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Representantes de un antiguo y hermoso orden de valores que reaparecen cada cierto tiempo, cuando las comunidades necesitan de ellos más que nunca, para ayudar a la gente a plantearse de nueva cuenta aquellas cosas que son importantes

El Bosco, detalle de

El Bosco, detalle de "Las tentaciones de San Antonio", 1490

El amor conquista el mundo y todos sus temores, cuitas y ansiedades. Habla de algo que puede ser despertado en nosotros y que es más fuerte que toda otra cosa en la vida. Habla de algo que invierte los signos en nosotros y lo hace de tal modo que lo que era activo se vuelve pasivo y lo que era pasivo se vuelve activo. Un hombre debe experimentar una inversión  dentro de sí para que su Esencia se vuelva poderosa.

Maurice Nicoll, Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky

 

1. Plantas de café en la ribera de Chapala

Lo primero que nos sale al paso en su casa es el olor del desayuno que ya está listo. Nos desmañanamos tomando el autobús de las 7:00 am en la Central Vieja para llegar a la hora de nuestra cita. Son las 9:30 y nuestros estómagos nos reprochan con gemidos la ausencia y el vacío infame de la mañana. La combinación de la canela con el café, conforma un aroma muy atrayente que se distingue desde media cuadra de distancia. Ella lo sirve con un chorrito de leche condensada y azúcar mascabado. Nuestras glándulas segregan saliva nada más al pensarlo, anhelantes. Ya casi no podemos esperar.

Nos acordamos cuando Enedina nos platicó que se trajo su primera mata de café de Chiapas, hace 10 años, envuelta en periódicos y abrazada en el camión desde San Cristóbal de las Casas. Después vivir casi medio año y estudiar con don Lauro: un chamán muy famoso, aprendiendo el masaje con piedras y la acupuntura mexicana. Ahora ya tiene más de 180 plantas en su jardín, en plena ribera del lago de Chapala. El café que obtiene de ellas es para el autoconsumo de su restaurante, aunque siempre queda algún kilito de tostado artesanal para obsequiar a sus familiares o amigos.

“Hoy tenemos costillitas en chile pasilla, bistec a la mexicana, carne asada, frijolitos y torta de huevo con salsa de tomate…”, nos dice Enedina al recibirnos sonriente en el zaguán de la entrada de su casa, donde atiende a sus clientes, ofreciéndonos su mano delgada y fina. Nos decidimos por la opción de costillas con la obligada porción de “frijoles de boda”. Alguna vez nos explicó ella que en la mayoría de los pueblos de la ribera les llaman frijoles de boda porque, cuando los fríen con manteca, les revuelven salsa de birria para darles más sabor. Resultan tan sabrosos que hay quienes sólo piden frijoles para el almuerzo, y no andan nada equivocados.

Su nuera, Cristy, una morena gordísima y de sonrisa bondadosa, quien se encarga de tortear, nos saluda también y promete mandarnos una generosa dotación de “calientitas”.

En las pequeñas mesas de madera ya hay instalados bastantes comensales de la más diversa ralea: pescadores, jornaleros, albañiles, burócratas, profesores y muchos empleados de la Comisión Federal de Electricidad. Al mirarlos echar el diente a una tortilla con frijoles y huevo con chile o de pancita en salsa verde, una de sus especialidades, nos acordamos también del esposo de Enedina, quien trabajaba en la Comisión.

Hace casi 30 años que Enedina enviudó, su marido reparaba unas instalaciones de alto voltaje en Mezcala cuando resbaló de una de las más altas y peligrosas torres. Quedó agarrado por la pierna de un cable, rostizándose. Su cuerpo permaneció colgado toda la noche, recibiendo descargas fortísimas de la corriente eléctrica con la que alimentaban la zona entera del Lago. Lo encontraron hasta el día siguiente, achicharrado e irreconocible.

Enedina dice que la experiencia de identificar su cadáver carbonizado fue la cosa más espantosa que haya vivido. Sus niños estaban muy pequeños cuando todo eso pasó. Ella nunca trabajó antes, fue muy consentida desde niña, primero por sus padres y luego por su marido, quien la adoraba y siempre se esforzó para que nada le faltara. La experiencia, según sus palabras, casi la vuelve loca. Duró casi 3 años en una depresión profunda. Pero también fue la oportunidad para descubrir, una vez sorteada la crisis, su misión en la vida: sus dotes como cocinera y sanadora.

