida luego de dejar el monasterio no son reveladas por el propio George sino que se encuentran presentes en el libro de uno de sus discípulos tardíos, Gurdjieff, de Louis Pauwels, editado en Francia en los años 60.

Por medio de contactos establecidos dentro de la Hermandad Blanca Gurdjieff es recomendado directamente como preceptor y maestro del mismísimo Dalái Lama, quien por aquel entonces era apenas un niño. El propio George muchas veces señaló que tenía enormes habilidades para ser admitido en cualquier fraternidad o hermandad espiritual y asimilar toda clase de conocimientos.

Al mismo tiempo que colabora como profesor de idiomas, matemáticas y anatomía del joven Lama, Gurdjieff aprovecha para absorber gran cantidad de conocimientos secretos, vedados para la mayoría de los occidentales que llegan al Tíbet. Se decía que en un inicio colaboraba para el gobierno del último zar, fungiendo como espía en Oriente para Rusia.

En el momento en que el Tíbet fuera invadido, George Gurdjieff decidirá romper sus relaciones con el zar, pasándose del lado de los lamas tibetanos, abandonando el Tíbet como parte de la guardia personal del Dalái Lama, perdiéndose con él hacia la India, en donde se les daría asilo.

No se volverá a saber nada de George hasta varios años después cuando reaparezca en Moscú anunciándose como director de teatro, maestro de danzas sagradas, sanador e hipnotista, reuniendo entre sus colaboradores a buena parte de la élite y la inteligencia europea, con quienes más tarde fundaría el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre. Entonces la escuela del Cuarto Camino estaría plenamente desarrollada y sería legada como un bien para toda la humanidad.

 

Twitter del autor: @adandeabajo