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Desde tiempos literalmente inmemoriales, el ser humano ha contemplado el cielo estrellado y ha encontrado en sus periódicas mutaciones relaciones con su propio devenir, ha hallado configuraciones regulares de significado o bien ha proyectado su psique inconsciente en el vasto manto estelar

There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy.

Hamlet, William Shakespeare

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I. Los fundamentos de la ciencia astrológica

Pocas disciplinas humanas son tan antiguas y tan mundialmente universales como la astrología (del griego "conocimiento de los astros"). Desde tiempos literalmente inmemoriales, el ser humano ha contemplado el cielo estrellado y ha encontrado en sus periódicas mutaciones relaciones con su propio devenir, ha hallado configuraciones regulares de significado o bien ha proyectado su psique inconsciente en el vasto manto estelar. Los registros prehistóricos de esta práctica, esparcidos por Oriente y Occidente, datan de al menos 15 mil años. En Egipto, Babilonia, Persia, y más tarde en Grecia, la observación de las relaciones entre los movimientos estelares y los asuntos humanos se desarrolló hasta convertirse en una ciencia y una tradición sumamente sofisticada y precisa. Los antiguos estudiosos del cielo fueron otorgando nombres a los planetas en función de la cualidad que percibían en sus ciclos en relación con la vida humana. Desde esta perspectiva, las culturas antiguas no basaban la disciplina astrológica en una mera creencia heredada sino en una praxis fundada en una metódica observación empírica a lo largo de siglos y en una interpretación de esas observaciones a partir de un esquema simbólico cuya matriz subyacente es análoga a las distintas culturas en donde este saber tuvo lugar.

zodiaco de dendera

Contrario a lo que normalmente se piensa, la concepción tradicional del sentido de la astrología no radicaba en la idea lineal-determinista de que los movimientos de los planetas y los astros generaran un efecto causal sobre la vida humana, sino más bien en una noción de correspondencia. La bóveda celeste era concebida como un espejo macrocósmico de las realidades microcósmicas de los hombres. Esta forma participativa de pensamiento sobre la relación entre el hombre y el universo fue sintetizada en el tan citado axioma atribuido a Hermes Trismegisto: 

Lo que está arriba es como lo que está abajo,

y lo que está abajo es como lo que está arriba,

para que se cumpla el misterio de la Unidad. 

(Tabula Smaragdina)

En tal sentido, las órbitas de los planetas en el cielo estelar y la órbita del Sol a través de las constelaciones respecto de nuestro planeta no eran concebidas como una causa que determinara o influenciara el mundo humano, sino que tanto el mundo humano como el "mundo celeste" participaban de una misma sintonía cósmica, de un mismo estado subyacente en el que se manifestaban a la vez ciertos principios divinos o arquetípicos en los múltiples planos del Ser. Cada uno de los cuerpos celestes llamados "planetas" por la tradición (incluyendo al Sol y la Luna) se consideraban la manifestación visible y macrocósmica de esos principios divinos, los cuales, a partir de sus dinámicas relaciones, daban forma al mundo. La palabra griega Kosmos, empleada por los filósofos pitagóricos griegos, implicaba una concepción del universo como un orden coherente, bello, inteligente e inteligible que era la expresión de estos principios divinos arquetípicos que de algún modo formaban la existencia y estaban al mismo tiempo más allá de ella. El filósofo hermético medieval Gerhard Dorn llamo a este orden subyacente que unifica todo lo real, y del que todo lo real surge y al cual retorna, el Unus Mundus.

6250d07f-331e-484d-a178-68b6a0f2e40eLa tradición astrológica atravesó profundas mutaciones a lo largo del desarrollo de la historia de Occidente, degradándose gradualmente la visión tradicional de la correspondencia en concepciones cada vez más deterministas, materialistas y lineales acerca de la influencia de los astros sobre la vida humana. Con la expansión del racionalismo y el materialismo en la Europa de los siglos XVII y XVIII, esta visión de las influencias planetarias se fue tornando cada vez más inconsistente e insostenible para la mayoría de los intelectuales y los científicos, en la misma medida en que se iba instalando cada vez con mayor fuerza la imagen de un cosmos mecanicista, ciego y azaroso, hecho de materia en movimiento regida exclusivamente por las leyes naturales que era capaz de reconocer y clasificar la razón humana a través del método científico. Por primera vez en la historia de la cultura occidental, la astrología, probablemente la más antigua y respetada de las disciplinas del conocimiento humano, se vería relegada al espacio de las supersticiones arcaicas de un pensamiento pre-científico que el positivismo incipiente creía estar destinado a desterrar definitivamente.

