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Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot, se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

El segundo triunfo de la baraja revisado en el artículo anterior tiene una conexión fuerte con el tercero, mismo que en este capítulo nos compete; tanto es así que se habla de sus dos recipientes como de dos hermanas, hasta gemelas parecen ser, mas no idénticas, podrían verse como las denominadas “cuatas”. Sallie Nichols dedica cinco páginas enteras en su libro Jung y el Tarot nada más para separarlas, rastreando sus características y comparándolas. En resumidas cuentas, como bien lo dice: “La Papisa es paciente y espera, pasiva. La Emperatriz es acción y cumplimiento. La Papisa es regida por el amor; la Emperatriz gobierna por el amor. La Papisa guarda algo antiguo; la Emperatriz revela algo nuevo”. Aunque las dos representen a la diosa, cada una es un aspecto distinto. 

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En un sentido de lo viejo y lo nuevo, Alberto Cousté traza una bonita metáfora comparativa arquetípica:

Desde este punto de vista matriarcal, la emperatriz no es ya la Eva protagonista del pecado y la caída, sino la que aparece en ciertas tradiciones talmúdicas: la fundadora, reencontrando a Adán luego de 300 años de separación; aniquilando a Lilith –la rival estéril y lujuriosa-- para organizar junto al padre primordial la familia de los hombres.

Este arcano puede representar mayormente, de manera simple, en una tirada: riqueza, progreso femenino, proyectos elevados, a una esposa o un matrimonio con hijos, a la fertilidad misma.

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Comencemos a pensar en términos cinematográficos, en una película como lo es El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), con una Mrs. O’Brien (Jessica Chastain) poseída por la Emperatriz a tal grado que nos pone en orden con su voice over hablándonos como si fuésemos sus hijos. Muy bien resumido por Romeika Cortez en un ensayo: “La manera como Mrs. O’Brien es presentada, por medio de la expresiva edición, ayuda a comunicar su personalidad. Es idealizada por el autor desde el inicio como una personificación del camino de la gracia, una fuente de amor incondicional, de amor y generosidad”, a diferencia del padre que representa el otro camino, la naturaleza. Es así como personajes conectados directamente con el arcano de la emperatriz abren este espacio reconciliador con la madre cariñosa de la infancia del espectador, un pasaje idílico de cuento de hadas y biografía personal, una especie de álbum familiar matriarcal de recuerdos disparados al ver y escuchar la película. Mrs. O’Brien es una presencia, conciencia activa, sobre el personaje que se transforma en el tema del filme, construyendo sus conflictos internos que jugarán más tarde en la trama. Más adelante Malick vuelve a comunicarse definiendo el camino de la gracia en la voz de la emperatriz definiéndola como un camino de la gracia que acepta el desprecio y el olvido, acepta insultos y heridas como parte de la vida, un martirio cotidiano. No busca una satisfacción personal, todo el tiempo es una presencia activa en el mundo de esta manera.       

 

La emperatriz rebelde

Vera Drake (Mike Leigh, 2004) e Irina Palm (Sam Garbarski, 2007) representan cinematográficamente eternos femeninos que producen cambios a su alrededor fuera de las normas establecidas y hasta en contra de ellas, para que prevalezca el bien común de la comunidad por medio de su sacrificio. La señora Vera (Imelda Staunton), una perfecta ama de casa presidiendo un hogar lleno de armonía, ayuda a las mujeres a abortar. Esta operación clandestina le resulta gratificante a Vera únicamente en un sentido espiritual, puesto que no cobra nada por ello. Aleister Crowley vincula, al igual que lo hizo con la carta de la papisa con Isis en términos de dioses egipcios, a la emperatriz con Nephtys, hermana y esposa de Set, que solía representar al desierto con la característica, como Dios, de ser infecundo (árido), su esposa era el aire sobre el desierto acompañando a Osiris al inframundo. Crowley hace hincapié en que en esta carta está la clave de entender que en la realidad no hay brecha entre luz y obscuridad, hay una continuidad de vida: “Si se comprendieran perfectamente estas consideraciones, se haría posible reconciliar la teoría cuántica con las ecuaciones electromagnéticas”. Según el mismo Crowley, esta carta representa lo que une todo lo que está vivo: “una herencia de sangre que vincula a todas las formas de la Naturaleza”. Aunque la carta represente la fecundidad biológica, Vera trae la fecundidad del amor materno a las mujeres que abortan, la tranquilidad, brindando la oportunidad de poder procrear con amor y no con el instinto que las ha metido en problemas, la emperatriz puede liberar al individuo del pasado, conectándolo con sus responsabilidades reales.