 

2. La discípula de la húngara

A las 12 del día, luego del desayuno, nos reunimos sus alumnos de masaje, herbolaria y acupuntura. Enedina enseña acupuntura mexicana, la cual todavía no es tan conocida. Ella dice que don Lauro, su Maestro, les explicaba que los pueblos mayas y toltecas la practicaban desde la misma época que los chinos. Con ella curaban y atacaban casi cualquier enfermedad. Enedina no utiliza agujas, como en la técnica oriental, sino punzones de madera, jade, obsidiana o cuarzo de distinto calibre. Luego de dar un masaje con sus dedos por las partes principales del cuello, cráneo, espala, brazos y coxis, relajando al paciente, oprime con sus punzones cuidadosamente diversas áreas de los huesos y músculos, las cuales corresponden a los distintos órganos internos del cuerpo: hígado, riñones, páncreas, vaso, etcétera.

Somos cerca de 12 personas que nos reunimos una vez al mes, en una sesión de todo el día. Hay gente que viene desde la ciudad de México exclusivamente para estudiar la técnica que ella enseña. Entre sus alumnos nos encontramos psicólogos, médicos internistas y anestesiólogos, terapeutas físicos, tanatólogos, psiquiatras, gente común que viene a aprender, etcétera.

Enedina no cobra una cuota definida por sus clases, dice que la cooperación es voluntaria: “Lo que quieran darme, lo que gusten…”. Tampoco tiene un costo fijo por sus terapias, masajes y limpias. Hay quienes damos 100 pesos, de acuerdo a nuestras posibilidades, aunque percibimos que debe haber quien le paga por su cuenta hasta más de mil o 2 mil pesos.

Se nos ocurre pensar que su casa se sostiene con las ventas de su restaurante, que tampoco es caro: los desayunos cuestan 30 pesos e incluyen café y frijoles con refile y todas las tortillas que se puedan comer. Sabemos también que a mucha gente no le cobra por sanarla y realizarle limpiezas energéticas. A nosotros nos alivió de un dolor lumbar que, según algunos especialistas, requería intervención quirúrgica. Nos acordamos siempre de la manera tan delicada en que sus dedos suaves nos aflojaban los músculos de la cara y el cráneo, para luego lancear los meridianos de los brazos, plantas de los pies y hombros con unos punzones de jade que le trajeron de Guatemala. Tras cuatro sesiones de terapia no volvimos a sentir jamás molestias de ningún tipo.

Los gringos la buscan para que los cure porque sabe hablar bien inglés. Enedina es muy discreta y jamás presume de sus conocimientos de medicina tradicional ni idiomas, aunque sabemos que viene gente del extranjero sólo para tratarse con ella:

…A mí me enseñó a leer el café una húngara cuando yo era muy niña --nos platica en esta ocasión. Me dijo que si yo la enseñaba a tejer con gancho y agujas, ella me enseñaría a leer los restos del café. La señora era de Líbano, no hablaba muy bien español, pero también sabía leer las cartas y usar el péndulo para curar y hacerle consultas, duramos casi 2 años enseñándonos mutuamente. Desde entonces comencé a interesarme por todos estos rollos…

Al mismo tiempo que habla, narrándonos fragmentos de su vida, se encuentra insertando semillas de caléndula en la oreja de un voluntario para mostrarnos la técnica de auriculoterapia, utilizada por los toltecas desde tiempos inmemoriales.

 

3. El automaestro

Un joven chamán en potencia empieza por ser considerado en la comunidad como un “enfermo”, atrapado en una abrumadora crisis psicológica que se expresa en una profunda confusión mental e incluso en enfermedad física. Si se puede curar, entonces puede ser un chamán…; enloquecer o morir. Sus opciones son limitadas.

Sheldom B. Kopp, Gurú: metáforas de un psicoterapeuta

 

A don Joaco lo conocimos por Enedina. Ella nos mandó con él, nos contó que fue su maestro de Tarot y de otras técnicas de magia y medicina ancestral. Llegamos la primera vez por una consulta de cartas y una limpia. Desde entonces no hemos dejado de venir cuando menos dos veces al mes a visitarlo y estudiar con él.