Hoy en día, la astrología en todas sus formas, incluso las más profundas y sofisticadas, se encuentra aún cercada por un rechazo muy fuerte que se halla fundamentado por los prejuicios ideológicos[1] que hemos heredado de esta concepción moderna del mundo. Paradójicamente, nunca como hoy hubo tanta apertura y posibilidades de profundizar seriamente en este saber para aquellos que intuyen, con Hamlet, que "hay más cosas en el cielo y en la tierra... que las que sueña nuestra filosofía".

Hoy en día, ideas tales como el Unus Mundus de Dorn o la cosmovisión hermética de la correspondencia podrían parecernos concepciones obsoletas de la realidad. Y sin embargo, las últimas concepciones del universo y de la mente humana parecen señalarnos en esta misma dirección. Estas ideas podrían tener un paralelo claro, por ejemplo, en la teoría del orden implicado[2] desarrollada en los años 60 por el físico cuántico David Bohm, colaborador de Einstein. Bohm postuló que debajo del "orden desplegado" (explicate realm) que incluye el mundo que podemos percibir con los sentidos y explicarnos hasta cierto punto a través de las leyes de la física, habría un "orden implicado" (implicate realm), que organiza e informa ("da forma") a la realidad desde un nivel subcuántico. Bohm utilizó una metáfora para ilustrar el concepto de un orden implicado: el holograma. De la misma forma que un holograma, en cualquier elemento del universo se halla contenida la totalidad de la información[3] del universo y toda la información entre todas las partes del universo existe en un estado de interconexión inseparable. Desde esta teoría, "el orden que vemos --por ejemplo-- en el movimiento de los planetas es, en verdad, la expresión de un «orden implicado» en el cual los conceptos de espacio y tiempo ya no tienen validez; que en cualquier elemento del universo se contiene la realidad del mismo, una totalidad que incluye tanto materia como conciencia" (David Bohm, La totalidad y el orden implicado, 1992).

Siguiendo con esta línea, el físico David Peat encontró sentido a las llamadas "sincronicidades", concepto propuesto por el psicólogo suizo Carl Gustav Jung y el premio nobel de física Wolfgang Pauli. La sincronicidad alude a todo suceso en el que se experimenta una relación inequívoca entre un fenómeno interior y un hecho externo, hechos catalogados generalmente por la razón humana como “coincidencias”: “Los eventos sincronísticos, entendidos como una coincidencia significativa entre microcosmos y macrocosmos, son aplicables si consideramos que, bajo los estratos de un orden implicado individual, existe un nivel más profundo que contiene, plegada, toda la información del Universo” (Francis David Peat, Sincroncidad: Puente entre mente y materia, 1987).

Otra teoría que da fuerza a estas concepciones es la del universo como fractal, la cual está ganando actualmente[4] cada vez mayor validez científica. En esencia, la fractalidad es la propiedad estructural de un objeto que se repite dentro de sí mismo en distintas escalas. Ejemplos visualmente elocuentes de ello pueden hallarse en las formas que van desde las plantas, los cristales de nieve, las líneas de la costa, hasta la organización de las mismas galaxias.

Vinculando la fractalidad con el principio de correspondencia de la astrología, el astrólogo experimental Aleix Mercadé se pregunta[5]: "¿Parecería tan descabellado pensar que cuando nacimos, el todo y las partes mantenían configuraciones muy similares y que por ello somos, como parte, un fractal del universo de ese momento?". 

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Durante los primeros años de nuestro siglo, un grupo de astrofísicos de la Universidad de California llevó a cabo una investigación en la que se dedicaron a estudiar las semejanzas estructurales entre nuestro cerebro y las galaxias, llegando a sorprendentes conclusiones. En el año 2006 se publicó un informe[6] de esta investigación, en el que se plantea la semejanza existente entre el despliegue de un cúmulo de galaxias y el desarrollo de una red neuronal, señalando fuertes semejanzas no sólo en la estructura sino también en el funcionamiento, lo que vendría a ser una trascendental evidencia tanto de la teoría de la cosmo-fractalidad como de la concepción de un "orden implicado" en el universo. 