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Así mismo Maggie (Marianne Faithfull), intenta encontrar trabajo para ayudar a su nieto enfermo, pero por su edad y experiencia sus oportunidades son casi nulas, y es así como termina trabajando en un lugar de venta de placer en un barrio bajo, masturbando clientes hábilmente como ninguna otra, ganando rápidamente una enorme clientela. ¿Está mal lo que hace Vera? Para cierto sector de la comunidad no, para la moral familiar sí; en medio de este debate es interesante pensar en dónde recae exactamente una sociedad físicamente. Aunque puede ayudar a la situación de su nieto, el problema viene después con su familia, cuando se enteran de sus nuevas actividades. El conflicto se origina cuando una emperatriz vieja no puede ser útil como abuela, en un rol pasivo aunque activa familiarmente, el sistema económico que permea todo no lo permite, el individuo que no produce (sea quien sea) no es muy bien visto. No es suficiente el amor que Maggie tiene por su familia, lo tiene que demostrar aportando dinero; aquí es donde se vincula con este naipe, deja de ser la papisa por el mundo que la contiene y se transforma en la emperatriz, con un sobrenombre de “Irina, la de la palma adecuada”, así logra trascender el mundo material y dominar un mundo masculino. 

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Así también Jeanne Dielman (Delphine Seyrig) se prostituye por las tardes siendo una efectiva ama de casa en las mañanas y las noches, mientras su hijo va a la escuela, en la sensacional cinta Jeanne Dielman, 23 quai du comerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975). Hasta ahí todo bien, pero como Sallie Nichols apunta: “una mujer que ha sido víctima del impulso o la fuerza de su poder se encontrará separada de su centro interior sin darse cuenta de lo que ha sucedido… La devoradora de hombres (Kali, la terrible) en lugar de desarrollar su propia creatividad femenina”, y es así como Jeanne se transforma súbitamente en lo que será una de las más violentas y rápidas transformaciones en el cine, una sádica asesina que necesita transformar espeluznantemente la situación que ha provocado. La cinta es filmada de una manera que puede ser vista como fría, a una distancia descriptiva con las acciones, sin movimientos de cámara completamente estática, la cámara es como la emperatriz misma.   

Todos estos ejemplos de personajes constituyen emperatrices y no papisas por su carnalidad y sobre todo por ser personajes activos, representando este eterno espíritu femenino divino pero encarnado, manifestándose en un extremo de la creación, generando luz por su entrega al mundo que las rodea lejos del miedo, afectando a los demás y generando un cambio. Chantal Akerman refuerza esta conciencia con el tiempo de sus escenas, su cadencia, la duración de sus planos y la fijeza del encuadre, incluyendo sobre todo quehaceres domésticos casi filmados en tiempo real.    

 

La emperatriz cómplice

Madre (Bong Joon-ho, 2009) es un thriller policíaco que se centra en una madre abnegada (Kim Hye-ja) que cuida de su hijo, que siempre ha vivido con una enfermedad mental. Sucede que hay un asesinato en el pueblo que apunta al hijo como culpable y que lo lleva a la cárcel. La madre se dedica a investigar el crimen, intentando demostrar la inocencia de su hijo pero, a medida que avanza su investigación y que el hijo resulta más inmiscuido, no queda más que volverse su cómplice hasta liberarlo. La emperatriz activamente se mueve motivada por sus hilos emocionales, para liberar al sujeto en cuestión en cambios positivos para su vida. Ya lo dice Banzhaf en el terreno de las relaciones:

representa igualmente cambios y novedades, tanto crecimiento en sentido familiar como cualquier otra forma de cambio dentro de la relación. En todos los casos denota actividad y evoluciones predominantemente halagüeñas. Además puede expresar una fase de amor maternal o ser símbolo de la tierra en la que crece una nueva y vívida relación.

