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Fascinantes mapas de criptozoología: monstruos y seres mágicos de diferentes partes del mundo

Por: pijamasurf - 05/28/2015

Un compendio de mapas e ilustraciones de monstruos y otros seres de la mitología moderna

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Quizás detonada por la imaginación de Lovecraft, quizás por cíclicos resurgimientos de los de los cíclopes y centauros, gigantes y demás híbridos de la mitología, nuestra época reporta una fascinación por lo que se conoce como los críptidos, dudosas y fantásticas especies estudiadas por la criptozoología. Aquí se mezcla la mitología antigua con la mitología moderna (los OVNIs y los experimentos genéticos) para crear un profuso bestiario en el que se borran las fronteras de la percepción y la manipulación. Podemos distinguir entre la criptozoología y las leyendas de seres elementales de manera somera simplemente porque son representados como monstruos ante el público general aunque, para los especialistas, llegan a cobrar cierta magia y seducen tanto como las hadas o las sirenas.

Reunimos aquí una serie de mapas e ilustraciones de este bestario fantástico tan particular de nuestra época, una ensalada de seres para sibaritas de lo raro.

Se pueden ver más de estos mapas de la fauna oculta en Disinfo.

 

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Los críptidos menores, cómicas apariciones en el bosque de memes. ¡Cuidado con el scubacabra!

También en Pijama Surf:  Sobre el intercambio de alimento con dioses, extraterrestres y hadas

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¿Por estos sucios secretos tendríamos que dejar de comer en restaurantes?

Por: pijamasurf - 05/28/2015

La industria alimenticia, aunque noble, también está viciada, al menos en lo que respecta a la manera en que se producen ciertos insumos y el enorme desperdicio implicado durante su operación

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¿De dónde proviene lo que comes? Casi nadie puede responder a esta pregunta con precisión, en buena medida porque los procesos de industrialización y urbanización propiciados por el capitalismo determinaron la división tajante entre campo y ciudad, como si uno y otro fueran esferas ajenas entre sí que no necesitan más contacto que el necesario. En general las ciudades son grandes centros de consumo, pozos sin fin que acaban con todo lo que reciben y aun así es imposible satisfacerlos. Como habitantes de la ciudad sólo sabemos que un alimento llega a nosotros, pero lo último en lo que pensamos mientras lo comemos es en las condiciones en que se produce.

Respecto de esta circunstancia escribió hace poco Ari LeVaux en el sitio AlterNet, específicamente, cómo una parte considerable de la comida que se sirve en restaurantes regionales de Estados Unidos conlleva condiciones de esclavitud para las personas que obtienen los ingredientes para prepararla. LeVaux refiere el caso de los pescadores vietnamitas, quienes son obligados a laborar 20 horas al día bajo tortura y a cambio de una paga que en ocasiones es únicamente un plato de arroz cocido.

 

Sin embargo, ese es apenas un ejemplo de muchas otras situaciones que hacen posible el consumo de comida en los grandes centros urbanos. La ganadería extensiva, la fumigación de los campos, el uso de semillas transgénicas y la explotación laboral en otras vertientes son parte casi inevitable de esa cadena que tiene su punto final en nuestras cocinas y nuestras mesas.

Sólo que esto no es todo. LeVaux no olvida el desperdicio que todo restaurante enfrenta durante su operación. A veces porque el comensal prefiere no tocar la ensalada que acompañó su plato principal (y porque las leyes sanitarias prohíben tajantemente reusar algo que ya se sirvió a una persona), otras porque ciertos insumos simplemente no se utilizaron y otras más por normas absurdas como la concerniente a las papas a la francesa de McDonald's, las cuales tienen que tirarse a la basura si pasaron más de 7 minutos desde que se frieron.

Como solución, LeVaux sugiere poner un poco más de atención en nuestro consumo. Actualmente hay alternativas a esos procesos lesivos para otras personas, para el ambiente y para la economía. En el mercado es posible encontrar alimentos producidos orgánicamente, en la cercanía de nuestro hogar, e incluso algunos certifican que no son resultado de la esclavitud. De momento ello parece llevarnos de vuelta a nuestros hogares, en donde hasta ahora parece que se encuentra el único lugar en donde es posible tener conciencia plena de qué llevamos a nuestra boca cuando comemos.