Por otro lado, los avances en distintos campos del conocimiento han aportado nueva luz y nuevas perspectivas sobre la comprensión del fenómeno astrológico. A mediados del siglo XX, los franceses Michel y Françoise Gauquelin aplicaron el análisis estadístico sobre la astrología, con resultados sorprendentes, evidenciando que algunos de los principios fundamentales de la tradición astrológica eran veraces. Los Gauquelin llevaron a cabo durante 40 años una investigación estadística a gran escala sobre las correlaciones entre las posiciones de ciertos planetas y el nacimiento de distintas personas prominentes en diversos campos, cada uno asociado con la cualidad tradicional de estos planetas: Marte en deportistas y militares, Júpiter en políticos y líderes, la Luna en escritores, Saturno en científicos, etc. "Desde los tiempos de Babilonia, los símbolos de Marte, Júpiter y Saturno, son muy parecidos a los actuales aunque los encarnasen dioses distintos de los griegos o los romanos. Lo más sorprendente es que actualmente, en el siglo XX, milenios después de la existencia de aquellos astrónomos/astrólogos babilónicos, la investigación estadística moderna corrobora los antiguos símbolos"[7] (Michel Gauquelin, 1990).

Estos descubrimientos no sólo no fueron refutados[8] sino que se confirmaron y profundizaron por posteriores estudios llevados a cabo por diversos investigadores. Hans Eysenck, un importante psicólogo alemán, escéptico de la astrología --e incluso del psicoanálisis, luego de analizar los estudios estadísticos de los Gauquelin llego a afirmar: 

Nos sentimos obligados a admitir que hay aquí algo que requiere explicación. Por mucho que les disguste, otros científicos que se tomen el trabajo de examinar la evidencia pueden verse forzados a una conclusión semejante. Los hallazgos son inexplicables, pero se trata de hechos, y como tales no se puede seguir ignorándolos; no podemos hacer como si no existieran simplemente porque no sean del agrado de las leyes de la ciencia de hoy o no concuerden con ellas... Tal vez haya llegado el momento de afirmar de manera completamente inequívoca que está naciendo una nueva ciencia. (Astrología: ¿ciencia o superstición?, 1982) 

559038_485824244772654_44236082_nEl último aporte más convincente sobre el fenómeno astrológico lo constituye el  vasto trabajo de investigación de Richard Tarnas, historiador de la cultura y profesor de filosofía y psicología en el Institute of Integral Studies de California, en el que fundó el programa de Filosofía, Cosmología y Conciencia. Tarnas se dedicó, durante un período de 30 años y junto con una serie de colaboradores, a estudiar la astrología empírica y metódicamente, armado con un acceso históricamente privilegiado de datos astronómicos precisos y una afilada metodología crítica. Escéptico al principio, afirmó verse rendido ante la evidencia irrefutable que fue presentándosele:

Lo que encontré superó mis expectativas (…) Lo que me llamó particularmente la atención fue el hecho inexplicable de que el carácter de los estados psicológicos observados correspondiera tan estrechamente a los significados atribuidos a los pertinentes planetas en tránsito y natales, tal como los describen los textos corrientes de astrología. Pues ya era desconcertante que hubiera correlación coherente, pero que, además las correlaciones correspondieran a los sentidos tradicionales de los planetas era sencillamente pasmoso. (Cosmos & Psique: Indicios para una nueva visión del mundo, 2006)

Los resultados más contundentes de su trabajo fueron presentados en la forma de un voluminoso cuerpo de datos que evidencia las relaciones entre ciclos planetarios y hechos históricos y procesos sociales significativos, así como momentos cruciales en la vida de grandes personalidades históricas.

Pero quizás más relevante incluso que las evidencias desarrolladas a favor del fenómeno astrológico sea la nueva perspectiva interpretativa presentada por Tarnas, en la que vincula de manera brillante los fundamentos del saber astrológico tradicional con los aportes de la psicología del inconsciente, especialmente los de la escuela de Carl Jung y sus continuadores. A esta tradicional y a la vez renovada perspectiva Tarnas dio el nombre de Astrología Arquetipal. Y es en ella en la que nos introduciremos en la próxima entrega.

