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Un compendio de lugares a los que uno puede viajar para viajar internamente ahí (con o sin psicodélicos): esbozos de un Club de Turismo Psicodélico
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La Casa del Caos, en Francia

Los lugares que visitamos suelen modificar también la forma en la que nos sentimos. Ya sea por la configuración de los colores,  la fragancia, la temperatura, la altura, la topografía o por cosas aún más misteriosas como la memoria del espacio o aquello que, por asociaciones culturales, proyectamos sobre un lugar, el tipo de pensamientos y nuestro estado de ánimo suelen verse alterados inmediatamante por el sitio en el que estamos. A veces no nos damos cuenta de esto, pero es seguro que nuestro cuerpo funciona de manera distinta en el jardín que en la cocina y ni se diga en una montaña o en el mar. Hay lugares que nos envuelven en su propio misterio, colocándonos en un estado de conciencia más sutil, como si cayéramos bajo el hechizo de lo que los antiguos llamaban el genius loci (el genio del lugar). Es por esto que uno puede hablar de lugares psicodélicos, entendiendo que esta palabra significa aquello que manifiesta la mente, pero que podemos entender mejor como aquello que hace que emerja a un plano consciente la profundidad de la psique. 

Casi como un metalenguaje del placer del viaje (el viaje dentro del viaje) el sitio Psychedelic Traveler reúne una serie de locaciones que considera que fomentan la expansión de la mente, con o sin sustancias psicodélicas. Es decir, lugares que por sí mismos son como un buen psicodélico o que son el perfecto complemento para fumar un porro, ingerir una gota de LSD o comerse unos hongos. El sitio se concibe como una comunidad, casi una wiki, en la que los usuarios pueden recomendar diferentes locaciones para que otros viajeros puedan tener experiencias "psicodélicas" y vayan descubriendo las innumerables joyas ocultas que les tiene reservadas el planeta.

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Quinta da Regaleira, en Portugal

No hay duda de que viajar es un arte (y aquí la palabra tiene siempre doble sentido) y es distinto a sólo hacer turismo, a ir a los mismos lugares, tomarse la foto y luego presumir que se fue a cierto sitio. La esencia de viajar es tener experiencias significativas, posiblemente transformadoras, que nos hacen no sólo ver otros mundos sino participar en ellos; estas experiencias son también internas. Uno se lleva no sólo el paisaje que vio, también se lleva los pensamientos y las sensaciones que ocurrieron internamente mientras observaba estos paisajes --los estados mentales que fueron, en realidad, provocados, engrandecidos por los espacios y las personas que conocimos en un viaje. Es por eso que el viajero podría argumentar que es más rico que el hombre acaudalado que no ha viajado, puesto que a él le pertenece una cauda de riquezas inmateriales, de memorias y de relaciones psicogeográficas que quien no ha a probado esta diversa comunión con el mundo no puede concebir. Sí, los lugares son seres y, por suerte, los llevamos con nosotros, multiplicando nuestra vida. 

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Glebe Tram, en Australia

Entre los lugares que Psychedelic Traveler considera ideales para encender un porro y admirar el paisaje o fusionarse con él (que se mueve, estalla en colores y se vuelve parte de la misma psique) o que por sí solos estimulan o relajan permitiendo que nuestra mente se manifieste en todo su esplendor, podemos destacar las formaciones rocosas de Playa de Gale, en Portugal; los jardines y pozas de Xilitla, de Edward James, en México; la Casa del Caos en Francia, del escultor Thierry Ehrmann (algo como una actualización cyberpunk de Xilitla); el lugar del nacimiento de Gautama Buda en Lumbini, Nepal; el jardín botánico de Wellington, Nueva Zelanda; la estación abandonada de tranvías de Glebe en Sydney, Australia, llena de graffiti fluorescente; las cuevas de gnomos hiperpsicodélicas de Electric Lady Land en Ámsterdam o los hermosos laberintos, cuevas y fuentes con motivos de alquimia de la Quinta da Regaleira en Portugal. 

