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El famoso número áureo podría no ser más que un prolongado engaño

Por: pijamasurf - 04/16/2015

El famoso número áureo en realidad no es sino un complicado malentendido, que se explica parcialmente por nuestra necesidad de encontrar patrones
NOPE

Imagen: BoingBoing.net

 

La proporción dorada suele asociarse a una relación visual óptima del aspecto arquitectónico o artístico de un objeto, y su presencia numérica en las piezas funciona a veces como una especie de "garantía estética" de su belleza. Según los adeptos, la dorada proporción es otra de esas grandes ideas de los griegos que fue adoptada por Leonardo da Vinci, y se encuentra presente en los cuadros de Dalí y en los muebles de Le Corbusier.

Pero según una investigación de John Brownlee se trata de un efecto placebo (incluso un "efecto Mozart"), una tradición bien intencionada, como la Navidad, que es finalmente una ficción y un consenso.

Qué es y cómo funciona

La proporción fue descrita por primera vez hace más de 2 mil años por el matemático Euclides, y desde entonces ha recibido nombres como número áureo, número de oro, razón extrema/media/áurea/dorada, etc. Se trata de un número irracional que surge de la división en 2 de un segmento guardando las siguientes proporciones: la longitud total a+b es al segmento más largo a como a es al segmento más corto y cuya ecuación se expresa de la siguiente manera:

varphi = frac{1 + sqrt{5}}{2} approx 1,61803398874989...

 

La proporción supuestamente está incorporada en el Partenón, las pirámides de Guiza, la pintura renacentista y el logotipo de Apple pero, según sus críticos, se trata de una leyenda urbana del diseño porque el número áureo, al igual que pi, debe redondearse para ser usado, o dicho de otra forma, el número indica una tendencia que permanece necesariamente imprecisa. Según el profesor de matemáticas Keith Devlin, de la Universidad Stanford, "estrictamente hablando, es imposible que nada del mundo real caiga dentro de la proporción áurea, porque se trata de un número irracional".

El aspecto 3:2 del iPad o el 16:9 caen dentro del espectro del divino rectángulo que se deja dividir en un rectángulo y un cuadrado perfectos... o casi perfectos. Lo mismo podría aplicarse a pi, fórmula que describe el trazo de un círculo, a pesar de que en el mundo real sea imposible encontrar un círculo perfecto. Lo real siempre se aleja un poco (un decimal, pero infinitamente) de su proyección numérica.

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El origen del malentendido

Luca Pacioli era un monje franciscano que escribió un libro llamado De Divina Proportione en 1509, nombrado a partir del número áureo. Pero de manera curiosa, el libro no retrata la supuesta teoría estética sino que expone el sistema vitruviano de proporciones racionales, nombrado así según el arquitecto Vitruvio. Debido a que el libro de Pacioli fue ilustrado por su famoso amigo, Leonardo da Vinci, se creyó que era un descubrimiento suyo. Mario Livio le atribuyó la teoría a Pacioli en un libro escrito en 1799 y difundió la historia de que Da Vinci dibujaba utilizando matemáticas secretas.

Pero la reputación casi mística del número áureo se debe a Adolf Zeising, un psicólogo alemán que creía en una ley universal de "belleza y completud en los reinos tanto de la naturaleza como del arte", cuyo ideal espiritual de "estructuras, formas y proporciones, ya fueran cósmicas o individuales, orgánicas o inorgánicas, acústicas u ópticas" estaba expresado en dicha fórmula.

Según Brown y otros críticos, el error de Zeising es uno que se explica fácilmente: los seres humanos tendemos a encontrar patrones en todas partes (de hecho, nuestra supervivencia depende de eso). El problema con Zeising fue que basó una teoría estética en un número arbitrario, cuya fama desproporcionada refleja nuestra necesidad de encontrar una explicación lógica y duradera al misterio de la belleza.

Es ridículo obedecer las normas sociales (y esta serie fotográfica lo demuestra)

Por: pijamasurf - 04/16/2015

La fotógrafa alemana Frauke Thielking realizó este ejercicio para mostrar cuán absurdas son las reglas sociales y, sobre todo, la obediencia que les profesamos

Parte de la “normalidad” cotidiana implica obedecer reglas no explícitas que se nos imponen casi sin que nos demos cuenta. Sin estas, la vida en sociedad sería muy distinta, según algunos incluso imposible.

Paradójicamente, dicha obediencia ciega es por ello mismo potencialmente ridícula: cuando nos detenemos un poco, reflexionamos sobre el sostén de esas normas y descubrimos que no existe algo real, objetivo, que nos obligue a cumplirlas, entonces descubrimos ese cariz un tanto absurdo de su existencia. ¿Por qué en un estacionamiento público, por ejemplo, tienes que dejar tu coche en el espacio delimitado por nada más que unas líneas de pintura trazadas sobre el piso y no podrías colocarlo de otro modo? ¿De verdad unos brochazos son obstáculo suficiente para no hacer las cosas de otra manera?

Tomando como pretexto esa posible disrupción irónica, la fotógrafa alemana Frauke Thielking realizó una serie titulada En sus marcas. Listos. Fuera, en la cual exageró dicho absurdo para hacerlo aún más evidente. La serie, además, está presentada a manera de dípticos: primero una fotografía en donde se representa una norma de manera ridícula y, como pareja de esta, la imagen de un espacio arquitectónico que de alguna manera guarda relación con la situación anterior. Para Thielking, la arquitectura es el espacio donde ocurre dicha obediencia pero, sobre todo, puede ser símbolo de eso inerte que rige nuestra vida cotidiana. Por último, destacan los montajes en los que la fotógrafa hace de los seres humanos objetos inanimados que realizan operaciones mecánicas.

El resultado es divertido y también inquietante. En buena medida cumple su propósito de mostrar que, después de todo, es bastante irrisorio que en ciertas circunstancias todos actuemos igual sin que nadie realmente nos lo haya pedido así.

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