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En estos sentidos Madre, simbólicamente, representa la relación que un individuo vuelve a establecer con la emperatriz en una nueva etapa espiritual donde su libertad esta mucho más presente. Se convierte en un cómplice en la vida por medio de una relación que ayuda a catapultarlo, trascendiendo así una existencia básica sin metas ni sentido final.           

 

La emperatriz mártir

En sus múltiples versiones cinematográficas Juana de Arco es una poderosa extensión del personaje histórico que surge de la leyenda, poderoso personaje arquetípico que alcanza a ser proyectado en pantalla de distintos modos. Por medio del martirio, esta emperatriz joven se corona, trascendiendo su materia por medio de un ritual de fuego, representando finamente la riqueza espiritual alcanzada en la carne. 

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En la versión de Carl T. Dreyer (1928) fue María Falconetti el histrión que dotó de pasión a la heroína, logrando una comunión nunca antes vista con el espíritu en el celuloide. Pareciera que el fenómeno cinematográfico tuviera esta función latente que se descubre con esta cinta, exponer el espíritu que reside dentro del humano por medio de la luz proyectada en la pantalla, y liberarse por medio de la película. Los expresivos close ups nos guían por las montañas y valles metafísicos de la dama de Orleans desdoblándose en un mito eterno, que sigue renovándose en cada versión fílmica subsiguiente.

Robert Bresson, el alquimista de imágenes, hace una versión abstracta (1962) muy en su estilo, que disecciona las acciones en las que Juana encarna al arcángel viviendo su fe, encontrándola para no soltarla nunca más. Pareciera una segunda parte de su película Un condenado a muerte se ha escapado (Bresson, 1956) o más bien su sombra, porque corresponde en su discurso diegético, pero trasciende en su sentido metafísico. La razón del cautiverio podría verse al igual como injusta, pero la manera como se enfrenta es muy distinta, aunque la técnica cinematográfica como se capturan las imágenes sea tan parecida.

Pareciera que esta santa ha adoptado el medio cinematográfico para aparecer una y otra vez en pantalla, viviendo su martirio al infinito. Versiones desde la de Cecil B. DeMille (1917) a la de Luc Besson (1999) inmolando a su propia esposa, pasando por versiones de Rossellini (1954) con Ingrid Bergman o Victor Fleming (1948) entre otras, nos recuerdan que la emperatriz tiene el poder espiritual suficiente para trascender el mundo material. 

 

Riqueza material

También la emperatriz es la materia lujosa, la elegancia, el orgullo de la reina.  Representada en El Diablo viste a la moda/The Devil Wears Prada (David Frankel, 2006) por Meryl Streep, emperatriz que resulta iniciar a la emperatriz joven Andy (Anne Hathaway) en este camino. 

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Andy acepta las humillaciones que su jefa la obliga a vivir para transformarse lentamente e ir ocupando su lugar; de este modo la película nos muestra cómo la riqueza material es un estado mental que se puede transferir directamente comunicando la experiencia con base en un ritual.   

 

Fuentes

Banzhaf, H. Aprenda a Consultar el Tarot, método práctico con la baraja Rider.

Cousté, A. El Tarot, o la máquina de imaginar.

Nichols, S. Jung y el Tarot.

https://www.academia.edu/2589540/Art_Film_An_Analysis_of_Terrence_Malicks_The_Tree_of_Life

http://www.ancientegyptonline.co.uk/nephthys.html

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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El término "natural", legal, semántica y filosóficamente genera enorme polémica: ¿hemos abusado tanto de él que ha perdido su significado?

