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Un recorrido por la vida y obra del psicólogo, esoterista y escritor ruso

P._D._Ouspensky_(1878-1947)

Generalmente la barbarie evoluciona con mayor rapidez que la civilización y en ocasiones impide su desarrollo, incluso busca su aniquilación. El salvaje mató a su enemigo con una macana, el hombre culto tiene a su disposición toda clase de facilidades técnicas.

Piotr Ouspensky, Un nuevo modelo del universo

1. Un psicólogo hecho por sí mismo

A finales del siglo XIX, todavía en los albores del siglo XX, las facultades y escuelas de psicología eran fenómenos bastante raros de encontrar, incluso en la Europa más “culta” y desarrollada de entreguerras. Los primeros psicólogos de aquellos tiempos se formaron a sí mismos, llegando a la psicología por caminos indirectos e inusitados: la filosofía, la física, la medicina y la neurología, incluso la ginecología y la pediatría. Casos como el de Sigmund Freud, William James, Wilhelm Wundt, Jean Piaget, Lev Vygotsky, etc., constituyen personajes muy representativos de las primeras etapas de la historia moderna de la psicología, dado que provenían de profesiones  de lo más diversas, muy lejanas aparentemente de la ciencia psicológica: filosofía, física, neurología, biología, matemáticas e incluso derecho.

Quien quería convertirse en psicólogo, tenía que ingresar primero en alguna facultad médica o de humanidades e inscribirse posteriormente a las asignaturas psicológicas desperdigadas en su plan académico. Quizá luchar por ser admitido en algún laboratorio de psicología experimental con Wundt en Alemania, asistir a los seminarios privados que impartía William James en su casa de los Estados Unidos. Solicitar ser admitido como voluntario en el Instituto de Piaget en Suiza. O seguir a Lev Semiónovich Vygotsky en su exilio hasta alguna escuela para niños ciegos y sordos de la Rusia Oriental, vigilado por la KGB, con tal de aprender de él.

Pero si no se poseía una educación universitaria, incluso si alguien tomaba la opción del autodidactismo, es decir, de educarse y formarse a sí mismo, esta decisión lo alejaba por completo de la posibilidad de acercarse a la psicología. Sobre todo si se escuchaba con demasiada atención la advertencia de Sigmund Freud y Jacques Lacan, de que nadie que no fuese médico en sus orígenes podría dedicarse a la psicología ni al psicoanálisis.

Piotr Ouspensky hizo caso omiso de este tipo de sabios universitarios. Incluso los detestaba. Se preparó primero como físico, químico y matemático por su propia cuenta, en su etapa más juvenil, abrevando de las bibliotecas públicas del pequeño poblado rural en Bielorrusia donde nació. Pidiendo libros prestados  a sus compañeros de grados avanzados o tomándolos sin permiso. Sus profesores de la escuela, tal como narra en su libro Un nuevo modelo del universo, se burlaban de su desinterés por el programa académico oficial, canalizando en su lugar todas las energías infantiles y adolescentes hacia la búsqueda de conocimiento. Luchando por hacerse con la historia de la física, los experimentos con matemáticas avanzadas y los estudios con química teórica y biología. Su profesor de gramática, un inglés insípido de piernas largas a quien los muchachos del Liceo apodaban “Zancos”, solía reprenderlo y quitarle sus libros de física y anatomía cuando lo encontraba leyendo aquellos extraños volúmenes en su clase. En aquel entonces soñaba con llegar a ser un científico duro, instalado en algún laboratorio por la eternidad.

Más tarde descubrió la filosofía,  y junto con ella la literatura esotérica, ya en la etapa del bachillerato, y comenzó a abrir su panorama.

La presión de sus profesores fue en aumento, hasta el punto de hacerlo optar por abandonar la escuela para siempre, a pesar de ser uno de los estudiantes más capaces y tener asegurado su pase automático a la Facultad de Ciencias de San Petersburgo.

Las guerras mundiales lo sorprenden trabajando en el campo con su padre, en la sencilla granja de conejos y palomas de la familia  y en el cultivo de papa y cebada, junto con sus hermanos, donde no deja de devorar libros durante sus ratos libres. Aquí logra sistematizar bastante sus conocimientos de medicina, física, química y biología.

Decide marchar como voluntario al frente siberiano, donde los rusos se debaten contra los japoneses. Era la segunda vez en su vida que intentaba fallidamente enlistarse. Por decisión propia, como él mismo señalara en sus libros años después, jamás volverá a pisar un aula escolar. En delante proseguirá una poderosa carrera como psicólogo y escritor autodidacta.

