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Al igual que los curanderos tradicionales, los brujos del mundo entero han desarrollado una farmacopea amplia y eficaz, sólo que esta ha sido diseñada para matar, enfermar, o controlar el comportamiento de sus víctimas. He aquí algunos de los métodos más comunes que utilizan

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La brujería, entendida aquí como “magia negra” –es decir, con el propósito de lastimar y controlar a una víctima-- es, sin duda, algo que nos aterra en gran parte porque no la entendemos. Pero es posible que si la entendiéramos, nos aterraría aún más, y que aquel que no siente miedo por ella, es porque no la entiende.

En realidad, ciertos aspectos de la brujería son en el fondo una ciencia que consiste, en gran parte, en concebir nuevas y creativas formas de envenenar a la gente. Este tipo de venenos no requiere ser ingerido, y puede ser asimismo vaporizado, o incluso puede ser absorbido a través de la piel, o esparcido en algún lugar u objeto cercano a la víctima, como su ropa o algún objeto personal.

Para empezar: cómo crear un zombi

Tomemos el ejemplo ya trillado de la “zombificación”. En 2009 conocí a un buen amigo, que vivía medio tiempo en un hospital psiquiátrico, y aseguraba haber sido zombificado durante un viaje a Haití. En la isla de Haití esta experiencia es tan común que nadie cuestiona que sea una realidad. Sin referencias culturales para lo que le sucedió, se le tachó de loco y se le puso en un hospital psiquiátrico. Con el tiempo fui entendiendo que crear un zombie podría parecer una invención salida de la literatura fantástica, hasta que entendemos el proceso por medio del cual se puede lograr algo así.

El antropólogo canadiense Wade Davis estudio este fenómeno y publicó sus hallazgos en un libro intitulado The Serpent and the Rainbow, en el cual explica que el proceso de zombificacion consiste en el envenenamiento de una víctima con una variedad de substancias, de entre las cuales sobresalen dos compuestos principales: la tetrodotoxina, una neurotoxina presente en el hígado del pez globo, y la escopolamina, un alcaloide presente en una variedad de plantas datura, con flores en forma de campana, como lo son el toloache y el floripondio, planta a la cual se le llama “concombre zombi” (pepino zombie) en Haití.

La “pócima zombie” generalmente se pone en los zapatos de la víctima, quien la absorbe a través de la piel. La persona se ve afectada primero por la tetrodotoxina, cuyo efecto es una reducción de las funciones metabólicas que puede fácilmente llevar a la muerte si la dosis no es perfectamente controlada. La víctima se pone cianótica, entra en coma, sus músculos se paralizan y su respiración, ritmo cardíaco y tensión arterial se reducen hasta el punto en el que parece efectivamente haber muerto, y es común que sean rápidamente enterrados en este estado.

Sin embargo, al cabo de unas horas, generalmente 1 o 2 días, si la dosis fue precisa y la víctima no muere, el cuerpo metaboliza la tetrodotoxina y se recuperan gradualmente las funciones vitales. Para ese entonces el brujo y su ayudante se habrán introducido al cementerio para ayudar a desenterrar al “muerto viviente”, quien en ese momento empezará a recobrar una movilidad torpe y cadavérica, pero seguirá afectado por el envenenamiento con escopolamina, sustancia que provoca un estado de docilidad y obediencia, y que lo vuelve un esclavo del brujo, siempre y cuando este mantenga el envenenamiento por tiempo indefinido.

Burundanga: hechizando el libre albedrío

La escopolamina es, de hecho, una de las substancias más utilizadas en brujería; no es coincidencia que a las plantas de la familia de las daturas, todas ellas con flores en forma de campana, como la mandrágora, el toloache y el estramonio, se les llame con nombres como “witches’ herbs” (hierbas de bruja) o “devil’s trumpets” (trompetas del diablo). Todas estas plantas contienen escopolamina y atropina en diversas cantidades, sustancias sumamente toxicas, pero que en dosis controladas tienen efectos muy interesantes en el sistema nervioso.

