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¿Es posible hacer triunfar cualquier empresa siguiendo el ejemplo del Cartel de Sinaloa?

Por: pijamasurf - 05/23/2015

La retórica del éxito económico dentro del capitalismo también puede aplicarse a negocios como el Cartel de Sinaloa, el cual, a pesar de su ilegalidad, comparte características con otras empresas que generan ganancias millonarias

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Para algunos, el Cartel de Sinaloa es una de las “empresas” más exitosas de los últimos tiempos. Desde un punto de vista puramente económico, dejando de lado la legalidad o la moralidad, su éxito es patente: hace poco más de 20 años era un negocio casi familiar, con un alcance mínimo o de acuerdo con sus recursos iniciales, pero ahora sus operaciones abarcan cuatro continentes por ganancias que rondan los 20 millones de dólares de ganancia por equivalente en tiempo completo (en ese mismo parámetro, las ganancias de Google son de 270 mil dólares por empleado y las de Apple de 460 mil dólares).

El éxito de dicho negocio se debe a muchos factores, algunos elementales (como la relación oferta-demanda) y otros quizá un tanto más complejos (el papel de la ilegalidad o la corrupción de las instituciones públicas), sin embargo, en cualquiera de los casos es evidente que sólo en el capitalismo su existencia es posible bajo la forma con que lo conocemos. Dicho de otro modo: si un negocio como el de Coca-Cola y otro que implica tráfico de drogas generan ganancias millonarias y por ello se consideran “exitosos”, esto se debe casi totalmente al modelo económico en el cual se desarrollan, lo cual de algún modo hace pensar que lo mismo podría suceder con otras empresas.

Al menos esa es la premisa de la cual parte Devin Liddell, colaborador del sitio Co.DESIGN que hace unos días publicó un post sobre “lecciones de negocios” que pueden aprenderse del Cartel de Sinaloa:

1. Credo/ Según Liddell, un “credo” es importantísimo en toda empresa, una suerte de doctrina que haga saber a los miembros de dicha organización “quiénes son, qué hacen y qué no hacen”. El Cartel de Sinaloa tiene su propio código no escrito en el que, por ejemplo, se incluye la prohibición de agredir a personas comunes y corrientes.

2. Improvisación/ La improvisación no es un proceso, sino una forma de operar. No es algo que requiere análisis, estudios, reuniones de consejo y demás, sino un principio rector de la operación cotidiana. En el caso de los carteles, la improvisación es imperativa por causa de la ilegalidad del negocio: considérese, a manera de ejemplo, las muchas formas que estas organizaciones han encontrado para transportar su mercancía, de las tristemente célebres “mulas” a los túneles que el Cartel de Sinaloa cavó por primera vez bajo la frontera entre México y Estados Unidos.

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Imagen: Steve McNiven / R. Kikuo Johnson

3. Menos es más/ Aunque el Cartel de Sinaloa trafica drogas y otras mercancías en América, Europa, Asia y Oceanía, su plantilla de empleados es más bien pequeña: aproximadamente 150 personas. De nuevo la ilegalidad del negocio obliga a que la operación sea discreta, pero según Liddell, los grupos pequeños se caracterizan por su eficacia y su énfasis en el “hacer”.

El ejercicio de Liddell es polémico, sin duda, y puede leerse desde distintas perspectivas. Por un lado puede parecer ingenuo despojar a organizaciones como los carteles de los métodos para hacer prevalecer su negocio, que implica muerte, secuestros, amenazas, extorsión y más, lo cual Liddell, candorosamente, prefiere no tomar en cuenta.

Sin embargo, también podemos tomar dicha falta de suspicacia y entenderla con malicia; podemos pensar que, después de todo, negocios como Coca-Cola y el Cartel de Sinaloa no son muy distintos entre sí, pues su éxito en el contexto del capitalismo resulta de prácticamente los mismos mecanismos económicos.

Sinteísmo: Internet como Dios y el usuario como su profeta

Por: pijamasurf - 05/23/2015

Si el capitalismo es la "religión" que convierte a sus devotos en consumidores, el sinteísmo busca un nuevo tipo de sociedad basada en la interactividad y la cooperación, tal como el internet nos ha enseñado
[caption id="attachment_95783" align="aligncenter" width="614"]El festival Burning Man encarna, para Alexander Bard, al Internet mismo (y es un vistazo a la sociedad del futuro). Imagen: Burning Man 2014 El festival Burning Man encarna, para Alexander Bard, a la Internet misma (y es un vistazo a la sociedad del futuro). Imagen: Burning Man 2014[/caption]

Las palabras "religión" e "Internet" suenan sospechosas cuando las colocas juntas --tal vez incluso porque para muchos usuarios de Internet, "religión" tiene algo de anacrónico y rebasado, algo de militante y de poco científico; en suma, porque una palabra es sinónimo de pasado y otra de futuro. Pero un extraño personaje sueco llamado Alexander Bard ha llegado para tratar de mostrar que ambas tienen más en común de lo que puede pensarse.

