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El verdadero origen del Día de la Bicicleta: celebrando el primer viaje de LSD del Dr. Albert Hofmann

Arte

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 04/18/2015

El 19 de abril se celebra el Día de la Bicicleta en honor al primer viaje intencional de LSD, la sustancia descubierta por el doctor Albert Hofmann. El origen psicodélico de esta celebración debería tenerse en mente hoy cuando las personas celebran el Día Mundial de la Bicicleta sin tener conciencia de lo que hay detrás de esta fecha

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Pocas personas tienen presente que el Día de la Bicicleta, una celebración de civilidad y marketing ecopolítico que apela al uso de un transporte alternativo y a la alegría del "ride", tiene un origen relativamente esotérico y contracultural. Aunque este año en algunas partes se ha querido diferenciar el festejo, celebrándolo el 18 de abril, la fecha original es el 19 de abril, día central en el folclor psicodélico. El 19 de abril de 1943, el doctor Albert Hofmann ingirió el primer viaje intencional de LSD en la historia; al salir de los laboratorios de Sandoz para dirigirse a su casa Hofmann tomó una bicicleta y fue ahí donde tuvo la primera epifanía de la naturaleza del LSD. En Pijama Surf celebramos todos los años esta fecha, con la intención de provocar viajes de bicicleta (con y sin LSD) en los que uno pueda apreciar la belleza intrínseca de la naturaleza, ver el Sol en el pasto, los colores vibrantes de las flores, respirar el aire fresco y conectarse con la red enjoyada del planeta. Este es el espíritu original que Hofmann halló ese día en Suiza.

El Día de la Bicicleta se originó en DeKalb, Illinois, en 1985, cuando el profesor de la Universidad del Norte de Illinois, Thomas B. Roberts, acuñó el término para celebrar con su comunidad el primer viaje lisérgico de la historia. En este artículo Roberts explica el trasfondo de esta celebración, su correspondencia con Hofmann y la (casi) sincronía con otro histórico "ride", que dio pie a otra "revolución". En Estados Unidos, los niños solían aprender este poema:

It was the eighteenth of April in ‘75 

And hardly a man I now alive

Who remembers that famous day and year  

And the midnight ride of Paul Revere.

Compartimos aquí una breve historia de este evento que ha hecho eco en el tiempo. El verdadero Día de la Bicicleta, que como ocurre con muchas festividades populares ha sido transformado, despojado de su significado esotérico, religioso o simbólico, para ser incrustado en una dinámica política-comercial.

El 19 de abril de 1943 el doctor Albert Hofmann decidió probar una nueva droga que había desarrollado en sus laboratorios en Suiza años antes trabajando con el ergot, un hongo que se genera en el pan de centeno (y que se dice habría sido usado en los misterios griegos de Eleusis) en busca de encontrar un estimulante circulatorio. Los accidentes son la materia prima de la creación y el 16 de abril de 1943 Hofmann ingirió accidentalmente un poco de LSD –"todo hombre derrama la sustancia que ama”, decía Robert Anton Wilson parafraseando a Oscar Wilde. Esta pequeña dosis fue suficiente para desatar a su imaginación y preparar el histórico primer viaje de dietilamida de ácido lisérgico.

El día que ahora felizmente conocemos como Día de la Bicicleta, Hofmann decidió tomar 250 microgramos de LSD-25 (el umbral de la dosis son 20 microgramos). Después de ingerir la ominosa sustancia, el doctor Hofmann fue presa de un momento inicial de pánico –lo que se explica por la gran cantidad de ácido que consumió sin tener referencias, coqueteando con un malviaje que por suerte no dominó la experiencia, abriendo de esta forma brecha en beneficio de la psicodelia: después de una examinación médica superficial Hofmann comprobó que estaba bien y decidió explorar la sustancia. Como todo verdadero psiconauta primero tuvo que atravesar el inframundo para transformar su conciencia. Le pidió a su asistente que lo llevara a casa, en bicicleta, porque no se podía usar vehículos motorizados por la guerra. En el viaje en bici, al entrar en contacto con la luz del Sol y la naturaleza, despertó el primer momento de conciencia psicodélica sunshine acid:

Poco a poco empecé a disfrutar una serie sin precedente de colores y formas jugando persistentemente detrás de mis ojos cerrados. Imágenes fantásticas surgían, alternándose, variando, abriendo y cerrándose en círculos, explotando en fuentes, reacomodándose e hibridizándose en un flujo constante.

El nacimiento del flujo de fractales característico del LSD en la pantalla de la mente. El primer hito en la conformación de un campo morfogenético psicodélico que influiría en la conciencia colectiva del planeta.

Tuve la sensación de que veía la tierra y la belleza de la naturaleza como era cuando fue creada. Fue una experiencia maravillosa. Un renacimiento, ver la naturaleza bajo una luz nueva…

Esta mítica imagen del viaje en bici del buen doctor ha sido inmortalizada en innumerables planillas de LSD que millones de personas en el mundo han consumido, incorporando a su imaginaria los colores esencialmente psicodélicos, el magenta y el verde, el Sol y el pasto resplandeciente y esa insinuación de la bici que empieza a levitar y a acariciar las nubes.

