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La (im)puntualidad no es una virtud ni un defecto sino un rasgo de tu personalidad

Por: pijamasurf - 05/15/2015

Los hábitos creados a fuerza de repetición refuerzan y en gran parte determinan nuestra experiencia subjetiva del tiempo, como parece demostrar este estudio

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Nuestra experiencia del tiempo obedece a nuestra propia subjetividad: hay individuos que nunca han llegado tarde a una cita, mientras que otros no llegan ni con todas las notificaciones del mundo. Ciertas culturas (además de la impronta moderna por la eficiencia), como la japonesa, guardan el mayor respeto por la consideración del tiempo de los demás; otras, como la nuestra, asocian una especie de elegancia a llegar ligeramente tarde a la cita. Pero el tiempo según lo experimenta la conciencia no se deja ordenar según las coordenadas del meridiano de Greenwich.

Un estudio realizado por el doctor Jeff Conte, profesor asociado de psicología en la Universidad Estatal de San Diego, ofrece una visión dicotómica pero ilustrativa de cómo diferentes individuos, de acuerdo con su tipo de personalidad, tienen distintas experiencias del tiempo.

Se dividió a los voluntarios en dos grupos: los de personalidad tipo A son los más activos, orientados a logros y hostiles en algunas ocasiones; los de tipo B son más relajados y amigables, pero también suelen llegar más tarde a las citas. A través de diferentes pruebas, cada individuo de ambos grupos tuvo que medir su percepción de la duración de 1 minuto. Los del tipo A estimaron que el minuto dura 58 segundos, mientras que los del tipo B lo estimaron en 77 segundos.

En otras palabras, nuestra puntualidad depende de nuestros hábitos, y estos a su vez dependen de la manera en que organizamos subjetivamente el tiempo a nuestro alrededor. Los ajustes en nuestros ciclos biorrítmicos y nuestra consideración social por los demás determinan la forma en que gastamos los minutos, e incluso podría decirse que, subjetivamente, definen para cada quien la duración de su vida.

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Una de las mayores bondades de internet fue el hacer accesible a millones de personas la posibilidad de crear sus propios medios de comunicación. La inédita oportunidad de publicar, sin intermediarios ni mayor infraestructura, tus contenidos fue rápidamente adoptada y así surgieron miles de blogs, sitios independientes de noticias y revistas digitales, que sin duda enriquecieron el panorama informativo hasta entonces dominado por medios corporativos o institucionales. 

Con el tiempo muchos de los entonces "nuevos" medios fueron adquiriendo mayor exposición, lograron, en menor o mayor medida, profesionalizarse y comenzaron a jugar un rol importante como fuentes o referentes informativos entre la población. Incluso algunos de ellos consumaron trayectorias épicas y alcanzaron tal injerencia que eventualmente fueron adquiridos por las viejas corporaciones mediáticas (quizá el mejor ejemplo de esto es el caso del Huffington Post que ahora es propiedad de AOL). 

Facebook y su algoritmo de oro

Si bien al principio un medio independiente necesitaba, para crecer rápido, posicionar sus contenidos en los resultados de Google y así, con un poco de suerte, aparecer antes que los "viejos" medios en búsquedas populares sobre una determinada temática o suceso, eventualmente la masificación de las redes sociales, en particular de Facebook, fueron haciendo de estas plataformas los principales detonantes de tráfico hacia un sitio. 

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Una vez que esta dinámica se consolidó, Facebook decidió aprovecharla para fortalecer su modelo de negocio. Para lograrlo modificó significativamente su algoritmo, de forma en que las actualizaciones de un medio en esta red (vía sus respectivas páginas en Facebook) ya no aparecieran con la frecuencia que lo venían haciendo en los feeds de sus seguidores y por lo tanto sus contenidos tenían ahora mucho menor exposición. Lo anterior ocurrió a principios de 2014 y provocó gran desconcierto entre generadores de contenido alrededor del mundo (muchos sitios perdieron entre 30 y 70% de las visitas que venían registrando).

Eventualmente se aclararon las nuevas reglas del juego: si un medio quería mantener su tráfico entonces tenía que, inevitablemente, pagar por aparecer en los feeds de las personas (en cualquiera de las diferentes modalidades que Facebook generosamente ofrece a sus clientes). Esto obligó a la gran mayoría de medios digitales a destinar parte de su, en muchos casos ínfimo, presupuesto a pautar en Facebook. Y nadie estaba exento: aquellos medios que llevaban años construyendo orgánicamente comunidades en Facebook y que habían logrado traducirlas en visitas a sus respectivos sitios, de pronto se vieron obligados a pagar por seguir existiendo, es decir, por que sus contenidos siguieran siendo parte de la realidad informativa que Facebook diseña para sus miembros a través de su feed (muchos usuarios ni siquiera notaron que las actualizaciones de algunas de las páginas que seguían con mayor gusto de pronto dejaron de existir en sus feeds). Sobra decir que las ganancias de Facebook durante el segundo trimestre de ese año superaron en 67% al mismo período de 2013