Lee segunda parte 


[1]      http://astrologiaexperimental.com/2014/03/21/guiaanalisiscienciaastrologia/

[2]      http://cienciauanl.uanl.mx/?p=70

[3]      http://pijamasurf.com/2011/10/la-conciencia-es-no-local-el-retorno-del-alma-al-mundo/

[4]      http://www.tendencias21.net/El-Universo-como-fractal-un-modelo-del-cosmos-que-gana-validez-cientifica_a24995.html

[5]      http://astrologiaexperimental.com/2014/02/10/por-que-lo-de-arriba-esta-relacionado-con-lo-de-abajo/

[6]      http://pijamasurf.com/2012/12/tu-cerebro-podria-ser-el-universo-y-al-reves/

[7]      http://astrologiaexperimental.com/2014/04/03/entrevista-con-michel-gauquelin/

[8]      http://astrologiaexperimental.com/2013/03/20/6-malentendidos-y-objeciones-comunes-entorno-a-gauquelin-y-sus-hallazgos/

Si la violencia colectiva e individual son directamente resultado de la pérdida de identidad nacional e individual, ¿cuál es la respuesta? ¿Puede una devastadora pérdida de estructura ser recibida con una misma habilidad para abandonar nuestra estructura interna? ¿Acaso es posible desconectarse verdaderamente?

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Cemento de sangre: concretizando lo abstracto

En una conversación reciente, el investigador de lo paranormal George P. Hansen me dijo que la liminalidad no se presta a la expresión abstracta: es demasiado difícil hablar de la liminalidad en abstracto, dijo Hansen; tienes que referirte a ejemplos concretos.

La liminalidad va en contra de las estructuras, y el lenguaje es una expresión de las estructuras. Es tanto el resultado de la estructura como el medio para imponer estructura en las cosas. Hablar de la liminalidad, entonces, es intentar llevar el lenguaje más allá de los límites de lo que es capaz de expresar o describir. Como dice la famosa frase: “es como bailar sobre arquitectura”. (Esta frase en sí misma goza de una especie de estatus liminal, siendo una cita sin una fuente precisa, a veces atribuida al músico Martin Mull, quien supuestamente dijo: “Escribir sobre música, es como bailar sobre arquitectura [dancing about architecture]”. (No existe, aparentemente, un registro de esto[1]).

El punto aquí es, cuando hablamos de liminalidad (o escribimos de música, o bailamos sobre arquitectura), existe una cantidad descomunal de campo para el error (o al menos la interpretación subjetiva) porque las herramientas de descripción no están  en igualdad de circunstancias que lo que se describe. Usar ejemplos concretos reduce este problema (en el caso de la liminalidad, por lo menos) de forma similar a cómo las metáforas nos ayudan a entender cuestiones abstractas. Los ejemplos y las metáforas le hablan a una experiencia más directa, aquella del cuerpo y las imágenes, y dejan al menos algo de la interpretación al lector o al escucha. Esto nos permite llegar a nuestro propio entendimiento, en lugar de seguir al autor o emisor.

Afortunadamente, esta serie suelta de ensayos iniciaron cuando el autor descubrió un ejemplo de liminalidad tan llamativo (y conocido) que lo inspiró (ese soy yo) a usarlo como base para una exploración de la liminalidad como un lente a través del cual ver la historia y el comportamiento humano que ofrece un nuevo potencial para tomar otra perspectiva. Este ejemplo es uno que se sugiere (sin ninguna referencia o aparente conciencia de liminalidad) por el autor estadounidense Tom Snyder, en una ponencia que dio sobre su libro Bloodlands.

Aquí Snyder  ofrece una atrevida explicación de la persecución de los judíos en Europa durante el final de la década de 1930. Snyder inicia apuntando a que sólo un pequeño porcentaje de los judíos asesinados fueron matados dentro de Alemania, la gran mayoría siendo asesinados en países ocupados por los nazis, como Austria, Francia y Polonia. La razón que Snyder ofrece para esto es simple pero sorprendente: la persecución sistemática de los judíos dependía de que la nación a la que esos judíos pertenecían fuera primero desestabilizada. Ya que desestabilizar Alemania era lo último en la mente de los nazis, la persecución de los judíos no podía ocurrir en el mismo grado dentro de las fronteras nacionales que fuera de ellas.

Para ilustrar su punto, Snyder menciona un claro ejemplo: Estonia y Dinamarca, ambos países que fueron ocupados por los nazis en los 30. Según Snyder, mientras que los daneses salvaron de la muerte al 97% de sus judíos residentes, los estonios cooperaron en el exterminio del 97%. La diferencia, según Snyder, es sencilla: Dinamarca retuvo soberanía, su identidad nacional (y consecuentemente su estabilidad), no así Estonia.

