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Estas hipnóticas imágenes resultaron de visualizar el sonido del viento solar (VIDEO)

Por: pijamasurf - 05/31/2015

Un fascinante proyecto que fusiona la ciencia y el arte genera imágenes del sonido de las tormentas solares

 

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El museo de Santa Mónica Arts de Barcelona comisionó un fascinante proyecto en el que se tradujo en imágenes el sonido que genera el viento solar al entrar en contacto con la atmósfera solar. Si bien esta visualización de una tormenta geomagnética a una frecuencia de 20Hertz tiene un uso científico, lo cierto es que ante todo representa un poderoso despliegue estético.

Utilizando datos del radiotelescopio CARISMA, Ruth Jarman y Joe Gerhardt convirtieron los sonidos de los fotones del Sol interactuando con la atmósfera en texturas metamórficas, patrones hipnóticos que se forman en el tapete del tiempo-espacio. Las poéticas imágenes que surgen son resultado de la interferencia de diferentes frecuencias de energía electromagnética.

Observando el video realizado por Semiconductor Films uno puede presenciar por momentos una flor de loto de partículas de alta energía que se desdobla como origami, o un tejido en constante mutación que cifra la sinestesia del Sol. La naturaleza ondulatoria del sonido emerge como el efecto que produce una piedra arrojada en un lago. Pero ese sonido es luz que coloca al espectador frente a una misteriosa obra de arte sideral.

20 Hz de Semiconductor en Vimeo

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¿Los psicólogos tendrían que estar libres de problemas mentales?

Por: pijamasurf - 05/31/2015

La exigencia de superioridad que a veces dirigimos a los profesionales de la psique no nos deja ver que ellos son tan humanos como nosotros y, más importante, que su saber es distinto al de los médicos y otras "autoridades"

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Las disciplinas de la psique cuentan, en la historia de su desarrollo, con una característica que a la postre se convirtió en una desventaja parcial en el terreno práctico: al desarrollarse al amparo de la medicina, adquirieron de esta la percepción de que sus profesionales sabían algo que ignoraban las personas que acudían a consultarlos. En el caso de los médicos es cierto que están obligados a saber qué le ocurre a sus pacientes, pero con los profesionales de la psique ello no se cumple de la misma manera. Aun así, quienes se acercan a sus consultorios a veces llegan con una exigencia similar a la que tenemos cuando queremos curarnos de una gripe o de un dolor de estómago.

Dicha desigualdad entre el “profesional” y el “lego” genera además otro efecto: creer que los psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas y otros "psi" están exentos de problemas mentales. En un texto más o menos conocido, Robert Epstein y Tim Bower nos recuerdan que Freud mismo distaba de ser un ejemplo de “salud” mental: era agorafóbico y neurótico, olvidaba cosas, una buena parte de su vida lidió con sus adicciones al tabaco y a la cocaína (las cuales nunca pudo resolver totalmente) y finalmente murió mediante suicidio asistido.

¿Por qué alguien capaz de entender la mente humana tal y como la entendió Freud no es capaz de no tener problemas? La pregunta podría ser un poco injusta, pues sabemos de sobra que los problemas son parte consustancial de la existencia. De la misma forma que estar vivo implica enfermarse de vez en cuando, sentir el deterioro paulatino del cuerpo, así también esa otra dimensión de la vida que no es únicamente fisiológica sino existencial conlleva sus propios conflictos.

La razón nos engaña al hacernos creer que saber algo basta para actuar al respecto. Sabemos que el cigarro daña, ¿pero eso impide que fumemos? Entonces, ¿por qué tendríamos que demandar lo mismo a una persona que es tan humana, tan limitada como cualquiera?

A este respecto, Jacques Lacan acuñó un concepto que ayuda a aclarar la confusión. Lacan dio al psicoanalista el título del “sujeto supuesto saber” porque, en la práctica, el paciente llega al consultorio suponiendo que el analista sabe algo que lo ayudará. Como decíamos al principio, la comunicación tiende a ocurrir de una manera similar a la de los médicos, quienes están formados para saber por qué está enfermo un cuerpo. Sin embargo, el saber de un psicoanalista es de orden. Sabe y tiene una formación, pero eso es sólo el soporte que le permite realizar su trabajo y guiar al paciente en el proceso de su propio análisis. Estrictamente, el analista no sabe nada de su paciente, pero el paciente supone que sí, y el análisis dura tanto como esa concesión, hasta que llega el momento en que el paciente se da cuenta de que él sabe, que, quizá, él siempre supo lo que le acontecía.

Es posible que quienes piden que un profesional de la psique esté libre de problemas mentales sean más bien víctimas de ese mandato moderno según el cual sólo alguien con “autoridad” puede hablar y tomar decisiones, el lugar del amo que da al esclavo su propia concepción de mundo, la cual este acepta porque aún no advierte que él podría elaborar la propia.