BuzzFeed y el fastfood editorial

Hace casi una década, en 2006, se fundó en Nueva York un laboratorio de contenidos virales llamado BuzzFeed. la misión era explícita: sembrar contenidos "hipercompartibles" en la red para captar grandes cantidades de tráfico. Con el tiempo y tras perfeccionar su fórmula editorial, BuzzFeed creció al punto en que hoy, al menos de acuerdo con el ranking de Alexa, ronda el Top 100 de los sitios visitados por más usuarios en el mundo. 

A lo largo de su historia BuzzFeed ha sido acusado de plagio en decenas de ocasiones (entre ellas por el sitio Gawker y por The Wire), y se ha comprobado que al menos en un par de ocasiones eliminó contenido que afectaba los intereses de sus anunciantes (una práctica tradicionalmente asociada con los viejos medios). También ha sido criticado por la banalidad que distingue a buena parte de sus contenidos. Pero más allá de su ética y estilo editoriales, BuzzFeed se propuso, y logró con notable habilidad, diseñar una fórmula o formato editorial que sacia un hambre "fastfoodera" de los usuarios que navegan la red. Y a mi juicio este es el principal problema: sus contenidos fomentan la "estupidización" de las formas editoriales en internet.   

Las consecuencias de la influencia Facebook / BuzzFeed en la actualidad editorial de la red

En el primero de los casos, la mercantilización del algoritmo de Facebook, lo que esta acción detonó fue que básicamente se castigó a muchos medios digitales que venían trabajando durante años en el forjamiento de una comunidad de lectores y ese mismo capital se puso a disposición de, literalmente, el mejor postor. Hoy cualquier sitio, incluidos los recién nacidos, pueden llegar a grandes cantidades de usuarios con el simple hecho de invertir cantidades considerables a promoverse en Facebook. Más allá de la calidad de mis contenidos o de mi espíritu editorial, si yo invierto un buen número de dólares al mes tendré de manera rápida y fácil un volumen considerable de tráfico, algo que hasta cierto punto vulgariza la competencia. Incluso estoy seguro que muchos sitios destinan hoy un presupuesto que en otras condiciones habrían gastado en mejorar la calidad de sus contenidos, para adquirir Facebook Ads. 

En cuanto al segundo de los casos, el problema radica en que al llegar a una fórmula potencialmente viral de contenido, BuzzFeed generó una demanda de estos formatos, lo cual ha orillado a muchos medios a adoptarlos si es que aspiran a mantener o crecer su tráfico. Obviamente nadie obliga a un medio a incurrir en las fórmulas popularizadas por BuzzFeed (por ejemplo los sobredigeridos listados o comparativos humorísticos), pero tampoco puede negarse que la existencia de estos contenidos vino a "maleducar" a los usuarios. Algo similar a lo que ocurrió con el fastfood, una tendencia que pervirtió la gastronomía y la alimentación en las últimas dos décadas. También me recuerda a  las narrativas publicitarias, en las que todo es tan explícito que cuando nos enfrentamos a una construcción más compleja ya difícilmente podemos procesarla (o simplemente nos da flojera). Bueno, pues esto precisamente es lo que BuzzFeed ha promovido con sus contenidos: una obscena comodidad y un afán "reduccionista", sintético, de los contenidos que como usuario estoy dispuesto a leer –un abuso de la filosofía del "infotainment".  

Conclusiones

Hasta cierto punto es evidente que tanto Facebook como BuzzFeed son compañías privadas y que, por lo tanto, no tienen la obligación de privilegiar los "mejores" contenidos o educar a los usuarios mediante formatos más pensantes o cognitivamente retadores. Pero tampoco se puede dejar a un lado los efectos que uno y otro fenómeno están sembrando en la actual cultura digital. En este sentido se antojaría que muchos más usuarios mostrasen mayor inquietud a la hora de buscar sus fuentes informativas y no sólo se alimentaran de lo que su feed de Facebook dicta. Por otro lado, sería bueno que reflexionáramos si realmente es a los contenidos "emocionalmente propulsados", que contienen grandes cantidades de imágenes y cuyo credo es exigir al usuario el menor esfuerzo posible a cambio de su curiosidad, a los cuales queremos privilegiar con nuestra atención. Finalmente a los medios digitales les toca afrontar el reto de atraer visitas sin tener que destinar grandes presupuestos a Facebook o incurrir en los "vicios" editoriales que con destreza BuzzFeed ha sabido aprovechar.  

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.