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En Sudamérica, las preparaciones derivadas de las daturas son comunes, y se les llama por el nombre de “Burundanga”, palabra que se usa al mismo tiempo para referirse a la droga escopolamina y para referirse a la brujería en sí. “A ese tipo le hicieron burundanga” es lo mismo que decir “a ese tipo le hicieron brujería”. Esta droga se usa con muchísima frecuencia en Colombia, hasta el punto en que muchos han experimentado sus efectos, y casi todos conocen a alguien que ha sido víctima de ella. Se ha vuelto tan común que su uso ya no se limita solamente a brujos profesionales, sino que es usada por maleantes de todos tipos y sus efectos son aterradores.

La escopolamina se introduce en el trago de  la víctima o incluso puede ser soplada al rostro de un transeúnte, al cual, al cabo de unos segundos “se le van las luces”, es decir, pierde conocimiento, con la particularidad de que no se desmaya, y ni siquiera parece estar borracho o drogado. Su estado parece normal, y sin embargo, bajo el efecto de esta droga, la víctima hará todo aquello que se le diga. Es, para todo propósito practico, un supresor del libre albedrio.

Los mismos maleantes describen el estado de sus víctimas diciendo que “es como si se volvieran niños”. Si se le pide ir al banco, sacar todo su dinero y entregárselo a los ladrones, la victima obedecerá al pie de la letra, e incluso colaborará activamente y de manera entusiasta, inventando historias sobre porqué necesita sacar el dinero y entregárselo a “sus amigos”.

En este sentido, la burundanga parece concebida para la brujería, es el perfecto agente de control mental, capaz de crear químicamente a un esclavo que obedecerá todas las directivas que se le dan, y que no tendrá ningún recuerdo de sus acciones al día siguiente. Es esencialmente de esta manera que el bokor haitiano se procura a sus esclavos zombies.

Etnofarmacología de la poción mágica

La brujería se puede entender entonces como una especie de “medicina tradicional” cuyas intenciones no son sanar sino controlar, enfermar o matar, no a un “paciente” sino a una víctima. El mundo natural está lleno de sustancias que pueden alterar no sólo la fisiología sino la química neurológica de una víctima. En su libro The Cosmic Serpent, el etnofarmacólogo Jeremy Narby habla de las increíbles propiedades farmacológicas de todas las formas de vida en el Amazonas, desde los sapos hasta las hormigas y las plantas, de las cuales se conoce muy poco fuera de las sociedades nativas a la selva.

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No nos debería sorprender, entonces, que la marmita de las brujas contenga ingredientes como “verrugas de rana”, “colas de alacrán” o “sangre del ciclo de una mujer”. Las verrugas de ciertas ranas del norte de México contienen la substancia 5-Meo-DMT, un potente alucinógeno. El veneno de alacrán se usa comúnmente en la India por heroinómanos, que se infligen picaduras de este arácnido cuando están sufriendo de síndrome de abstinencia.

En China, el gu (brujería) de los “cinco venenos” se prepara atrapando a cinco animales venenosos (generalmente un sapo, una tarántula, un ciempiés, un escorpión y una serpiente) y enterrándolos en una misma caja que se recupera algún tiempo después, cuando sólo sobrevive uno de los animales, el vencedor de la batalla, que se habrá alimentado y habrá catalizado el veneno de los otros cuatro.

En ciertos rituales de brujería vudú también se recomienda enterrar al animal que va a servir para la poción junto con algún otro animal, generalmente venenoso, para que este “muera de rabia”. En términos puramente bioquímicos, es probable que esta muerte dolorosa provoque al animal a producir sustancias y secreciones biológicas que tienen una función químicamente activa en la poción, como pueden ser ciertos venenos o simplemente la inevitable adrenalina que este descarga al morir en una situación tan desagradable.

La ingeniería química del amor 

Pero los ingredientes de la brujería no se limitan a alcaloides y neurotoxinas producidas por plantas y animales, sino que puede llegar a hacer uso de todo tipo de sustancias, como lo son hormonas e incluso bacterias.

