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La (im)puntualidad no es una virtud ni un defecto sino un rasgo de tu personalidad

Por: pijamasurf - 05/15/2015

Los hábitos creados a fuerza de repetición refuerzan y en gran parte determinan nuestra experiencia subjetiva del tiempo, como parece demostrar este estudio

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Nuestra experiencia del tiempo obedece a nuestra propia subjetividad: hay individuos que nunca han llegado tarde a una cita, mientras que otros no llegan ni con todas las notificaciones del mundo. Ciertas culturas (además de la impronta moderna por la eficiencia), como la japonesa, guardan el mayor respeto por la consideración del tiempo de los demás; otras, como la nuestra, asocian una especie de elegancia a llegar ligeramente tarde a la cita. Pero el tiempo según lo experimenta la conciencia no se deja ordenar según las coordenadas del meridiano de Greenwich.

Un estudio realizado por el doctor Jeff Conte, profesor asociado de psicología en la Universidad Estatal de San Diego, ofrece una visión dicotómica pero ilustrativa de cómo diferentes individuos, de acuerdo con su tipo de personalidad, tienen distintas experiencias del tiempo.

Se dividió a los voluntarios en dos grupos: los de personalidad tipo A son los más activos, orientados a logros y hostiles en algunas ocasiones; los de tipo B son más relajados y amigables, pero también suelen llegar más tarde a las citas. A través de diferentes pruebas, cada individuo de ambos grupos tuvo que medir su percepción de la duración de 1 minuto. Los del tipo A estimaron que el minuto dura 58 segundos, mientras que los del tipo B lo estimaron en 77 segundos.

En otras palabras, nuestra puntualidad depende de nuestros hábitos, y estos a su vez dependen de la manera en que organizamos subjetivamente el tiempo a nuestro alrededor. Los ajustes en nuestros ciclos biorrítmicos y nuestra consideración social por los demás determinan la forma en que gastamos los minutos, e incluso podría decirse que, subjetivamente, definen para cada quien la duración de su vida.

Campaña en Noruega buscará regular consumo de LSD y psicodélicos como un derecho humano

Por: pijamasurf - 05/15/2015

En Noruega, el MDMA es llamado "Emma". EmmaSofia es el nombre de una pequeña organización que busca cambiar las rígidas leyes del país para que se permita experimentar médicamente con sustancias controladas, como estrategia contra el tráfico de drogas

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Pål-Ørjan Johansen es un psicólogo noruego que ha emprendido una empresa quijotesca: cambiar las leyes de su país para regular el consumo, producción e investigación de sustancias alucinógenas, entre ellas el LSD y el MDMA. No se trata de que la psicodelia haya llegado medio siglo tarde a Noruega, sino que el país escandinavo tiene una de las políticas antidrogas más férreas del mundo.

El interés de Johansen en los psicodélicos se remonta a décadas atrás: hoy tiene 42 años, pero en entrevista con el New York Times recuerda cómo el LSD y el MDMA le ayudaron a dejar atrás un problema de alcoholismo y tabaquismo, además de un desorden de estrés postraumático y depresión, gracias a la psilocibina. Incluso ha creado una campaña en Indiegogo para hacerlo una realidad: "Ya no estamos en los 60, hemos avanzado. Esta es una cuestión de derechos humanos básicos".

Existen investigaciones en curso acerca de los beneficios de estas sustancias para tratar desordenes de tipo psicológico y alcoholismo, así como para el alivio de estrés postraumático derivado de experiencias extremas, como guerras o violaciones. Sin embargo, Noruega ha tratado de sellarse históricamente contra el tráfico de drogas, y su industria farmacéutica tiene controlado incluso el acceso a la aspirina.

Sin importar esto, el proyecto de Johansen pretende alentar la discusión en torno a los psicodélicos con una vertiente radical: asociarse con compañías farmacéuticas para producir sustancias de excelente calidad, para utilizarse bajo estricta supervisión médica.

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Ina Roll Spinnangr, del partido liberal, cree que los esfuerzos de EmmaSofia sólo llegarán a buen término si se asume una estrategia paternalista que involucre activamente al gobierno: "Debes utilizar el argumento de la niñera: el gobierno necesita tomar el control y regular el mercado en lugar de dejárselo a los criminales". Aunque es sólo un primer paso, Spinnangr cree que, de todas formas, "el argumento donde tú decides por ti mismo lo que pones en tu propio cuerpo nunca funcionará en Noruega."

Según los consultores políticos y legales de Johansen no deberíamos hablar en este caso de "legalizar", ni siquiera de "liberalizar" las sustancias como el LSD, sino de regularlas.

Ketil Lund tiene 75 años y es un juez retirado de la suprema corte de justicia noruega. Según él, "la actual política de narcóticos en Occidente tiene muchos efectos nocivos. Estos deben balancearse frente a los propios efectos nocivos de las drogas". El juez no tiene ningún interés en las drogas en sí mismas, pero está consciente de que "la gente ha utilizado psicodélicos por siglos", y se remite a la carta vikinga: según Johansen y los miembros de su proyecto, incluso los vikingos consumían hongos alucinógenos durante ciertos rituales, así que la campaña noruega en pro de los psicodélicos adquiere un carácter de "retorno a las raíces".