Es asignado  a una unidad de artillería en lo más intenso de la lucha, cuando es evidente que los rusos perderán frente a Japón. Aprovechando sus vastos conocimientos en muy diversos campos, se le pone más tarde al frente de una unidad avanzada de enfermería y primeros auxilios. Mientras trabaja salvando la vida de sus compatriotas, cae herido por un perdigón y es capturado por los nipones, quedando recluido en un campo de trabajos forzados durante 6 meses. Amenazado de muerte por sus enemigos, condenado al fusilamiento con otros tantos prisioneros, amedrentado junto con sus compañeros y amigos, contando apenas con 25 años de edad, sufrirá una poderosa e impactante experiencia espiritual, muy cercana a la muerte.

En el momento en que es liberado, será una persona por completo distinta. Sus intereses se reorientarán  hacia la psicología teórica, las experiencias místicas y transpersonales y el estudio de la conciencia. Abandona el ejército, convirtiéndose en periodista, escritor y psicólogo independiente, decepcionado profundamente de cualesquiera instituciones educativas y militares.

 

2. En busca de lo milagroso

Cuando vemos que una religión se encuentra siglos, incluso miles de años atrás que la ciencia, se infiere que no es religión, sino solamente seudo-religión, el cadáver marchito de lo que alguna vez fue o pudo haber sido religión.

Piotr Ouspensky, Un nuevo modelo del universo

Ya como periodista y escritor, algunos años después, Ouspensky aprovecha para emprender viajes hacia Oriente Medio y Lejano. Recorre Persia, Afganistán, Tailandia, la India, siempre con la corazonada de encontrarse siguiendo el rastro a un conocimiento imperceptible y antiguo, el cual es albergado por ancestrales escuelas o fraternidades, celosas y con demasiadas restricciones para compartirlo con los no iniciados. Habla y se entrevista con cientos de personajes: yoguis, faquires, sufís, maestros y  buscadores de todo tipo. Se dice que incluso se entrevistó en la India con Madame Blavatsky, la papisa y presidenta de la Sociedad Teosófica, quien le abriría las puertas de su escuela. Quedándose en cada ocasión con un agudo sentimiento de vacío y decepción. Al mismo tiempo, se da la oportunidad de consultar y devorar las bibliotecas de todos los lugares que visita, tomando inacabables páginas de apuntes y notas que siempre lleva consigo de regreso a su casa en Rusia.

Contrae nupcias con una muchacha a quien conoce en uno de los periódicos donde trabaja en San Petersburgo: Anya, quien ya no se le separará  a lo largo de sus posteriores búsquedas, viajes y migraciones que culminarán en Londres, varias décadas más tarde, durante sus últimos años de vida.

Prepara su primer libro: Tertium Organum, donde esboza un modelo del universo cuatridimensional: de cuatro dimensiones, en donde los animales, las plantas y los seres humanos vivimos atrapados en un limitado  y estrecho espacio de tan solo una a tres dimensiones. Especula sobre una posible cuarta dimensión: la espiritual, inaccesible para la mayoría, buscando datos, evidencias y ejemplos, contrastando información de campos inimaginablemente conciliables: la física cuántica, la psicología, las matemáticas, el espiritismo, la biología, la religión, el esoterismo, el misticismo, etc. Sin quererlo, tal vez al inicio desde un camino por completo teórico, racional y existencial, tratando de superar sus propias crisis personales y sus preguntas intelectuales, cuando cree experimentar la desilusión absoluta de no lograr encontrar aquello que anhela, poco antes de publicar su primera obra, ocurre un “milagro”.

Alguien lo pone en contacto con un enigmático profesor de danzas sagradas y vendedor de alfombras.

George Gurdjieff es un ruso del Cáucaso, poderoso mago, instructor de danzas, curandero, hipnotista y psicólogo intuitivo, poseedor de extraños conocimientos y poderes mentales. Ouspensky toma su familia, sus libros y su perro pastor, dejando su trabajo en diversos diarios en Moscú, para seguir al maestro hacia Europa Oriental y Asia.