Se rumora que los “filtros de amor”, destinados a hacer que una víctima se enamore de aquel que aplicó el hechizo, contienen dos tipos de sustancias, según si el brujo es hombre o mujer. Estas sustancias son semen o sangre menstrual, ambos fluidos vitales que contienen una cantidad exorbitante de hormonas y que si no provocan, por lo menos facilitan una atracción sexual entre la víctima y el dueño de los fluidos. Al añadir a esta fórmula poderosos afrodisíacos, no es difícil ver cómo se podría conquistar a alguien con sólo ponerse frente a él. No es por nada que, en las leyendas, la persona que consume el filtro de amor se entrega “a la primera persona que ve”, sin duda un efecto de la “comezón” provocada por estos poderosos afrodisíacos.

La brujería como ataque bacteriológico

Uno de los ejemplos más contundentes de brujería como envenenamiento o incluso como ataque bacteriológico se presentó en un viaje que realicé a la sierra de Oaxaca, muchos años después de haber conocido a mi amigo zombificado, durante el cual pude entrevistar y ver el trabajo de un curandero mexicano, Macario Cimas, quien estaba tratando a una mujer por una infección digestiva que estaba a punto de matarla, y a quien los doctores no podían ayudar. Según el curandero, la mujer había sido envenenada con tierra de panteón.

La explicación del curandero era sumamente lógica: la tierra de un cementerio desarrolla una fauna bacteriológica especialmente diseñada para ingerir y corroer carne e incluso huesos humanos, y este tipo de bacterias no tiene nada que hacer en el tracto digestivo de una persona viva. Al ser ingeridas, crean una infección que cumple esencialmente la misma función: corroer y consumir a la persona, desde adentro. Eventualmente, y utilizando métodos totalmente tradicionales, el curandero fue capaz de salvar a la mujer.

CONCLUSION: la ciencia de lo inexplicable

Sin duda, esta no es una lista exhaustiva de los métodos utilizados por brujos alrededor del mundo, y la ciencia de la brujería es un tema demasiado complejo para ser tratado en un solo artículo. Pero a través de estos ejemplos es posible que podamos entender cómo, encima de las explicaciones espirituales que se dan comúnmente a los actos de brujería, en muchos casos su funcionamiento puede ser reducido a procesos puramente científicos, incluso neuroquímicos y fisiológicos. A través del envenenamiento, ya sea puntual o gradual, con diversas sustancias, podemos explicar gran parte de lo que generalmente se le atribuye a actos de brujería: el descenso a la locura, la enfermedad, la súbita pérdida del pelo o los dientes, la muerte de una persona o de todo su ganado, o incluso el enamoramiento forzado.

No descarto que gran parte de lo que se considera brujería también tenga que ver con un “efecto nocebo”, y puedan ser formas de “envenenamiento psicológico”, que afecta el cuerpo a través de la mente, y que usa las creencias culturales más profundamente ancladas en la psique de la gente para ejercer algún poder sobre una víctima. Como bien se sabe, el miedo por sí solo tiene la capacidad de paralizar, enloquecer y matar, y no hay como lo desconocido para infundir miedo. El doctor estadounidense Walter Cannon estudió este fenómeno y en 1942 estableció el término de “muerte vudú”, para referirse a los fallecimientos relacionados a la brujería y causados, según la ciencia, por razones sicosomáticas. Le llamó así por su enorme incidencia en las culturas afrocaribeñas, a pesar de que este tipo de muertes sucede en todo el mundo, desde Sudamérica hasta Nueva Zelanda.

Tampoco se puede descartar que la brujería tenga explicaciones vibracionales, espirituales y totalmente mágicas que la ciencia no está en posición de explicar. Lo cierto es que para entender la brujería mejor, siempre es útil estudiar la farmacología de aquellos que la practican. Puede que, la próxima que vez que el lector se vea asediado por una maldición inexplicable, le sea útil preguntarse: ¿qué demonios le han puesto a mi trago?

PARA SABER MÁS:

Dale Pendell, Pharmakopoeia: Plant Powers, Poisons and Herbcrafts.

Wade Davis, The Serpent and the Rainbow.

Jeremy Narby, The Cosmic Serpent.

Mircea Eliade: Occultism, Witchcraft and Cultural Fashions.