Un autobús suburbano nos lleva a lo largo del todo el Periférico Sur de la ciudad, hasta la parte donde el camino está más descuidado y la placa del pavimento necesita mayor mantenimiento. Es un poblado pobre y echado en el olvido, ya casi nadie habla de él más que para mencionar sus malas noticias. Anteriormente era un rancho muy famoso por su Viacrucis y sus fiestas patronales, aunque estas casi se perdieron con el paso de los años y la intromisión de las costumbres urbanas.

La pequeña comunidad prácticamente fue absorbida por el crecimiento impío de la ciudad, más allá del Periférico. Muchos fuereños llegaron a vivir alrededor y transformaron forzosamente la vida cotidiana de la gente con sus costumbres nuevas, no necesariamente positivas. Abundan la drogadicción, el alcoholismo y los asaltos. Una pequeña sociedad que antes presumía de ser muy comprometida con sus celebraciones de Semana Santa, la Bendición de los Animales y las pastorelas de diciembre, ahora se encuentra casi en vías de extensión.

Atravesamos, no sin tomar ciertas previsiones, la plaza principal con su kiosco oxidado y basuriento. Después de las 6 de la tarde ya no es tan seguro transitar para los que no somos de por allí.

Caminamos hasta la última calle, la cual lleva a las afueras del pueblo, donde comienza el río que antaño proveía de carpas tilapias, bagres, culebras, ranas, salamandras, tortugas y patos para la dieta de los lugareños. Antiguamente su remanso surtía de agua potable buena parte de dos municipios del oriente de la ciudad. Hoy está completamente contaminado por las empresas cercanas y las colonias nuevas de interés social, que desaguan su pestilencia sobre él. Ya no vive nada en su lecho más que peligrosas larvas de moscos, cucarachas de agua y otras sabandijas acuáticas, portadoras de enfermedades y un olor muy difícil de sobrellevar.

Nos cuesta trabajo imaginar las historias que nos narra don Joaco de cuando el pueblo era famoso por su río y su Viacrucis. Cuando las familias organizaban  días de campo en la orilla, pescando con anzuelo y tarraya, friendo carpas y ancas de rana en aceite con papas sobre discos de arado, con carne asada en las brasas y tacos de frijoles recalentados. Dicen que venía gente de la ciudad y de más lejos a pescar y a convivir.

La casa de don Joaco es de adobe y se encuentra justo frente al río. A pesar del olor de los contaminantes y desagües, muchísimos fuereños vienen a atenderse con él y a consultarlo. A sus pacientes no parece importarles ni la suciedad del río, ni los objetos de desecho, ni los animales muertos que ahora transportan sus aguas.

Se abre la pesada puerta de tablones de su entrada, aparece la mano fortísima y bonachona de don Joaco. Emergen sus ojos aceitunados y observadores. Al atravesar el pasillo de su sala, nos va envolviendo el concierto a todo volumen de decenas de periquitos australianos, canarios, palomas habaneras, calandrias, loros, cardenales y gorriones que viven en sus jaulitas, en el corral de don Joaco. Muy pronto comienza a hablar el brujo, es un grandísimo y animado conversador: “…Hace 20 años me dijo don Lauro que mi mujer me estaba embrujando…Don Lauro me aconsejo: -¡Vete hasta el fondo de tu patio a buscar en tal maceta de tal rosal!, ¡escarbas, y en el fondo vas a encontrar el mal…!- Y ahí estaba justamente aquello…”, nos dice don Joaco mientras tomamos asiento en su chiquigüite, como llama a un pequeño cuartito en donde realiza sus limpias, lecturas y trabajos energéticos. Don Joaco tuvo que aprender magia y brujería casi a la fuerza, cuando descubrió que su mujer le estaba haciendo trabajos de magia negra para dañarlo y quedarse con su casa y su dinero. Hasta entonces había llevado la vida común y corriente de un albañil. Tuvo que aprender a defenderse en un plano por completo invisible, al que casi nadie voltea a mirar en estos días.

