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Cuando recordamos un evento pasado, estamos sólo recordando la última vez que lo recordamos

Por: Lucia Ortiz Monasterio - 05/05/2015

Los recuerdos no son lo que parecen ser: nada tienen que ver con el evento del que surgieron. Pero hay maneras de convivir mejor con ellos

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Nuestra memoria individual es nuestro fantasma por toda la vida; hay que ser considerados. Para bien y para mal, nunca nos va a dejar de acechar. No nos va a ahorrar ningún momento incómodo, doloroso, nostálgico, por más que intentemos disuadirla. Nos hará revivir una y otra vez eso que preferiríamos enlutar bajo el plomo del pasado. Pero como buen fantasma, también es una dulce compañía. A veces incluso más dulce que el acontecimiento que recrea. Acordarse de detalles de una noche deliciosa, por ejemplo, puede rebasar en delicia a esa misma noche. Pero hay algo que debemos saber antes de conmovernos profundamente hacia la tristeza o el placer a partir de un recuerdo: cuando recordamos un evento pasado, estamos realmente recordando la última vez que lo recordamos.

Dicho de otra forma, el pasado no existe; se quedó en su lugar, en su presente. Cuando recordamos algo, nuestro recuerdo poco tiene que ver con el evento (una foto de las flores no es las flores); es una copia de la copia de la copia de las veces que lo 297254_10151283032485396_487300698_nhemos recordado, y cada copia se distorsiona un poco. ¿Tienes un recuerdo atesorado? Piensa dos veces si quieres recordarlo ahora, por que la próxima vez no será el mismo, y además, cada vez que lo recorras se irá desvaneciendo. Es como si se gastara con el uso. Por otro lado, si tienes un recuerdo traumático, invócalo cuanto antes para que pierda fuerza y no pueda hacerte más daño. Evadir recuerdos es conferirles fuerza.

Nunca volveremos a un momento vivido, como nunca pisaremos el mismo río. Este fascinante estudio fue publicado en Journal of Neuroscience en 2012, y cambia todo lo que pensábamos de nuestra aparente realidad. Es como el juego del teléfono descompuesto, los pequeños errores que se van acumulando acaban por derrotar al mensaje original, incluso al punto de convertirse en algo totalmente falso o ficticio.

De ahí que las ocasiones en que rumiamos un recuerdo una y otra vez estamos más bien creando un monstruo que nada tiene que ver con su punto de partida. Nada de lo que tuvimos regresa. Tenemos a nuestro fantasma, la memoria, que es una máquina de hacer quimeras; bestiarios hermosos o terribles, pero despegados por completo de su manuscrito original. Tal vez así funciona el pasado: cuando se va deja en su lugar a un fantasma y nosotros le conferimos agencia a ese fantasma como si fuera el evento mismo, agencia sobre nuestra realidad y nuestras emociones. Pero al invocar a ese fantasma, al recordar, estamos cambiándolo, creando a otro parecido a él pero distinto, y así hasta que no es más que un pequeño dolor o una pequeña alegría. Una nostalgia. Habría que considerar y elegir qué recuerdos recordar y cuándo.

Twitter de la autora: @luciaomr

La legendaria "Twin Peaks" de David Lynch ya tiene un (rarísimo) videojuego (VIDEO)

Por: pijamasurf - 05/05/2015

Un largo pasillo que lleva siempre a la misma habitación tapizada de terciopelo. Un misterioso doble que te persigue. Una angustia existencial fraguada en Malibú. Hemos entrado a terrenos plenamente lynchianos

 

Twin Peaks es uno de los shows de culto en la TV: la telenovela filosófica de David Lynch molestó, provocó y concibió un tipo de humor indiscernible ya del imaginario de los 90. La pregunta por la muerte de Laura Palmer ahora ha tomado una nueva forma, en una suerte de objeto lyncheano por derecho propio: un videojuego estilo Atari llamado Black Lodge 2600.

El juego pretende rendirle tributo al último episodio (SPOILER) donde el agente Cooper es confrontado con su doble malévolo (también llamado doppelgänger), quien lo percibe por interminables corredores de un palacio escheriano. Hablando de surrealismo jungiano.

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Este juego tiene todas las cosas inexplicables que nos encantan de David Lynch: bustos aleatorios de la Venus de Milo, sensación de desesperanza y un gusto kitsch por la decoración de interiores. Como dice el manual del juego, "no tienes opción sino la de seguir corriendo por la habitación y el pasillo (¿o es que hay más de uno?), y sobre todo, ¡no dejar que tu doppelgänger te toque!".

Puedes descargar el juego y el manual aquí.