 

Representantes de un antiguo y hermoso orden de valores que reaparecen cada cierto tiempo, cuando las comunidades necesitan de ellos más que nunca, para ayudar a la gente a plantearse de nueva cuenta aquellas cosas que son importantes

[caption id="attachment_95564" align="aligncenter" width="730"]El Bosco, detalle de El Bosco, detalle de "Las tentaciones de San Antonio", 1490[/caption]

El amor conquista el mundo y todos sus temores, cuitas y ansiedades. Habla de algo que puede ser despertado en nosotros y que es más fuerte que toda otra cosa en la vida. Habla de algo que invierte los signos en nosotros y lo hace de tal modo que lo que era activo se vuelve pasivo y lo que era pasivo se vuelve activo. Un hombre debe experimentar una inversión  dentro de sí para que su Esencia se vuelva poderosa.

Maurice Nicoll, Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky

 

1. Plantas de café en la ribera de Chapala

Lo primero que nos sale al paso en su casa es el olor del desayuno que ya está listo. Nos desmañanamos tomando el autobús de las 7:00 am en la Central Vieja para llegar a la hora de nuestra cita. Son las 9:30 y nuestros estómagos nos reprochan con gemidos la ausencia y el vacío infame de la mañana. La combinación de la canela con el café, conforma un aroma muy atrayente que se distingue desde media cuadra de distancia. Ella lo sirve con un chorrito de leche condensada y azúcar mascabado. Nuestras glándulas segregan saliva nada más al pensarlo, anhelantes. Ya casi no podemos esperar.

Nos acordamos cuando Enedina nos platicó que se trajo su primera mata de café de Chiapas, hace 10 años, envuelta en periódicos y abrazada en el camión desde San Cristóbal de las Casas. Después vivir casi medio año y estudiar con don Lauro: un chamán muy famoso, aprendiendo el masaje con piedras y la acupuntura mexicana. Ahora ya tiene más de 180 plantas en su jardín, en plena ribera del lago de Chapala. El café que obtiene de ellas es para el autoconsumo de su restaurante, aunque siempre queda algún kilito de tostado artesanal para obsequiar a sus familiares o amigos.

“Hoy tenemos costillitas en chile pasilla, bistec a la mexicana, carne asada, frijolitos y torta de huevo con salsa de tomate…”, nos dice Enedina al recibirnos sonriente en el zaguán de la entrada de su casa, donde atiende a sus clientes, ofreciéndonos su mano delgada y fina. Nos decidimos por la opción de costillas con la obligada porción de “frijoles de boda”. Alguna vez nos explicó ella que en la mayoría de los pueblos de la ribera les llaman frijoles de boda porque, cuando los fríen con manteca, les revuelven salsa de birria para darles más sabor. Resultan tan sabrosos que hay quienes sólo piden frijoles para el almuerzo, y no andan nada equivocados.

Su nuera, Cristy, una morena gordísima y de sonrisa bondadosa, quien se encarga de tortear, nos saluda también y promete mandarnos una generosa dotación de “calientitas”.

En las pequeñas mesas de madera ya hay instalados bastantes comensales de la más diversa ralea: pescadores, jornaleros, albañiles, burócratas, profesores y muchos empleados de la Comisión Federal de Electricidad. Al mirarlos echar el diente a una tortilla con frijoles y huevo con chile o de pancita en salsa verde, una de sus especialidades, nos acordamos también del esposo de Enedina, quien trabajaba en la Comisión.

Hace casi 30 años que Enedina enviudó, su marido reparaba unas instalaciones de alto voltaje en Mezcala cuando resbaló de una de las más altas y peligrosas torres. Quedó agarrado por la pierna de un cable, rostizándose. Su cuerpo permaneció colgado toda la noche, recibiendo descargas fortísimas de la corriente eléctrica con la que alimentaban la zona entera del Lago. Lo encontraron hasta el día siguiente, achicharrado e irreconocible.

