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7 lecciones de MAGICK que aprendimos de Star Wars

Por: Javier Raya - 04/27/2015

El fanatismo que generan franquicias como Star Wars no depende sólo de "la magia" de Hollywood, sino de tocar algunos puntos nodales de la experiencia humana a través de una historia mítica

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Los fans de todo el mundo están felices por la aparición del segundo tráiler de Star Wars: Episode VII, que se estrenará la próxima Navidad. La franquicia no sólo es una de las más longevas, sino que desde su misma concepción, George Lucas se basó en ciertas premisas mitopoéticas que le dan a su universo fantástico un relieve iniciático y espiritual. Lucas nunca ocultó su deuda con el legado de Joseph Campbell y su ya clásico El héroe de las mil máscaras.

De hecho, las primeras películas pueden leerse como un fantástico curso de introducción al esoterismo y el estudio de las religiones comparadas. Gracias a los personajes y situaciones reconocibles en la saga es más sencillo explicar ciertos conceptos sobre MAGICK, que un mago ha definido como aquellos procedimientos capaces de modificar la conciencia. Si lo piensan, suena casi como un truco jedi.

1. No ignores el llamado

En Episodio IV, Luke es salvado de una emboscada por el anciano eremita "Ben" Kenobi. Sólo después de que el mensaje de auxilio grabado en R2-D2 es entregado, Ben se revela como el último de una larga estirpe de guerreros cuya línea incluye al padre de Luke (a quien este no conoció) y a Luke mismo. Los jedi deben acudir al llamado, pero Luke sigue pensando en sí mismo como una persona común de Tatooine. Sólo después de que encuentra a su familia aniquilada, Luke siente que no puede declinar el llamado. Pero ignorar el llamado de la aventura es también parte del monomito: es lo que encerró al Jonás bíbico en el vientre de la ballena para obligarlo a nacer esta vez y asumir su identidad de profeta, y lo que arroja finalmente a Luke Skywalker a asumir su lugar como caballero jedi, pero sólo después de asumir la verdad sobre sí mismo, sin importar cuán dolorosa pueda ser (anagnórisis).

2. El maestro aparece cuando el alumno está listo

La iniciación es el movimiento por el cual el aprendiz atraviesa un umbral definitivo, dejando atrás las asociaciones dañinas y las cáscaras de su ser anterior. Es lo que ocurre cuando Luke encuentra a Yoda, el último gran maestro de la orden jedi, exiliado en un remoto planeta. En la mitología griega, el centauro Quirón es el "monstruo gentil" que se encarga de la tutela de algunos de los héroes más importantes, como Aquiles, Teseo, Jasón y Heracles; el aprendizaje no es sólo militar/guerrero, sino filosófico: el papel del gurú o del maestro, especialmente en las artes marciales de Oriente, está ligado a la instrucción filosófica y moral de los aprendices. A través del trato con el maestro, el héroe asume su lugar en una cadena de eslabones que lo asocia con todos los maestros pasados y futuros (gurú yoga).

3. Reconoce a tus aliados

La Fuerza y MAGICK tienen mucho en común: la intención no se "proyecta" en el mundo, sino que se fluye en consonancia con un proyecto del cual todo forma parte. Se trata de metáforas vivenciales del universo haciéndose consciente de sí mismo. ¿Cómo participar de ello? Reconociéndonos en los demás y aprendiendo de ellos. Al principio, Luke no confía demasiado en los piratas intergalácticos Han Solo y Chewbacca (una especie de traficantes y matones a sueldo), pero su participación en la rebelión permite destruir la primera Estrella de la Muerte. Un aforismo zen afirma: "la barca que te salva de la inundación bien puede tener un feo color".

