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La directora Clara Cullen cita una broma que suele contar el fotógrafo Mario Testino: "¿Por qué los argentinos salen durante una tormenta eléctrica? Porque creen que Dios les está tomando fotos"

 

On finding that her voice is sweet and low   
Replied, ‘To be born woman is to know—
Although they do not talk of it at school—
That we must labour to be beautiful'.
W. B. Yeats

Las mujeres argentinas son conocidas por su belleza, pero también por su obsesión por ser bellas y su deseo de ser deseadas. Esto evidentemente no es algo privativo de las argentinas; el deseo (como nos ha dicho el psicoanálisis, tan popular en ese país) es fundamentalmente deseo de ser deseados y la belleza siempre ha sido una poderosa divisa, que en nuestros días es un  franco ejercicio de poder genérico. Pero, como la directora Clara Cullen reconoce, en Argentina hay un orgullo, una infatuación y todo un aparato de producción de belleza que la eleva a una suerte de divinidad o de requisito para la felicidad y la satisfacción personal (es necesario señalar que se generaliza aquí para fines prácticos de una discusión y evidentemente muchas mujeres argentinas no se ven absortas por los ideales de belleza). No es baladí que las mujeres argentinas se digan entre ellas "diosas" y vivan una pujante introyección de los paradigmas de la mirada masculina: constantemente contemplando los cuerpos de otras mujeres y comparando su belleza, como si el mito de Eris se repitiera cotidianamente en sus vidas y esa ansiada manzana dorada siguiera suspendida en el aire, siempre a punto de caer entre ellas y dividirlas.

"La belleza es superior al genio, ya que no necesita explicación, es un hecho contundente, como la luz del Sol, como la primavera, como el reflejo en el agua oscura de la Luna", dice Clara Cullen en la La belleza es una forma de genio. Una voz, que pide que la miremos, brota sobre un fondo que se confunde con el rosa dorado de la carne, una confesión soberbia que utiliza a Charlotte Caniggia, la hija del futbolista, como un maniquí. "La belleza", continúa, "hace princesas a quienes la poseen" y "sólo las personas superficiales no juzgan el mundo por el físico, el verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible". Ya decía el poeta cubano Lezama Lima que lo corporal es lo enigmático: "el enigma es la fulguración de la presencia en lo visible". El cuerpo irradia una luz: es el Sol que se erige en la carne o la Luna que se desliza en la noche.

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Tenemos aquí una exaltación de la belleza que nos remonta a la idea platónica y neoplatónica de la misma como presencia de lo divino en el mundo. Sin embargo, es también una distorsión de la belleza en el sentido platónico, ya que esta es siempre un reflejo, una sombra espiritual de las formas primordiales, un atributo del alma y no del cuerpo; una puerta o una ventana que nos aleja de este mundo y nos permite atisbar lo divino que yace atrapado en la prisión de la materia y desear "lo Bueno", los mundos superiores que el alma anhela ardientemente. Tenemos aquí una infatuación por la Afrodita vulgar, Afrodita Pandemos, y no un culto a Afrodita Urania, la Afrodita celeste, que es el alma del mundo. 

Clara Cullen nos permite penetrar en el fuero interno de la "diosa" terrenal. "¿Qué estoy pensando? Quiero sus senos, quiero sus ojos, quiero su nariz. Ella tiene mis senos, tiene mis ojos, tiene mi nariz". Este es el ruido psíquico de esta modelo (y la mujer que quiere ser modelo, la mujer que desea que la mirada del otro se pose sobre ella como una especie de alimento energético). Clara Cullen explica que la cirugía plástica es parte de su cultura, pero esta puede ser concebida como "un arte performance", el cuerpo siendo el lienzo; un cuerpo que es tanto el sacrificio como el sacrificante. Mientras que se cultiva el arte de la seducción, no sólo se objetifica el cuerpo femenino --y se incrusta en el mercado--, también se objetifica la divinidad, o ese poder intangible que la belleza confiere.

 

Twitter del autor: @alepholo

 

La realidad del "turismo romántico" o la prostitución de los hombres en Kenia (FOTOS)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/11/2015

Las personas en la búsqueda de esta complicidad se permiten reconocer, a través del espejeo del otro, sus propias necesidades como seres sexuales interdependientes

Hablar acerca de la prostitución nunca es menester sencillo, ya que requiere de la valoración adecuada de un enfoque cosmogónico acerca del erotismo, los vínculos afectivos, el género e inclusive la reproducción. Y es que es un tema que necesita no sólo rigor, pues es también un proceso que determina creencias, actitudes, sentimientos y conductas asociadas a nuestra respectiva sexualidad. 

Basta con echar un vistazo a la diversidad sexual que existe en este mercado para comprender la importancia de esta reflexión: los proveedores de tan exquisito placer pueden variar entre mujeres y hombres heterosexuales, homosexuales, transgénero, transexual, practicantes de BDSM y acompañantes no sexuales, entre otros (y más). Prácticamente es un coctel de gustos que satisfacen las necesidades más básicas del ser humano, tanto físicas como psíquicas. Por lo tanto, al indagar un poco en el tema, nos sorprendemos con el descubrimiento de mitos internos que terminan influyendo en nuestra percepción como seres sexuales interdependientes. 

Esto probablemente cambie en relación con lo que realmente significa la compañía de un conocedor en temas del amor erótico, en la volatilidad del deseo sexual expresado a través de las fantasías según el sexo (hombre o mujer), etc., y que puede definirse como el genuino deseo de una compañía más allá de la interacción sexual, de un espejo psíquico como seres que comparten el continuum del gregarismo y afectividad, de una intimidad vulnerable entre dos miradas que reflejan necesidades en común. 

Por lo tanto, las personas en la búsqueda de esta complicidad se permiten reconocer, a través del espejeo del otro, sus propias necesidades como seres sexuales interdependientes. En especial si forman parte de minorías ignoradas con sus propios deseos de afecto, tales como las personas de la tercera edad. ¿Por qué no, tras tantos años de vivir en compañía, de gozar (o no) de una sexualidad latente y permitida (o a veces), aceptar que continúen experimentándola con una mayor sabiduría de su cuerpo y emociones? 

De ese modo nace el romance tourism, el turismo establecido en Mombasa, Kenia, donde las mujeres mayores pagan por la compañía de un joven habitante de la ciudad. A diferencia de la sexualidad completamente erótica entre un cliente hombre heterosexual y una chica, además de una mera erotización del cuerpo masculino y una emotización en la psique femenina, en la relación del turismo “romántico” lo principal es el descubrimiento de los deseos de la clienta en búsqueda de su propio bienestar. O al menos eso transmiten las fotografías de Sofie Amalie Klougart.