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Rápidamente después de descubrir la sustancia, Hofmann se dio cuenta de que podía ser usada para fines terapéuticos. Algo que fue probado con éxito por personajes como el actor inglés Cary Grant y en un inicio embanderado por Aldous Huxley (quien se hizo amigo de Hofmann y tomó LSD al momento de su muerte). Más tarde llegaría Tim Leary y detonaría la fiebre de LSD, caso tornándose mainstream --ejecutivos de la farmacéutica Sandoz soñaban con embotellarlo y hacer una nueva Coca-Cola; se prohibiría y hasta sería usado por la CIA en programas de control mental como el MK-ULTRA. Pese a este destino, el LSD, que fuera el gran catalizador del movimiento hippie, cambió paradigmáticamente la conciencia del mundo –con paraísos e infiernos en una misma gota, pero haciéndonos ver que es la mente la que los hace así. “La mente es su propio lugar y en sí misma puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo”, escribió Milton en su Paraíso Perdido.

Twitter del autor: @alepholo

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¿Qué hay detrás de nuestro deseo de intimidad e incluso de fusión transpersonal?

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Es posible que en el ser humano se conjuguen diversos impulsos, unos más primarios, que se desprenden de la biología y la tiranía de los genes, y otros más sutiles, epigenéticos y posiblemente espirituales. Sabemos que el sexo es un instinto necesario para la supervivencia de una especie, pero en el sexo, y en su constelación con el erotismo y el amor, conviven otros impulsos, quizás más altivos o simplemente dirigidos hacia otro tipo de supervivencia y de realización. 

En el diálogo platónico del Banquete, Diotima, la gran expositora del amor que parece dar voz a la visión platónica de Eros, señala que de una u otra forma el amor es un llamado (una pasión) hacia la inmortalidad. Podemos ver esto desde el sentido biológico en el que la vida misma se perpetúa, más allá del individuo, a través de la especie que procrea. Otra forma de verlo es a través del alma que busca también su crecimiento y evolución hacia esferas más altas, acercarse a la divinidad y a su origen en las estrellas (puesto que "el cuerpo es la tumba" temporal del alma). En este caso el amor es aquello generado por la belleza --que es una imagen de la Belleza y de lo Bueno y finalmente de Dios. El amor, idealmente, así trasciende el mundo terrenal y corporal: al enamorarse el alma de la belleza individual (que le recuerda su propia belleza) y no desfondarse en esa belleza particular sino de ahí dirigir su ojo interior a la belleza de todas las cosas, a la idea misma de la Belleza, un amor por lo celeste que se transparenta en el mundo. 

Algo similar nos dice Plotino en la III Enéada: "Hay almas a quienes la belleza terrenal los lleva a la memoria de una dimensión superna y aman entonces lo terrenal como una imagen". Es decir, son conscientes estas almas de que la belleza impermanente de esta tierra es sólo una imagen de la belleza eterna y pueden usar esta belleza como vehículo de contemplación para escalar de regreso --de lo múltiple-- a lo Uno. El alma (la Venus Celeste), dice Plotino, produce el amor (Eros) como medio para acercarse a la Mente Divina. La flecha del amor, el deseo, la mirada, es también un puente invisible sobre el cual puede elevarse la psique.

Estas ideas de la filosofía clásica reaparecen con sus variantes en una modernidad donde la vanguardia del pensamiento parece estar en la ciencia. "Existe una urgencia individual por la intimidad, por intercambiar subjetividades, en la comunicación. Por la telepatía. Nuestro deseo nos dice lo que queremos ser: seres verdaderamente intersubjetivos", dice David Porush. En este video Jason Silva explora este deseo de fusión, de profunda intimidad, de empatía transpersonal que, creo, es también un deseo de disolver la separación y regresar la multiplicidad en la que habitamos a la unidad inmanente. El sexo inflamado por el amor es también en su más sublime destilación un deseo de aniquilar la dualidad.

 

El deseo de la comunicación por el éxtasis semántico, por la semiosis, por la unión de signos, nos dice Silva, es un deseo de "fusionar mentes", de compartir espacios oníricos, "una agitación maníaca existencial por convertirnos en uno". Creo que es una forma secular de un mismo principio arquetípico que irradia en nosotros. En la teúrgia neoplatónica esto se conoce como la henosis, la fusión con la divinidad, con el Ser Absoluto. Para nosotros, las personas que están más cerca se convierten en metáforas de esa divinidad, el amado es una imagen de lo divino. Y queremos participar en él o ella, anhelamos movernos por su interior y recibir toda su luminosa bondad. Queremos comprobar que estamos unidos y conectados: por eso la telepatía y la sincronicidad compartida con otra persona nos seducen tanto; nos hacen pensar que estamos destinados a estar juntos o creemos que nos revelan una unidad secreta que se empieza a hacer inteligible. 

Twitter del autor: @alepholo