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El ser humano ha alterado la mayor parte de la naturaleza, hasta el punto de que las pocas cosas que creemos que son "naturales" --y no han sido trastocadas por el artificio-- nos parecen, en comparación, ser dueñas de un poder especial, y las identificamos con todo lo "bueno" y para algunos incluso con lo divino. Y sin embargo, también se podría argumentar que no hay nada --por más que lo haya modificado el hombre-- que no sea natural, que no sea naturaleza, que no tenga el mismo origen. La computadora que utilizas para leer esta nota proviene también de la Tierra. Lo cierto es que en la actualidad es sumamente difícil y controversial definir lo que es "natural".

El periodista Michael Pollan ataca este problema en un notable artículo en el New York Times. Pollan nos introduce al problema semántico e incluso legal de lo natural, en relación a las cerca de 200 demandas impuestas en cortes de Estados Unidos contra productores de alimentos por utilizar la etiqueta "natural". Cosas que en primera instancia parecen tan cínicas o aberrantes como "Cheetos naturales" o "Sun Chips" y "Naked Juice" "100% natural" han sido objeto de procesos legales, ya que los demandantes argumentaron que estos productos contenían sabores artificiales, conservadores e ingredientes genéticamente modificados.

La FDA, el organismo que rige fármacos y alimentos en Estados Unidos, se negó a meterse en problemas y definir lo que es "natural" y lo que no es. Aunque la FDA sí recomendó que alimentos etiquetados como "naturales" no deberían tener "ingredientes artificiales o sintéticos", manifestó también que "es difícil definir a un producto alimenticio como 'natural' ya que el alimento seguramente ha sido procesado y ya no es un producto de la Tierra". Michael Pollan escribe que esto sugiere que "la industria no debería buscarle demasiado, ya que podría descubrir que nada de lo que vende es natural".

Pollan precisa que si bien es difícil definir lo que es "natural", es fácil decir qué alimentos son más naturales que otros. Por ejemplo, pollo o unos nuggets de pollo, azúcar de caña o el jarabe de maíz de alta fructuosa. "Los alimentos naturales rara vez se molestan en utilizar la palabra; cualquier producto que siente la necesidad de decirte que es natural probablemente no lo sea". He ahí un primer axioma para un consumidor en el salvaje mundo de los supermercados.

 

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El purista en el supermercado se enfrenta con un laberinto de complicaciones. Cuando su motivación principal es la salud y no la economía, parece ser apropiado solamente comprar alimentos de la sección de frutas y verduras y carnes (es decir, las cosas que no tienen etiquetas o casi no tienen); y, sin embargo, muchas de las carnes que se pueden comprar han sido tratadas con antibióticos y la mayoría de las frutas y verduras han sido alteradas con pesticidas. Puede buscar entonces la etiqueta "orgánico", pero eso también es un problema similar a la definición de 'natural' (aunque en ciertas partes del mundo existen estándares relativamente precisos para que un producto pueda entrar en esa clasificación). Esto, sin embargo, lo puede poner en aprietos económicos, cuando realmente no conoce cómo fueron producidos esos alimentos y si realmente son más sanos. Parece que la solución es cosechar los propios alimentos o comprar sólo a productores locales dentro de nuestra comunidad. Y sin embargo, muchos de nosotros vivimos en ciudades, grandes bloques urbanos, donde encontrar productos locales para todas nuestras necesidades es prácticamente imposible (e incluso el sentido de comunidad es un espejismo). Lo mismo ocurre para quien quiere llevar una "vida natural": ¿existe la naturaleza en la ciudad, en los edificios y en las oficinas? ¿El aire mismo que respiramos, sigue siendo natural? ¿Estamos condenados a la contaminación y al artificio?