Un día encontró en un libro de rituales mágicos una rara invocación al Maligno, la realizó a la media noche con las instrucciones que venían en ella y desde entonces su vida cambió. Al poco tiempo conoció a don Lauro, también maestro de Enedina y se fue a vivir a San Cristóbal de las Casas más de 3 años para estudiar con él:

¡…No…!  Una vez don Lauro nos pidió a un grupo de alumnos suyos que nos acostáramos en el suelo, entonces se sentó de repente arriba de mi barriga. Y yo, como lo respetaba mucho, no me moví para nada. Apenas podía respirar, pero no era capaz de pedirle que se quitara de encima, aunque me estaba lastimando. Entonces don Lauro nos dijo a todos: -¿Saben por qué éste está así de jodido…? Porque permite que cualquiera haga lo que quiera con él, porque es un dejadote, cualquiera se le puede sentar encima-. Entonces salté como un resorte y boté a don Lauro. Entendí que tenía que darme a respetar y aprender a defenderme yo solo de cualquiera…

Parte de lo que nos han enseñado don Joaco y Enedina en estos años es la necesidad de enfrentar nuestros temores, a curarnos y resolver nuestros problemas por nosotros mismos. En un mundo donde impera el dominio, la manipulación y el control externo de las personas a partir del miedo y la sugestión, la necesidad de ser el propio maestro, el automaestro, es una señal de que algunos brujos y sanadores como ellos no andan tan perdidos.

Un automaestro, tras haber adquirido una enseñanza espiritual, sigue por su cuenta su camino, tomando a la vida ahora como su única maestra, enfrentando sus obstáculos y peligros y haciéndose más fuerte cada vez que los sortea.

 

4. Un artesano en Europa

Estuve viviendo en Chiapas varios años con don Lauro, con él me acerqué por primera vez al Tarot y la verdad me hice muy bueno para interpretarlo, desde entonces es mi principal instrumento de trabajo. También aprendí masajes, la limpieza espiritual con huevo, chile seco y ramas de mezquite, a correr temazcales y a usar la acupuntura mexicana. Pero a los 3 años me echó de su casa, ya no quería que yo dependiera de él. Todo lo que podía aprender con él ya lo había aprendido. Ahora tenía que atender a mis propios pacientes. Yo todavía no me sentía seguro para curar personas, necesitaba una señal…

Don Joaco abandonó su oficio de albañil, se fue de Chiapas y retomó su gusto adolescente por la música. Se hizo de una guitarra y tras recordar un par de acordes se unió a un mariachi tradicional, compuesto por huicholes y mestizos. Anduvieron tocando en todas partes. Por cosas del destino, como él dice, los invitaron a presentarse en un festival de música folclórica en Barcelona, España. Cuando iban a regresar, aprovechando un permiso de la Unión Europea, don Joaco se separo de sus compañeros músicos y viajó hasta Alemania, Holanda y Suiza, viviendo de tocar su guitarra en trenes, plazas públicas, fabricando y vendiendo huaraches y pulseras que los europeos supieron valorar muy bien. Se dio tiempo para leer bastante, cuanto libro caía en sus manos sobre diferentes temas, también conoció a muchas personas en el camino. Visitó la ciudad natal de uno de sus grandes maestros: el médico y mago Teofrasto Paracelso.

Fue en una plaza de la ciudad de Colonia que se animó a realizar su primera lectura de Tarot en una banca a una muchacha que, según sus palabras, era muy bonita y estaba muy necesitada de ayuda. Don Joaco se comunicaba en un inglés mocho, pero suficiente para darse a entender con los alemanes. Entonces trabajaba con un antiguo Tarot egipcio, editado por un tal doctor Moore, que le obsequió don Lauro, el cual es ya muy difícil de conseguir, según nos platica en cada oportunidad.

Ese primer trabajo resultó un éxito. Gracias a él comprendió que debía regresar a México, reconstruir su casa frente al río y atender a la gente de su comunidad, que lo necesitaba más que nunca.

 

5. Cuando su mano se convirtió en cuchillo

Don Joaco arroja un leño en la hoguera que realizamos en mitad de su patio. Son casi las 12 de la noche. A nuestro alrededor impera el total silencio y una calma completa. Apenas se oyen algunos ladridos que se pierden en la lejanía. El río no parece descansar ni siquiera a esta hora, incluso  su cauce se escucha más activo que en la tarde.