Coincide todo ello con el estallido de la Revolución de Octubre en Rusia, que arrastrará el país hacia el asesinato, el canibalismo y la mentira. De ningún modo Ouspensky y Gurdjieff simpatizan con los bolcheviques, menos con su presunto progreso y socialismo. Piotr Demiánovich sabe que todo lo que hasta entonces amó y considero seguro y estable en su vida en Rusia, está a punto de cambiar y convulsionarse para siempre, sin dejar rastro alguno, devorado por la barbarie disfrazada de cambio y democracia. En su patria ya no queda nada para su familia, ni para él y algunos valerosos buscadores espirituales, quienes también seguirán al mago hasta el fin del mundo, si es necesario. Entre los otros alumnos de Gurdjieff hay científicos, obreros, personas sencillas, pero también gente de la nobleza rusa y artistas, como el compositor Thomas de Hartmann, quienes desean aprender los conocimientos de su maestro y  desconfían de todo cambio político, social e ideológico anunciado por los supuestos revolucionarios rusos.

Proyectan llegar hasta Egipto y Turquía, pero las guerras que estallan simultáneamente en varios poblados y territorios los hacen desviarse hacia Alemania, Inglaterra y finalmente Francia, donde terminarán inaugurando el Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre.

Con Gurdjieff, Ouspensky accede a un conocimiento completamente diferente de lo que hasta ahora conoció. Se le advierte que existe un Círculo Interior de la Humanidad, desconocido para las grandes mayorías, quienes apenas sueñan con lo que saben y son capaces de hacer los sabios del Círculo Interno. Ellos escribieron y crearon en un momento dado los Evangelios, La Ilíada, La Odisea, La Divina Comedia, el Bághavad Guita, concibieron y diseñaron el Tarot, la Cábala, etc. Propiciaron muchos de los cambios sutiles que indirectamente dictaminan el rumbo del resto de los hombres.

Para acceder a nuevas percepciones y dimensiones de conocimiento, acercándose gradualmente, tras mucho trabajo y preparación, al nivel del Círculo Interno de la Humanidad, los alumnos deberán vivir un sistemático entrenamiento y un proceso de muerte psicológica paulatina. Retirando poco a poco las máscaras emocionales con las que se disfraza, camufla y autoprotege su falsa personalidad. Nutriendo de a poco también a su esencia, descubriendo lentamente quiénes son cada uno en verdad. Muriendo en sus patrones antiguos de reacción, pereciendo en sus partes viejas para renacer.

Conforme la esencia de cada gente crece, y por otro lado, se debilita la personalidad artificial, el mundo entero comienza a adquirir un significado por completo distinto para el alumno. Esto es a lo que Gurdjieff llama comprensión, que consiste en penetrar en una verdad de manera paulatina, apropiándose de ella desde dentro, a diferencia del aprendizaje, que no es más que la acumulación mecánica de conceptos y nociones, los cuales la gente recita y repite a diestra y siniestra sin ser sus verdaderos autores o poseedores. Una verdad real es aquella que cada quién ha ido descubriendo y elaborando trabajosamente en su interior.

 

3. El Círculo Interno de la psicología y del cristianismo

Todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado al fuego…

Evangelio de Marcos 3, 10, 12

Según Ouspensky, reflexionando ya en sus últimos días como un anciano sabio en Londres, muchos años después de haber decidido separarse de Gurdjieff para emprender su propia escuela y sus propias enseñanzas, los Evangelios en realidad, más que contar solo la vida de un líder espiritual y la fundación de una religión, fueron escritos para transmitir enseñanzas muy profundas y secretas, dirigidas a aquellos que las supieran descifrar.

En su libro escrito originalmente en inglés, Un nuevo modelo del universo, Jesús o Cristo no sería un líder carismático o un reformador social fundador de religión, iglesia o secta alguna como la mayoría quiere creer, sino un iniciado, perteneciente al Círculo Interior de la Humanidad.

Hacerse pobre, o volverse como niño, para entrar al Reino de los Cielos, ser capaz de hacer cruzar un camello por el ojo de una aguja, según las escrituras, psicológicamente, de acuerdo con Piotr Ouspensky, en realidad significa despojarse de los propios esquemas emocionales y mentales. Es el proceso para encontrar lo que algunos sabios llaman el Cuarto Camino, la Cuarta Dimensión. Purificarse espiritualmente para ingresar en una escuela del Círculo Interno.

 

4. El paraíso es la escuela de los magos

Ouspensky llama pseudoreligiones a las que actualmente se conocen como detentadoras y dueñas de la palabra de Dios, las cuales no son en realidad religiones en el sentido antiguo, sino su cadáver o su fantasma fosilizado. De hecho, el propio Jesús arrojó bastantes críticas a las instituciones religiosas y sus sacerdotes, resultando incomprensible cómo las iglesias contemporáneas se apoderaron de su nombre para construir aquello que el propio maestro tanto detestó, combatió y criticó sin tregua.

