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Todo está conectado: visualización de la NASA muestra cómo el Amazonas depende del Sahara

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 03/02/2015

El Amazonas y el Sahara parecen ser opuestos, pero en realidad son complementos. La biósfera es una red de complejas relaciones e interdependencia

La selva tropical del Amazonas y el desierto del Sahara parecen ser los grandes opuestos en cuanto a la vida que albergan: uno profuso, "el pulmón de la tierra" y también la "farmacia del planeta" y el otro el desierto más grande del planeta, con condiciones inhóspitas para la vida. Sin embargo, el Sahara es indispensable para que el Amazonas pueda llenar la biósfera de oxígeno y diversidad. Aquello que es más arido es lo que mantiene aquello que es más húmedo. 

Científicos de la NASA han utilizado el satélite Calipso para mostrar un fenómeno que ya era conocido, la distribución de polvo del desierto del Sahara que viaja en corrientes atmosféricas hacia el Amazonas. Masivas nubes de cerca de 182 millones de toneladas de polvo se generan en la depresión Bodélé, localizada al noroeste del lago Chad, cada año --esto es el equivalente a 69o mil camiones llenos de polvo. Este polvo mineral está compuesto de microorganismos que contienen fósforo, un nutriente vital para el crecimiento de las plantas. Se calcula que alrededor de 27 millones de toneladas de polvo viajan todos los años al Amazonas depositando cerca de 22 mil toneladas de fósforo en la selva, de esta manera reabasteciendo de minerales traza y oligoelementos al Amazonas y manteniendo el ciclo de la vida.

Este proceso es parte de una compleja autorregulación planetaria: cuando disminuye la lluvia en la región del Sahel, el siguiente año aumenta la distribución de polvo y viceversa. La interdependencia del ecosistema queda plasmada en un círculo vital ya que la selva tropical del Amazonas, a su vez, es la fuente primaria de partículas de aerosol y afecta de manera preponderante los ciclos biogeoquímicos, incluyendo el del carbón, manteniendo de esta forma una atmósfera capaz de sustentar la vida. Este caso también nos recuerda la gran cantidad de factores que se tienen que combinar para que la vida surja y permanezca en el planeta.

Un antiguo volcán en el Océano Pacífico se convirtió en el refugio de un extraño insecto gigante que por 70 años se creyó desaparecido

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Un poco como resultado de ver tantas películas que mezclan animación con imágenes de la naturaleza, nos surge la pregunta de si esta imagen es real. Sí, se trata de un lugar real, aunque sin duda encantado (y encantador) en el sur del Océano Pacífico: la Pirámide Ball, un islote que antes fue un volcán y que forma parte de un antiguo continente sumergido: Zealandia.

La Pirámide de Ball lleva el nombre de un almirante naval británico que fue el primer occidental en avistar este viejo volcán con forma de pirámide en 1778 (la "pirámide" lleva flotando ahí unos 7 millones de años y mide 562m de altura). Su pico extremadamente angosto entre las nubes y la espuma da la impresión de que se trata de un fantasma --y como un fantasma, es en realidad una imagen de otro tiempo.

Uno pensaría que esta roca en medio del océano estaría desolada. Pero Ball tiene un secreto.

A unos 22km se encuentra la Isla de Lord Howe, donde solía haber unos insectos enormes que eran conocidos como "langostas de árbol". Estos insectos medían más de 12cm y eran considerados los insectos de palo (Phasmatodea) más grandes del mundo. Los pescadores usaban a estas langostas de árbol como carnada. Sin embargo, en 1918 un barco británico de carga tuvo que ser evacuado y sus pobladores permanecieron 9 días en la isla mientras se reparaba el buque. Con ellos, ratas negras se introdujeron a la isla, encontrando un banquete: enormes y jugosos insectos. Las ratas se convirtieron en la especie dominante de la isla y 2 años después habían erradicado de la faz del planeta a estos insectos arbóreos Dryococelus australis. O eso era lo que se pensaba.

En 1960 se inició un rumor de que estos insectos podrían seguir vivos en la Pirámide de Ball, luego de que unos exploradores dijeron haber encontrado unos cadáveres frescos alrededor de unas rocas. Pero, como cuenta el naturalista Robert Krulwich, nadie quería subir la montaña sólo para cazar insectos, los cuales además son nocturnos, así que se desestimó este rumor. 

En 2001, sin embargo, dos científicos australianos, David Priddel y Nicholas Carlile, iniciaron una nueva expedición, habiendo visto un par de brotes de vegetación en la isla por lo demás desierta --que para añadir a su imagen romántica, suele estar rodeada de tiburones. Una primera inspección reveló sólo la existencia de un par de grillos. Pero ya cuando iban bajando alrededor de un arbusto de melaleuca, encontraron el popó de un insecto. Excremento que hacía pensar en un insecto de buen tamaño.

 

[caption id="attachment_92186" align="aligncenter" width="490"]patrick_custom-3740c16538132c3504d984425c11a12fec3952ec-s700-c85 Rod Morris/www.rodmorris.co.nz[/caption]

La única forma de averiguar era subir en la noche con luces y cámaras. Efectivamente, en la noche encontraron dos enormes y brillantes langostas de árbol a un lado del arbusto. Aparecieron más, 24 en total. No se habían visto estos insectos --también llamados "salchichas ambulantes"-- en más de 70 años.

Hasta la fecha no se sabe cómo llegaron estos insectos --atravesando 22km de mar sin poder volar-- a la Pirámide de Ball, a un sólo arbusto. Posiblemente transportados por unos pájaros. Después de encontrar los insectos, los científicos iniciaron un proyecto para criarlos en cautiverio, sin embargo, el gobierno de Australia tardó 2 años en aprobarlo. Por suerte una expedición 2 años después comprobó que los insectos seguían viviendo en el mismo arbusto. Actualmente se les cría en cautiverio y se tiene un plan para reintroducirlos a la Isla de Lord Howe. Como parte del plan se realizó este video en que se muestra el nacimiento de un insecto bebé. La idea es fomentar esa respuesta emocional que hace que otras especies sean consideradas "adorables" y mueve a las personas a apoyar campañas de protección. En este caso, el enorme tamaño de los insectos --y el hecho de que son insectos con una superficie pegajosa-- hace que esto sea todo un reto. Tal vez contribuyendo al coeficiente de lo "adorable", entomólogos han observado que en la noche duermen en parejas, los machos arropando a las hembras con tres de sus seis piernas.

Twitter del autor: @alepholo