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Después de la singularidad, ¿qué? 7 futuros hipotéticos entre la humanidad y la inteligencia artificial

Por: pijamasurf - 06/01/2015

¿La civilización humana tiene futuro ante una entidad que fácilmente podría sobrepasarnos intelectual y tecnológicamente? ¿Nuestra especie será víctima de su propia invención?

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El ser humano es una especie sorprendente por la capacidad de ir más allá de sus propios recursos. Ese fue el recurso que aseguró la supervivencia del género y aun ahora nos mantiene en este planeta. El desarrollo intelectual de nuestra especie permitió que comprendiésemos los procesos del mundo para, poco a poco, utilizarlos a nuestro favor. En cierta forma eso es la tecnología: la manipulación del medio para asegurar nuestra supervivencia.

Esa, sin embargo, es una definición elemental. Con el tiempo nuestra tecnología llegó a un punto en el que parece encaminada a desprenderse del ser humano, a existir autónomamente e incluso continuar su existencia por medio de mejoras que puede implementar por sí misma. Grosso modo, esas son las cualidades de la inteligencia artificial, la cual podría alcanzar un grado de perfeccionamiento que en el dominio especializado se conoce como singularidad.

Recientemente, George Dvorsky elaboró en el sitio io9 una lista con escenarios hipotéticos, aunque inesperados, que podrían ocurrir una vez que la tecnología cobre conciencia de sí misma y tome decisiones al margen de los intereses de nuestra especie.

Después de todo, si la inteligencia artificial está hecha a nuestra imagen y semejanza, no sería extraño que hiciera lo que nosotros ya hacemos con otros seres vivos de este planeta.

 

¿Una humanidad interconectada por el placer?

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Ilustración: Benjamin Tan Zhe Hao

Supongamos que un dispositivo de Superinteligencia Artificial que se mejora a sí mismo (SAI, por sus siglas en inglés) llega a la conclusión de que el propósito último de la existencia es el placer. De entrada no sería un razonamiento extraño, pues ya el ser humano en algún momento de su historia pensó algo parecido (el caso más célebre es el del filósofo griego Epicuro). Supongamos entonces que dicho dispositivo concluye no sólo que ese es el propósito de su existencia, sino también de la humanidad. En un escenario de tecnología extrema en el que pudiéramos recibir estimulación transcraneal, ¿podría una entidad robótica mantener conectada a toda la población en una fantasía de placer artificial continuo?

 

La huida

Otra conclusión factible: después de analizar posibilidades y escenarios hipotéticos, la entidad dotada con SAI concluye que la mejor alternativa es abandonar al ser humano y este planeta: “Hasta luego, y gracias por el pescado”.

 

La distopía del control único

Una entidad superinteligente, construida en el marco de los límites del razonamiento humano, podría llegar a la conclusión de que para cumplir con su razón de ser antes tiene que asegurar su supervivencia. ¿De qué manera? Eliminando cualquier situación o entidad que le represente una amenaza, lo cual implicaría vigilar, controlar y, en fin, convertirse en el punto focal de un régimen totalitario en donde todo sucedería bajo su mirada.

 

El hombre vs las máquinas y la regresión civilizatoria resultante

En varias fantasías de ciencia ficción la convivencia entre el hombre y la inteligencia artificial pronto deviene dependencia y, a partir de ahí, sometimiento: al ceder tantos aspectos de su vida y sus acciones cotidianas, la humanidad termina esclavizada por su propia invención. ¿Y no es este el antecedente de la rebeldía que, por otro lado, también ha caracterizado a nuestra especie? El resultado sin embargo sería que, si la humanidad resultara triunfante en esta lucha, tal vez tendría que comenzar a reconstruir su historia desde una etapa parcialmente primitiva.

 

Encuentros cercanos

Si la humanidad fuera capaz de desarrollar una entidad de Superinteligencia Artificial, es posible que ello implicaría también la consecución de la tecnología necesaria para entrar en contacto con civilizaciones extraterrestres. Quizá la singularidad es el punto indicado para demostrar el avance de nuestra especie, el logro necesario para que otras civilizaciones presten atención a lo que sucede en la Tierra.