Dice Ouspensky que si el propio Jesús hubiera reencarnado en otra época que no fuera la suya, habría sido quemado por la Inquisición, o estaría preso en algún campo de trabajos forzados en Rusia, Siberia o los Estados Unidos.

Cuando durante la Última Cena, previa a su muerte, Jesús compartió su sangre con sus seguidores, no fue vino lo que ofreció, en el sentido literal, sino su sangre metafórica o su poder espiritual. Según Gurdjieff y Ouspensky, lo que el Nazareno hizo en realidad fue un rito de magia con su propio plasma corporal. Los ritos de sangre, para la antigua magia, significaban establecer un contacto profundísimo que uniría a los participantes del rito, más allá de la muerte. Se trata de uno de los fundamentos psicológicos de la brujería, que consiste en establecer un vínculo invisible e indestructible a lo largo del tiempo, del espacio y de grandes distancias, con una persona que se conoció pero ya está muerta, o que habita en una inaccesible dimensión del universo.

En un momento dado, tras 10 años de trabajo en colaboración, Gurdjieff y Ouspensky se separarían definitivamente. Los libros que Piotr Demiánovich escribiría, le ayudarían bastante a Gurdjieff a difundir su pensamiento y las enseñanzas del Cuarto Camino. El lazo entre ambos psicólogos quedaría igualmente indisoluble a través del tiempo.

Ouspensky confesaría solo a algunos de sus más cercanos que ya no se identificaba en lo absoluto con el trabajo de Gurdjieff, particularmente con la parte de las danzas y los movimientos sagrados a los que tanto puso énfasis Gurdjieff, junto con su música, en las últimas etapas de su vida.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

Según el psiquiatra inglés, la finalidad del Cuarto Camino es descubrir en uno mismo el sendero que lo lleva de regreso a casa

[caption id="attachment_96275" align="aligncenter" width="720"]Imagen de: http://ggurdjieff.com/johnwalz/stopping-leaks-4/ Imagen de: http://ggurdjieff.com/johnwalz/stopping-leaks-4/[/caption]

1.

Hay una vieja teoría psicológica que dice que una parte del ser humano proviene de las estrellas, esta parte del hombre es conocida como la esencia. En un primer momento del desarrollo humano, durante la infancia, el niño es esencia pura: inocencia, libertad, ímpetu, espontaneidad, juego, creación. Empero, si la esencia predominara durante mucho tiempo, el niño ostentaría demasiada ingenuidad, al punto de ser destruido por los obstáculos y la agresividad del mundo. Se convertiría en un inadaptado, en un salvaje pueril y bruto, o perecería antes de pasar a otra etapa de su vida, víctima de la malicia de su entorno.

Por lo tanto, debe desarrollar la parte social de su ser: la personalidad, proporcionada por su familia, la escuela, la iglesia y otras instituciones socializadoras, misma que le permite adaptarse a su mundo circundante, formarse, especializarse, integrarse y cumplir un rol en la vida.

Corriendo el riesgo de encasillarse en ese mismo rol e identificarse con él sin remedio, al punto de matar su esencia. Es de hecho una forma en que mucha gente sigue viviendo, habitando un cuerpo y jugando un papel que le asignaron, si no es que se lo impusieron, pero estando muerto interiormente. No habría mejor definición que la de un zombie para ese estado.

Muchas personas que son exitosas desde el punto de vista de la personalidad y la sociedad: grandes profesionistas, empresarios, investigadores universitarios, ministros religiosos, políticos, personajes de la cultura, artistas, líderes sociales, etc., hace mucho tiempo que mataron su esencia y la enterraron en el camino de encumbrarse con los éxitos exteriores.

La teoría psicológica que habla sobre la esencia y su diferencia con la personalidad es el Cuarto Camino. Algunos dicen que esta escuela contiene los secretos del cristianismo esotérico, en el cual se formaron Juan el Bautista y  Jesús de Nazaret, por ejemplo; no el cristianismo de las iglesias e instituciones, sino el cristianismo como un camino interior milenario, que preparaba a sus seguidores como guerreros espirituales, muy atentos para luchar contra sí mismos y sus propias debilidades.

 

2.