4. Vuelta a la comunidad

El periplo del héroe tiene sentido cuando este regresa al punto de partida, llevando consigo un nuevo conocimiento, un elixir, un trofeo o, como Prometeo, el fuego robado a los dioses mismos. En el budismo, el Bodhisattva es un ser que ha pospuesto su propia liberación-iluminación para permitir que todos los seres se liberen también. Luke bien pudo haber desarrollado sus poderes jedi para ponerlos al servicio del enriquecimiento económico y político de los Sith, lo cual representa el ejercicio del poder egótico (para sí), a lo que se contraponen los jedis, quienes buscan acceder al poder para mantenerlo en equilibrio (es decir, para devolverlo al mundo o a la galaxia entera). Devolver el vellocino de Oro, cortar la cabeza de Medusa, bajar del monte Sinaí con las tablas de la Ley son algunas tareas que le tocan al héroe en su regreso al lugar de origen --mismo que puede retrasarse o tomar cauces inesperados, como la expedición de 10 años de Odiseo para volver a Ítaca.

5. El secreto de la fe: la victoria sobre sí mismo

Ni la Fuerza ni la magia se activan a través de un "intenso deseo", sino que el adepto, el neófito y el maestro mismo participan de un mismo orden de contingencias hasta que son capaces de ordenarlas en la consolidación de la voluntad bien dirigida, la "impecabilidad" que los guerreros samurái exigían de su propia conducta. Pero puede ocurrir que el alumno dude de la realidad que le presenta el maestro. Es el caso del evangelista Tomás, representado por Caravaggio hundiendo el dedo en la herida abierta de Jesús, y es el caso de Luke Skywalker en el planeta Dagobah, cuando falla en sacar su X-Wing del pantano. Yoda muestra que el obstáculo está en la mente, no en el mundo (al igual que la proverbial escena de la cuchara en The Matrix), y el mayor enemigo del héroe es su propia duda. Al ver su nave levitando por la sola voluntad del maestro, Luke dice: "No puedo creerlo", a lo que Yoda responde: "Es por eso que fallas" .

 6. El lado oscuro

Según Yoda, el miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y para el budismo, el sufrimiento es la cárcel de los propios deseos refractados turbiamente en el espejo del mundo. Puesto que deseamos, nos dolemos. Para el Buda, el dolor es parte de las condiciones samsáricas de existencia, pero el sufrimiento es opcional: en términos psicoanalíticos, hablaríamos de participación en el propio sufrimiento. Tomemos el ejemplo de Anakin Skywalker, el padre de Luke y señalado según diversos oráculos como el elegido para restaurar el equilibrio en la Fuerza. ¿Qué fue lo que le ocurrió para que terminase devorado por sus propios demonios? Fue incapaz de reconocer su propia furia y su propio miedo, por lo que sus peores temores se realizaron y lo volvieron presa de una venganza de proporciones galácticas. Darth Vader es precisamente el reverso infantil del maestro realizado: una coraza mecánica sin "contenido", donde incluso la voz traiciona. No son pocos los casos de tratos fáusticos donde el mago termina siendo esclavizado por el demonio que pretendía poner a su servicio (hybris).

7. La verdad está allá afuera

Al igual que Luke en Tatooine, es posible que el llamado te encuentre hasta en el último rincón del universo; pero seguirlo efectivamente puede llevarte a un largo peregrinaje. La metáfora del viaje no es sino seguir con el cuerpo una ruta de exploración interior: es necesario viajar para encontrar el lugar sagrado, la fuente de la eterna juventud, el oráculo, la santa reliquia, incluso el enemigo que nos dará nuestra propia medida (Don Quijote puede leerse como una respuesta demasiado postergada del llamado de la aventura). En la tradición ocultista que va de Hermes Trimegisto a Aleister Crowley, el mago siempre tiene algo de omnipresente. El iniciado se reconoce porque es justamente aquel que está en el lugar justo en el momento preciso, es decir, aquel que ha aprendido a vivir consigo mismo sin importar en qué esquina de la galaxia se encuentre.