Para una nación o, mejor dicho,  para un pueblo previamente perteneciente a una nación o una comunidad, que se identificaba con las instituciones, valores y morales que aglutinaban esa nación-estado, perder la soberbia significa entrar en un período de liminalidad.

 

Lo que el otro podría hacer: violencia mimética preventiva

Que una comunidad o una nación entre en un periodo de liminalidad o antiestructura, significa que las convenciones sociales han empezado a colapsar. Los individuos que pertenecen a una comunidad se identifican con las estructuras que los rodean, tanto sociales como morales. Cuando esas estructuras comienzan a colapsar, pronto sigue el sentido interno de identidad de las personas. ¿Para dónde moverse? ¿Qué es un comportamiento aceptable? No hay forma de decir. Todo esta súbitamente a la deriva.

Para ofrecer un ejemplo más actual: siempre me ha intrigado, cuando brotan disturbios urbanos para alguna injusticia social, en vez de dirigir su enojo hacia los opresores, los jóvenes manifestantes empiezan a saquear, destruir e incendiar sus propios barrios. ¿Por qué harían esto? Aparentemente se debe a que, sin un sentido de estabilidad dentro de su comunidad, estas personas entran en un estado de liminalidad en el que ya no se sienten seguros como individuos. Reaccionan con un pánico irracional, ansiedad y furia, y la sobrevivencia individual se convierte en su única preocupación.

Sencillamente, como Snyder lo describe, las personas de los países europeos cuyas instituciones estaban colapsando no se sentían seguras. Presenciando asesinatos a su alrededor sin que hubiera una razón contundente, naturalmente temían que podrían ser los siguientes. La forma más segura para sentirse seguros bajo esas circunstancias, y escapar al destino al que estaban siendo sometidos los judíos, los gitanos y otros grupos perseguidos, era alinearse con las fuerzas conquistadoras –los perpetradores. Si, en cambio, la nación a la que pertenecían retenía su soberanía y las instituciones permanecían intactas, como en Dinamarca, el pueblo sentía la seguridad suficiente para no adherirse (al menos no tan rápido) a las prácticas de los perpetradores. Evidentemente, se sentían seguros incluso para identificarse con las víctimas y por lo tanto elegían protegerlas.

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Según la tesis de Snyder, los nazis sabían esto. Reconocían que su infame Kristallnacht (“la noche de los cuchillos largos”), en la que miles de judíos alemanes fueron confinados y asesinados, fue una movida arriesgada por parte de Hitler. Estaban reacios de que tales tácticas no fueran repetidas dentro de las fronteras nacionales, porque si el pueblo alemán percibía inestabilidad en sus instituciones, podría levantarse en pánico –no en defensa de los judíos; simplemente, atemorizados por su propio bienestar.

El replanteamiento de la ocupación nazi de Europa y la persecución de los judíos y otros pueblos de Snyder es sutil pero profundo. Nota el obvio punto de que una de las razones principales por las que los habitantes de los países ocupados cooperaron con la persecución de los judíos fue que temían que no hacerlo pondría en peligro sus propias vidas y las de sus familiares. Pero añade que esto no era necesariamente un miedo directo a las fuerzas alemanas. Es más probable, dice, que se debiera a un miedo a sus propios vecinos (e incluso a sus familiares), o a cualquiera que reportara sus actividades si elegían rescatar a los judíos. ¿Es tan difícil de imaginar que, poseídos por un miedo de tal grado, muchos de nosotros cooperaríamos con las fuerzas de la ocupación nazi, ya que no estaríamos seguros de que nuestros propios paisanos no nos denunciarían?

Esta lectura de eventos familiares hasta el punto del desdén no me pareció demasiado sorprendente; una vez que fue deletreada, incluso parecía autoevidente. Pero lo que me llamó la atención fue cómo reformulaba las atrocidades ocurridas en Europa durante la década de 1930, encontrando una causa no sólo en las acciones de los nazis, sino en la imaginación de las personas ordinarias. En el miedo de lo que el otro podría hacer.

Esto es un hecho misterioso y esencial de los periodos de liminalidad: la mimesis, o la imitación inconsciente, se vuelve contagiosa. Sencillamente, al imaginar las terribles posibilidades de lo que los vecinos podrían hacer, muchas personas, durante el periodo liminal de Europa, optaron por hacerlo antes. Esto es violencia mimética preventiva.