Enedina dice que la experiencia de identificar su cadáver carbonizado fue la cosa más espantosa que haya vivido. Sus niños estaban muy pequeños cuando todo eso pasó. Ella nunca trabajó antes, fue muy consentida desde niña, primero por sus padres y luego por su marido, quien la adoraba y siempre se esforzó para que nada le faltara. La experiencia, según sus palabras, casi la vuelve loca. Duró casi 3 años en una depresión profunda. Pero también fue la oportunidad para descubrir, una vez sorteada la crisis, su misión en la vida: sus dotes como cocinera y sanadora.

 

2. La discípula de la húngara

A las 12 del día, luego del desayuno, nos reunimos sus alumnos de masaje, herbolaria y acupuntura. Enedina enseña acupuntura mexicana, la cual todavía no es tan conocida. Ella dice que don Lauro, su Maestro, les explicaba que los pueblos mayas y toltecas la practicaban desde la misma época que los chinos. Con ella curaban y atacaban casi cualquier enfermedad. Enedina no utiliza agujas, como en la técnica oriental, sino punzones de madera, jade, obsidiana o cuarzo de distinto calibre. Luego de dar un masaje con sus dedos por las partes principales del cuello, cráneo, espala, brazos y coxis, relajando al paciente, oprime con sus punzones cuidadosamente diversas áreas de los huesos y músculos, las cuales corresponden a los distintos órganos internos del cuerpo: hígado, riñones, páncreas, vaso, etcétera.

Somos cerca de 12 personas que nos reunimos una vez al mes, en una sesión de todo el día. Hay gente que viene desde la ciudad de México exclusivamente para estudiar la técnica que ella enseña. Entre sus alumnos nos encontramos psicólogos, médicos internistas y anestesiólogos, terapeutas físicos, tanatólogos, psiquiatras, gente común que viene a aprender, etcétera.

Enedina no cobra una cuota definida por sus clases, dice que la cooperación es voluntaria: “Lo que quieran darme, lo que gusten…”. Tampoco tiene un costo fijo por sus terapias, masajes y limpias. Hay quienes damos 100 pesos, de acuerdo a nuestras posibilidades, aunque percibimos que debe haber quien le paga por su cuenta hasta más de mil o 2 mil pesos.

Se nos ocurre pensar que su casa se sostiene con las ventas de su restaurante, que tampoco es caro: los desayunos cuestan 30 pesos e incluyen café y frijoles con refile y todas las tortillas que se puedan comer. Sabemos también que a mucha gente no le cobra por sanarla y realizarle limpiezas energéticas. A nosotros nos alivió de un dolor lumbar que, según algunos especialistas, requería intervención quirúrgica. Nos acordamos siempre de la manera tan delicada en que sus dedos suaves nos aflojaban los músculos de la cara y el cráneo, para luego lancear los meridianos de los brazos, plantas de los pies y hombros con unos punzones de jade que le trajeron de Guatemala. Tras cuatro sesiones de terapia no volvimos a sentir jamás molestias de ningún tipo.

Los gringos la buscan para que los cure porque sabe hablar bien inglés. Enedina es muy discreta y jamás presume de sus conocimientos de medicina tradicional ni idiomas, aunque sabemos que viene gente del extranjero sólo para tratarse con ella:

…A mí me enseñó a leer el café una húngara cuando yo era muy niña --nos platica en esta ocasión. Me dijo que si yo la enseñaba a tejer con gancho y agujas, ella me enseñaría a leer los restos del café. La señora era de Líbano, no hablaba muy bien español, pero también sabía leer las cartas y usar el péndulo para curar y hacerle consultas, duramos casi 2 años enseñándonos mutuamente. Desde entonces comencé a interesarme por todos estos rollos…

Al mismo tiempo que habla, narrándonos fragmentos de su vida, se encuentra insertando semillas de caléndula en la oreja de un voluntario para mostrarnos la técnica de auriculoterapia, utilizada por los toltecas desde tiempos inmemoriales.

 

3. El automaestro

Un joven chamán en potencia empieza por ser considerado en la comunidad como un “enfermo”, atrapado en una abrumadora crisis psicológica que se expresa en una profunda confusión mental e incluso en enfermedad física. Si se puede curar, entonces puede ser un chamán…; enloquecer o morir. Sus opciones son limitadas.

