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El enigma de las personas que duermen entre 4 y 6 horas sin que eso afecte su salud

Salud

Por: pijamasurf - 06/28/2015

¿Mutantes genéticos? Eso parecen ser las personas que, a diferencia de la mayoría, no necesitan dormir las 8 horas que dicta la regla del sueño y el descanso, sin que por ello su salud se vea afectada

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En términos generales se considera que el lapso apropiado de sueño para el ser humano es de 8 horas, poco más o poco menos, pero nunca lejos de ese límite. Si bien se sabe que, en el pasado, este período no era tan riguroso y más bien se acostumbraban lapsos cortos y espaciados a lo largo del día, en los últimos siglos se asentó la práctica de dividir tajantemente la vigilia y el sueño, con la fijación de dicha temporalidad.

Con todo, la generalización no se impone sobre la singularidad. Desde hace tiempo se sabe que existen personas capaces de dormir un promedio de 4 horas diarias sin que eso afecte su salud de la manera en que sí sucede con la mayoría e incluso provocando que tengan vidas de mayores logros (ese fue el caso, por ejemplo, de Winston Churchill y Margaret Thatcher). Según ciertas estimaciones 1% de la población se beneficia de esta anormalidad que, como veremos, podría estar relacionada con una mutación genética.

Hace unos años, Ying-Hui Fu, genetista de la Universidad de California en San Francisco, se encontró con un par de mujeres, madre e hija, cuyo lapso de sueño era usualmente de 6 horas por día. Fu, que entonces estudiaba los efectos de la privación de sueño en el ser humano, analizó con más detalle los genes de estas mujeres y encontró que al menos uno de ellos mostraba una variación inusual. El científico replicó esta mutación en ratones de experimentación y, en efecto, los animales también comenzaron a dormir menos, sin que ello tuviera efectos evidentes en su salud general.

Poco después, siguiendo los resultados de Fu, el también genetista Allan Pack, de la Universidad de Pennsylvania, analizó el material genético de 400 personas hasta que dio con una mutación parecida a la de las mujeres de Fu pero en dos hermanos mellizos (a diferencia de los gemelos, los mellizos comparten únicamente 50% del ADN). Aunque Pack no encontró la misma mutación en el gen DEC2, sí observó otras parecidas que le llevaron a concluir que quizá no es un único cambio el que provoca la resistencia a la privación de sueño, sino que tal vez sea una suma de variantes lo que genera esta cualidad. Asimismo, por tratarse de una condición genética, es posible también que sea hereditaria.

Este par de estudios y otros experimentos afines sugieren el origen genético de dicho comportamiento, enigmático y quizá incluso envidiable.

 

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Por: Samuel Zarazua - 06/28/2015

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Las leyes naturales lo han hecho fácil: la unidad básica de la vida es la célula. De esta forma, la unidad básica del cerebro es la neurona. Y la neurona está peleada con el alcohol. Analicemos los mitos (y crudas realidades) en torno a este antagónico duelo cerebro versus etanol.

Dos vasos de alcohol al día son buenos para la salud: todo está en cómo, se dice. La sentencia tal cual es incorrecta: sea tequila, vino o whisky, el alcohol es etanol, y el etanol NO es el componente activo que causa beneficios a la salud. En el caso del vino, los beneficios pueden provenir de los compuestos antioxidantes y el resveratrol. Estudios científicos en ratas y ratones han destacado las propiedades anticancerígenas, antiinflamatorias, antifibróticas y antienvejecimiento, así como numerosos beneficios para el sistema cardiovascular del resveratrol. Sin embargo, como bien explica la Universidad de Harvard, aunque estos datos puedan ser veraces, en realidad ningún ser humano consumiría tan altas dosis de resveratrol como las cantidades utilizadas en los estudios, por lo que in vivo, este efecto no podría ser perceptible y por tanto no es significativo. Finalmente, lo que más beneficia al cerebro es sencillo e inherente al ser humano: ejercicio para oxigenar, baile para coordinar, vitaminas para complementar, sueño para restaurar, música para ampliar y juegos mentales para entrenar. 

El alcohol mata las neuronas: sí y no, es más bien una muerte lenta. La ingesta de alcohol no promueve directamente la muerte neuronal, pero sí altera la composición de las membranas celulares. En el caso de las neuronas, la membrana celular es similar a un alambre cubierto de una capa protectora formada de lípidos, análoga a un cable que transmite electricidad. El alcohol altera profundamente la composición del ‘cable’, afectando la organización y el funcionamiento de la red neuronal (Revista PLOSOne, Reino Unido, 2014) y por ende la transmisión de los mensajes y estímulos, no sólo en el cerebro sino en todo el cuerpo.

El alcohol promueve un buen sueño: aunque después de unas copas caemos rápidamente en los brazos de Morfeo en un onírico y lánguido sueño, la realidad es que el alcohol interfiere con la fase REM, y un sueño sin fase REM no está completo, por lo que no será tan reparador como debe serlo. 

El alcohol es diurético: sí, en una noche de copas las visitas al WC son repetidas, y no por ello significan desintoxicación; contrariamente enmascaran una severa deshidratación, seguida del desbalance en la proporción de electrolitos, que afectará músculos, coordinación motora, atención y memoria a corto plazo.

El alcohol desinhibe y favorece las interacciones sociales: demasiado simplista. Biológicamente, el etanol afecta las transmisiones neuronales alterando el tipo de neurotransmisor secretado, y por tanto modifica la respuesta conductual. Al tener acción inhibidora sobre las neuronas, el etanol hace más lentas y torpes las señales eléctricas (y claro, los movimientos corporales).

Mientras que la ciencia describe hechos y los mitos ‘mal-dicen’ los resultados, el cuerpo vive, relata historias y confirma los datos: ¿quién se ha sentido realmente BIEN después de una noche de copas? La idea de escuchar a nuestro cuerpo, en realidad, no es nada descabellada.