Biológicamente, esta habilidad de colocarse en los zapatos del otro y deducir lo que está pensando es conocida como teoría de la mente, y comúnmente es considerada clave en la compasión y la empatía. La teoría de la mente podría haber sido una causa instrumental en aquellos pocos que eligieron rescatar a persona perseguidas en los 1930 en Europa (judíos, gitanos, etc.): una habilidad para imaginar el sufrimiento y oponerse a él.

Es posible, también, que haya sido la causa primaria para la misma decisión en el sentido opuesto y en una escala mucho mayor.

 

Abrazando la liminalidad

lotus_thief_1422482111_crop_300x300En la película The Matrix, cuando Thomas Anderson es desconectado de la Matrix, empieza atravesar una serie de reacciones físicas: parece que no puede levantarse, los ojos le duelen, etc. Después de que descubre la verdad, vomita. Sin embargo, en términos psicológicos, a pesar de descubrir que toda su vida ha sido una gran mentira y no es quien pensaba que era, básicamente se mantiene como la misma persona. ¿En realidad, si nosotros como individuos fuéramos removidos forzosamente de la Matrix de nuestras identidades sociales, si todos los valores y significados por los que vivíamos nos fueran arrancados, en un instante, no sólo de manera interna sino externamente, que quedaría de nosotros? La respuesta es: “No mucho”.

La película no puede mostrar esto, por supuesto. No puede mostrarlo porque la forma más lógica para hacerlo sería reduciendo a Thomas a un animal salvaje, a un lunático delirante. No puede mostrarlo, igualmente, porque no hay forma de plantear una existencia fuera de los valores sociales con los que hemos crecido desde el interior del marco de esos mismo valores. Simplemente no hay forma de bailar sobre arquitectura. Si The Matrix hubiera representado fielmente la experiencia de Thomas fuera de la Matrix, habría sido totalmente incomprensible.

La religión (y la espiritualidad), la sociedad, la política e incluso la psicología, todas tienen sus propios usos y equivalencias de la liminalidad. Pero eso es todo lo que son: usos. La liminalidad no puede ser vista como una etapa entre etapas porque esto presupone la existencia tanto de un pasado como de un futuro que la rodea. La naturaleza de la liminalidad es como la de un gitano o un judío errante. Siempre se está moviendo a ser un hombre sin nación, o sin nombre, ser un hombre y una mujer en medio de.

Si la tesis de Snyder es correcta (y si mi breve sinopsis le hace justicia), y si la violencia colectiva e individual son directamente resultado de la pérdida de identidad nacional e individual, entonces, ¿cuál es la respuesta a esto? ¿Puede una devastadora pérdida de estructura ser recibida con una misma habilidad para abandonar nuestra estructura interna? ¿Acaso es posible desconectarse verdaderamente? Pero si la arquitectura de la civilización está colapsando –y todos los caminos llevan a la ruina, ¿acaso queda otra cosa que bailar sobre ella?

No tengo la respuesta, pero en la siguiente parte de esta serie sobre la liminalidad intentaré bailar sobre la pregunta un poco más, siguiendo la teoría del contagio de René Girard (violencia mimética) y cómo el desvanecimiento de las fronteras internas y externas –y la creación de una monocultura o una identidad “Borg” colectiva— podría ser la ruta más rápida a un Apocalipsis global.

¡Si realmente lo queremos!

 

Twitter del autor: @JaKephas

Sitio web: https://auticulture.wordpress.com/

Lee primera parte: La historia vista desde un espejo liminal

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[1] Las primeras citas conocidas aparecieron en revistas de música en 1979 y en una de arte el mismo año; la última se refirió a esto como el “famoso dictum”. La web Quote Investigator traza una frase similar a una edición de 1918 de la New Republic, sin embargo: “Estrictamente, escribir sobre música es tan ilógico como cantar de economía. Se puede hablar de todos los otros actos  en términos de la experiencia cotidiana. Un poema, una estatua, una pintura o una obra de teatro son representaciones de alguien o algo que puede ser medido (dejando a un lado el puro valor estético)  describiendo lo que representa”. Quote Investigator continua: “En 1921 la misma aseveración reaparece en la forma de una sonrisa de esfinge. El formato de este comentario utiliza la palabra “como” una vez y la palabra “sobre” dos veces. Esto conforma la plantilla moderna más común. Escribir sobre música es como____sobre____. El primer espacio contiene términos como arquitectura, economía, futbol”.