 

Twitter del autor: @javier_raya

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Que una de cada cuatro personas vaya a sufrir un trastorno mental a lo largo de su vida es razón más que suficiente para entender de qué se trata en realidad esta condición

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La prevalencia de los trastornos mentales es alarmante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada cuatro personas sufrirá un trastorno mental a lo largo de su vida; además, son la primera causa mundial de discapacidad. No es de sorprenderse que la mayoría de nosotros tengamos algún conocido, cercano o distante, padeciendo los estragos de alguna enfermedad mental. Además, la OMS reporta que en países en desarrollo, como México, de un 75% a un 85 % de la población con trastorno mental no tiene acceso a ninguna forma de tratamiento.

Es importante considerar que tanto la nosología –que se encarga de describir, diferenciar y clasificar las enfermedades– como la epidemiología de las enfermedades mentales es inseparable de su conceptualización. Esto no significa que los procesos patológicos no sean auténticos, simplemente resultan difíciles de definir ya que están condicionados por factores históricos y culturales. Así por ejemplo, lo que ahora se conceptualiza como un esquizofrénico, desde una concepción religiosa pudo haberse considerado como un “poseído”, “mesías” o “chamán”, con consecuencias psicosociales totalmente distintas. De forma similar ocurrió con la “histeria”, un desorden que estaba conceptualmente anclado a las creencias de cierta época sobre la anatomía femenina y que actualmente tienen poca relevancia clínica. Por eso, algunos estudiosos insisten en que el análisis antropológico e histórico de la enfermedad mental forzosamente incluye un análisis de discurso. Para una discusión más detallada recomiendo este buen texto de José Carlos Bermejo.

En la actualidad, la medicina y en especial la psiquiatría dominan –por así decirlo– el discurso de las enfermedades mentales. Los criterios diagnósticos y taxonómicos se encuentran compilados y consensuados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) de la Sociedad Estadounidense de Psiquiatría. Sin embargo, no debemos olvidar que a diferencia de muchas otras enfermedades orgánicas, ninguno de los trastornos mentales cuenta con una prueba de laboratorio para confirmar su diagnóstico. En su lugar, los psiquiatras y psicólogos guían sus diagnósticos mediante reportes de síntomas clínicos bastante subjetivos, para luego hallar una correspondencia con criterios descritos en el DSM. Hasta el momento, el manual va en la quinta edición, varios diagnósticos han aparecido y desaparecido o han sido reorganizados, como la homosexualidad –que ahora es considerada una conducta normal– o los subtipos de la esquizofrenia y el autismo.

Recientemente surgió un debate feroz entre los críticos del DSM y los que apoyan su taxonomía. Inclusive entregaron peticiones a los equipos encargados de producir la quinta edición del manual para que reconsideraran las modificaciones. Esencialmente, muchas de las críticas ponen en duda la validez y la confiabilidad de los diagnósticos. ¿Qué significa esto? Los diagnósticos psiquiátricos tienen poca validez porque no se ha encontrado correspondencia con ningún fenotipo biólogico específico. Por el contrario, la comorbilidad es bastante frecuente, es decir, que aunque se diagnostique un trastorno primario, existen uno o más trastornos psiquiátricos adicionales. Como ejemplo tenemos a la ansiedad y la depresión, que tienen una comorbilidad tan alta que se vuelve factible preguntar: ¿son realmente la depresión y la ansiedad una o dos categorías distintas? o ¿los pacientes con ansiedad y depresión comórbida son en sí mismos una tercera categoría? Un cuestionamiento similar puede darse entre el trastorno bipolar y la esquizofrenia. Y podríamos extendernos en este debate de validez, pero pasemos a la siguiente crítica, y por un momento aceptemos la taxonomía propuesta; incluso así, el DSM tiene un problema de confiabilidad. Este problema se deriva del hecho de que un mismo paciente puede recibir diferentes diagnósticos si visita diferentes psiquiatras. Como no existen pruebas de laboratorio con marcardores biológicos confiables, es posible y común que entre psiquiatras no concuerden de forma independiente con el diagnóstico. Además no existen parámetros para poder predecir el curso de la enfermedad, ni indicadores que puedan orientar al clínico sobre el tratamiento más adecuado para el paciente y mucho menos una medida confiable que pueda disociar a los que tienen síntomas en rangos normales de los que no. Debido a esto el riesgo de falsos positivos es bastante alto, es decir, fácilmente se puede sobrediagnosticar a la población. A ese respecto, uno puede preguntarse si el aumento estratosférico del diagnóstico por depresión y del trastorno por déficit de atención con hiperactividad en los últimos años, en realidad esconden un gran número de falsos positivos.

