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Aunque disfrazar o mitigar el aroma corporal (además de los usos en la magia y la seducción) sea el gran negocio de los desodorantes, esta tecnología podría eliminar por completo el mal olor asociado al sudor
Madonna (via Instagram)

Madonna (vía Instagram)

El tratamiento de los olores en nuestra cultura es codificado simbólicamente por publicistas y marcas de perfumes y desodorantes, que producen equivalentes audiovisuales de las asociaciones olfativas deseadas. ¿Tenemos (o queremos tener) un estilo de vida deportista/sexy/arriesgado/exitoso? Sin duda existe una campaña y una fragancia asociada a ello. El olor corporal propio (humor corporal) se considera agresivo, como una especie de presencia suplementaria, excesiva. La angustia por el desodorante se aprende a temprana edad, y su aplicación constituye un mercadológico rito de paso de nuestra cultura. Es por eso que un descubrimiento de investigadores de la Universidad de Belfast podría mitigar dicha ansiedad, al producir un desodorante que puede hacernos oler mejor a medida que sudamos más.

Peter Nockemann es uno de los químicos encargados de la investigación con iones en estado líquido: "Esta fragancia puede mezclarse químicamente con el líquido iónico; una vez que se une con la sal líquida" del sudor. Aunque se trata de un material en etapa de prueba, el producto final sería un desodorante que no activa su fragancia de inmediato, sino que la humedad del cuerpo lo va activando y volviendo más intenso. En otras palabras, mientras más sudaras tu aroma tendería más hacia lo dulce.

"La dificultad", afirma Nockemann, "recae siempre en retrasar la liberación de la fragancia, pues cuando uno se pone desodorante, la fragancia se evapora inmediatamente. El agua rompe el vínculo entre el líquido iónico y la fragancia, liberando esta última", pero responde también al compuesto "thiol" presente en el sudor, el cual provoca precisamente el mal olor.

Aunque los compuestos iónicos se conocen desde hace unos 100 años, la investigación moderna con fines comerciales tiene 15 años en boga. Nimal Gunaratne, líder de la investigación, no expuso en una entrevista todas las posibles aplicaciones de esta tecnología, debido a restricciones legales de divulgación de patentes; sin embargo se refirió brevemente a las aplicaciones médicas al poder administrar gradualment la lenta liberación de medicamentos a través de cremas, además del uso primordialmente comercial en perfumería y cosméticos.

¿Y si la tecnología terminara con el aroma humano como lo conocemos? ¿Cancelar el olor corporal no será una nueva forma de dar predominio a la imagen audiovisual/espectacular por encima de la más sutil del olfato?

 

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¿Sabes qué es el “turismo negro”? Estas fotografías te darán una idea (siniestra) del concepto

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/27/2015

En nuestra época todo es susceptible de convertirse en mercancía, incluso el dolor y la muerte, tal y como sucede con el llamado "turismo negro"

El turismo es una práctica ambigua; si bien por un lado parece tener todas las ventajas de viajar, por el otro su carácter esencialmente comercial lo contamina con los vicios del capitalismo de consumo. Un turista viaja pero, por el carácter de su viaje, difícilmente tiene oportunidad de adentrarse en una cultura o de conocer otras formas de vida. Por eso el turismo es sobre todo un producto.

En este sentido, existe una variante que se conoce como “turismo negro”, “turismo oscuro” o “turismo de dolor”, la cual consiste en convertir sitios donde murieron muchas personas en puntos de atracción turística. En ciertos casos son centros de concentración en donde se consumaron genocidios históricos; también puede tratarse de memoriales erigidos en recuerdo de personas fallecidas en desastres naturales, prisiones que fueron escenario de torturas y muertes, etcétera.

Recientemente el fotógrafo residente en París Ambroise Tézenas dio a conocer su serie I Was Here/Estuve aquí, en la que reunió imágenes de varios de estos lugares que forman parte del itinerario internacional del turismo negro.

La idea para su proyecto comenzó en Sri Lanka en 2004, durante una estancia vacacional que coincidió con el tsunami de aquel año que arrasó con la costa del océano Índico. En dicha tragedia, el fotógrafo tuvo contacto con los casi 2 mil muertos de un tren descarrilado. 4 años después Tézenas regresó a Sri Lanka y encontró que las vías del tren habían sido reparadas en beneficio, sobre todo, del flujo turístico.

Esta experiencia y sus visitas posteriores a monumentos, museos de sitio y otros lugares en honor de muertes masivas hizo pensar a Tézenas que la sociedad contemporánea está fundada, en parte, en la aversión o cierto impulso por evitar nuestra propia mortalidad, y que confrontamos la muerte y la violencia sólo mediante incidentes de los cuales nos alejamos por creer que no sucedieron en nuestro mundo inmediato o en nuestra época. No nos damos cuenta de que estos acontecimientos sucedieron y fallecieron personas reales.

Sin embargo, según Tézenas, la mayoría de los países prefiere convertir dicho dolor en un espectáculo comercializable antes que asumir la responsabilidad de los crímenes cometidos. Y esa es la paradoja siniestra del turismo negro.