Bard se define como un "vocero" o un filósofo, aunque en su libro Syntheism - Creating God in The Internet Age (en colaboración con el teórico de los medios Jan Söderqvist) aparece también la faceta de profeta: si toda religión necesita sus profetas, el sinteísmo parece recaer en un pequeño acto de conciencia de todos los que ya forman parte de ella: "En el cristianismo", afirma Bard, "una de las últimas cosas que Jesús dijo a sus discípulos fue 'Yo siempre estaré con ustedes', lo que significa que el Espíritu Santo es la manifestación de Dios cuando los creyentes están juntos. La Internet tiene 7 mil millones de personas conectadas al mismo tiempo en tiempo real, y si eso no es el Espíritu Santo, entonces no sé lo que es".

Pero el sinteísmo no es sólo una crítica del cristianismo, sino más bien una crítica de la Historia con mayúscula: "Lo que nos falta ahora es quién cuenta la Historia. Alguien tiene que hacer de Immanuel Kant para la nueva era. Así que el sinteísmo está preparando el camino para la nueva élite y yo soy uno de los que cuentan su historia". Tal vez este asunto de la "nueva élite" sea lo primero que ponga en entredicho las buenas intenciones del sinteísmo. ¿Qué las utopías no se construyen entre iguales? ¿Quién va a decidir quién forma parte de esa élite? Pero a decir de Bard, se trata de un proceso cultural que ha tenido parangones similares a lo largo de la Historia: la democracia ateniense también funda un nuevo tipo de élite basado en los valores de la época, y el cristianismo no repartió la salvación equitativamente entre los señores feudales y sus siervos durante la Edad Media. 

[caption id="attachment_95784" align="aligncenter" width="458"]Alexander Bard Alexander Bard[/caption]

Para comprender de qué se trata es preciso acercarse a la vida de Bard: activista por los derechos de libre acceso a la información, músico (antiguo miembro de una boy band sueca y actual jurado de uno de sus reality shows más populares), es también un aficionado a visitar festivales del tipo Burning Man en Nevada, Estados Unidos. Su epifanía se produjo durmiendo junto a una "hermosa actriz desnuda": se dio cuenta de que tenía que escribir otro tipo de cosas, "dejar de escribir libros sobre los problemas que causaba la Internet" y en cambio "escribir sobre sinteísmo".

Burning Man es, para Bard, "un experimento de la utopía temporal que es la primera manifestación física de la Internet misma", pues encarna los valores anarquistas que alientan y han abanderado a diversos movimientos nacidos en la web, como la oposición a la autoridad jerárquica, la fe en el criterio individual y en general un ethos participativo y festivo. Después de todo, "las religiones primero se practican y luego se formulan. San Pablo escribió sus epístolas luego de que el cristianismo se practicara por todo el Imperio Romano. Yo creo firmemente que el sinteísmo ya se está practicando y que nosotros solamente lo estamos formulando".

El sinteísmo como tal surge en 2012 y se basa en la idea de que si el hombre crea a Dios, entonces es tiempo de crear dioses adecuados para el siglo XXI. Sus fuentes van desde Bataille hasta Hegel, pasando por los escritos de Stephen Hawking y San Pablo, y se propone formular una idea de la Historia tomando en cuenta el estado de la cultura actual, así como a través del tiempo. Si el capitalismo es la "religión" que convierte a sus devotos en consumidores, el sinteísmo busca que el paradigma con el que nos construimos y relacionamos cambie para crear una sociedad global basada en la cooperación y la participación. 

Para Bard, aquellos que ven la Internet como una fábrica de narcisismos "no entienden nada":

Por el momento es un híbrido entre viejos modelos individualistas y los nuevos donde la gente realmente se involucra con los demás y hacen cosas juntos. Esto se llama interactividad y es una pieza clave de la cultura participatoria. Estas fuerzas son tan poderosas que [los medios de comunicación] serán dejados de lado si no pueden aceptar esta nueva cultura interactivista, como le pasó a la Iglesia Católica luego de la invención de la imprenta. Después de todo, una vez que has tenido un smartphone en la mano nunca vas a querer un teléfono solamente para contestar llamadas. No hay vuelta atrás de la interactividad.

Bard nació en Suecia en 1961, se formó en economía y filosofía, pero es más conocido por sus proyectos musicales pop como Army of Lovers y Gravitonas (a.k.a. la primera banda de Spotify). También es activista por la liberalización sexual y de las drogas en Suecia. Junto a Söderqvist ha escrito otro par de libros sobre el tema, que juntos forman la Trilogía Futúrica. Y aunque parezca ingenuo o un simple hoax publicitario crear una religión a partir de Internet, Bard está listo también para enfrentar a los detractores y advertir que no todo será miel sobre hojuelas:

El Estado y las grandes corporaciones van a querer controlar la web --la nueva netocracia va a quererla abierta y libre. Será un conflicto físico y son los netócratas en línea los que comenzarán la revolución, no los trabajadores en la fábrica. No sabemos quién va a ganar pero esperamos que sean los jóvenes, a menos que lancen muchas bombas atómicas.