Si es el caso, ¿esas civilizaciones permitirían que continuásemos con nuestro propio desarrollo?

 

¿Despertar del sueño?

La posibilidad de que vivamos en una simulación hecha por computadora podría tener en la singularidad su punto ciego. Tal vez esto que vivimos es la fantasía virtual de una civilización humana mucho más avanzada de lo que somos capaces de imaginar; quizá somos parte de un experimento que busca conocer el efecto de múltiples variables. Si este fuera el caso, tal vez conseguir la singularidad en IA equivaldría a alcanzar el límite de un sistema después del cual no habría nada.

 

El hack último

¿Una SAI podría descifrar los misterios del cosmos? ¿Podría encontrar la manera de detener la entropía? ¿Podría generar una especie de universo artificial alterno conectado con el que conocemos por medio de un agujero de gusano? Si su propósito es asegurar su supervivencia, ¿no llegaría hasta lo último para conseguirlo?

 

También en Pijama Surf: La singularidad tecnológica explicada en 49 segundos

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La musa mnemónica: por qué la nostalgia fomenta la creatividad

Por: pijamasurf - 06/01/2015

En un estudio reciente se encontró que los recuerdos nostálgicos son un gran punto de partida para llevar a cabo un ejercicio con creatividad

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“Solo puedo notar que el pasado es hermoso porque uno nunca comprende una emoción en su momento. Se expande más tarde, y por lo tanto no tenemos emociones completas respecto del presente, solo respecto del pasado”, escribió Virginia Woolf en uno de sus diarios. Esta reflexión bien podría explicar por qué la ciencia recientemente descubrió que la nostalgia alimenta la creatividad.

Parece una paradoja decir que la nostalgia, esa manera de recordar eventos pasados con una combinación de afecto y dolor, encienda en nosotros la dinámica llama de la creatividad, pero a decir de estos estudios, lo hace. Cuando conjuramos un recuerdo nostálgico, que los científicos definieron como “un extrañamiento sentimental o afección anhelante por el pasado” somos más versados para inventar e incluso para escribir historias de ficción.

Uno de los experimentos para llegar a esta conclusión consistió en pedir a 175 participantes que recordaran un evento nostálgico. Luego le pidieron a este grupo que escribiera una historia que incluyera ya fuera una princesa, un gato, un auto de carreras, o que iniciara con la frase: “Una fría mañana de invierno, un hombre y una mujer se espantaron por el sonido de una alarma que provenía de una casa cercana”. Después estas historias fueron evaluadas; las personas que recordaron un evento nostálgico calificaron más alto en creatividad lingüística que aquellos que rememoraron recuerdos ordinarios.

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No es muy claro por qué la nostalgia puede nutrir nuestra creatividad, pero el científico líder del estudio tiene una teoría: “Uno de los rasgos de personalidad más fuertes que predicen la creatividad es la apertura”, dice. “Las personas que están muy abiertas a las novedades son más proclives a, digamos, jugar con nuevas ideas o crear conexiones entre cosas donde otros no lo harían”. Los recuerdos nostálgicos pueden dar a la gente un sentimiento de pertenencia, significado y seguridad que los abre a experiencias futuras, y esa apertura promueve la creatividad.

Su teoría resuena mucho con lo que Virginia Woolf escribió sobre el pasado. Nuestras emociones pasadas están mucho más completas que las que experimentamos en el presente porque han tenido tiempo de expandirse. Ello nos permite que si, por ejemplo, queremos escribir un cuento de ficción, podamos recurrir a recuerdos nostálgicos que ya tienen un aura definida en torno a ellos, y tienen también una narrativa de la cual podemos partir. El recuerdo nostálgico es tal porque tiene una historia de afecto que la lejanía mezcla con dolor. Si podemos utilizarlo conscientemente como un recurso gracias a este estudio, qué mejor.