Esto en lo referente al pragmatismo de la vida natural. La cuestión filosófica de lo natural no es menos complicada. Pollan escribe que tenemos culturalmente asimilada la noción de que "la naturaleza consiste de todo en el mundo excepto de nosotros y de lo que hemos hecho o producido. En nuestra médula, parece, todos somos creacionistas". Heredamos la idea religiosa de que la naturaleza es el "segundo libro de Dios" y al dividir el cuerpo de la mente (o del espíritu) en el proceso secular del cartesianismo, colocamos las ideas de lo "bueno" y lo "bello" casi exclusivamente en lo natural, eso es: en lo natural que no ha sido tocado por el hombre. Estoy exagerando un poco con fines dialécticos, pero siguiendo esta tónica pareciera que el hombre tiene un toque antiMidas, en el que todo lo que toca lo corrompe o, como Frankenstein, en nuestro intento de tomar las riendas de la creación, en un salto prometeico, nuestras obras son nuevos y constantes monstruos contra natura. 

Claro que esto es sólo una de las perspectivas que tomamos, uno de los campos radicales a los que nos unimos. El otro sugiere que la alteración de la naturaleza por parte del hombre es un proceso completamente natural, ya que de no serlo el hombre no habría evolucionado --naturalmente-- hasta tener la capacidad  de alterar la naturaleza. La mente humana, con todos sus sueños de conquista espacial y sus máquinas que manifiestan externamente su imaginación, no es más que el último ápice del gran edificio natural. "Hay mente en todos lados, ves la mente en la naturaleza. Una semilla es un archivo de información que le dice a la tierra alrededor cómo organizarse para hacerse un árbol. ¡La Naturaleza sólo es nanotecnología que funciona!", dice el tecnoentusiasta Jason Silva, quien considera que el hombre ha tomado control consciente de la selección natural. Pollan nota esta misma tendencia: "En un extremo de los significados posibles, no hay nada más que naturaleza. Nuestra especie es resultado del mismo proceso --selección natural-- que creó todas las otras especies, lo que indica que nosotros y lo que sea que hagamos es natural. Así que, adelante llama a tus nuggets naturales", (nótese cierto sarcasmo).

En realidad Pollan considera que la naturaleza es, como la ballena de Moby Dick, "una pantalla en blanco en la que cada quien proyecta lo que quiere ver", y que debemos "buscar nuestros valores en otro lado". Esto último toca un tema sumamente polémico y complejo. Algunas personas señalan que la naturaleza es esencialmente amoral y despiadada: las ratas llegan a comerse a sus hijos, los "adorables" delfines violan a las marsopas y se violan entre sí... la evolución avanza sin miramientos. La naturaleza tal vez no tenga moral, pero no podemos afirmar tajantemente que aquello que consensualmente consideramos "bueno" en nosotros no viene de la naturaleza, es decir, lo bueno no es siempre algo que hacemos sino también con lo que nacemos o algo que ya está en nosotros como una semilla. Por ejemplo, podemos considerar a la empatía como una emoción originalmente arraigada en la biología, en la comunicación de neuronas espejo entre una madre y un hijo. Si no tuviéramos neuronas espejo difícilmente podríamos amar a otras personas: la capacidad de ponernos en los zapatos del otro es algo con lo que nacemos. En realidad muchas de las cosas que culturalmente consideramos como más valiosas las aprendemos observando e imitando a la naturaleza; aunque algunos artistas hayan señalado que el arte no imita a la naturaleza, ciertamente la ciencia sí imita a la naturaleza y existen innumerables ejemplos de importantes tecnologías que fueron desarrolladas observando e imitando a plantas y animales. El asombro y el significado existencial que brinda la belleza a nuestras vidas difícilmente se hubiera desarrollado si solamente pudiéramos admirar obras humanas. Todas las grandes filosofías y religiones del mundo se han basado en la observación de la naturaleza --es decir, de su propio cuerpo y de los cuerpos animales y vegetales-- y han tomado sus preceptos de los ciclos y ritmos de crecimiento de la naturaleza. En este sentido podemos decir que si bien tal vez la naturaleza no sea moral, sí es origen de (nuestra) moralidad, ética y estética. El problema parece estribar en la separación que hacemos, ya casi de manera automática, entre nosotros y la naturaleza. Y, también, en oponer lo innato vs. lo adquirido (natura contra nurtura), cuando en realidad tal vez aquello que reconocemos generalmente como lo bueno (el amor, la inteligencia, el comportamiento ético, etc.) es el resultado de nutrir aquello con lo que nacemos, de una conjunción entre la naturaleza humana y el medio ambiente.