Algo al interior del fuego estalla en el momento en que don Joaco nos describe sus conversaciones y diálogos con espíritus del Bajo Astral y con el Maligno. Suelta una ronca carcajada y las llamas parecen calmarse, amedrentadas con el poder de su voz de bajo. Sus ojos verdosos y revolcados nos recuerdan siempre una imagen de Pancho Villa. Ambos deben parecerse un poco o uno podría ser la reencarnación del otro, según nosotros.

Sus manos se vuelven igualmente poderosas que su voz cada que arroja los maderos a la hoguera, avivándola, también cuando extraen las cartas de sus dos mazos de Tarot, el egipcio del doctor Moore y el Ryder White, con los que trabajamos ahora. Sus manos parecen cortar como dos cuchillos, los poderes de la noche, en el momento en que abren las cartas y las parten para volverlas a unir de nueva cuenta. Es todo un maestro con las cartas.

En esta ocasión, tras hablar largo y tendido sobre los últimos Arcanos Mayores del Tarot, especialmente sobre el arcano XX, El Juicio Final, y sobre El Sol y La Luna, nuestra clase deriva hacia la necesidad de aprender a orar adecuadamente.

Don Joaco nos enseña a rezar el Padre Nuestro con una fuerza del corazón tremenda, de una manera conmovedora, llena de ímpetu y amor. Nos indica que si es rezado con la suficiente convicción y alma puede convertirse en un sortilegio poderosísimo capaz de alejar todos los temores, espantar los males y ayudar a proveer en cualquier tipo de necesidad. Según él, el Padre Nuestro originalmente era una oración dirigida al dios del Sol: el Dios Padre. “El Padre Nuestro es la única oración que le dio Dios directamente a los hombres…”, pronuncia categórico, con una voz que resulta más ronca que en cualquier momento de la noche. Luego pega un profundo trago a su botella de mezcal.

De pronto nosotros caemos en la cuenta de que tanto don Joaco como Enedina son entre otros brujos, curanderos y chamanes, representantes de un antiguo y hermoso orden de valores que reaparecen cada cierto tiempo, cuando las comunidades necesitan de ellos más que nunca, para ayudar a la gente a plantearse de nueva cuenta aquellas cosas que son importantes: la necesidad de voltear hacia sí mismos y mirar en sus corazones.

Sus centenares de aves se encuentran bien dormidas en las jaulas a esta hora, uno de sus cinco perros comienza a ladrarle a la nada. Un estridente coro de grillos inicia sus chirridos de manera ensordecedora. Don Joaco dice que aquí los grillos, cucarachas y ratas mutaron y se desarrollaron sobremanera, debido a los contaminantes que segrega el río. Aunque nunca nos encontramos hasta ahora con ninguno de ellos, la verdad es que esos grillos y ratas gigantes nos asustan más que las invocaciones de don Joaco dirigidas a los seres del Inframundo.

Ambos nos ponemos de pié tras largas horas de charla, estudio y buen mezcal. Guardamos en nuestro morral de lana un mazo nuevo del Tarot egipcio del doctor Moore, que el brujo nos obsequió el día de hoy.

Don Joaco nos brinda un abrazo muy cálido. Pronto nos iremos a dormir a su chiquigüite, como él lo llama, donde nos permite pernoctar cada vez que tenemos la oportunidad de venir a estudiar con él. Nos retiramos y sólo se queda la fogata en su patio, encendida y murmurante.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

El fascinante ejercicio cosmológico de intentar entender por qué el hecho de que no hayamos sido visitados por extraterrestres no significa que no existan, de hecho es coherente con una fascinante (y a veces inquietante) visión del universo

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Considerar las soluciones a la paradoja de Fermi es casi tan interesante como imaginar la multiplicidad de formas de vida y mundos que pueden existir en el universo. Ambos son parte de los ejercicios imaginarios más estimulantes, parte del más alto linaje de la ciencia ficción, por así  decirlo. La paradoja de Fermi es un problema lógico que puede enunciarse así: dada la enorme cantidad de planetas con condiciones aparentemente favorables para el desarrollo de vida deberíamos de habernos encontrado con vida inteligente extraterrestre. Por ejemplo, tan solo si el 0.1% de los planetas en la Vía Láctea estuvieran habitados, debería de haber vida en por lo menos 1 millón de planetas. Y, sin embargo, hemos enviado señales al cosmos y hemos puesto nuestros aparatos a detectar señales de vida inteligente y no hemos encontrado más que el silencio infinito del espacio.