En Pijama Surf hemos detectado algunos otros hotspots para posibles excursiones psicodélicas que deberían eventualmente sumarse a este compendio psiconáutico. Por ejemplo, el Jardín de la Especulación Cósmica, un espacio insuperable para la reflexión filosófica (¿lisérgica?); el río Caño Cristales en Colombia, agua violeta, roja y verde que podría ser una bandera líquida de la psicodelia; la Falla de Richat, que desde el cielo es como un ojo; el sitio arqueológico de Chavín de Huántar, el cual fue específicamente diseñado como una especie de parque de atracciones psicodélico para facilitar estados de conciencia alterados y entrar en contacto con la divinidad; y, mi favorito, Star Axis, un lugar alineado con la estrella polar en el desierto de Nuevo México que es un poderoso instrumento de percepción.

Twitter del autor: @alepholo

 

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Los 10 tips para viajar gratis en avión (según hombre que lo ha hecho durante 16 años)

Buena Vida

Por: Samuel Zarazua - 05/27/2015

Viaja en primera clase, come en businesss class y duerme en hoteles de lujo. ¿Cómo volar alrededor del mundo gratis?

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Para muchos de nosotros viajar en avión es la forma más fácil de llegar a cualquier destino, para otros puede llegar a ser una obsesión, como es el caso de Ben Schlappig, quien desde los 16 años ha aprendido una serie de trucos para acumular millas con puntos de la tarjeta de crédito para viajar alrededor del mundo sin gastar ni un sólo centavo, al grado de pasar más tiempo en el aire que con los pies en la tierra. Él considera que los 'viajeros aficionados' (hobbyists) como él, siempre estarán un paso más adelante que los que siguen la burocracia de las aereolíneas, a quienes considera unos idiotas. Ahora el avión es su casa, su oficina y su cuarto de juegos. Le gana a las aereolíneas en su propio juego.

Viaja alrededor de 650 mil kilómetros al año. Fue el primer hombre en viajar sobre el Pacífico seis veces en un solo viaje: Chicago, Osaka, San Francisco, Seúl y de regreso. Cuando terminó su viaje, ya había ganado medio millón de millas de viajero.

El escritor del blog One Mile at a Time (Una milla a la vez) busca, en su sitio de consultoría de viajes por puntos, dar consejos para conocer las formas en que se manejan las aerolíneas, para saber cómo explotar ello en beneficio de los viajantes.

Existen hombres que como Schlappig han encontrado lagunas en las políticas de las aereolíneas y lo han compartido por Internet, como el hombre que  se encuentra en un proceso legal por esta misma razón.

The New Yorker identifica a este grupo cada vez mayor de los viajeros que, para evitar la compra total del boleto, llevan a cabo los 10 consejos siguientes para viajar gratis:

  1. Localizan lagunas en la regulación de las aerolíneas para evitar pagar el precio completo del viaje.
  2. Se hacen viajeros frecuentes.
  3. Realizan viajes muy largos para acumular millas de viajero frecuente que después usan para los demás viajes.
  4. Realizan un número de vuelos pagados para buscar el mayor rendimiento de su 'inversión' y conseguir el estatus de 'lealtad' o de 'realeza'.
  5. Buscan algoritmos en sitios de Internet que anuncian 'errores de precios' en las páginas.
  6. Identifican los vuelos más reservados y se ofrecen para realizar el siguiente vuelo y  tomar la recompensa de 400 dólares.
  7. Tienen muchas tarjetas de crédito (de hecho, los hobbyist cuentan con docenas de ellas).
  8. Compran monedas de dólar con la tarjeta de crédito y mantienen los puntos de recompensa intactos.
  9. Pagan con tarjetas de crédito.
  10. Acumulan millas en productos que las ofertan como recompensa.

Las personas que conforman estos grupos de viajeros aficionados viajan como la realeza, sin embargo, United Airlines, con quien Schlappig consiguió por primera vez su estatus preferente, lo expulsó del programa en 2011 cuando se jactó de su 'pasatiempo' en una entrevista con The New York Times donde confesó cómo explotaba a la aereolínea por una cifra de 10 mil dólares.