mountain_sunsetLa religión --especialmente el cristianismo-- se ha ganado una mala reputación en nuestra cultura, por lo que es prudente evitar que una discusión se convierta en un debate religioso. Sin embargo, es indudable que hay algo de ello en el caso de cómo valoramos la naturaleza. Se contraponen dos visiones: aquella que considera que la naturaleza es inerte, ciega, sorda y muda y que el hombre no tiene una esencia sino que es definido por su propia existencia, la cual podemos encontrar entre el existencialismo y el materialismo; y aquella otra que considera que el hombre tiene una esencia y la vida es una fuerza o un espíritu que informa la existencia. Esta última visión sugeriría que las cosas "naturales" tienen más espíritu o más fuerza vital, y como tal deben ser preservadas o si son modificadas ello debe hacerse conservando ese espíritu natural. Encontramos aquí, por ejemplo, a los filósofos neoplatónicos que creían que el universo era una emanación divina ordenada en un sistema jerárquico de creatividad: entre más cerca de la fuente original había un mayor bien o una mayor cantidad de espíritu, de la misma forma que entre más cerca se esté del Sol hay más calor. Ligado al neoplatonismo, la filosofía hermética y la alquimia, sin embargo, creyeron que, si bien la materia era una manifestación del espíritu, esta misma podía perfeccionarse --ya que el hombre participaba en la inteligencia creativa del universo, podía emplear su inteligencia para mejorar la naturaleza y crecer en espíritu, acercando al mundo material, el punto más distante de ese sol espiritual, a la fuente divina. Esta visión es hasta cierto punto conciliadora: celebra las bondades inmanentes a la naturaleza pero reconoce que el hombre es parte de esta naturaleza y puede también ejercer el papel que podríamos llamar de "jardinero del mundo" (a diferencia del modelo actual que considera que el hombre es el "programador" o simplemente el "dueño" o "CEO"  del mundo).

Otra visión interesante es la que se está generando entre científicos y filósofos como Paul J. Crutzen y Bruno Latour, quienes consideran que no existe separación entre el hombre y el medio ambiente. Siguiendo a Crutzen, algunos teóricos han empezado a llamar a nuestra era el "Antropoceno", sugiriendo que el hombre es indisociable del medio ambiente (para detrimento de este último). Paul Feigelfeld escribe:

Si suspendemos ahora la oposición entre el hombre y la naturaleza, ¿cómo cambiamos nuestras perspectivas y nuestra percepción? ¿Todavía es posible pensar en conceptos como "artificial" o "natural"? ¿Qué significa para nuestro entendimiento antropocéntrico y para nuestro futuro que la naturaleza sea hecha por el hombre?

Parece que no ha sido bueno para todos los otros seres naturales que seamos nosotros los que estemos moldeando la forma en la que la vida evoluciona en el planeta. Pero, por lo menos reconocer que somos parte de la naturaleza y que, por más que asumamos la dirección del proyecto, dependemos de la vitalidad de la naturaleza del planeta, parece ser un primer paso. Necesitamos lo que Richard Dolan ha llamado "ecodélicos", sustancias o ideas que nos hacen ver y sentir la interconexión ecológica entre todos los seres vivos. Puesto que sólo a través de esa empatía que se genera cuando se comparte o se cree compartir la misma esencia o el mismo propósito y se cultiva un sentido de comunidad más allá de una especie podremos sobrevivir mucho tiempo en el planeta. 

Quedan, espero, más preguntas que respuestas.

Twitter del autor: @alepholo