A continuación cinco posibles soluciones a esta paradoja, que no son necesariamente las más probables sino que están orientadas a generar asombro y fascinación cosmológica. Es decir, son filosóficamente las que me parecen más interesantes. Para las tres primeras he tomado como punto de partida esta nota de io9, las últimas dos son mis propias conjeturas; una a partir de una idea que escuche contar a Douglas Rushkoff; la otra, una interpretación de la famosa frase de Arthur C. Clarke: "una tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia".

1. La hipótesis del zoológico -- Tal vez la Tierra es una especie de zoológico o guardería en la que hemos sido depositados como parte de un experimento de biología cósmica. De ser así podrían existir leyes y acuerdos en la galaxia para respetar nuestro proceso evolutivo. Civilizaciones extraterrestres podrían existir, de hecho podrían haber sido nuestros creadores, pero preferirían mantenerse al margen, imperceptibles, como parte de su método científico, respetando un cierto espíritu imbuido en el experimento. Esta hipótesis, propuesta por John Ball en 1974, no choca necesariamente con algunas ideas religiosas, ya que sugiere que la vida podría haber sido sembrada por seres superiores. Estos seres podrían tener un plan para nosotros, una especie de mayoría de edad cósmica en la que se nos revela la verdad de nuestro origen, o podríamos ser simplemente el resultado de una fuerza generativa que una vez echada andar corre por su propia cuenta. Los creadores podrían o no habernos creado con su propia esencia; de habernos creado con su propia esencia es posible que los atisbos de otros seres, teofanías y experiencias cósmicas fueran parte de este proceso de tomar conciencia de nuestro propio ser. La otra posibilidad es que exista un consenso entre las civilizaciones más avanzadas de que una forma de vida que se genera de manera natural debe ser dejada a sus propios medios hasta que consiga cierta evolución o cierto refinamiento de la conciencia para que pueda entrar en contacto con otra civilización sin estar en demasiada desventaja.

2 La hipótesis de la simulación -- El filósofo de Oxford Nick Bostrom plantea que si en el futuro, según suponen muchos científicos y futuristas, es posible que existan grandes cantidades de poder computacional, quizá estas generaciones futuras realicen simulaciones detalladas de sus ancestros en sus supercomputadoras. Civilizaciones de este tipo podrían haber llegado a conocer la mente lo suficiente para simular personas conscientes que creerían ser autónomas. El poder computacional de estas generaciones futuras les permitiría realizar miles y miles de simulaciones por lo cual se podría suponer que la vasta mayoría de las mentes no pertenece a la raza original sino a la raza “simulada”. Tal vez nosotros vivimos en una de estas simulaciones; podrían ser infinitamente diversas, pero en nuestro universo quizás la raza original ha decidido no tener otras razas coexistiendo o entrando en contacto entre sí. Cada una en su pecera o, como en The Truman Show, en un programa de televisión (casi) indistinguible de la realidad. Quizás la simulación tendría en algunos lugares un bajo bit rate, y el espacio mismo se podría pixelear; podríamos notar, como Buda, que vivimos en una ilusión, en un programa de Maia. Una versión de esta hipótesis está siendo probada por la astrofísica ya que hace sentido desde una perspectiva cosmológica. En una coincidencia extraña, científicos del laboratorio Fermi están realizando un experimento para determinar si vivimos en una proyección holográfica. En un comunicado de prensa explicaron:

En el mismo sentido en que el personaje de un programa de TV no sabría que su mundo aparentemente en 3D solo existe en una pantalla en 2D, podríamos no saber que nuestro espacio en 3D es solo una ilusión. La información de la totalidad del universo podría estar codificada en pequeños paquetes bidimensionales.

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3. Extraterrestres avanzados se mueven a ciertas zonas de la galaxia -- Seres más avanzados podrían existir en zonas alejadas del centro de la galaxia. Según Milan M. Ćirković y Robert Bradbury, en los bordes de los discos galácticos civilizaciones más avanzadas podrían formar comunidades de inteligencia cósmica sin tener que preocuparse por los problemas del calor y los desechos que se acumulan en otras zonas. Estas civilizaciones tendrían sus supercomputadoras en zonas frías y relativamente estables. 