Sheldom B. Kopp, Gurú: metáforas de un psicoterapeuta

 

A don Joaco lo conocimos por Enedina. Ella nos mandó con él, nos contó que fue su maestro de Tarot y de otras técnicas de magia y medicina ancestral. Llegamos la primera vez por una consulta de cartas y una limpia. Desde entonces no hemos dejado de venir cuando menos dos veces al mes a visitarlo y estudiar con él.

Un autobús suburbano nos lleva a lo largo del todo el Periférico Sur de la ciudad, hasta la parte donde el camino está más descuidado y la placa del pavimento necesita mayor mantenimiento. Es un poblado pobre y echado en el olvido, ya casi nadie habla de él más que para mencionar sus malas noticias. Anteriormente era un rancho muy famoso por su Viacrucis y sus fiestas patronales, aunque estas casi se perdieron con el paso de los años y la intromisión de las costumbres urbanas.

La pequeña comunidad prácticamente fue absorbida por el crecimiento impío de la ciudad, más allá del Periférico. Muchos fuereños llegaron a vivir alrededor y transformaron forzosamente la vida cotidiana de la gente con sus costumbres nuevas, no necesariamente positivas. Abundan la drogadicción, el alcoholismo y los asaltos. Una pequeña sociedad que antes presumía de ser muy comprometida con sus celebraciones de Semana Santa, la Bendición de los Animales y las pastorelas de diciembre, ahora se encuentra casi en vías de extensión.

Atravesamos, no sin tomar ciertas previsiones, la plaza principal con su kiosco oxidado y basuriento. Después de las 6 de la tarde ya no es tan seguro transitar para los que no somos de por allí.

Caminamos hasta la última calle, la cual lleva a las afueras del pueblo, donde comienza el río que antaño proveía de carpas tilapias, bagres, culebras, ranas, salamandras, tortugas y patos para la dieta de los lugareños. Antiguamente su remanso surtía de agua potable buena parte de dos municipios del oriente de la ciudad. Hoy está completamente contaminado por las empresas cercanas y las colonias nuevas de interés social, que desaguan su pestilencia sobre él. Ya no vive nada en su lecho más que peligrosas larvas de moscos, cucarachas de agua y otras sabandijas acuáticas, portadoras de enfermedades y un olor muy difícil de sobrellevar.

Nos cuesta trabajo imaginar las historias que nos narra don Joaco de cuando el pueblo era famoso por su río y su Viacrucis. Cuando las familias organizaban  días de campo en la orilla, pescando con anzuelo y tarraya, friendo carpas y ancas de rana en aceite con papas sobre discos de arado, con carne asada en las brasas y tacos de frijoles recalentados. Dicen que venía gente de la ciudad y de más lejos a pescar y a convivir.

La casa de don Joaco es de adobe y se encuentra justo frente al río. A pesar del olor de los contaminantes y desagües, muchísimos fuereños vienen a atenderse con él y a consultarlo. A sus pacientes no parece importarles ni la suciedad del río, ni los objetos de desecho, ni los animales muertos que ahora transportan sus aguas.

Se abre la pesada puerta de tablones de su entrada, aparece la mano fortísima y bonachona de don Joaco. Emergen sus ojos aceitunados y observadores. Al atravesar el pasillo de su sala, nos va envolviendo el concierto a todo volumen de decenas de periquitos australianos, canarios, palomas habaneras, calandrias, loros, cardenales y gorriones que viven en sus jaulitas, en el corral de don Joaco. Muy pronto comienza a hablar el brujo, es un grandísimo y animado conversador: “…Hace 20 años me dijo don Lauro que mi mujer me estaba embrujando…Don Lauro me aconsejo: -¡Vete hasta el fondo de tu patio a buscar en tal maceta de tal rosal!, ¡escarbas, y en el fondo vas a encontrar el mal…!- Y ahí estaba justamente aquello…”, nos dice don Joaco mientras tomamos asiento en su chiquigüite, como llama a un pequeño cuartito en donde realiza sus limpias, lecturas y trabajos energéticos. Don Joaco tuvo que aprender magia y brujería casi a la fuerza, cuando descubrió que su mujer le estaba haciendo trabajos de magia negra para dañarlo y quedarse con su casa y su dinero. Hasta entonces había llevado la vida común y corriente de un albañil. Tuvo que aprender a defenderse en un plano por completo invisible, al que casi nadie voltea a mirar en estos días.

