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El CEO de Facebook había declarado hace unos años que la privacidad no era importante en nuestra época

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Hace un par de años Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, declaró que la privacidad había pasado a mejor vida y que en la era de lo social no habría qué ocultar, por lo que todos deberíamos de abrazar el fin del anonimato y compartir alegremente terabytes de data sin cuartel. Claro que, al hacerlo, incrementamos su fortuna.  

Ahora Zuckerberg ha sido criticado por invertir cientos de millones de dólares en su privacidad. Recientemente Zuckerberg adquirió un terreno de más de 300 hectáreas en Hawái, la mayoría de las cuales no planea desarrollar sino que utilizará el espacio para mantenerse aislado como en un "buffer" de privacidad. A esto se suma la compra previa de las cuatro casas que rodean a su residencia en Silicon Valley, las cuales se mantienen vacías para proveer una zona de exclusión que impida que sea observado por ojos intrusivos.

Anteriormente Zuckerberg se había enfadado con su hermana por compartir en Facebook una foto privada en la que aparecía él; aparentemente su hermana no logró descifrar la configuración de privacidad de Facebook, la cual está hecha así a propósito para que las personas hagan pública más información. 

Se dice que para asegurarse de que la gente que trabaja en su casa y sus mismos huéspedes tengan lugar para estacionarse en su barrio, Zuckerberg contrata personas para que se queden estacionados en sus automóviles durante la noche cerca de su hogar.

Queda claro que cuando Zuckerberg decía que la privacidad no importaba, no se refería a sí mismo o a la clase privilegiada que tiene decenas de millones de dólares y por lo tanto requiere --ella sí-- de privacidad para poder preservar su importante tiempo e integridad. Esta también es la razón por la cual Zuckerberg usa la misma ropa todos los días o casi todos los días, ya que considera que su tiempo es demasiado importante para gastarse tomando pequeñas decisiones como qué ponerse, y busca así evitar el "síndrome de fatiga de decisión".

 

Un teléfono que no hace nada es mejor que uno que hace todo por ti

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El NoPhone Zero es un rectángulo de plástico que sustituye la necesidad de interactuar con un teléfono inteligente. No hace nada, "es menos que un teléfono" y de hecho es un downgrade del NoPhone original, que tampoco hacía nada pero costaba más caro. Este nuevo rectángulo cuesta 5 dólares, y si bien esa cantidad podría ser demasiado alta para una figura que no hace nada el valor intangible es el tiempo que libera, al no pasar todo el día con un iPhone o con otro rectángulo interactivo. Como no es nada, puede ser todo.

La gente lo ama: 

"Se siente como un smartphone, pero es sólo un rectángulo de plástico" (Monica P.).

"Ahora ya puedo comer sin tomarle fotos a la comida. Gracias, NoPhone!" (Andrea J.).

"Gracias al NoPhone, no le hablado borracho a mi exnovia en más de 1 año" (Craig G.).

 

 

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La campaña de Kickstarter de este no-teléfono ha sido exitosa, recaudando más de 500 dólares. Los fondeadores pueden conseguir uno de estos aparatos por 5 dólares. El NoPhone es real, aunque no es un teléfono verdadero, y si bien resulta altamente irónico, un aparato como este es muy necesario en un mundo de adictos a los teléfonos inteligentes, a las distracciones y al hiperconsumo. ¿Has probado salir sin teléfono a la calle, ir a una cita sin él o abandonarlo a lo largo de toda una vacación? ¿Crees poder hacerlo, o tu teléfono es más fuerte e inteligente que tú?