Más allá de si el diagnóstico puede generar un estigma infundado o no, el problema se extiende a los tratamientos farmacológicos; con ellos se asume que la etiología o la causa de la enfermedad se encuentra en la interacción entre un determinado receptor y su neurotransmisor o ligando. Sobra decir que esta es una visión reduccionista y con poca validez de la enfermedad, básicamente porque no se ha encontrado una correspondencia inequívoca entre un sistema de neurotransmisor y alguna enfermedad mental específica. Se sabe de antemano que otros factores influyen en el desarrollo de la enfermedad, tales como: diferencias anatómicas y de interacción entre las áreas del cerebro, procesos compensatorios, respuestas idiosincráticas a los medicamentos, la trayectoria de desarrollo, las influencias genéticas y especialmente los factores contextuales, como la pérdida de un ser querido, una separación, el desempleo, problemas económicos, entre otros. Además, si bien es cierto que los tratamientos farmacológicos ayudan a aliviar ciertos síntomas psicopatológicos, tampoco podemos negar que algunas veces tienen efectos secundarios tan devastadores como la misma enfermedad mental.

En respuesta a las críticas, el Instituto Nacional de Salud Mental estadounidense (National Institute of Mental Health, NIMH) decidió retirar su apoyo al DSM; en su lugar, ahora busca apoyar líneas de investigación que se enfoquen en dominios específicos de la patología mental. Este programa científico pretende construir una matriz que relacione variables a nivel biológico como los genes, las células, los circuitos neurales con dimensiones comportamentales, cognitivas y sociales. Bajo este marco conceptual, ya no se estudiaría la ansiedad sino el circuito neural asociado al miedo, por citar un ejemplo.

Otras voces también llaman a dejar de considerar los trastornos mentales como categorías discretas, y conceptualizarlos en un espectro o continuo. No negamos que esta postura haría más evidente el hecho de que no existen cortes limpios entre la experiencia normal y patológica. Al mismo tiempo motivaría a conceptualizar los trastornos mentales no sólo como déficits cerebrales sino también como adaptaciones en respuesta a dificultades que se nos presentan en la vida. Orillando a que las intervenciones no sólo fueran farmacológicas, sino también psicológicas y sociales.

Aunque parezca que estoy pintando un panorama desolador, a veces es mejor aceptar con humildad lo que no sabemos y ayudar al paciente a dimensionar sus opciones. Mi consejo práctico es: nunca aceptar como verdad absoluta un diagnóstico psiquiátrico, particularmente si fue dado después de una breve entrevista. Hay que mantenerse informados, procurar hacer muchas preguntas a los profesionales de la salud; y si las respuestas no llegan a satisfacer, consultar una segunda, tercera o cuarta opinión. También recordar que la enfermedad mental está situada en un contexto psicosocial, por lo que es importante procurar apoyo psicológico, y no sólo conformarse con el tratamiento farmacológico.

Twitter de la autora: @hjolko

 

Referencias

http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2010/mental_disabilities_20100916/es/

http://es.wikipedia.org/wiki/Nosolog%C3%ADa

http://www.scielo.cl/pdf/rchnp/v45n3/art04.pdf

http://www.psmag.com/health-and-behavior/real-problem-with-dsm-study-mental-illness-58843

http://www.ipetitions.com/petition/dsm5

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25675983

http://www.nimh.nih.gov/about/director/2013/transforming-diagnosis.shtml

http://www.nature.com/news/mental-health-on-the-spectrum-1.12842