Un día encontró en un libro de rituales mágicos una rara invocación al Maligno, la realizó a la media noche con las instrucciones que venían en ella y desde entonces su vida cambió. Al poco tiempo conoció a don Lauro, también maestro de Enedina y se fue a vivir a San Cristóbal de las Casas más de 3 años para estudiar con él:

¡…No…!  Una vez don Lauro nos pidió a un grupo de alumnos suyos que nos acostáramos en el suelo, entonces se sentó de repente arriba de mi barriga. Y yo, como lo respetaba mucho, no me moví para nada. Apenas podía respirar, pero no era capaz de pedirle que se quitara de encima, aunque me estaba lastimando. Entonces don Lauro nos dijo a todos: -¿Saben por qué éste está así de jodido…? Porque permite que cualquiera haga lo que quiera con él, porque es un dejadote, cualquiera se le puede sentar encima-. Entonces salté como un resorte y boté a don Lauro. Entendí que tenía que darme a respetar y aprender a defenderme yo solo de cualquiera…

Parte de lo que nos han enseñado don Joaco y Enedina en estos años es la necesidad de enfrentar nuestros temores, a curarnos y resolver nuestros problemas por nosotros mismos. En un mundo donde impera el dominio, la manipulación y el control externo de las personas a partir del miedo y la sugestión, la necesidad de ser el propio maestro, el automaestro, es una señal de que algunos brujos y sanadores como ellos no andan tan perdidos.

Un automaestro, tras haber adquirido una enseñanza espiritual, sigue por su cuenta su camino, tomando a la vida ahora como su única maestra, enfrentando sus obstáculos y peligros y haciéndose más fuerte cada vez que los sortea.

 

4. Un artesano en Europa

Estuve viviendo en Chiapas varios años con don Lauro, con él me acerqué por primera vez al Tarot y la verdad me hice muy bueno para interpretarlo, desde entonces es mi principal instrumento de trabajo. También aprendí masajes, la limpieza espiritual con huevo, chile seco y ramas de mezquite, a correr temazcales y a usar la acupuntura mexicana. Pero a los 3 años me echó de su casa, ya no quería que yo dependiera de él. Todo lo que podía aprender con él ya lo había aprendido. Ahora tenía que atender a mis propios pacientes. Yo todavía no me sentía seguro para curar personas, necesitaba una señal…

Don Joaco abandonó su oficio de albañil, se fue de Chiapas y retomó su gusto adolescente por la música. Se hizo de una guitarra y tras recordar un par de acordes se unió a un mariachi tradicional, compuesto por huicholes y mestizos. Anduvieron tocando en todas partes. Por cosas del destino, como él dice, los invitaron a presentarse en un festival de música folclórica en Barcelona, España. Cuando iban a regresar, aprovechando un permiso de la Unión Europea, don Joaco se separo de sus compañeros músicos y viajó hasta Alemania, Holanda y Suiza, viviendo de tocar su guitarra en trenes, plazas públicas, fabricando y vendiendo huaraches y pulseras que los europeos supieron valorar muy bien. Se dio tiempo para leer bastante, cuanto libro caía en sus manos sobre diferentes temas, también conoció a muchas personas en el camino. Visitó la ciudad natal de uno de sus grandes maestros: el médico y mago Teofrasto Paracelso.

Fue en una plaza de la ciudad de Colonia que se animó a realizar su primera lectura de Tarot en una banca a una muchacha que, según sus palabras, era muy bonita y estaba muy necesitada de ayuda. Don Joaco se comunicaba en un inglés mocho, pero suficiente para darse a entender con los alemanes. Entonces trabajaba con un antiguo Tarot egipcio, editado por un tal doctor Moore, que le obsequió don Lauro, el cual es ya muy difícil de conseguir, según nos platica en cada oportunidad.

