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Miles se están uniendo para exigir la cancelación del registro de un partido cuya mera existencia es una afrenta contra la democracia mexicana

partido-verdeHace 1 año publicamos un artículo sobre por qué el Partido Verde Ecologista de México es quizá el partido más cínico y fraudulento de todos (tarea difícil en una democracia como la mexicana). 

Formado por una familia oportunista, es negocio de unos pocos. En 2009 perdió su registro como "partido verde" por parte del Partido Verde Ecológico Europeo (por su insultante incongruencia; entre otras, cosas han apoyado el fracking) y sus miembros han estado involucrados en episodios tan oscuros como la misteriosa muerte de la búlgara Galina Chankova Chaneva, capítulo que se hizo pasar como un suicidio.

En pocas semanas se ha formado un movimiento para remover el registro a este partido, luego de que este año ha incurrido en violaciones sistemáticas a la ley electoral. De paso, el esquema de penas que impone el INE ha probado ser tan insuficiente que al Verde le resulta redituable pagar las multas y seguir infringiendo la ley.

La plataforma de firmas para quitar el registro al partido ya lleva más de 100 mil y a ella se han unido promotores de la petición como Sergio Aguayo o Denise Dresser.

Recientemente, The Guardian también dedicó un artículo entero al cinismo de este partido y al movimiento digital que está tomando fuerza. 

El vocero del partido, Arturo Escobar, ha calificado de ridícula la petición de remoción del registro; sin embargo, esta solicitud cita los motivos por los que es posible cancelar el registro según las normas vigentes: 

● Uso de recursos públicos y privados ilegales.

● Contratación y adquisición mediante sus legisladores de cerca de 300 mil spots en televisión de manera ilegal.

● Transmisión ilegal y reiterada en los tiempos del Estado Mexicano de propaganda prohibida por las autoridades electorales.

● Contratación de espectaculares y propaganda fija ilegal en miles de espacios urbanos en todas las entidades del país.

● Compra y transmisión ilegal de propaganda (cineminutos) en prácticamente todas las salas cinematográficas del país.

● Propaganda ilegal en tortillerías.

● Contratación de propaganda ilegal en las revistas del Grupo Televisa.

● Distribución en todo el país de miles de tarjetas de descuento, lo cual contraviene las disposiciones electorales.

● Campaña ilegal para la entrega de beneficios a ciudadanos, consistente en la entrega de vales de lentes con graduación gratuitos en distintas entidades del país.

● Uso y transmisión de propaganda falsa con la que ilegalmente se pretende engañar a la ciudadanía usando programas de gobierno para promoverse.

● Invasión de nuestra privacidad ya que, sin autorización alguna, somos molestados ilegalmente en nuestras casas a través de llamadas telefónicas para anunciarse.

● Impresión y distribución de 4 millones de calendarios producidos con materiales no biodegradables prohibidos por la ley.

● Uso ilegal de nuestros datos personales, del padrón electoral, de padrones públicos y de empresas privadas para hacernos llegar propaganda.

● Desacato reiterado de órdenes provenientes de autoridades electorales para suspender su propaganda ilegal.

 

Si te suena, puedes firmar la petición aquí.

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto

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Este es uno de los lugares más tóxicos de la Tierra, gracias a los gadgets que usamos a diario

Por: pijamasurf - 04/22/2015

En la Mongolia Interior se encuentra una de las ciudades que mejor reflejan el estilo de vida contemporáneo, aunque no el lado que siempre miramos, sino más bien el de los efectos nocivos de la producción y el consumo excesivos
[caption id="attachment_94357" align="aligncenter" width="464"]lg Image: Liam Young/Unknown Fields[/caption]

Quizá muy pocos de nosotros nos preguntamos por el origen y el destino final de nuestros gadgets, esos que, ahora, nos parecen tan cotidianos e incluso imprescindibles. Muchos ignoran (o prefieren ignorar) que la fabricación de cualquier smartphone o tablet implica prácticas laborales colindantes con la esclavitud, sea por la explotación a la que están obligados los obreros que los manufacturan o por la extracción de minerales necesarios para las baterías y otros componentes, sólo dos ejemplos de un proceso que no mejora en prácticamente ninguna de sus etapas, pues aun su uso implica daños a la salud y, al final, cuando su vida útil termina, no hacen más que cerrar ese ciclo que inició viciado de origen.

En la Mongolia Interior, una región autónoma de la República Popular de China, se encuentra una ciudad llamada Baotou, la de mayor desarrollo industrial de la zona, en buena medida debido a que ahí se concentra alrededor de 70% de las reservas de los minerales raros que, como el cerio o el neodimio, son necesarios en diversos aparatos tecnológicos, desde un teléfono portátil hasta una turbina o un láser. De ahí que ahora sea una metrópoli con más de 2 y medio millones de habitantes (hace 50 años eran apenas 100 mil) en donde las fábricas de gadgets y los anuncios de marcas occidentales conviven en una decadente armonía.

[caption id="attachment_94358" align="alignright" width="270"]The assembly line at an MP3 factory in Shenzhen Imagen: Kate Davies/Unknown Fields[/caption]

Esto, sin embargo, no es todo, pues como sucede en otras ciudades industriales, además del impacto sobre la calidad de vida de las personas, existe también un costo ecológico. En este caso, múltiples, pues a la contaminación cotidiana causada por las fábricas que ahí se asientan, se suma una suerte de acumulación que bajo ciertas circunstancias se hace evidente. Por ejemplo, cuando llueve (y en esa región la época de lluvias es intensa), el agua arrastra consigo polvo de carbón y otros residuos que terminan por convertirla en un líquido espeso y oscuro que recorre las calles. El aire igualmente tiene un fuerte olor a sulfuro, todos los días del año.

Y por si esto no fuera suficiente, el desastre natural más lesivo está en un lago creado artificial y expresamente para convertirse en el destino de los desechos de la manufactura tecnológica contemporánea. Una zona en donde la arcilla que tiene contacto con el agua contaminada en la orilla tiene niveles de radiación hasta tres veces superiores a la arcilla depositada en el fondo.

La pregunta, quizá, sería qué hacer al respecto. O si es posible hacer algo. Irónicamente, el sitio donde se publicó el reportaje en el que se encuentra esta información, cierra con un anuncio que invita a suscribirse a una entrega diaria de noticias desde y para… sí, el teléfono portátil. Tú mismo, ahora, lees esto en un aparato fabricado parcialmente en China, relacionado probablemente con eso que sucede en la Mongolia Interior. Eso, también, es la globalización. Eso, también, es nuestro mundo. ¿Hay posibilidad de salir de este mundo?