*

X

Cuando recordamos un evento pasado, estamos sólo recordando la última vez que lo recordamos

Por: Lucia Ortiz Monasterio - 05/05/2015

Los recuerdos no son lo que parecen ser: nada tienen que ver con el evento del que surgieron. Pero hay maneras de convivir mejor con ellos

Screen shot 2015-05-04 at 9.27.18 PM

Nuestra memoria individual es nuestro fantasma por toda la vida; hay que ser considerados. Para bien y para mal, nunca nos va a dejar de acechar. No nos va a ahorrar ningún momento incómodo, doloroso, nostálgico, por más que intentemos disuadirla. Nos hará revivir una y otra vez eso que preferiríamos enlutar bajo el plomo del pasado. Pero como buen fantasma, también es una dulce compañía. A veces incluso más dulce que el acontecimiento que recrea. Acordarse de detalles de una noche deliciosa, por ejemplo, puede rebasar en delicia a esa misma noche. Pero hay algo que debemos saber antes de conmovernos profundamente hacia la tristeza o el placer a partir de un recuerdo: cuando recordamos un evento pasado, estamos realmente recordando la última vez que lo recordamos.

Dicho de otra forma, el pasado no existe; se quedó en su lugar, en su presente. Cuando recordamos algo, nuestro recuerdo poco tiene que ver con el evento (una foto de las flores no es las flores); es una copia de la copia de la copia de las veces que lo 297254_10151283032485396_487300698_nhemos recordado, y cada copia se distorsiona un poco. ¿Tienes un recuerdo atesorado? Piensa dos veces si quieres recordarlo ahora, por que la próxima vez no será el mismo, y además, cada vez que lo recorras se irá desvaneciendo. Es como si se gastara con el uso. Por otro lado, si tienes un recuerdo traumático, invócalo cuanto antes para que pierda fuerza y no pueda hacerte más daño. Evadir recuerdos es conferirles fuerza.

Nunca volveremos a un momento vivido, como nunca pisaremos el mismo río. Este fascinante estudio fue publicado en Journal of Neuroscience en 2012, y cambia todo lo que pensábamos de nuestra aparente realidad. Es como el juego del teléfono descompuesto, los pequeños errores que se van acumulando acaban por derrotar al mensaje original, incluso al punto de convertirse en algo totalmente falso o ficticio.

De ahí que las ocasiones en que rumiamos un recuerdo una y otra vez estamos más bien creando un monstruo que nada tiene que ver con su punto de partida. Nada de lo que tuvimos regresa. Tenemos a nuestro fantasma, la memoria, que es una máquina de hacer quimeras; bestiarios hermosos o terribles, pero despegados por completo de su manuscrito original. Tal vez así funciona el pasado: cuando se va deja en su lugar a un fantasma y nosotros le conferimos agencia a ese fantasma como si fuera el evento mismo, agencia sobre nuestra realidad y nuestras emociones. Pero al invocar a ese fantasma, al recordar, estamos cambiándolo, creando a otro parecido a él pero distinto, y así hasta que no es más que un pequeño dolor o una pequeña alegría. Una nostalgia. Habría que considerar y elegir qué recuerdos recordar y cuándo.

Twitter de la autora: @luciaomr

Te podría interesar:

El 'Libro tibetano de los muertos' ha reencarnado en cómic glitch

Por: pijamasurf - 05/05/2015

El aprendizaje del estado intermedio consiste en una serie de realizaciones para que el alma del difunto alcance la liberación del mundo de las ilusiones, el deseo y las apariencias, y abandone de una vez por todas la rueda de la ignorancia

maxresdefault

Uno de los textos más sagrados del budismo tibetano es el Bardo Thödol, conocido popularmente como el Libro tibetano de los muertos. Este libro es una crónica y una compañía para los "bardos" o estados intermedios entre la muerte y el renacimiento, el cual se extiende, según la escuela Nyingma, durante 49 días.

El vehículo del sueño y las prácticas debieron preparar al adepto para lo que verá a continuación: al traspasar el umbral se le presentarán visiones maravillosas y aterradoras hasta el límite de los contrarios, el punto donde pierda todo recuerdo de haber sido alguna vez una persona y, a causa de su propia ignorancia y karma, volverá al mundo de una forma u otra.

Esta historieta fue creada hace tiempo por Thomas Coville y después desapareció, hasta que fue reposteada por Ultraculture. El estilo del cómic es sumamente casero, pero consigue presentar de forma accesible y graciosa una de las enseñanzas más importantes de los budistas. El efecto del cómic recuerda a la titánica Enter the Void de Gaspar Nöe. 

Page_1 Page_2 Page_3 Page_4 Page_5 Page_6 Page_7 Page_8 Page_9 Page_10 Page_11 Page_12 Page_13 Page_14 Page_15 Page_16 Page_17 Page_18 Page_19