Ese primer trabajo resultó un éxito. Gracias a él comprendió que debía regresar a México, reconstruir su casa frente al río y atender a la gente de su comunidad, que lo necesitaba más que nunca.

 

5. Cuando su mano se convirtió en cuchillo

Don Joaco arroja un leño en la hoguera que realizamos en mitad de su patio. Son casi las 12 de la noche. A nuestro alrededor impera el total silencio y una calma completa. Apenas se oyen algunos ladridos que se pierden en la lejanía. El río no parece descansar ni siquiera a esta hora, incluso  su cauce se escucha más activo que en la tarde.

Algo al interior del fuego estalla en el momento en que don Joaco nos describe sus conversaciones y diálogos con espíritus del Bajo Astral y con el Maligno. Suelta una ronca carcajada y las llamas parecen calmarse, amedrentadas con el poder de su voz de bajo. Sus ojos verdosos y revolcados nos recuerdan siempre una imagen de Pancho Villa. Ambos deben parecerse un poco o uno podría ser la reencarnación del otro, según nosotros.

Sus manos se vuelven igualmente poderosas que su voz cada que arroja los maderos a la hoguera, avivándola, también cuando extraen las cartas de sus dos mazos de Tarot, el egipcio del doctor Moore y el Ryder White, con los que trabajamos ahora. Sus manos parecen cortar como dos cuchillos, los poderes de la noche, en el momento en que abren las cartas y las parten para volverlas a unir de nueva cuenta. Es todo un maestro con las cartas.

En esta ocasión, tras hablar largo y tendido sobre los últimos Arcanos Mayores del Tarot, especialmente sobre el arcano XX, El Juicio Final, y sobre El Sol y La Luna, nuestra clase deriva hacia la necesidad de aprender a orar adecuadamente.

Don Joaco nos enseña a rezar el Padre Nuestro con una fuerza del corazón tremenda, de una manera conmovedora, llena de ímpetu y amor. Nos indica que si es rezado con la suficiente convicción y alma puede convertirse en un sortilegio poderosísimo capaz de alejar todos los temores, espantar los males y ayudar a proveer en cualquier tipo de necesidad. Según él, el Padre Nuestro originalmente era una oración dirigida al dios del Sol: el Dios Padre. “El Padre Nuestro es la única oración que le dio Dios directamente a los hombres…”, pronuncia categórico, con una voz que resulta más ronca que en cualquier momento de la noche. Luego pega un profundo trago a su botella de mezcal.

De pronto nosotros caemos en la cuenta de que tanto don Joaco como Enedina son entre otros brujos, curanderos y chamanes, representantes de un antiguo y hermoso orden de valores que reaparecen cada cierto tiempo, cuando las comunidades necesitan de ellos más que nunca, para ayudar a la gente a plantearse de nueva cuenta aquellas cosas que son importantes: la necesidad de voltear hacia sí mismos y mirar en sus corazones.

Sus centenares de aves se encuentran bien dormidas en las jaulas a esta hora, uno de sus cinco perros comienza a ladrarle a la nada. Un estridente coro de grillos inicia sus chirridos de manera ensordecedora. Don Joaco dice que aquí los grillos, cucarachas y ratas mutaron y se desarrollaron sobremanera, debido a los contaminantes que segrega el río. Aunque nunca nos encontramos hasta ahora con ninguno de ellos, la verdad es que esos grillos y ratas gigantes nos asustan más que las invocaciones de don Joaco dirigidas a los seres del Inframundo.

Ambos nos ponemos de pié tras largas horas de charla, estudio y buen mezcal. Guardamos en nuestro morral de lana un mazo nuevo del Tarot egipcio del doctor Moore, que el brujo nos obsequió el día de hoy.

Don Joaco nos brinda un abrazo muy cálido. Pronto nos iremos a dormir a su chiquigüite, como él lo llama, donde nos permite pernoctar cada vez que tenemos la oportunidad de venir a estudiar con él. Nos retiramos y sólo se queda la fogata en su patio, encendida y murmurante.

 

Twitter del autor: @adandeabajo