El joven médico inglés fue voluntario en la Primera Guerra Mundial, cuando tenía 20 años. Estuvo en una misión en Marruecos, fungiendo como cirujano. Al regresar a Europa, algo en su espíritu se había quebrado. La medicina tradicionalista e institucional no le llenaba más. Por eso acudió a Suiza, primero como paciente del prestigioso psiquiatra Carl Gustav Jung, luego como su alumno. La psicología profunda junguiana lo atrapó de inicio, y durante casi 1 década paso largas horas analizando los símbolos de sus sueños y de muchos pacientes, convirtiéndose en uno de los estudiantes más cercanos a Jung.

Pero al cumplir los 33, algo volvió a quedarse sin encajar en su interior, justo después de casarse con la mujer a quien amaba. Repentinamente todo el psicoanálisis y la psicología occidental le parecían huecos, como un conjunto de elaboraciones literarias que no tenían nada de fondo y que tampoco se sostenían sobre nada concreto. Un montón de fantasías y masturbaciones mentales, que no poseían absolutamente ninguna solidez.

Abandonó la escuela de Jung e intentó seguir su camino por su propia cuenta.

Entonces oyó hablar de un psicólogo diferente. Su joven esposa se lo describió como un psicólogo y matemático autodidacta. Había huido del estalinismo unos años atrás y a su vez fue alumno de uno de los más grandes magos y psicólogos de todos los tiempos: George Gurdjieff.

Al joven doctor Maurice Nicoll, la presencia del psicólogo Piotr Ouspensky le resultó hosca y en extremo seria, al punto de sentir en un inicio que se encontraba frente a otro de los muchos investigadores librescos y acartonados que conoció en su vida. Y vaya que el doctor Nicoll había aprendido a confiar en su corazón más que en ninguna otra cosa.

Pero al irlo escuchando hablar tuvo, precisamente en su corazón, la certeza de encontrarse frente a un sistema de conocimiento por completo novedoso. En ese entonces nadie diría que en unos años ambos llegarían a ser grandes amigos.

 

3.

Ouspensky les explicó que la tercera etapa del desarrollo humano, cuando el hombre ya ha conseguido construir una personalidad culta, analítica, observadora y refinada, consiste en recuperar la esencia, perdida desde la infancia. Pero ahora debe matar su personalidad de cierta manera. Debe estar desilusionado, por una parte, de todas las enseñanzas religiosas que le pueden proporcionar las iglesias comunes, y por la otra, desilusionado también de las certezas que le pudiesen dar los conocimientos de las ciencias y las universidades tal como las conocemos hoy en día. En una palabra, por completo decepcionado e incrédulo de todo lo conocido, sabiendo que no se sabe nada, como señaló Sócrates en su tiempo. Y así se encontraba precisamente el joven psiquiatra Maurice Nicoll.

El Cuarto Camino requería haber conseguido previamente una personalidad culta y especializada, habilidosa en variados campos del conocimiento, pues sin ella no se lograría la comprensión psicológica indispensable. Y una comprensión profunda y sincera era el instrumento fundamental para ir entrando en el Cuarto Camino, a diferencia de otros caminos espirituales como el yoga o la meditación, en donde solo es requisito obedecer las palabras e instrucciones de un gurú al pie de la letra.

En el Cuarto Camino no se podía obtener nada si antes no se comprendía cabalmente cada una de las etapas del mismo. Saber que no se era ni se tenía nada. En cierto modo, tras conseguir una personalidad sólida y elaborada, el adepto del Cuarto Camino, en la tercera etapa, si quería evolucionar, debía transformar su personalidad y renunciar a ella para lograr fusionarla con su esencia perdida.

Ouspensky era uno de los alumnos más cercanos de Gurdjieff. En un momento dado, pocos años antes, recibió el consentimiento del propio mago Gurdjieff para enseñar las ideas del Cuarto Camino por su propia cuenta y de manera independiente.

En pocos años y tras arduo trabajo psicológico, Maurice Nicoll recibiría a su vez el consentimiento de Ouspensky para escribir, enseñar y divulgar las mismas ideas. Se volvería por su parte una especie de nieto de Gurdjieff o de alumno de tercera generación del Cuarto Camino.

 

4.

Si se pudiera resumir la finalidad del Cuarto Camino, dice Maurice Nicoll, sería la de descubrir en uno mismo el sendero que lo lleva de regreso a casa. Si la esencia o el alma humana provienen del las estrellas, como se dijo al inicio, el trabajo del Cuarto Camino consta de ayudar al espíritu humano a realizar el viaje de regreso a su hogar.

 

Twitter del autor: @adandeabajo