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TOP: 7 fenómenos que fácilmente se confunden con un OVNI

Por: pijamasurf - 05/29/2015

A veces un evento simple y ordinario nos toma por sorpresa y, por las condiciones en las que ocurre, nos hace creer que se trata de un fenómeno paranormal
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Formación nubosa lenticular (Pahala, Hawái, 2006, Rootmeansquare)

El fenómeno OVNI ha sido en las últimas décadas uno de los más discutidos en la agenda de lo paranormal, con posiciones tan encontradas entre sí que resulta difícil considerar la posibilidad de un acuerdo. Por un lado hay quienes piensan que la vida inteligente no es exclusiva de nuestro planeta y, además de eso, que otros seres han desarrollado la tecnología suficiente para llegar hasta la Tierra; otros se preguntan por qué, si esto es así, dichos alienígenas no se han manifestado abiertamente.

Sea como fuere, no es menos cierto que en ocasiones un avistamiento OVNI es en realidad, para regocijo de los escépticos, un fenómeno sencillo, ordinario incluso, que sólo por una confusión desafortunada se toma por una nave extraterrestre.

A continuación compartimos las siete situaciones más frecuentes en las que creerías que estás mirando OVNI, pero no.

 

Relámpagos

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Sí, aunque suene increíble, muchas personas han llegado a confundir relámpagos con Objetos Voladores No Identificados, lo cual podría justificarse por fenómenos como los espectros rojos que semejan una especie de nave nodriza con extensiones eléctricas que se desplaza por el cielo. Se trata, sin embargo, de un fenómeno atmosférico que se produce por la diferencia de cargas eléctricas entre una nube y la ionosfera.

 

Lanzamientos de prueba

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En ocasiones, pruebas militares de lanzamiento de misiles pueden igualmente generar efectos a primera vista incomprensibles. En 2009, por ejemplo, el gobierno ruso lanzó una prueba balística que generó en el cielo de Noruega un rayo de luz que evolucionó en forma de espiral azul y verde, extraordinario sin duda, lo suficiente para creer que se trataba de un evento extraterrestre.

 

Nubes

Con cierta frecuencia las nubes parecen cosas. Hay tipos de nubes que especialmente  pueden inducir visiones fantásticas como naves alienígenas: las nubes lenticulares o las mammatus, por ejemplo.

 

 

Globos

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Algunos globos son inesperadamente resistentes y por ello, porque no creeríamos que eso que surca el cielo es un simple globo, preferimos creer que se trata de un OVNI. Por otro lado, también puede tratarse de un globo meteorológico, el cual está diseñado para soportar las condiciones de varias capas de la atmósfera.

 

Venus

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Aunque Venus ha sido uno de los habitantes más antiguos del cielo terrestres, todavía hay quienes pueden confundirse y creer que su resplandor es el de una nave o algún otro objeto similar.

 

Aviones

En ocasiones algunas aeronaves pueden confundirse con OVNIs, en especial si se trata de prototipos militares que pueden tener una forma distinta a la de los aviones comunes.

 

 

Experimentos militares

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A partir de la segunda mitad del siglo XX la ocurrencia de experimentos militares aumentó notablemente, sobre todo por parte de países como Estados Unidos, Rusia, Francia y algunos otros. El Proyecto Mogul, por ejemplo, que involucró globos que podían flotar a gran altura con el fin de recabar información sobre la actividad militar soviética, fue el causante “oficial” del incidente Roswell.

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¿Por estos sucios secretos tendríamos que dejar de comer en restaurantes?

Por: pijamasurf - 05/29/2015

La industria alimenticia, aunque noble, también está viciada, al menos en lo que respecta a la manera en que se producen ciertos insumos y el enorme desperdicio implicado durante su operación

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¿De dónde proviene lo que comes? Casi nadie puede responder a esta pregunta con precisión, en buena medida porque los procesos de industrialización y urbanización propiciados por el capitalismo determinaron la división tajante entre campo y ciudad, como si uno y otro fueran esferas ajenas entre sí que no necesitan más contacto que el necesario. En general las ciudades son grandes centros de consumo, pozos sin fin que acaban con todo lo que reciben y aun así es imposible satisfacerlos. Como habitantes de la ciudad sólo sabemos que un alimento llega a nosotros, pero lo último en lo que pensamos mientras lo comemos es en las condiciones en que se produce.

Respecto de esta circunstancia escribió hace poco Ari LeVaux en el sitio AlterNet, específicamente, cómo una parte considerable de la comida que se sirve en restaurantes regionales de Estados Unidos conlleva condiciones de esclavitud para las personas que obtienen los ingredientes para prepararla. LeVaux refiere el caso de los pescadores vietnamitas, quienes son obligados a laborar 20 horas al día bajo tortura y a cambio de una paga que en ocasiones es únicamente un plato de arroz cocido.

 

Sin embargo, ese es apenas un ejemplo de muchas otras situaciones que hacen posible el consumo de comida en los grandes centros urbanos. La ganadería extensiva, la fumigación de los campos, el uso de semillas transgénicas y la explotación laboral en otras vertientes son parte casi inevitable de esa cadena que tiene su punto final en nuestras cocinas y nuestras mesas.

Sólo que esto no es todo. LeVaux no olvida el desperdicio que todo restaurante enfrenta durante su operación. A veces porque el comensal prefiere no tocar la ensalada que acompañó su plato principal (y porque las leyes sanitarias prohíben tajantemente reusar algo que ya se sirvió a una persona), otras porque ciertos insumos simplemente no se utilizaron y otras más por normas absurdas como la concerniente a las papas a la francesa de McDonald's, las cuales tienen que tirarse a la basura si pasaron más de 7 minutos desde que se frieron.

Como solución, LeVaux sugiere poner un poco más de atención en nuestro consumo. Actualmente hay alternativas a esos procesos lesivos para otras personas, para el ambiente y para la economía. En el mercado es posible encontrar alimentos producidos orgánicamente, en la cercanía de nuestro hogar, e incluso algunos certifican que no son resultado de la esclavitud. De momento ello parece llevarnos de vuelta a nuestros hogares, en donde hasta ahora parece que se encuentra el único lugar en donde es posible tener conciencia plena de qué llevamos a nuestra boca cuando comemos.