Contrario a esto podríamos cotejar una idea esotérica de la Antigüedad, la cual es mencionada por Platón y por el hermetismo. Se creía entonces que las almas avanzadas vivían cerca de la Vía Láctea, la cual era una especie de vientre o ciudad luminosa para seres que habían logrado una mayor evolución espiritual. La Tierra, en cambio, era a donde viajaban a conocer el mundo de la materia y aprender a dominar la ilusión de la misma para despertar a la vida eterna en el centro de la galaxia, habiendo bebido del río de Mnemósine. 

4. Civilizaciones extraterrestres podrían existir sin mostrar interés en explorar otros mundos al sumirse en la contemplación de sí mismas -- Esto tiene una doble vertiente. Como mencionan algunos transhumanistas, al llegar a cierto nivel (probablemente la inteligencia artificial) una civilización avanzada podría dedicar toda su atención y energía a experimentar mundos generados digitalmente, vivir paraísos artificiales interiores en sus conciencias incorpóreas descargadas a máquinas capaces de sostener un proceso consciente de manera indefinida. Podríamos llegar a la inteligencia pura reflexionando sobre sí misma, cada quien viviendo su propio universo sin interactuar con los demás.

Una segunda posibilidad es la que menciona Douglas Rushkoff, haciendo una metáfora distópica de nuestra propia sociedad. Es posible que al seguir desarrollándonos tecnológicamente y preferir el espacio virtual al espacio físico, toda nuestra exploración y contacto con los demás ocurra a través de interfases. Podríamos imaginar que una sociedad así podría caer perdidamente --en una narcosis narcisista-- enamorada de sus propias imágenes y de sus propias construcciones fantásticas, perdiendo poco a poco todo interés por la realidad exterior. Podríamos quedar masiva y absolutamente hipnotizados por nuestras pantallas y nuestros aparatos, quizás poco a poco ir perdiendo nuestra curiosidad e incluso nuestra inteligencia. Y, en vez de convertirnos en dioses a través de la tecnología como algunos creen, acabaríamos convirtiéndonos en máquinas o robots atrapados por la imagen, una adicción a la representación y al simulacro. La tecnósfera como una gigantesca y altamente inmersiva cueva platónica en la que los prisioneros están ahí voluntariamente porque han preferido la copia al original.

5. Una civilización suficientemente avanzada es indistinguible de la divinidad -- Seguimos pensado que los extraterrestres deben de ser de alguna manera como nosotros, o al menos ajustarse a nuestros modelos de lo que es la vida y la realidad. Pero si son mucho más avanzados que nosotros podrían haber llegado a tener cualquier forma, incluso haber perdido enteramente la forma (y ser invisibles) u ocupar todas las formas al mismo tiempo; de igual manera, podrían tener una tecnología que no solo nos parecería como magia, sino que ni siquiera podríamos percibirla y saber que existe. Un ejemplo de esto es el personaje de Palmer Eldritch, en la novela de Philip K. Dick que lleva su nombre (The Three Stigmata of Palmer Eldritch). Eldritch, siguiendo la idea gnóstica de que los planetas son entidades conscientes más avanzadas, se convierte en el espacio (físico y psíquico) en el que las personas habitan: “Lo que quiero decir es que me convertiré en todas las personas del planeta… Seré todos los colonos mientras arriban y empiezan a vivir aquí. Guiaré su civilización. Es más, seré su civilización”, le dice Eldritch a un habitante de Marte. Seres así incluso dejarían en entredicho el concepto de vida alienígena o extraterrestre, y podrían estar aquí con nosotros, ser nosotros mismos incluso, o, como teoriza Hugo de Garis, podrían existir a escala atómica:

Las hiperinteligencias que tienen miles de millones de años más que nosotros en nuestro universo (que es unas tres veces más viejo que nuestro sol), probablemente se han reducido para alcanzar mayores niveles de performance. Civilizaciones enteras podrían estar viviendo dentro de volúmenes del tamaño de un nucleón o más pequeños.

 

Twitter del autor: @alepholo